ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

Antonio Rodríguez

Capítulo 6: La machada (1ª parte)

Si el Joventut regresó cabizbajo de Córdoba tras ser eliminado de la Copa del Rey a las primeras de cambio, tuvo al menos 6 días para preparar su siguiente partido, el primero de la eliminatoria de cuartos de final de Liga Europea ante el Real Madrid (a disputarse en Badalona en formato “1-2” comenzando por la pista del equipo con peor clasificación). Y eso fue un importante punto a favor, puesto que el Real Madrid también se presentaba con sensación de tristeza. Los blancos, tras un mes de Enero y Febrero de ensueño, donde contaron como únicos tropiezos reseñables el que les robaran una vez más en el Pireo (si el año anterior les anularon una canasta por decir que estaba fuera de tiempo, en esta ocasión pasaron hasta dos eternos segundos más del tiempo reglamentario, hasta que Franko Nakic anotara al final de la prórroga y la contabilizaran como buena), y una derrota ante el F.C. Barcelona en el Palau Sant Jordi, que no cambiaba su puesto en la clasificación ni le dieron mayor trascendencia, viajaron a Badalona tras ser eliminados en semifinales de la Copa del Rey ante los azulgranas. Vistas las expectativas previas, les supo a muy poco.

Y lo visto en el Olimpic de Badalona aquella tarde de miércoles 9 de Marzo de 1994 fue una de las exhibiciones más tremendas y sorprendentes para un respetable (que tardó en llegar al recinto, como si fuesen perezosos en presenciar lo que jamás se iban a esperar), vistas en ese recinto en los últimos 20 años.

Tras unos primeros minutos titubeantes de ambos equipos, sin mucha superioridad en el marcador, la “Penya” cimentó sus bases en algo tan simple como querer ganar más que el rival. 6 días seguidos de entrenamientos con Obradovic, eran muchos días como para no saltar a la pista con, al menos, decisión. Un rebote ofensivo, otro rebote y otro y otro a los primeros desaciertos verdinegros ante un Real Madrid que comenzaban a mirarse unos a otros buscando justificaciones a esos balones que no capturaban. Arvydas Sabonis lanzaba rayos directos a los ojos de sus compañeros viendo que eran incapaces de de capturar cualquier rechace largo sobre su aro, que viniendo de lanzamientos exteriores, era lo más lógico. Había verdinegros volando por todas partes Aún así, el marcador se mantenía.

Ismael Santos comete una rápida tercera falta sobre Jordi Villacampa, en un arbitraje marcadamente europeo (que hace 20 años, eran mucho más estrictos y rigurosos que en ACB. Paradójico con los de hoy día) y la defensa blanca comenzó a desmoronarse desde el exterior, permitiendo entradas a canasta con una facilidad pasmosa. Rafa Jofresa salía con más ventaja de los bloqueos, Villacampa podía arrancarse hacia el aro sin oposición, y aunque estaba la estampa de Sabonis delante, doblar balones para suspensiones de Ferrán Martínez también era también una solución muy efectiva. Sin embargo, si de desmoronar hablamos, la mayor sorpresa fue el desastre en el ataque madridista. Sin Rimas Kurtinaitis -el extranjero dado de baja para Europa, donde solamente se podía inscribir a dos-, la plantilla de Clifford Luyk era más inconstante en el tiro exterior. Zeljko Obradovic lo sabía y orquestó una defensa muy inteligente donde el mérito más que la agresividad en sí, fue su inteligencia para denegar de forma permanente líneas de pase hacia Sabonis y Arlauckas. El gigante lituano pedía balones que recibía mal, con el añadido de constantes dos contra uno, o directamente no los recibía. Así que abandonaba su posición y se iba a ganarlo al otro lado de la zona, donde se topaba en el mismo sitio de Arlauckas o Antonio Martín. Arlauckas, sin espacios, sin posibilidad de hacer daño en la zona, se convirtió en un deficiente tirador exterior aquella tarde. Un desajuste permanente cuyo resultado fueron constantes balones perdidos. Cada cambio que utilizaba Luyk, mayor era el desastre. Decide poner a tres grandes en pista (Sabonis-Antonio Martín-Arlauckas) y se veía cómo Mike Smith lanzaba totalmente solo desde la línea de 6.25, mientras que Arlauckas bajo canasta, gritaba de quién era ese hombre, para darse cuenta un segundo después que era el suyo. Su falta de costumbre de jugar desde el puesto de “3” daban peculiaridades y desajustes de este tipo, que ahondaban en el caos blanco. Y es que, ya que mencionamos a Mike Smith, vamos con él, porque fue el gran elemento diferenciador en aquella tarde.

