Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (2ª parte)

Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (2ª parte)

Antonio Rodríguez

El ídolo por encima de los resultados. La emoción, el sentimiento más profundo del aficionado, pasa por ver al jugador venerado. Cuando se tiene la suerte de contar con una auténtica estrella, la procesión hasta el pabellón es casi bendecida. La expectación por ver un tipo que sella con su marca artística el lugar, jornada tras jornada, es ser consciente de vivir el “aquí y ahora”. Areslux Granollers se colgó esa medalla en el verano de 1980 y tuvo el oportunismo de fichar al gran Essie B. Hollis, un privilegiado de este deporte que, dos años antes, había abandonado nuestro baloncesto, para probar por Detroit Pistons. Poco duró la aventura pro de este alero de dos metros, pues la ceguera y conformidad del entrenador Dick Vitale (sí, el mismo comentarista legendario hoy día en la ESPN), quisieron que optase por sus “enchufados” a nuestro protagonista, como confesaba Hollis con humildad y voz baja, quitando trascendencia a su decepcionante experiencia de cuatro meses. Nunca le estaremos suficientemente agradecidos a Vitale.

La magia de Essie Hollis volvía a la liga.

Con transbordo en el Rodrigo Chieti italiano, la directiva vallesana, encabezada por su presidente Antonio Novoa, firmó al hombre que más fantasía aportaba a nuestro baloncesto. Sus vuelos, sus increíbles canastas, sus unos contra uno acabados en mates, sus tapones (lideró la clasificación liguera en su primer año, con un 30% más que el segundo) y su creatividad con un balón en las manos, quisieron que “Helicóptero Hollis” fuese el gran atractivo de la campaña 80/81.Por Granollers estaban satisfechos. No solamente llegó él, sino que un pívot de dos metros peladitos, algo hastiado por la falta de minutos que le brindaba Aíto García Reneses en el Cotonificio, Javier Mendiburu, venía con marchamo de ser importante para el cuadro entrenado por Ángel Palmi. “Mendi” acabó siendo otro de los jugadores históricos del equipo, dando sus mejores años de baloncesto en Granollers, hasta su adiós en 1990. Su juego de pies y su inteligencia en el pase (piensen, para quienes no le conocieron, en lo que hoy día hace Marko Todorovic en Badalona) con sus doscientos centímetros, el tipo de la eterna sonrisa, embaucaba a los entrenadores de cantera sobre cuán fácil podía ser jugar al baloncesto. Lo difícil era enseñar aquello. “Para jugar de pívot, más que centímetros, lo que tienes que hacer es saber jugar de pívot” sentenciaba.

Ambos daban más profundidad a una plantilla que pretendía igualar, al menos, el quinto puesto de los ejercicios anteriores. Su brillante gira por Argentina en pretemporada y las victorias en las dos primeras jornadas de liga, auguraban esas previsiones. Nada más lejos de la realidad.

 

Aquello no funciona

A falta de 8 jornadas para la finalización de la liga, Areslux Granollers se encontraba en medio del drama del descenso, antepenúltimo en la clasifiación. Desde que se inició la 3ª, cayeron en un agujero sin fondo, logrando en las siguientes 17 jornadas tan sólo 3 triunfos, 1 empate y 13 derrotas, con una pérdida absoluta de confianza y un juego anodino en el que todo consistía en ver cómo Hollis intentaba ganar los partidos él solo. Crisis de identidad en hombres como Herminio San Epifanio, el alero zurdo Mora y escasas rotaciones, con falta de minutos tanto del alero Miguel Ángel Lete como del base Anglí, convirtieron el escenario en una incómoda mezcla. Ángel Palmi, condecorado por sus colegas de profesión como “Entrenador del año” la temporada anterior, fue silbado en su pista con cierta frecuencia, entre decepciones y derrotas.

