LAS LECCIONES APRENDIDAS DE MATHIAS LESSORT

LAS LECCIONES APRENDIDAS DE MATHIAS LESSORT
MATHIAS LESSORT

Antonio Rodríguez

Mathias Lessort fue al dos contra uno en defensa, para romper el bloqueo y continuación de Nicolás Laprovittola, que les estaba cosiendo a puntos y a asistencias. Aun así, el base argentino pudo dar el pase para la canasta de Marko Todorovic. Lessort, enfadado, mostró los gestos instintivos y vehementes de jugador joven, quejándose a sus compañeros. ¿Quién era el que debía seguir a Todorovic? Cuando se dio cuenta que era Carlos Suárez, cejó en su empeño en hacer estos gestos. El “capi” no lo hizo. Punto. Se acata y se ataca en la siguiente jugada.

 

Lessort llegó hecho un vendaval el pasado verano a Unicaja, como los potrillos que llenos de fuerza, no hacen más que dar coces para evaluarse y posicionarse. Un poco así. Corría sin descanso, buscaba protagonismo y se frustraba cuando no lo tenía. Desde las altas estancias del club malacitano, pensaron que era una opción muy válida para el equipo. En Endesa Basket Lover escribimos que sería el factor clave para esta temporada. Es el jugador con suficiente físico como para aguantar a los grandes tanques rivales. Es móvil, rápido, intenso y aun siendo corto en estatura (2,05), tiene las habilidades como un físico privilegiado para hacerlo. Aunque debe pasar un proceso, en el que está inmerso. Y en la Costa del Sol lo saben.

Lessort

 

 

Recuerdo de mis primeras fechas trabajando en Canal+ allá por 1996, donde la siempre clarividente mente de Antoni Daimiel aseguraba que “yo, que Estudiantes, firmaba a Glen Whisby un contrato por cinco años”. El bueno de Whisby fue fichado desde Gijón, tras haber pasado por la modesta universidad de Southern Mississippi (la misma en la que jugó Clarence Weatherspoon y el “murciano” Dwayne Davis) en la que apenas aprendió detalles técnicos. Y Daimiel pensaba, como la NBA hoy día con sus rookies, en un trabajo a largo plazo, “porque tiene un físico descomunal. Si a ese tío se le enseña a jugar al baloncesto, puede ser la bomba”. Y el malogrado Whisby (falleció de un ataque al corazón el pasado año a los 45 años de edad) permaneció dos temporadas en el club estudiantil, al que se le vieron sus progresos, al margen de su gran salto, mes a mes. Pues el paralelismo en el juego con Mathias Lessort, créannos, es enorme.

 

Técnicamente, el francés es mejor. Y va siendo mejor a cada encuentro, porque se le ve con una enorme voluntad de aprender si juzgamos lo que hace a cada actuación. Su “touch” con la derecha en tiros cortos cada vez tiene más finura, sea decidiendo en poste bajo cuando ve ventajas (que aún no está muy ducho en esta materia) o continuando bloqueos. Cada vez más consciente de su tamaño ante brazos de adversarios mucho más largos, en vez de aflorar su ímpetu del “in your face” ante el rival, pone su cuerpo delante para proteger el tiro con su derecha. Y obtiene cada vez más y mejores resultados cuando chocan con su corpachón, sin moverle ni un centímetro, porque incluso es capaz de arrancar algunos “…and one!” de añadidura.

 

Lessort

 

Sus errores de concentración, nada que no arregle la experiencia, cada vez son menos. Sí, en ocasiones se ve en un desenfrenado camino cometiendo faltas personales, una tras otra, en pocos minutos. Mientras él dedica sus gestos de desagrado más notorios a los árbitros, de cuyo criterio no entiende en ocasiones, intenta no caer en tan fangoso territorio. Sus estadísticas no son descollantes (8,8 puntos de promedio en 21 minutos de juego y 56,1% en tiros de campo, más 4,9 rebotes en Liga Endesa), pero se le va apreciando una mayor solidez. ¿Les pasamos una pequeña muestra de su trabajo? Miren la tortura que le suponía la línea de tiros libres: 11/23 en las primeras 7 jornadas, promediando un paupérrimo 47,8%. Desde entonces, o sea, las últimas 5 jornadas, el panorama se esclarece hasta ser soleado: 20/25 (80%).

 

Corre muy bien la pista, tiene enormes manos para atrapar pases aéreos o para enseñar sus palmas pidiendo el balón cuando ha ganado la posición. Conoce cada día mejor la disciplina del equipo en la que está inmerso. Unicaja es un club por el baloncesto y para Málaga. Y cada vez parece más satisfecho de todo ello. Pertenece a un club en el que se autoimponen que el chaval (de 23 años, no lo olvidemos) aprenda cada día más. Y en ello están. Mientras, Mathias Lessort, con generosidad en el trabajo y con humildad, aprende lecciones. Y si una de ellas es callarse ante el fallo de Carlos Suárez, se acata.