Todas, absolutamente todas las virtudes expuestos por el 7Up Joventut, pasaban por Mike Smith como estrella protagonista. ¿El rebote ofensivo? Smith, en plenitud de facultades físicas, volaba por encima de todos. ¿Desajustes defensivos? Provocados por él en su mayoría. ¿Borrachera de triples? Anotó 3 de 4 -en una distancia en la que, para nada es su especialidad-, que ayudaron a un escalofriante racha de 7/8 de los verdinegros en la primera mitad. Y es que estuvo marcado por Biriukov desde el salto inicial, con una condición física muy por debajo de lo exigible a estas alturas de temporada, con lo que la sangría fue evidente ante uno de los jugadores más atléticos de nuestro país. Su actuación en números, da una idea: 28 puntos, 7/8 en tiros de 2, más los mencionados 3/4 en triples, 5/6 en tiros libres, aderezados con 12 rebotes. Luyk llegó a probar incluso un quinteto altísimo (Sabonis, Martín, Arlauckas y Pep Cargol, junto a Lasa, de largo el base más acertado), para cerrar vías de escape de rebote y poner más atleticismo entre sus jugadores. Fue en vano. No era una cuestión de altura, sino de querer el balón más que el rival.

En la reanudación, tras un 43-31 certificado con un triple de Smith sobre la bocina del descanso, salió el Real Madrid más centrado de todo el partido. Por primera vez buscaban opciones claras a Sabonis, que por primera vez también, recibía con cierta constancia. Tras verse inoperante durante muchos minutos (sobre todo en rebote. Quizás haya sido la primera vez en su carrera en el que acabó un encuentro sin atrapar uno solo), superaba a sus pares en uno contra uno y les forzó innumerables faltas (4 a Ferrán Martínez y 5 a Juanan Morales). En defensa utilizaron una zona 1-3-1 presionando desde el saque, que sacó del partido a los verdinegros por minutos y rebajaron la contienda (43-36). Fue ficticio. Sabonis se empecinó en decidir él siempre en ataque, viendo la inoperancia de sus compañeros y comenzó a ofuscarse lanzando tiros ante dos y tres rivales, hasta que Clifford Luyk decidió darle un descanso hasta que se calmase. Era el minuto 29.

Este fue el inicio de un parcial de 16-0 para el 7Up Joventut, de 5 minutos sin el que Real Madrid anotase un solo punto, para que el partido se convirtiese en un rosario de pérdidas de balón y contragolpes verdinegros, para que los aficionados se frotaran los ojos incrédulos ante lo que estaban viendo, para que Mike Smith llegase desde atrás o desde la estratosfera, y hundiese el balón en un palmeo precioso con el brazo extendido un tiro fallado por un compañero, para que…en definitiva, los hombres entrenados por Zeljko Obradovic llegaran a ganar hasta por 30 puntos (74-44) entre un paroxismo colectivo no visto a lo largo de la temporada, que fue maquillado con algunas canastas de Antúnez entre el desastre generalizado. Con estos acontecimientos, Sabonis no volvió a saltar a pista. Lo que parecía ser unos instantes de enfriamiento en el banquillo, se convirtieron en permanentes para no sufrir tal afrenta en pista.

“Es como para que nos echen a todos”, fueron las furiosas declaraciones de Mariano Jaquotot, director de la sección de baloncesto del Real Madrid. “Vamos a esperar a ver qué pasa al final de esta eliminatoria, pero si no llegamos a Tel Aviv, habrá que tomar medidas”. Ante un rival que había dado más bandazos que otra cosa desde que se inició el año, en la “casa blanca” estaban de tal humor viendo aquel triste espectáculo.

“Sí, pero en la final que jugamos el año pasado, ellos nos ganaron los tres partidos en Madrid y nosotros los dos de casa”, declaraba Jordi Villacampa a los micrófonos de TVE. “Con lo que quiere decir, que el factor cancha es casi decisivo. Eso sí, tenemos dos oportunidades para ganar alli”.

La semana sería tensa, tensa en la capital. Si un equipo predestinado a quedar campeón de Europa fue eliminado en semifinales ante el Limoges en Final Four, fue una enorme decepción un año antes, al menos era Final Four. Ser eliminados en cuartos derrumbaría muchos cimientos. En Badalona eran conscientes de ello. Su tranquilidad iba a ser su bandera.

Foto 1: Tomás Jofresa intenta un lanzamiento triple.

Foto 2: Corney Thompson bloquea en el rebote a Fassoulas, mientras que Villacampa queda alerta de otra acción.

Capítulo 1: “A new kid in town”.

Capítulo 2: El tiempo muerto.

Capítulo 3: A Navidades en una montaña rusa.

Capítulo 4: Los peores momentos.

Capítulo 5: Una Copa del Rey que no ayudó, pero sirvió.