¿Cómo se había llegado a esta situación? Pues porque faltaba Joan Creus. Así de simple -recordamos, fichado por el F.C. Barcelona-. Con su ausencia se echaba de menos la figura del base anotador, que sabía dirigir a sus compañeros y distribuir los pases correctos, de ser agresivo entrando a canasta y facilitar el trabajo en los suyos. Los vallesanos confiaron y sobreexplotaron en el puesto de base a Quique Spà, sin haberse reforzado en la dirección de juego. Spà apenas tiraba a canasta, buscaba seguridad no perdiendo balones -lo cumplía-, pero no surtía a sus compañeros como lo hacía Creus, con lo que la mitad de las posesiones se reducían a “balones a Will”, en este caso Essie Hollis, para que él sentenciara. Desde la Ciudad Condal, Joan Creus, disgustado con los pocos minutos que disfrutaba en sus primeros partidos, vio su ocasión de sobresalir con la lesión del titular Nacho Solozábal durante varias semanas, con lo que pudo contar con protagonismo y buenas actuaciones, como la fundamental victoria ante el Real Madrid en el Palau, que medio finiquitó la liga a favor de los blaugranas. Abortada cualquier expectativa de regreso.

La llegada de Javi Mendiburu, un histórico del club.

Incluso Hollis entró en cierto estado de ansiedad. No podía sentarse en el banquillo ni ser eliminado por faltas, porque le necesitaba su equipo. Pero con 40 minutos de juego, pedían que rebotease, que defendiese, que marcase el ritmo, pero a su vez su casillero no bajase de 30 puntos a cada actuación (promedió 29 hasta las últimas jornadas. Quedó finalmente segundo máximo anotador -26,9 puntos- por detrás del oarista Lars Hansen). Con pocas ayudas de sus compañeros, debía crearse sus tiros y eso complicaba la tarea.

A finales de enero, sus números bajaron alarmantemente y su momento crítico lo vivió una noche de sábado 7 de febrero en Valladolid, donde su equipo perdió ante el Miñón (81-79), anotando tan sólo 5 canastas en juego.  Tras verse penalizado con una cuarta falta inexistente y colocar un tapón limpio contra tablero a falta de 4 segundos, que increíblemente dieron como canasta válida (y supuso la del triunfo), se jugó la suspensión definitiva, fallada y al pitido final, fue directamente a por los árbitros, Ballesteros y Chaves, a pedirles explicaciones, debiendo ser sujetado. Su furia hizo que ya en los vestuarios, destrozase una puerta de un puñetazo. Aclaramos que el estamento arbitral, hoy día, ha mejorado en años luz a lo que se veía en aquellos tiempos en nuestra liga. Por suerte, estamos a mucha distancia. Pero bien es cierto que aquel Hollis, se sentía angustiado.

Cuando peor pintaba el panorama, afortunadamente hilvanaron cuatro victorias consecutivas, en Tenerife ante el Náutico -otro candidato al descenso-, ante el OAR Ferrol -sin Hansen-, en Manresa y pusieron la guinda ante un desinflado Cotonificio, lo que les valió, al fin, la salvación definitiva. Aunque bien es cierto que la desesperación por eludir el descenso (perdían tres la categoría, sobre una liga de catorce), hizo que tanto Naútico y Hospitalet, que ganaron con frecuencia sus últimos partidos, les igualaran en la clasificación en la última jornada (9 victorias, 1 empate y 17 derrotas). De ese triple empate, fueron estos últimos los descendidos, junto al Baskonia y el Inmobank madrileño.

La mala temporada trajo consecuencias. Ángel Palmi, nada cómodo en el banquillo, tomó la decisión de apartarse de él, convirtiéndose en director deportivo del equipo. Hombre poco amigo de los focos, desarrolló desde los despachos su verdadero talento en ser el diseñador de lo que sucedía en las pistas. Saltando muchos años más, lo que se ha conseguido bajo su mandato con el baloncesto femenino en este país, trabajando desde la Federación Española, es de chapeau. Pero sigamos con nuestra historia.

