ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

Antonio Rodríguez

Capítulo 9: Campeones de Europa

La historia entiende mucho de caprichos. De hecho, marca su curso en numerosas ocasiones con estos guiños. Que el baloncesto nazca como deporte para practicar en interiores, al refugio de largas nevadas, como hermano de postín del fútbol, del football, del beisbol o incluso del hockey, es uno que marcó nuestras vidas. Que unos pilotos de la fuerzas aéreas estadounidenses posaran sus aviones hace más de 90 años años en cierta zona europea, y mostraran a los nativos las excelencias de un juego llamado baloncesto, hizo que en Lituania se conservaran y fomentaran esas enseñanzas hasta un extremo febril en su pequeña república. Que ciertos condicionantes sociales y económicos, la afloración de jóvenes con talento innato para este deporte y su no menos febril seguimiento por parte de sus vecinos y todo el entramado de calles de alrededor, hicieron que Badalona sintiese este deporte como algo especial, como un poco suyo también, es un nuevo gesto gracioso del destino. La habilidad de Marcelino Maneja con un balón, no podía salir de otro lugar. El talento puro haciendo cosas impensables hasta ese momento en el cuerpo de un chaval tan alto y coordinado, llamado Enrique Margall, “el Matraco”, el original, no podía salir de otro lugar. El carácter de un entrenador haciendo jugar en la máxima categoría del baloncesto nacional a un niño de 16 años, por mostrar la misma raza, llamado Jordi Villacampa, sólo se podía fraguar en Badalona. Por eso, es lo que es. Por eso, si los de allí intentan explicarnos qué es la “Penya”, el Joventut, los de fuera no lograríamos entenderlo en su plena magnitud. A los de fuera, nos fascina, pero no lo entendemos. De ahí, que esa fascinación que vio Zeljko Obradovic desde el primer día, algo que le era muy familiar, le cautivó. Y por eso, asumió que allí entenderían lo que hiciese, aunque su filosofía, diametralmente distinta a la badalonesa, chocara, pero cuajaría. Porque al fin y al cabo, también era baloncesto. Por eso creyó que, en algún momento de su travesía, haría algo grande.

El Joventut de Badalona, campeón de Europa. A sus 67 años de existencia. campeón de Europa. No hay nada más grande.

El 59-57 final, aquel resultado tan parco, aquella final ante Olympiakos tan estrambótica en sus segundos finales, en sus minutos de nervios y desacierto, encierra mucha esencia que no todos lograron entender. Cierto es que fue una final fea en su segunda parte. Sin embargo, hubo muchos matices. Se ha hablado muchísimo de ese partido. Hacer una crónica sería una más entre mil. Así que y de forma esquematizada, enumeremos esos matices del juego que hicieron que la “Penya” reinara Europa.

1ª parte

- Zeljko Obradovic advirtió sobre Olympiakos que a sus pívots, Panagiottis Fassoulas y el afamado pívot ex NBA, Roy Tarpley, no les gustaba salir fuera de la zona. Dentro eran inexpugnables. Irse de uno significaba encararse al otro. Corney Thompson lo sufrió en sus carnes cuando lo intentó. Por eso, iniciaron el partido con una magistral lección de pick&roll con los grandes abriéndose, sobre todo el propio Thompson, que junto a Rafa Jofresa, lograron los rotos iniciales. Las primeras heridas estaban expuestas.

- Olympiakos tiene contrastes. Al descaro y al talento de Milan Tomic y Georgios Sigalas anotando, se une la falta de criterio de Roy Tarpley, que con 2.10 y marcado por Thompson, se dedica a lanzar suspensiones a seis metros del aro. Anotó una en sus primeros seis intentos.

- Mike Smith fue el jugador más cohibido de todos. Tuvo una dura papeleta en defensa para marcar a Paspalj, pero en ataque apenas lanzaba. Ni utilizó su explosividad en el uno contra uno, ni lanzaba suspensiones, faceta por la que tanto había destacado en las dos semanas previas a esta final. Pasaba el balón. En la segunda mitad, adquirió más confianza.

