Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (y IV)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (y IV)

Antonio Rodríguez

Llegamos al final del serial sobre Kevin Magee. Un jugador único y especial que protagonizó una de esas historias de nuestro baloncesto que ya son eternas para siempre.

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (I)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (II)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (III)

 

La Copa Korac o el infierno de Sibenik

 

Poco después del éxito de la Copa del Rey, con una ciudad volcada con el equipo, se comienza a disputar la Copa Korac, torneo que ilusionaba a la afición y al que el CAI quería resarcirse de ser apeados en cuartos de final un año antes. Existía más motivación, puesto que sencillamente, la plantilla era infinitamente mejor que la anterior. Se comienza ganando todos los partidos, se llega a la fase de cuartos y cmo los ‘cocos europeos’, se gana todo, aunque en ocasiones, a un alto precio. Esta competición quedó marcada por un día amargamente inolvidable. Quienes no lo recuerden, adjuntamos el vídeo que “cesaraugusto” colgó en youtube. Las increíbles imágenes desde Sibenik que mostraba TVE en su informativo nocturno, la reacción de Kevin Magee y el dedo fracturado de Rafael Martínez Sansegundo, del que nos enteramos luego al regreso de las huestes mañas, es algo que difícilmente se hubiese creído si no llega a grabarse. CAI Zaragoza, sencillamente estacionó en el más creíble infierno. Eran otros tiempos y en este caso, para lo bueno, el ente televisivo envió un cámara y un redactor a cubrirlo para dar fe de ello.

Kevin Magee elevó a lo más alto al baloncesto zaragozano.

Ante el equipo yugoslavo del Sibenka (el por aquel entonces, club de Drazen Petrovic, ausente durante esas fechas por obligaciones con el servicio militar), liderados por el padre del actual NBA Dario Saric, Pedrag, el CAI ganó un choque surrealista. El encuentro estuvo salpicado -nunca mejor dicho- por escupitajos procedentes de las gradas. Aficionados que se agolpaban casi en los límites de la cancha, arrojaron monedazos constantes, típico aún en los ochenta, de algunas plazas hostiles, consentidos por un arbitraje canallesco, influenciados la presión de aquel recinto. Como muestra, observad la presión rival sobre Manel Bosch controlando el balón en últimos segundos. Ver a Kevin Magee, que pretendía retirarse a los vestuarios, negándose ya a jugar porque se le acabó la paciencia, no es algo que haya repetido.

 

José Luis Rubio: “Tan sólo le pude convencer que volviera a pista, porque entre todo el lío, le hice ver que al final, los árbitros sí habían pitado la falta a los yugoslavos”.

 

Tras los tiros libres por la técnica a Magee, éste sí disfrutó de sus correspondientes por la falta. Aunque ya, los nervios se habían desatado.

 

José Luis Rubio: “En la segunda parte, más que hartos que nos lanzasen de todo -y eso que los yugoslavos estaban ganando-, tomamos la decisión de negarnos a jugar. Y los sinvergüenzas de los directivos del Sibenka, a los que no vimos el pelo en toda la estancia allí, excepto en el pabellón, estaban deseosos que lo hiciéramos, para que les diesen el partido por ganado. De todo ello, el comisario de la FIBA, no recuerdo quién era, me suena que un polaco, nos negó la copia del acta al final del choque, que por ley nos corresponde. Así que no pudimos ver las incidencias que reflejaron los árbitros”.

 

El partido finaliza y es cuando ‘se monta’ de verdad.

 

Paco Binaburo: “Y no te pierdas aquí a ‘mi primo’. Había uno de los fondos repleto de hooligans y cuando suena la bocina del final, le dan a Kevin con una moneda en el momento en el que alza los brazos. Se va para allá, agarró a tres o cuatro y les soltó un mamporro. Cuando acabó, se da media vuelta y aunque había un par de policías intentando frenar todo aquel fondo, que ya me contarás lo que podían hacer dos operarios entre tanta gente, nadie tuvo el valor de ir a por él. Eso era Kevin Magee. A nosotros sí que nos pusieron finos. Nos dieron como a una estera”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Cuando quisimos ir corriendo a los vestuarios, entre la invasión de la pista y jugadores de ellos, aficionados y directivos bloquearon la puerta que accedían a los pasillos de los vestuarios, para que no pudiéramos pasar. Eran dos puertas grandes de estas de vaivén. Y llegó Magee y dio un golpe y quitó a todos de en medio, llevándose algunos por delante”.