 

La llegada de Jesús Codina al banquillo

 

Areslux Granollers se refuerza con la incorporación de José Luis Subías y lo que más demandaba el equipo, otro base, llegando el hermano menor de Joan Creus, Jordi para el inicio de la 81/82. El elegido para el puesto de entrenador era Pedro Zorrozúa, cuyo trabajo en el Hospitalet en la 80/81, a pesar del descenso, fue muy honesto para la plantilla con la que contaba. Prometió mover más el banco y sí, los resultados eran positivos, al igual que un año antes: 2 triunfos en las primeras 3 jornadas. Sin embargo, esta vez, la hecatombe llegó incluso antes. Tras una derrota en casa ante el Cotonificio (72-92) hasta cierto punto lógica, ya que iba como un tiro -tercero en discordia de nuestra liga, bajo la batuta de Aíto-, un Estudiantes desmembrado, tras tocar el cielo con el subcampeonato un año antes, ahora en las penurias de la parte de abajo, les derrotó (82-73). Con otro claro candidato al descenso, Velázquez Canarias, tan sólo se pudo arrancar un empate en casa (90-90) y llegó el día de la “crucifixión”: la visita a Barcelona ante La Salle.

Chus Codina supuso el relanzamiento

La Salle Bonanova era un club que en 1981 recibió su premio del ascenso a División de Honor por cuidar muy bien su cantera en un trabajo de años, dentro de sus límites. Por fidelidad a sus principios, siguieron jugando en la máxima categoría de nuestro baloncesto con canteranos y sin fichar ningún jugador extranjero (único club en eso). Y ahí estaban Toni Tramullas, Luis Blanco, Pepe Collins o Jordi Puig, combatiendo con el enorme problema de la falta de estatura, viéndose apabullados bajo los aros y apalizados por la mayoría de los equipos (su promedio anotador fue de 78 puntos, mientras que recibieron 105,2). Tras un 146-68 en la pista del Real Madrid, fueron capaces de ganar su primer encuentro al Areslux (88-86) en su mejor partido de la temporada, entre una debacle vallesana que jamás imaginó. Ese día, tras el partido, Essie Hollis lloró amargamente la derrota, apartado, en un rincón del vestuario. El desastre continuó una semana más tarde, perdiendo en casa frente a otro de los debutantes en la competición, Caja de Ronda (74-89), continuada por otra derrota en Zaragoza (81-73).

Otra vez en puestos de descenso, volvían a salir a la luz los mismos problemas de un año antes. El equipo carecía de espíritu de lucha, voluntad defensiva y falta de rebote, al margen que, en ataque, exceptuando Herminio San Epifanio, Javi Mendiburu o Essie Hollis (que promediaban casi 70 puntos entre los tres), nadie más era capaz de anotar con cierta fluidez. Si alguno fallaba, el castillo se derrumbaba. “Nos faltaba ritmo de juego, rapidez, tanto en competición, como en los entrenamientos. El relevo fue un revulsivo y con Codina lo conseguimos” eran las palabras de Javier Mendiburu, echando la vista atrás. Y por supuesto, se seguía llorando a Joan Creus.

Algo de certeza había en sus palabras. Aunque el tono mejoró con dos victorias locales, ante un Joventut en crisis -con la reciente dimisión de Manel Comas- (79-66) y el Náutico Tenerife (102-81), intercaladas con dos derrotas, Real Madrid (94-91) y en Valladolid (101-93) en una de las mejores exhibiciones ofensivas vistas hasta ese momento (Nate Davis logró 40 puntos. Essie Hollis, 43), tras el triunfo ante el Náutico, a Pedro Zorrozúa se le comunica su destitución. “El equipo iba mejorando. Eso fue indigno. Antonio Novoa me ha decepcionado”.

