ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

ARTÍCULO: 93/94: CUANDO EL JOVENTUT REINÓ EUROPA

Antonio Rodríguez

CAPÍTULO 3: A Navidades en una montaña rusa

Dani Pérez representaba posiblemente, la esencia de la “Penya", la esencia del baloncesto en Badalona. El alero de rotación del 7Up Joventut, recuperado tras un periplo en Manresa, era uno de los jóvenes de la casa. Simbolizaba el prototipo del baloncesto de la ciudad costera. Todos los equipos tenían sus estrellas. En este caso, Jordi Villacampa o Ferrán Martínez, los hermanos Jofresa…cualquiera de ellos, quienes acaparaban los focos cuando se hablaba del Joventut. Sus americanos, los que ayudaban a ganar, sean nacionalizados como el caso de Mike Smith, o veteranos llegados tras conquistas en Italia como Corney Thompson, que además se hacían con el liderazgo en el vestuario. Sin embargo, lo que daba el sello de distinción al club respecto a otros, eran los actores secundarios. Jugadores de la casa, salidos de las pistas de Badalona y quienes mantenían el nivel a la hora de profundizar en una plantilla. Dani Pérez era un jugador con una técnica individual depuradísima. Excelentes piernas, con un dominio de balón extraordinario para rozar los dos metros, gran tiro exterior…verle moverse sobre la pista era el resultado de muchas horas de entrenamiento en su niñez, para ejecutar movimientos con esa gracilidad. Era como cientos y cientos jugadores, los que sin ser estrellas, representaban el póster del basquet en Badalona.

Zeljko Obradovic apreciaba el talento que atesoraba esta ciudad. Vio jóvenes como Dani García o Iván Corrales, al que con 18 años subió al primer equipo, con mucho hambre, sensación que le sonaba de su tierra. Y les fue usando a todos. Dani Pérez tuvo sus partidos importantes. Anotó 6 de 6 en triples en la victoria ante el Natwest Zaragoza en la jornada 11 (91-62) y tuvo un papel fundamental dos semanas después en la victoria de Liga Europea ante la Cibona (75-60), con 16 puntos en momentos importantes. Estos aspectos eran el elemento diferencial para estar entre los grandes.

El boceto del 7Up Joventut viene muy bien ejemplarizada en esa racha de un corto espacio de tiempo por Dani Pérez, erigiéndose como el hombre importante del equipo. Como ya hemos contando en capítulos anteriores, Obradovic utilizaba más jugadores en su rotación que su predecesor, Lolo Sáinz. Lo que era la máxima expresión al talento individual de Lolo, con Zeljko era todo controlado. No más controlado, sino todo controlado. El baloncesto europeo estaba cambiando ante nuestros ojos a marchas que parecían verse forzadas. Lo que pudiera ser un ejercicio de mercadotecnia al más puro estilo NBA que pudo darse en los ochenta y principios de los noventa, ensalzando las siluetas de tipos como Petrovic, Sabonis, Epi, Kukoc o Antonello Riva, ahora se estaba trasladando a guerra de estrategias. Desde el banco y en la pista. No era tan sólo la muestra de Maljkovic para quedar campeón de Europa. En Grecia, centrándonos en Olympiakos por ejemplo, como el caso de su conjunto más destacado, nadie se salía del guión establecido en el banquillo. Tipos con talento pero en sus horas bajas físicamente como Roy Tarpley o fumadores empedernidos como Zarko Paspalj, tenían perfecta cabida en el conjunto del Pireo, porque sus transiciones eran lentísimas y sus tiros, a partir de los 25 segundos de posesión (recordemos que faltaban aún 7 años para cambiar el reloj a los 24 de hoy día). Efes Pilsen, la gran revelación hasta ese momento de la Liga Europea, estaba liderado en pista por Petar Naumoski. Con el macedonio dirigiendo la orquesta, se subía literalmente andando. Bloqueos para tiradores, carretones, opciones de dos contra dos…todo estaba medido al milímetro. Limoges seguía por el mismo cauce que le dio su título continental. Los que mandaban, se subieron al carro de la “batalla por posesión”.

