ARTÍCULO: SERGIO RODRÍGUEZ Y LA CONSCIENTE FORMACIÓN DE UNA ESTRELLA

ARTÍCULO: SERGIO RODRÍGUEZ Y LA CONSCIENTE FORMACIÓN DE UNA ESTRELLA

Antonio Rodríguez

Ver las 10 mejores jugadas de la temporada 04-05 en ligaendesa.com, es muy agradable. Temporada que para quienes llevamos vividas unas cuantas campañas, parece al alcance de la mano hasta que ves las imágenes. Entonces te caen de golpe como una pesada losa los 9 años que han transcurrido. Caras mucho más jóvenes de los que aún continúan y americanos que daban un color verdaderamente especial en nuestras pistas.

Así que me fui al desván, elegí uno de los arcones, y soplé para desempolvar una de las cajas en las que se leía “Temporada 04-05”. Películas que pongo en la máquina (o en lenguaje menos literario, DVD que pongo en el reproductor) y mientras se me iluminan los ojos, hay cosas que me llaman la atención. Me topo con el puñado de partidos del playoff, ese que acabó de la manera más increíble posible, con el triple de Alberto Herreros en su despedida, para adjudicar un título al Real Madrid que segundos antes, veía perdido. Me detengo en la eliminatoria de cuartos de final, aquella especie de “vendetta” que se tomó Estudiantes ante el F.C. Barcelona, al que eliminó en esta serie, un año después de la final liguera entre ambos equipos. Y en los colegiales, como base titular, con 19 años, aparece Sergio Rodríguez.

Volver a presenciar las evoluciones de aquel jovencísimo “Chacho”, con la perspectiva que dan no solamente 9 años, sino la seguridad que aquel chico ha triunfado en el mundo del baloncesto, es realmente curioso. Aquel juego explican muchas cosas de las que hoy vemos. Vale que a todos nos fascinó en el Eurobasket junior de Zaragoza’04, donde la mayoría le descubrimos (y recuerdo a Quique Peinado y Emilio Cobos como aventajados conocedores de aquel chaval, que advertían con un “ya verás, ya”). Pero tras jugar con chicos de su misma edad, darle los galones como base titular de un club ACB, por delante de un veteranazo, santo y seña en el Ramiro como había sido Nacho Azofra, era otro paso. Otra cosa.

Sergio Rodríguez seguía asombrando con sus pases fantasía, con su juego que parecía de funambulista, levitando por el parquet como si estuviese sobre una fina cuerda (ver la jugada nº 2 del ranking de las mejores jugadas de la 04-05, por favor). Esa facilidad, esa falta de miedos para sortear rivales, para entrar a canasta en un claro flirteo al balón que caía rendido a los gestos que el “Chacho” quería ejecutar, aquellos pases hacia donde nadie sabía…este barbilampiño era especial. Aparte de todo eso, tenía que liderar a sus compañeros desde la posición de base. Tarea menos fácil.

Sergio Rodríguez, viendo ahora aquel chaval de 19 años, tengo claro que aprendió equivocándose. Muchas veces. Todas las virtuosidades acababan a menudo en un mal pase, un tiro a destiempo, arriesgar en exceso en buscar alguien en el aire que no aparecía. Los veteranos, sean Carlos Jiménez o Nikola Loncar, se acercan a él y le susurran al oído. Un “no es necesario que todos tus pases sean asistencias” pudiera ser un consejo quizás verídico. Aquellos balones que lanzaba a los compañeros, en ocasiones solamente los entendía él. Arriesgaba en entrar y doblar el balón con la condición de dejar a su compañero solo -esas de “así se las ponían a Felipe II”- y no siempre todo se consigue. Lo más fascinante de aquello era la cara de “Pepu” Hernández en el banquillo. La profesión iría por dentro, supongo, , pero asumía y entendía que su pupilo debía aprender equivocándose. Lo que no iba a hacer era coartar las posibilidades de aquel chico. En cada ocasión que un pase suyo se perdía por línea de banda, la mirada de Sergio se helaba, miraba a su compañero, agachaba la cabeza y bajaba a defender (eso sí, inapelable. Esa era la bronca que pudiera recibir de “Pepu”, si no bajaba pronto a defender).

Tenía la misma facilidad para lanzar suspensiones que ahora (ver la foto y cómo su mecánica era perfecta), pero se prodigaba menos por tener menos confianza. El botaba y pasaba. Y corría contragolpes y buscaba las manos de Carlos Jiménez, capaz de coger el mayor de los obuses que le pasaba. Y buscaba al “Pancho” Jasen, que en contragolpe era como un miura, que se llevaba por delante cualquier obstáculo en su camino. ¡Ah! Y era feliz sobre la pista. Sobre todo, eso. Bajo su dirección, eliminaron a un F.C. Barcelona muy triste por aquel entonces, al que no dieron tampoco los estudiantiles ningún motivo para ni una mínima alegría.

Sergio Rodríguez fue producto que no cabía en ningún tarro. Lo haría estallar. Y por ello, tuvo un entrenador que prefirió que estallara en la pista, para bien o para mal, porque a la larga, le resultaría. A la larga eran esas eliminatorias de playoff, a la larga es la trayectoria posterior de un verdadero amante y apasionado del baloncesto que tuvo tal motor y tiempo para convertirse en el mayor ídolo que existe en nuestras fronteras de la Liga Endesa. “Pepu” Hernández lo vio claro. Seguro que ahora debe sonreír cada vez que vea aún aquella juventud arrebatadora, ahora bajo una poblada barba. Lo mismo, pero mejor.