Jesús Codina fue el hombre milagro que dirigió al Estudiantes un año antes, el ‘Estu’ del subcampeonato. Sin embargo, todo su quinteto titular (Vicente Gil, Alfonso del Corral, Charly López Rodríguez, Fernando Martín y “Slab” Jones) emigraron a otros clubs, con lo que decidió no continuar y ejercer su trabajo como perito industrial desde Madrid, a la espera de una buena oferta. Fue llamado por la directiva vallesana tras la debacle ante La Salle, pero inicialmente se negó. Convencido pocas fechas después, Codina reconoce que “Me asusté. Vi mal al equipo. Presencié de incógnito el Areslux-Náutico. Nadie me vio, pues llegué con el partido comenzado y me fui antes de que acabara”. No fue tan incógnito como pensaba, porque Zorrozúa confesó que “en el partido ante el Náutico, me dijeron antes de empezar que Codina estaba sentado a mis espaldas. Con qué moral se puede dirigir un partido, cuando tu sustituto te está viendo. Es una falta de ética. Cuando terminó el partido -con victoria- todo fueron parabienes y yo ya no era el entrenador”.

Competir ante los grandes

Sea como fuere, el cambio en el banquillo se produjo. Y en el juego, también. Debutó con -lógica- derrota ante el F.C. Barcelona (98-107). En los siguientes 7 encuentros, lograron 6 victorias, ofreciendo más confianza en los jugadores, más garantías a sus aficionados y menos Hollis-dependencia, con lo que el estadounidense podía vivir mejor, asumiendo su cuota de protagonismo, por supuesto. Lo que recalcaba Javier Mendiburu sobre el ritmo, se vio contrastado en estos encuentros. Con tal racha, la mejor en las últimas dos temporadas -sin duda-, se salvaron de la quema del descenso bastantes jornadas antes del final.

Pero por encima de todo, con Chus Codina, en Granollers se logró una identidad en el equipo. La plantilla no estaba confeccionada a su gusto (él deseaba más empaque interior, que un pívot escaso de centímetros y dos aleros altos). Pero sí hubo esfuerzo, mayor agresividad y la imagen que pretendía, representado en la antepenúltima jornada, en uno de los mejores encuentros ligueros, en la derrota en casa ante el Real Madrid (82-90), con caras de satisfacción entre todos al final del choque. Acabó la liga 81/82 con 11 victorias, 14 derrotas y 1 empate, quintos por la cola (o novenos, según se mire).

Essie Hollis fue el sexto máximo anotador en esta ocasión, anotando más que en el ejercicio anterior (promedió 27 puntos). Incluso tras las penurias sufridas, el momento más duro de la temporada, fue el de su marcha. Él estaba encantado en continuar, pero la plantilla debía sufrir una profunda reestructuración y entre otros, pasaba por él. Era como decir adiós a nuestro “Doctor J” particular.

Con la vuelta de Joan Creus, inmediato regreso a la élite

Tras dos años, nos debimos despedir de los mates de Essie. 

El F.C. Barcelona estaba profundamente decepcionado a la finalización de la temporada. Su participación en Copa de Europa no pasó de discreta y lo que más dolió fue la pérdida de la liga en su propio Palau, en la última jornada ante el Real Madrid. La posterior consecución de la Copa del Rey provocó sonrisas efímeras, pero poco más. Su presidente, Josep Lluis Nuñez tiró de chequera y ambiciones para desbancar a su eterno enemigo y moviéndose rápido en el mercado, a finales de junio presentó a un americano procedente de la Fortitudo Bolonia, Marcelous Starks, con el que se tuvo que rascar -y bien- el bolsillo, más al veterano Luis Miguel Santillana, tras toda una vida en la Penya y el base del Cotonificio, Joaquim Costa.

Tales fichajes quisieron que dieran de baja a varios jugadores. Así, Joan Creus regresaba “a casa”, a Granollers. El mayor deseo del Areslux, sus Reyes Magos particulares, llegaron en aquel convulso junio de 1982. Y no solamente él, sino que el alero Joan Ramón Fernández, en el ostracismo del banquillo varias temporadas, también recalaba en Granollers, siendo otro componente que acabó como histórico en el club. Ya tenían su tirador. Añadan el “swingman” Jordi Puig, del recién descendido La Salle y se quedaba una plantilla de lo más apañada. Para completarla a gusto de Codina, se hicieron unas llamadas a Italia para recuperar al pívot estadounidense, Albert “Slab” Jones, al que ya conocía de su periplo estudiantil. A cambio, con la consabida marcha de Hollis, Herminio San Epifanio fue la mayor apuesta del Caja de Ronda, diciendo así adiós al club vallesano.