- A la falta de puntos de Smith, a la notable marca defensiva de Sigalas sobre Villacampa, quien lo compensó fue Ferrán Martínez. Culminó una excelente primera parte. Las suspensiones exteriores (en la estrategia ya analizada de forzar a los pívots rivales a que saliesen de la zona), entraban todas, con un triple incluido. Anotó 14 puntos en los primeros 20 minutos (5/7 en tiros de campo, 1/2 en triples). No sólo infalible en ataque, sino que en defensa supo estar físico ante Fassoulas, que le obligaba a tirar un metro más alejado de lo que suele hacerlo. ¿Resultado? 1/8 en tiros de campo para el pívot heleno.

- La lacra fue el rebote ofensivo. Ya se sabía, pero aún así, la triple Fassoulas-Tarpley-Paspalj hizo estragos. Como añadido, impidieron cualquier posibilidad de contragolpe verdinegra. En la segunda parte se realizó un gran esfuerzo por asegurar el tablero propio. Y se logró.

- Si mencionamos a Paspalj, fue el rey de los primeros 20 minutos. Yéndose de Mike Smith en uno contra uno, reboteando, forzando faltas, en suspensiones cortas. Jugador determinante que anotó 15 puntos en este periplo.

- ¿El momento más crítico? Un 24-16 en contra. Coincidió con la salida de Tomás Jofresa, que implicaron dos pérdidas consecutivas. Obradovic solicitó tiempo muerto y con la sostenibilidad que daba la defensa (siempre rayando a gran nivel), lograron reducir las diferencias poco a poco, canasta a canasta (repetimos: Ferrán Martínez), y con un triple sobre la bocina de Mike Smith en su primera canasta, se llegaba con empate a 39 al descanso.

2ª parte

- Todos nos acordamos del tiro libre en modalidad “uno más uno” fallado por Zarko Paspalj a falta de aquellos interminables 4.8 segundos. Ese fue el resultado del agotamiento del alero montenegrino. Paspalj era un fumador empedernido (las malas lenguas hablaban de dos cajetillas diarias consumidas), que años después derivó en un serio aviso en su salud, se dice que por tal causa. En lo que respecta a esta final, sin haber recibido ni un segundo de descanso en la primera parte y sin recibir ni uno tampoco en la segunda -algo incomprensible-, esta fue su aportación tras los 15 puntos al descanso:

  • dos tiros libres fallados
  • un tiro fallado bajo el aro
  • una suspensión corta fallada
  • tras un rebote ofensivo, fallo bajo el aro por falta de fuerzas en el salto
  • dos tiros libres fallados. Importantísimos (53-57 a falta de 03:15)
  • fallo en el tan afamado tiro libre a falta de 4.8 segundos
  • fallo en la suspensión final, a falta de…bueno, con el tiempo ya pasado.

- En esos tiros libres a falta de 03:15, previamente cayó al suelo tras provocar la falta. Se quedó unos segundos tumbado. Su respiración era jadeante y su cara, totalmente blanca, mostraba abiertamente agotamiento.

- El triple ganador de Corney Thompson vino como consecuencia de un error defensivo de Paspalj que llevaba minutos deambulando por la pista, en el estado siguiente a la fatiga. Mike Smith se fue de él en uno contra uno con enorme facilidad, y cuando iba a encarar el aro, Roy Tarpley, otro que estaba agotado igual, pero que era muy consciente de lo que se jugaba, dejó de agarrar y vigilar a Thompson para cerrar el paso a Smith bajo el aro, en ayuda. Dos pases rápidos…y el triple de Corney ganador.

- Apunte ventajista, que da la perspectiva del tiempo: el baloncesto europeo estaba cambiando. Las defensas importaban y mucho. La exigencia física había subido varios peldaños por estos requerimientos defensivos. Pero lo que aún no había dado un paso claro al frente a tenor de la nueva “biblia defensiva”, eran las rotaciones. Sí, se utilizaban unos ocho jugadores por equipo, pero los hombres de banquillo aún eran de banquillo y no de rotación. Muchos titulares superaban aún los 35 minutos de media, algo impensable hoy día. Ese sobreesfuerzo, ese cansancio acumulado, esa exigencia defensiva con pocas rotaciones y más fatiga, ralentizó el juego hasta extremos nunca vistos. Esta final, fue un claro exponente: los jugadores de ambos equipos tenían un agotamiento extremo en el último cuarto. ¿Quieren un ejemplo? Con un gran robo de Rafa Jofresa y posterior bandeja de Villacampa en contragolpe, se empata el partido a 49 a falta de 12:25 para el final. Léanlo otra vez: 49-49. El partido finalizó 59-57. Otro parcial: con un triple, Georgios Sigalas alzó el electrónico en un 52-56. Restaban 08:05. Un punto en todo ese tiempo.