 

José Luis Rubio: “La peor parte se la llevó Rafa Martínez Sansegundo, que iba detrás, volvieron a empujar las puertas para bloquearlas por dentro y Rafa tenía la mano entre las dos, le pillaron los dedos, fracturándole un par de ellos”.

 

Paco Binaburo: “No acabó ahí la cosa. Sino que, una vez en el vestuario, nos dimos cuenta que nos habíamos olvidado el maletín en el banquillo, con el botiquín y las fichas de los jugadores que llevaba el delegado Antonio Martín. Y tuvo que salir a por ellos nuevamente”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Yo salí momentos después que él y me lo encuentro grogui, que se lo estaba llevando al vestuario López Rodríguez. Por lo visto, le pegaron unos cuantos puñetazos y le dejaron KO”.

 

Fernando Arcega: “Hay un documento televisivo excepcional. Es del reportero de TVE que nos graba en el vestuario. Entrevista a Najnudel y le preguntan si habíamos temido por nuestras vidas. Y claro, León les contesta que ‘es que todavía estamos aquí. No hable en pasado, que aún no hemos salido’. Esperamos más de dos horas a que saliera toda la gente. La policía rodeó el pabellón… Fue una odisea.

Los yugoslavos eran perfectamente conscientes de lo que habían hecho. Cuando llegaron aquí, eran unas almas cándidas. El ambiente estaba muy encendido en Zaragoza y casi tuvimos que pedir a los aficionados que se calmasen, que lo mejor que podíamos hacer era apalizarles y ya. Fue lo que hicimos (nada menos que 106-60).

A nosotros nos eliminó en semifinales el Estrella Roja de Belgrado, que los entrenaba Ranko Zeravica, que luego estuvo en el CAI. En su campo, nos ganaron por 30 puntos (130-100). En el partido de Belgrado, Magee se eliminó. Hizo cuatro faltas personales y no estuvo. El árbitro checo Kotleva, lo bordó. En el minuto 6, Magee ya llevaba tres faltas. Pero es cierto que ese día, Kevin estuvo ausente. Y claro, cuando pierdes por 30, no puedes hablar de los árbitros”.

 

CAI Zaragoza, imbatido en la fase de cuartos de final, ante el Tours, Trieste y el mencionado Sibenka, no pudo levantar en casa esa enorme renta de 30 puntos en las semifinales a ida y vuelta. Con muchos nervios, precipitación, muy pendientes del reloj, el CAI (obligado a jugar de azul, puesto que los de Belgrado trajeron su indumentaria habitual roja), ganaron por un insuficiente 108-87, aunque bien es cierto que a pesar de la falta de continuidad, hubo momentos en los que se rozó el milagro.

 

El final de liga de Magee, sin Magee

Los dedos fracturados del malogrado Rafa Martínez Sansegundo,

Disputando algo absolutamente novedoso en nuestro baloncesto, el Playoff, se presenta CAI Zaragoza ante Cafisa Canarias, al que derrota por 2-0, llegando así en unos cuartos de final que empezaron fatal. En este nuevo ‘invento’, la ACB determinó que, siendo eliminatorias al mejor de 3 partidos, se abría la serie en la pista del equipo con peor récord y los dos siguientes se alternaba (para abaratar costes en viajes). Cajamadrid, el rival en cuestión, quedó tercero en liga regular y por lo tanto, los caístas daban el pistoletazo en casa, perdiendo 83-96. Los dos siguientes, en Alcalá. Sin embargo, en el segundo capítulo un 18 de marzo, Kevin Magee volvió a ser el jugador omnipresente, con 33 puntos (12/23 en tiros de campo) para que los maños lograran el triunfo final (101-103) y forzar el match ball, disputado al día siguiente.

Veinticuatro horas después, el drama se ciñó en el minuto 4. Kevin Magee recibió un pisotón en su pie izquierdo, fracturándose un hueso de uno de sus dedos, con lo que decía adiós a la temporada. Si embargo, este acicate sirvió para que los zaragozanos se despegaran en un vendaval de juego (20-44), llegando al descanso 34-53. Sí que, de la mano de José Luis Llorente, los cajistas presionaron y forzaron que el partido se convirtiese en una locura colectiva de la que ellos sacaban mejor tajada. Todo, para morir en la orilla (83-84) ante la mirada de nuestro protagonista, que vio la 2ª mitad desde el banquillo, ya con el pie escayolado.