¿Saben cómo quedó finalmente clasificado este equipo en aquella liga? Terceros. O lo que se decía por aquel entonces, el “campeón de los pobres” (tras Barcelona y Real Madrid). La mejor clasificación en la historia del club. ¿Cómo es posible ese cambio? Porque… y creemos que no hace falta repetirlo, estaba “Chichi” Creus de nuevo. 

El esperado regreso de Joan Creus a Granollers, era un hecho.

Tantas eran las ganas por volver a sentirse líder, por disfrutar de minutos, que se convirtió en el mejor base nacional de aquella temporada. Tal exhibición le valió ser internacional aquel verano, junto a Corbalán y Solozábal en la plata obtenida en el Eurobasket’83 de Nantes. No solamente fueron sus 16,1 puntos de promedio, sino que la pareja de pívots titular, Jones & Mendiburu, promediaron 40 puntos entre ambos. Que Joan Ramón Fernández superó los 13 puntos y -el casi inédito anteriormente- Miguel Ángel Lete, más de 10. Todos “comían” con Creus. Un mayor equilibrio juego interior-exterior, mayor defensa y sobre todo, más rebote, hicieron que no pareciesen un espejismo los buenos resultados iniciales. Empatando con los zaragozanos en el debut (su otro gran rival), apabullaron 94-116 en Valladolid, esa plaza en la que habían cosechado tantos sinsabores en los años precedentes. Vencieron en 5 de las 6 primeras visitas a domicilio y en casa, cedieron ante Real Madrid (72-82) porque Creus, por faltas, estuvo demasiado tiempo en el banquillo.

En noviembre, pocos días después de la boda de Creus, vencieron al Cotonificio (89-79), ese otro damnificado por el Barça, que sufrió lo mismo que Areslux años antes: la falta de su base. El conjunto de Aíto García Reneses no supo sobreponerse a la baja de Quim Costa (de ser 3º en la 81/82, acabaron siendo 8º en este curso), mientras que el club azulgrana seguía siendo un “quemadero” de bases. Se fichaban bases internacionales como repuestos de Nacho Solozábal, que acababan frustrándose por su falta de minutos. Costa aguantó tan sólo un año allí.

Albert "Slab" Jones, discreción, elegancia y muchos puntos

Areslux Granollers pudo ser el juez de la liga, ya que una victoria en casa ante el F.C. Barcelona rompería el futurible empate entre ellos y Real Madrid. En un fantástico encuentro, los azulgranas vencieron (90-91), en su camino a un nuevo título de liga. Por los vallesanos, un cómputo final de 17 victorias, 2 empates y 7 derrotas, repetimos, terceros tras Barça y Madrid y al fin, con una estructura asentada, manejada por un entrenador idóneo para ella.

Durante las dos últimas temporadas, su presidente Antonio Novoa, debió estar en dos frentes, no solamente al cuidado de su equipo. El inmovilismo en las instituciones de nuestro baloncesto quiso que, ciertos presidentes -Novoa entre ellos-, forzaran reuniones y toma de decisiones en perenne confrontación con la Federación Española. Tras no pocas disputas, se logró lo que querían: la formación de la Asociación de Clubs de Baloncesto (ACB). Bajo el brazo traían un nuevo y revolucionario sistema de competición: dos fases en la liga, título disputado en playoffs y la venida de un segundo extranjero por equipo. De su éxito, que llegó a dar vértigo en ocasiones, os contaremos. Areslux Granollers estaba en la élite de nuestro baloncesto. Con tales credenciales, lo afrontó.

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 1)

Granollers, la casa de “Chichi” Creus (Capítulo 3)