Con Zeljko Obradovic, el bosquejo de la “Penya" había cambiado. A juego liberado, abierto y de contragolpe que siempre han tenido ocasión de ver en su parroquia, desde los tiempos de Marcelino Maneja, pasando por Buscató, Slavnic o últimamente con Lolo Sáinz, gran impulsor y entendedor de esta filosofía, el técnico serbio buscaba en cada posesión un buen puñado de opciones para el tiro, encerrados en sistemas de muchos pases. Los tiradores tenían la virtud de beneficiarse de gran cantidad de pantallas, los pívots recibían en poste bajo tras un bloqueo y continuación y unos cuantos pases previos, habiendo movido ya los emparejamientos rivales. Rafa Jofresa se convirtió en el mariscal en pista perfecto para Zeljko. En defensa se cargaba mucho sobre el lado balón, contando con la ventaja de buenos atletas desde el perímetro y con un Corney Thompson con mucha más movilidad de lo que en apariencia ofrecía su aspecto de gordito. Un amplio entramado de movimientos que los jugadores reconocieron que les costó asumir inicialmente. De hecho, los partidos en los que se les veía correr era como un notable como nota al examen de haber asimilado esta nueva forma de entender el juego. En las 13 primeras jornadas, hubo hasta 6 partidos en los que no se llegó a los 70 puntos en anotación. Eso sí: el 7Up Joventut representaba la mejor defensa de la ACB. En su primera vuelta, tras 15 jornadas, encajaron un promedio de 69.9 puntos. Ese rigor defensivo, les daba triunfos, sobre todo, en Europa.

7Up Joventut comenzó su travesía europea, como ya adelantamos, derrotando en Cantú (87-95) al equipo que por aquel entonces, entrenaba Antonio Díaz Miguel, que con esta derrota, aceleró su despido en un club, que iba a la deriva como finalmente demostró su descenso de categoría en su liga al final de la temporada. Realizaron un brillante partido ante la Buckler Bolonia (80-66), aunque con algo de amargor, puesto que no se les remató cuando los italianos pudieron salir apalizados del Olimpic, y tras dos semanas de inactividad (parón para el All Star y los partidos de selecciones de cara a la clasificación para el Eurobasket’95, lo que aprovechó Obradovic para concentrarse con su selección nacional aún sancionada por la FIBA, donde era el asistente de Dusan Ivkovic), 75-60 a la Cibona de Zagreb, con tangana incluida.

Los verdinegros sacaban pecho, porque nuestros otros dos representantes, Real Madrid y F.C. Barcelona, habían acumulado un total de 2 victorias en sus primeros ¡6 enfrentamientos! Duras derrotas de los madridistas en aquel hangar que el Maes Pils de Malinas tenía como cancha, o los azulgranas ser apalizados en el Sant Jordi ante el Bayer Leverkusen, eran motivos para rascarse la cabeza y pensar que eso no funcionaba. Aquella Liga Europea tenía paradojas que a Zeljko Obradovic, por parte del aficionado español, se le escapaban: “No entiendo cómo les interesa menos la Liga Europea que la ACB. Frente a la Buckler vinieron a vernos siete mil personas, y frente a casi cualquier rival de Liga ACB, suelen ir unos diez mil”.

Quizás fuese aquel parón para el All Star (donde se enfrentaban un combinado de la ACB frente a otro de la Lega, en un pacto entre ambas ligas que duró dos ediciones), dos semanas de distanciamiento en mitad del trabajo diario. El caso es que a la vuelta, la “Penya" no hilaba tan fino, entre otras razones porque las lesiones no les abandonaban. Ahora el turno le tocaba a Juan Antonio Morales y Tomás Jofresa. Y lo del menor de los Jofresa llegó a ser preocupante, porque unas descalcificaciones en el tobillo producto de sobrecargas y no dejar descansar el pie ante pequeñas lesiones, le hicieron tener una inactividad prolongada. Ante la ausencia del base de rotación, la directiva se decantó por fichar el tercer extranjero que nunca contrató para que no variase mucho la plantilla liguera con la de competición continental, más que en Tony Dawson (Mike Smith fue quien ocupó la plaza de segundo extranjero en Europa, puesto que a efectos FIBA, sin llevar tres años como nacionalizado español, aún no podía ocupar plaza como tal). La máxima estrella de Seton Hall cuando esta universidad llegó a la final de la NCAA en 1989, John Morton, aterrizaba por primera vez en España.