- Tomás Jofresa, tan importante el día anterior, disfrutó el título como el que más, porque lo pasó muy mal durante el partido. Al salir en la primera parte, cometió una pérdida de balón no forzada. En la segunda, un absurdo campo atrás que hizo poner a Obradovic las palmas juntas a modo de rezo. Con empate a 49, cruzó un inocente pase por toda la pista y que cortó Tarpley. Se lamentó, se maldijo y Zeljko tuvo que sustituirlo. Eso sí, le consoló porque lo necesitaría más adelante. Siendo de justicia, quizás el Joventut no estaría ahí en ese momento si su aportación.

- El triple de Jordi Villacampa, forzado, a falta de dos minutos. Aún faltaba mucho, pero supo a gloria (56-57).

- El tiempo muerto que pidió Obradovic a falta de 01:09 para el final, entre medias de malísimos tiros de sus jugadores y pérdidas de los rivales. Restaban 2 segundos de posesión. Ideó un tiro abierto que realizó Ferrán Martínez en forma de triple. No entró. El rebote fue verdinegro. Ferrán Martínez lanzó un gancho que increíblemente se salió, así como el palmeo de Mike Smith -más increíble todavía-. Sin embargo, el rebote fue para la “Penya” nuevamente. Restaban 39 segundos. Era el turno de Corney Thompson.

Para los anales quedarán esos 4.8 segundos en una falta no intencionada de Mike Smith a Paspalj, que vino de perlas. En realidad se acercaron a los 10 segundos, desde que lanzó el tiro libre, falló, Rafa Jofresa se hizo con el balón en la esquina, lo lanzó al cielo, cayó nevado, lo recogió Tomic, que lanzó un triple, que falló, para que el balón cayera a Paspalj, que volvió a lanzar una suspensión a la media vuelta…es que fue de locos. El robo con el crono al Real Madrid en el Pireo en esa vertiente filosófica de “si anota el rival, es fuera de tiempo” o “el partido no se acaba hasta que no anote el local” en esa misma temporada, fue una señal. Al año siguiente, a los pobres jugadores del CsKA Moscú, algo les tuvieron que hacer, que en el partido decisivo -el tercero de cuartos de final-, pudieron jugar tan sólo 5 disponibles, pues el resto sufría de disentería. La modalidad “parar el crono” tuvo sus efectos dos años después con un tapón de Vrankovic que tal… en fin, que mejor no pensar qué hubiese pasado si ese tiro de Paspalj entrase.

Badalona se echó a la calle. Dicen que no sabían que había tanta gente en la ciudad. Morales y Tomás Jofresa se afeitaron la cabeza. El resto de aficionados españoles, ahogamos un lamento que ya venía de 1980.

El Joventut de Badalona, campeón de Europa. Que se dice pronto.

Foto 1: Rafa Jofresa sostiene el trofeo de campeones, junto a Jordi Villacampa

Foto 2: Corney Thompson tumbado en el suelo, con Roy Tarpley. Eran los últimos minutos, y entre el agotamiento y el afán por ganar, se vieron escenas como ésta.

Foto 3: Roy Tarpley intentando dar un pase ante la oposición de un aguerrido Corney Thompson, el héroe del partido.

Foto 4: Celebración en el vestuario del título.

Capítulo 1: “A new kid in town”.

Capítulo 2: El tiempo muerto.

Capítulo 3: A Navidades en una montaña rusa.

Capítulo 4: Los peores momentos.

Capítulo 5: Una Copa del Rey que no ayudó, pero sirvió.

Capítulo 6: La machada (1ª parte).

Capítulo 7: La machada (2ª parte).

Capítulo 8: De bombarderos y una zona.