Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (1ª parte)

Granollers, la 'casa' de Chichi Creus (1ª parte)

Antonio Rodríguez

No hay mayor tristeza que acabar una historia mostrando frías finanzas y que ellas, sean la causa del fin. En el verano de 1993, el Granollers Esportiu Bàsquet desaparecía ahogado en una marejada de deudas. Se cerraba así una travesía que duró 16 años, navegando por la parte noble de la Liga Endesa. En un penúltimo impulso por revitalizarlo, componentes de la familia más poderosa de la ciudad, la familia Camp (propietarios años atrás de la empresa de detergentes que llevaba su nombre y creadores del archiconocido “Colón”) se hicieron cargo del club en 1991, siendo sus máximos accionistas. 

Esta es la última plantilla del BFI Granollers que jugó en la ACB.

Dos temporadas en las que perdieron 600 millones de pesetas (algo más de 3,6 millones de euros), debiendo devolver 28 millones al resto del accionariado, unos 800 entre 3500 socios existentes y acabar de saldar pagos. La ayuda del último sponsor para la temporada 92/93, “BFI”, empresa dedicada al tratamiento y eliminación de residuos, fueron ingresos insuficientes dentro de una dinámica permanente de pérdidas. Al menos, podían recibir los 200 millones de pesetas desde la ACB por la compra de la plaza en su momento.

Herminio San Epifanio, curioso nexo entre el principio y el final. 

Un maldito epílogo que varios clubes ACB, si repasamos el mapa de nuestro baloncesto, les tocó sufrir. El verano de 1992 fue como echar el telón a una gran fiesta. Y allí solamente quedaron restos. Tras los Juegos Olímpicos, una realidad de afilados colmillos llamada crisis, azotó a toda nuestra sociedad y por ende, al deporte. No hay más que ver clubs emblemáticos como el Joventut de Badalona, Club Baloncesto Zaragoza o Valencia Basket, arrancaron sin sponsors. Añadan la desaparición del Collado Villalba y el también descendido Oximesa granadino -un año después-. Las renovaciones de jugadores se transformaron, de un día para otro, en negociaciones durísimas. “No me lo esperaba. Fue casi una humillación” llegó a confesar Salva Díez cuando vio sobre la mesa la renovación de su club, Pamesa Valencia, la mitad de lo que cobraba hasta ese momento. “Sobre todo sabiendo lo que había dado por el club. Estaba dispuesto a aceptar una rebaja, pero no tan considerable”. 

Se habla -porque nunca había cifras públicas- que, en los meses venideros, Antonio Martín finalmente aceptó renovar por un 60% de lo que cobraba hasta entonces en el Real Madrid (aun teniendo suculentas ofertas de Unicaja y AEK Atenas). Semejante escenario vivieron José Montero y Andrés Jiménez en el Barça, en el que los mentideros de la época hablaban que, de los 90 millones de Montero -unos 550.000 euros-, renovó por la mitad. Los hermanos Jofresa, Rafa y Tomás, tampoco quedaron contentos con sus firmas con el Joventut. Si el panorama en los grandes era este, imaginen un club como el BFI Granollers, en la cola de todos ellos.

Granollers fue el Areslux, pero sobre todo el Cacaolat. Supieron ser élite de nuestro baloncesto y fueron color en el lienzo de los 80, lleno de maravillosas luces y tonalidades, que arrastraban ilusiones. Ellos hicieron regresar a España a Essie Hollis, en su pista nos brindaron los mejores años del bailarín de las zonas, Javier Mendiburu y Wayne Robinson encontró su lugar tras su atropellada salida del Real Madrid. Pero sobre todo, aquella fue la casa de Joan “Chichi” Creus. El estandarte y reclamo vallesano en 14 de las 16 temporadas en la máxima categoría, su jugador internacional, fue fiel al club hasta su defunción y desaparición, en 1993.

Angel Palmi y Paco Bernat, un dúo que dio éxitos en Granollers. 

Areslux, un inicio prometedor

Hubo un último y desesperado intento por evitar la desaparición del baloncesto de élite en Granollers, incitando a la fusión de los tres clubs que existían en la ciudad. Pero ni el Finsabe, que militaba en Tercera División, ni el Bàsquet Granollers o el GEEC, estos dos últimos en Primera Autonómica, tenían intención de acometer una travesía semejante. Curiosamente, Bàsquet Granollers fichó aquel verano de 1993 a Herminio San Epifanio, el hermano mayor del mítico Epi, que por unas cincuenta mil pesetas mensuales, siguió dando rendimiento en las pistas. Y es que, Herminio aún tenía ganas de ‘darle’ a esto del baloncesto. Tal paradójica contratación significó cerrar un curioso círculo, pues quien fue conocido muchos años como “Epi I”, resultó ser el fichaje estrella del Areslux (nuevo nombre del Granollers Sportiu Bàsquet gracias a un recién estrenado sponsor), en su primer año en División de Honor, en 1977, procedente del F.C. Barcelona. Donde empezamos nuestra historia.

Joan Creus, el timón del primer Areslux.

De la mano de Vicente Sanjuán como entrenador, ascendieron a la máxima categoría de nuestro baloncesto, liderados por los ex Joventut Narcis Margall, Santiago Udaeta y Ernesto Delgado, a los que se les unía como refuerzos para este nuevo proyecto, desde Badalona, Miqui Ferrer y Antoni Pruna, algo que daba cierto tono verdinegro. Con el fichaje ya mencionado de Herminio San Epifanio, el rumbo del equipo en la dirección lo llevaría el veinteañero Joan “Chichi” Creus, que recalaba en la capital del Vallés oriental tras el descenso de su anterior club, el Hospitalet. Chuck Simon, ala-pívot de 2,05 de estatura, sería el americano elegido para el debut entre los mejores.