 

Las semifinales vivieron -y disfrutaron- en Zaragoza el canto del cisne del CAI. Con las cámaras de TVE como testigos en la matinal del domingo 25 de marzo, con el F.C. Barcelona más pensando en la próxima final del Copa de Europa que disputaría ante el Banco di Roma, se vio superado por la enorme voluntad del CAI (104-100) en un encuentro pletórico, casi épico, de sus nacionales. Sin Magee, Jimmy Allen cometió la 5ª falta personal en el minuto 15 y con Fernando Arcega y Francisco Javier Zapata, tuvieron que lidiar bajo tableros. “Yo, ni gano ni pierdo partidos” declaraba León Najnudel. “Esos son los jugadores y hoy han hecho un esfuerzo extraordinario”.

Kevin Magee viajaría cuatro días después a Estados Unidos, con lo que no se esperaba su regreso para el resto de semifinales. Y bien que se notó. Vale que los azulgranas parecían un funeral, tremendamente decepcionados por perder su final continental -y de qué manera-, pero al CAI claramente se le veía que le faltaban puntos: 95-77 en el segundo encuentro del Palau y 101-75 en el tercero, fueron cortos guarismos para lo que rindieron a lo largo del año. Y así finalizó la temporada 83/84 para el CAI Zaragoza, semifinalista y en la élite. Con su estrella, Kevin Magee, en Estados Unidos.

La tremenda fuerza de Kevin Magee bajo los aros.  

El epílogo

 

El jugador, el líder, que acabó la temporada con 516 puntos en liga y 25.7 de promedio anotador. Aunque reconocemos que hemos cometido la pequeña trampa en el promedio, de obviar sus 2 puntos en 4 minutos del último partido, el de su lesión. No sería justo. Sí consiguió 316 canastas en 482 intentos (65,6%). Sus 43 puntos anotados al Joventut, quedarán como su mayor exhibición en ataque. Para el recuerdo, nos quedaremos con la imagen de alguien que hacía cosas que nunca habíamos visto. La estampa de rivales bajo el aro, con los brazos alzados formando un círculo y como una ballesta, ver saltar por encima ellos entre esa multitud, a un tipo poderoso, dejar el balón con suavidad a menos de un palmo del aro… aquello que parecía tan sencillo. 

Sibenka Sibenik llegó a Zaragoza como unos corderitos. Allen y Magee se los comen en este rebote.

Sus adversarios parecían niños. Kevin Magee gustaba usar la línea de fondo para leer mejor hacia dónde iban los rebotes, saltando por ellos como un poseso y tras su captura, ocupando el mayor espacio posible -siempre paralelo con la línea de fondo-, levantarse. Recibía forzados pases bombeados que capturaba bajo el tablero y en ocasiones, hasta detrás de él. Tirando de piernas y lumbares, saltaba hacia atrás para tirar con enorme fuerza, buscando el aro y sus soportes, para resguardarse con ellos de posibles tapones. Así recibió muchos, lo admitimos. Pero su capacidad atlética felina le hacía capturar nuevamente el balón y más equilibrado, volvía a tirar -y anotar- cuando el rival aún no había iniciado de nuevo el salto. Era un paso más en la evolución física del jugador que en Europa apenas habíamos visto, cargada con una técnica individual muy específica y mil trucos ensalzando sus cualidades, para dominar al contrario, tuviese las características que tuviese.

 

Franco Pinotti: “El recuerdo con el que me quedo de aquel año del CAI, es la foto de Kevin Magee cuando acabó la final de Copa. Con tres o cuatro que lo llevan a hombros, parecía como una gran faena en una plaza de toros. Y lo más emotivo era ver las caras de la gente que tenía alrededor. Alucinados, de una felicidad infinita. Esa sensación de no saber qué hacer. Se alzaba a los niños a hombros, todo el mundo quería hacerse fotos con él, cogiendo el bombo de Manolo…”

 

Paco Binaburo: “Yo recuerdo que, al acabar la Copa, dije a Rubio ‘José Luis, tienes que renovarlo’. José Luis de alguna forma, no quiero decir que se asustara, pero los números no le cuadraban, por decirlo de alguna manera. Y se fue. Este sí hubiese sido aquí… Entonces, sí que hubiésemos roto. Gracias a la ayuda de alguna marca comercial, no sé… Si lo hubiésemos retenido, entonces sí que la liga se hubiese dinamitado con este hombre. Estoy convencido que las confrontaciones no habrían sido solamente Madrid-Barça”.