Los badaloneses sufrieron una inesperada derrota en casa ante Estudiantes (68-69), al igual que cayeron en Sevilla (92-87) ante Caja San Fernando y la exhibición de Brian Jackson (32 puntos y para los amantes de la valoración, 44). Lo más doloroso vino en Europa. Junto a la ya confirmada debacle del Real Madrid (83-67 en cancha del Limoges, acumulando así un 1-3 que les dejaba al borde del abismo), los hombres de Obradovic se sumieron en el desastre más absoluto en su visita al Panathinaikos. En aquel pequeño recinto (aún jugaban en su antiguo pabellón para 3000 espectadores. El OAKA estaba todavía en obras), en una primera mitad sin lucha, sin convicción de nada, ni en defensa ni en ataque, fueron vapuleados al descanso (49-27), para finalizar con un 85-61, en lo que Villacampa calificó como “hemos hecho el ridículo más espantoso”. Nikos Gallis en su canto del cisne (30 puntos), les acribilló. Lograron sumar una importante victoria en pista de un Pau Orthez con muchas bajas (82-92) y donde pudieron reencontrarse con su ex compañero Harold Pressley. Y el año se cerró en lo que Europa se refiere, en el Palau Olimpic ante el Benfica. Unos portugueses que llevaban 8 meses sin cobrar, que por recibir la última mensualidad seguían jugando, pero que ante las adversidades, ya habían sido capaces de derrotar a la Cibona y a la Buckler Bolonia de Pedrag Danilovic. En sus filas, Jean Jacques Conceiçao, sí, el máximo artífice del “angolazo” año y medio antes en aquella misma cancha, volvió a llorar de la emoción tras anotar 21 puntos y capturar 17 rebotes. Y lo más importante, dar el triunfo a los suyos en la prórroga (76-79), dejando atónito al semivacía Palau Olimpic. Conceiçao no estuvo solo. Un enfadado Zeljko Obradovic: “Sabíamos que Santos era un buen triplista -anotó 29 puntos-. No me preocupa que anote 7 triples. Lo que los jugadores me deben explicar es por qué se le dejó lanzar 22 lanzamientos de 3”.

La curiosidad de aquel enfrentamiento vino en la no alineación de Mike Smith. El nacionalizado español no jugó ni un segundo tras una fuerte discusión previa al encuentro, donde en teoría, Obradovic le criticó falta de aplicación para asimilar los sistemas de juego. La batalla venía de atrás. Mike Smith era de los jugadores que más sorprendió -porque era de los que menos conocía- a Obradovic. Era capaz de aportar en muchas áreas, hasta el punto de hacerlo jugar como “4” en varios momentos. Era el jugador más rápido en la serie de sprints, por ser el mejor dotado físicamente. Ese plus, Obradovic lo llevaba a la mayor exigencia, haciendo un “férreo marcaje” en todas las sesiones de entrenamiento a su jugador. La cosa explotó en ese mismo momento aunque se solventó ese mismo fin de semana, previo a la disputa del exigente partido liguero ante el F.C. Barcelona. Y una segunda curiosidad fue la solicitud de Obradovic a su junta directiva, tras el horrible partido ante el Benfica, de multar a la plantilla -¡ojo! él incluido-, en caso de no clasificarse para los cuartos de final.

1993 finalizó para la “Penya” con una meritoria victoria ante el F.C. Barcelona (104-80), en una gran exhibición de Mike Smith, que tras la polémica generada entorno a él, fue capaz de anotar 18 puntos y capturar 14 rebotes, junto al primer gran encuentro de Tony Dawson (20 puntos) y sobre todo, sobre todo, los 27 puntos de Ferrán Martínez. Era el pico de una montaña rusa que volvió a descender tras una derrota en Valencia (89-76).

1994 abría sus puertas. Con peticiones de multas de por medio, nadie se imaginaba lo que depararía en aquella santa casa.

Foto 1: Jordi Villacampa lanza sin oposición ante la mirada de Roy Tarpley y Morales.

Foto 2: Zarko Paspalj lanza su típico tiro en protección.

Foto 3: Mike Smith intenta dar un pase en el aire, ante la oposición de Fassoulas.

Capítulo 1: “A new kid in town”.

Capítulo 2: “El tiempo muerto”.