Pagar la novatada, se pagó. 7 victorias, 14 derrotas y 1 empate (que por aquel entonces estaba permitido) les dejo quintos por la cola en una liga de doce. Pero sonó a éxito, pues eludieron el descenso y la satisfacción fue grande. Con la misma estructura de equipo, se repite en la siguiente temporada 78/79, con el trueque entre la Penya y ellos, de Ernesto Delgado -que volvía a sus orígenes- mientras llegaba Lauro Mulá. La sorpresa vino desde el banquillo, con cambio de protagonista: Vicente Sanjuán no continuaba en el club, algo que para alguien tan elocuente como él, le dolió especialmente, acusando al secretario técnico, Paco Bernat, de su no renovación. “Me consta que ha tenido que ver mucho con esto, aunque me dijera que estaba tan sorprendido como yo. (…) Palmi no tiene experiencia en el baloncesto de alta competición y por lo tanto, será temerario dejarle el timón del equipo”. Pues sí, pudiera ser temerario, pero no se pudo acertar más de pleno. Un brillante y joven entrenador de categorías inferiores, Ángel Palmi, el mismo que, bajo sus mandatos como director deportivo, la Federación Española de Baloncesto logró en sus 20 años de estancia, los mayores éxitos tanto en categoría masculina como femenina, comenzó su andadura en élite este Areslux, al que elevó hasta el sexto puesto final en liga, con 11 victorias y 11 derrotas, asentándolo ya en División de Honor. Y todo, a pesar de no contar apenas con pívots. “Debemos jugar de inicio con Herminio San Epifanio y Chuck Simon, que realmente son dos aleros reconvertidos, porque no queda otra”. Claro, que todo funcionaba mucho mejor con la consagración de Creus, que “aunque debe asimilar nuevas cosas que vamos incorporando, está bastante hecho como jugador y resulta imprescindible en nuestro sistema” en palabras de Palmi.

Creus doblando un balón ante Brabender, en la histórica victoria ante el Real Madrid. 

Las relaciones del club con el estadounidense Simon acabaron como el rosario de la aurora y tras dos años, se le buscó recambio (éste emigró al madrileño Tempus), cambiando la fisonomía del plantel para satisfacción del cuadro técnico (a Palmi le acompañó como ayudante, el secretario técnico, Paco Bernat. ¿Se imaginan hoy día como asistente del entrenador, el general manager del equipo? Otros tiempos, qué duda cabe). Jugándose tan solamente con un jugador foráneo por equipo, asumiendo que tal figura en la mayoría de los casos asumía un tercio de los puntos y rebotes del equipo, descubrieron un recién licenciado de la universidad de Fairfield, Mark Young, un armario de 2,08 de estatura, notable reboteador y aceptable anotador, al que se le unió otro de los jugadores que más partidos disputaron en la historia de los vallesanos: el alero Miguel Ángel Lete, procedente del Mollet, que se mantuvo hasta 1985.

Mark Young, una torre como no se había visto en Granollers.

Se jugó con más irregularidad que en la anterior campaña, con algún significativo pinchazo (en casa, ante el Miñón Valladolid en la 2ª jornada), pero los resultados se mantenían. El problema llegó cuando se lesionó el estadounidense Mark Young, con una rotura de un dedo en su pie izquierdo, en la segunda jornada de la 2ª vuelta en Valladolid, debiendo causar baja para lo que restaba de temporada. Hasta que llegó su sustituto, un alero de 1,98 procedente de Kentucky, James Lee, transcurrieron algunas semanas (las negociaciones no eran las de hoy día tampoco) y lo curioso es que, no solamente se salvó el choque en la capital pucelana con empate a 92 final, sino que se ganó el primer gran encuentro en la historia del Areslux, sin americano y sin Lete, también baja por una inoportuna lesión.

Fue un sábado 22 de diciembre cuando se presentó el Real Madrid, mágico ya desde por la mañana para todos. Resultó que en aquella matinal se celebró el famoso sorteo de la Lotería de Navidad. Y el premio gordo, con exclusividad, cayó precisamente en Granollers. Imaginen el ambiente de la ciudad aquel día que, por la tarde además, entre unas gradas repletas de una inusual y lógica euforia, el Areslux (que había perdido en la ida frente a los blancos 132-88), supo mantener igualado el choque y sentenciarlo al final (95-86), con 27 puntos de Herminio San Epifanio, 25 del alero Ramón Mora y 24 de Joan Creus. Areslux fue el único equipo capaz de vencer a los madridistas junto al F.C. Barcelona en toda la liga, de la que los blancos se proclamaron campeones. Digamos que Santa Claus se posó en la ciudad aquellas navidades de 1979.

El balance final liguero, aunque no en victorias (9 victorias, 13 derrotas y 3 empates), sí en clasificación (se repitió el 5º puesto), fue tan positivo como el ejercicio anterior. La liga fue más competida que un año antes en la zona media y los cuatro grandes, 

Real Madrid, F.C. Barcelona, Joventut y Cotonficio, se destacaron con más claridad. Sin embargo, un oscuro nubarrón se cernía sobre la capital vallesana: el F.C. Barcelona mostró interés por su director de juego, “Chichi” Creus. Y cuando tales tambores sonaban en la sección blaugrana, acababa consumándose su “profecía”. Creus firmó por dos temporadas, dejando desguarnecida la posición de base en el Areslux. Para contrarrestarlo, entre la directiva se actuó rápido buscando un golpe de timón. Y lo encontraron: Essie Hollis regresaba a la liga española.