 

Miguel Ángel Paniagua: “No se hubiese quedado de ninguna manera, porque su agente americano, a las pocas fechas, ya estaba manejando ofertas muy potentes. Italia lo quería, el Maccabi lo quería… Y cuando los israelitas lo quieren, ya es una cuestión de estado. El CAI dio un salto con él, a nivel de socios, de visibilidad, pero el año siguiente era imposible competir económicamente con Cantú, con Milán, con Maccabi. Y cuando el señor Shimon Mizrahi, su presidente, que ya estaba dirigiendo, dijo ‘hay que traerlo para acá’, ya era una cosa inevitable. Solamente cabía la posibilidad del Barcelona. Pero estábamos igual. El no fichar por ellos o por el Real Madrid, lo considero un fracaso rotundo. Con el tiempo, ves más claro que el único que tuvo carisma, hasta cierto punto jeta y desparpajo para hacer lo que hizo, fue Rubio. Magee cayó en el equipo que tenía que caer”.

Mate de Magee ante Allen y Zizic, en el infructuoso partido de vuelta ante Estrella Roja. 

Efectivamente, Kevin Magee ya no estaba ni a precio de un Mercedes, sino incluso más. Maccabi Tel Aviv quiso recuperar glorias pasadas y no se anduvo con chiquitas. Simplemente fichó al mejor americano de España (Magee) y al mejor de Italia (Lee Johnson) para reforzar su juego interior. Cuando algún año después, el Real Madrid se interesó por él, su sueldo era prohibitivo, incluso para la Casa Blanca. Bajo su liderazgo, sus puntos y rebotes (que lamentablemente, no están computados en su año caísta), los macabeos disputaron tres finales de Copa de Europa consecutivas nada menos. Fue testigo del nuevo tipo de jugador que afloraba en Europa, más alto, más atlético, más coordinado. Pero como pudimos ver en la Final Four de Gante’88 ante Vlade Divac, con las mismas armas expuestas en Zaragoza y su infinito repertorio, seguía dominando, aunque sabía que ya no por mucho tiempo.

León Najnudel volvió a Argentina. Falleció el 22 de abril de 1998, producto de una leucemia. Él fue el impulsor y creador de la Liga Nacional de Basquetbol Argentino, luchando contra corriente, contra todas las corrientes. Nada más y nada menos. Competición que vio la luz un 26 de abril de 1985. “Yo no inventé la liga. Solamente copié las estructuras de países más poderosos que nosotros”. Paradójicamente, poco antes de su fallecimiento, Luis Scola aterrizó en Vitoria, maravilloso ejemplo de una herencia a todo lo que había conseguido.

CAI Zaragoza desapareció, tras muchas huídas ya hacia delante, con la finalización de la temporada 95/96. El actual club es el testigo y continuador de todo aquello. Kevin Magee falleció en 2003 víctima de un accidente de tráfico en Los Angeles.

 

Miguel Ángel Paniagua: “Esta es la historia de un fichaje, la de este jugador, que puso en el mapa a un club, que luego despareció. Pero que treinta y tantos años después, te llaman de una radio para conmemorar la llegada de Magee, con ese prurito alegre que da tu visión. Una visión que no es subjetiva. Es la que fue”.

 

AGRADECIMIENTOS:

Eternamente agradecidos a todos los protagonistas nos recibieron con toda la amabilidad durante sus vidas cotidianas en Zaragoza. Desde el presidente del club José Luis Rubio, Fernando Arcega y Paco Binaburo. Así como desde su residencia actual en Madrid, José Luis “Indio” Díaz. Al siempre entrañable Franco Pinotti, testigo desde la banda de tantas cosas. Y los cafés con charlas de incalculable valor con Miguel Ángel Paniagua.

Y, sobre todo, gracias infinitas a un entrenador de pueblo, un sabio llamado Jenaro Oeo, que tuvo las ganas de llevar a toda su tropa de chavales de 13 años a los que entrenaba hasta Alcalá de Henares (en nuestro primer viaje en tren, para muchos de nosotros), para ver las primeras evoluciones en España de un jugador que decía era “alguien especial”. No se equivocó en absoluto. Desde ese día, fuimos un poco más de Magee.