Greg Stewart, la estampa silenciosa

Greg Stewart, la estampa silenciosa
Familiares de Greg Stewart en la ceremonia de la retirada del número de Greg Stewart

Antonio Rodríguez

En los profundos pasillos del Gran Canaria Arena, los rugidos del público son imperceptibles, hasta que se va caminando a través de esquinas y túneles que llevan a la pista. Entonces, sí. El estruendo del escenario, pisando ya parquet, en apoyo al equipo, se hace sentir. Sin embargo, uno puede encontrar su remanso de paz entre largos corredores del recinto, los que flanquean fotografías y posters de jugadores ilustres en la historia del C.B. Gran Canaria-Claret de Las Palmas, como haciendo guardia, corroborando que allí se juega algo grande, porque ellos estuvieron antes, jugando a algo grande.

 

Greg Stewart tiene un sitio entre tales ilustres. Él, que se empeñó en hacer un nombre del equipo en sus primeros pasos en la máxima categoría del baloncesto español, es como si formara parte de los cimientos del nuevo coliseo. Era la estrella del club que necesitaba buscar fieles en las gradas. Ya no era la efímera aventura vivida en el pabellón Tamaraceite, sino poner al Granca en el mapa, desde el Centro Insular de Deportes, en toda la ACB. Y los aficionados le siguieron en su aventura.

 

Familiares de Greg Stewart en la ceremonia de la retirada del número de Greg Stewart

Treinta años después, los hijos de aquellos que poblaban gradas, recogen el testigo, acompañando a los hijos y familiares de nuestro protagonista (fallecido el pasado 19 de enero). Y fueron honrados por parte del actual presidente del club, Enrique Moreno, en la ceremonia de la retirada del número 11. El que vistió Greg Stewart. Tres décadas después, sus ecos siguen sonando. Tan honrados en las gradas como desde la pista el pasado domingo ante el Divina Joventut. Y desde Endesa Basket Lover, teníamos que detenernos en este punto, en este instante. Porque su protagonista lo merece.

 

Greg llegó a España, a Zaragoza más concretamente, como un mocetón delgado y rápido, en 1981. Americano que despuntaba por buenas condiciones físicas que, paradójicamente, se empeñó en que fuese recordado más por sus cualidades técnicas. Y Aíto García Reneses, cuando desembarcó a Badalona, teniendo asegurado a una fuerza de la naturaleza en Andrés Jiménez como su nueva adquisición, se fijó en Greg para aportar su finura técnica bajo los aros y su tiro en suspensión (que entre los pívots y ala-pívots de la época, no era tan frecuente). Dos etapas diferentes en la Penya y llegaba en el verano de 1986 a Las Palmas, a la que ha sido su casa. A segunda categoría de nuestro baloncesto, lo que no suponía ninguna deshonra, puesto que también respiraba aires de grandeza, como todo el baloncesto en nuestro país.

Un jugador muy elegante (Foto: Carlos Candel).

Dos años en 1ª B, erigiéndose en el “jefe” de aquello, sacrificándose y siendo solidario con los problemas económicos del club, con destacados números, incluso teniendo la compañía del ídolo local, Willie Jones y su enorme espectacularidad. Stewart promedió 24.4 puntos, 11.9 rebotes y 2.7 asistencias en su última campaña, en el Top 20 liguero en las 3 categorías. Y lograron el ascenso a la ACB. Y una vez allí, era el icono ofensivo del plantel, reclutando un tipo más alto, más fuerte y más sacrificado (pero con menos talento) para acompañarle bajo tableros. Tom Scheffler era el complemento perfecto para dar libertad a nuestro protagonista. Greg fue con los años ganando peso y mostrando una cada vez más incipiente barriga, pero seguía siendo el amo. Desde el poste, fintaba, pivotaba y volvía a fintar hasta volver locos a los contrarios. Soltaba buenas suspensiones, cada vez más lejanas (los triples se tornaron en habituales) y compensar su falta de velocidad y sus saltos, que ya se elevaban un par de palmos menos, con lo que obligaba a sus tiros cortos a ser en el momento más inesperado, prolongar el arco, subirlos más alto y evitar los tapones rivales. Pero daba igual, seguían entrando. Era ensalzar la calidad como mera herramienta para poder seguir a este gran nivel, en un baloncesto donde los americanos rivales cobraban muchos más ceros que en la actualidad. Como si su repertorio de talento no tuviese fin. Ese es el sello que nos dejó y ese es el recuerdo que tenemos de él.

 

Sus números en el equipo grancanario en Liga Endesa fueron muy brillantes, para acabar su carrera en esta liga un año después en Granollers:

Tras un colapso cardíaco jugando, acompañado de un golpe en la cabeza de graves consecuencias, acabó falleciendo dos años después, a los 57 años de edad. Hoy día, en el baloncesto de enorme exigencia física, Greg Stewart nos rescata un baloncesto romántico donde encontraba el recurso para todo. Sin mates ni arabescos. Todo suave, discreto y el acompañamiento del “cómo lo ha hecho” desde la grada. Su estampa, en el Gran Canaria Arena, es tan silenciosa y solemne como su juego, silencio roto por la exasperación del rival y el clamor en las gradas. El número 11, el primero que creyó que el CID debía ser una tortura para el rival. Toda una leyenda.

           

Defendiendo al también malogrado Dyron Nix (Foto: Mariano Pozo).