Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (III)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (III)
CAI Zaragoza, campeón de la Copa del Rey 83/84

Antonio Rodríguez

Volvemos a la carga con el tercer capítulo del serial sobre Kevin Magee, ese jugador único que llegó al baloncesto ACB para dejar su huella para siempre.

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (I)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (II)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (y IV)

 

 

León Najnudel, ese entrenador

El CAI Zaragoza que se clasificó para ‘su Copa del Rey’ tan sólo mantenía dos jugadores de la plantilla del año anterior: el base Manel Bosch y el alero internacional Fernando Arcega, santo y seña del club, que guardaba con celo en casa, la flamante medalla de plata del Eurobasket de Nantes del verano anterior.

 

Paco Binaburo: “La clave fue la brillantez del juego de Fernando Arcega y el quedarse en Zaragoza. El querer permanecer aquí fue vital, sí. Porque era como el tercer americano”.

 

José Luis Rubio: “Raimundo Saporta quiso llevarse a Fernando para el Real Madrid en diversas ocasiones. En una de ellas y por una opción de compra, me cedían a Emilio Nicolau y Alberto Alocén, que luego estuvieron con nosotros. Y cuando se lo quiso llevar, yo lo metí en la mili, con lo que no pudo. Y a continuación, cuando hizo otra intentona por llevárselo, yo ya era demasiado viejo y no me convenció”.

Fernando Arcega, puntal en cualquier proyecto del CAI.

 

Adquirieron a Charly López Rodríguez del Joventut de Badalona y a José Luis “Indio” Díaz, del desaparecido Inmobanco.

 

José Luis “Indio” Díaz: “José Luis Rubio siempre estuvo detrás de mí. Y cuando vio la posibilidad, volvió a la carga. Saporta siempre quería que nos quedásemos. Yo, la verdad, es que tuve mucha suerte cuando estuve en el Real Madrid, porque durante mi primer año hubo muchos lesionados y jugué muchos minutos (temp. 80/81). Pero luego, teniendo a Brabender, a Delibasic, a Itu… era más difícil. Saporta me ofreció seguir, pero no lo veía. En esa época, no era exclusivamente un tema de dinero, porque me pagarían lo mismo jugando menos. José Luis me llamó y lo comenté con Saporta este hecho. Y convencido, me dijo ‘chico, vete’. Y así empecé mi andadura en Zaragoza”.

 

Paco Binaburo: “Mientras entrenaba el primer equipo, yo me encargaba de hacer la preparación física con los juniors. Y esa fue la gran revolución. Esa cantera te permitía tener un nivel muy alto y no tener que fichar más que americanos. Si no hubiese sido por ellos, habría sido imposible adquirir el nivel que se consiguió durante varios años”.

 

Efectivamente, el resto de plazas se fueron llenando con los jóvenes valores José Ángel Arcega, Francisco Javier Zapata y Raúl Capablo (los dos últimos, en edad junior aún) y el añadido de Rafael Martínez Sansegundo. Todos ellos, entrenados por uno de los personajes más entrañables y pintorescos de aquel baloncesto español: el sin par León Najnudel.

 

José Luis Rubio: “León Najnudel era un tipo al que Antonio Díaz Miguel le tenía mucho cariño y aprecio. Pepe Laso este año se marchaba, porque quería irse a Vitoria con la familia. Y Antonio me lo recomienda, me habla muy bien de él y a mí, que me gustan las cosas diferentes y extrañas, le hago caso. A mí me gustaba cambiar de entrenador, lo reconozco. Así que, le conocemos, hablamos, me convenció y lo fiché”.

 

Fernando Arcega: “Un erudito del baloncesto. Cuando llegó León a Zaragoza, dice que tiene tres normas: trabajo, trabajo y trabajo. Y en los primeros entrenamientos, era durísimo. El vino aquí a jugar el año anterior con el equipo de su país, Ferrocarril Oeste”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “León… ¡joder, qué tío! Era una persona totalmente diferente a lo que habíamos conocido. Era un entrenador que nos cuidaba mucho, creo que en exceso”.

 

José Luis Rubio: “Era diferente. Es el único entrenador por el que los jugadores me han llegado a decir ‘oye, es que queremos entrenar, que con este, no entrenamos’. Hasta ese punto”.

 

Fernando Arcega: “Era un tío peculiar, un buen motivador. Creo que cambia el esquema, con unas jornadas de trabajo intensísimas inicialmente. Conoce la ciudad, conoce la noche, cómo se mueven los engranajes de todo y él asume que tiene dos americanos y que, a uno, Kevin Magee, no le gusta entrenar. No puede hacer nada contra eso, porque es el líder. Y ve que unos salen por la noche, otros por el día y no se preocupa. Porque sabe que cuando tenemos que estar bien, es el domingo. ¿Qué pasaba? Que había días que jugábamos un partido de futbito y nos lo pasábamos de lujo. Y aquel año fue así. ¡Cómo sería que nos íbamos a entrenar por nuestra cuenta! Nosotros quedábamos para ir a correr al parque o hacer alguna que otra cosa, porque el entrenamiento se nos quedaba escaso. Nos poníamos a hacer tiro y al rato decía ‘ya vale de hacer tiro. Venga, un cinco para cinco’. Yo recuerdo que mi hermano, un día falta a un entrenamiento y le llama por teléfono, que había tenido un golpe con el coche. Y León no se preocupaba lo más mínimo por esa falta. Le decía que tranquilamente llevase el coche al taller con un ‘es que, si no lo llevas, ¿de qué van a vivir los mecánicos?’. Era un personaje”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Un día llegamos al pabellón y media cancha estaba inundada de agua y no entrenamos. Y le decíamos, ‘joder, León, podemos entrenar a media pista’. Pero no”.

 

Fernando Arcega: “¡Insistíamos nosotros en entrenar! ‘No, no, imaginad que se va un balón a la parte mojada, se lastiman… ¿y qué? Lo que ganamos por un lado con un entrenamiento, lo perdemos con creces por otro con una lesión. Fuera’. Él tenía una visión muy experta del grupo. Era un tío que hoy día no tendría cabida en el baloncesto actual, empecinado en controlar. Medía muy bien el grupo”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Otra anécdota. Estábamos un día jugando en Granollers frente al Cacaolat. Al descanso estábamos ganando por 10-12 puntos, jugando muy bien y nos retiramos al vestuario. En aquel pabellón, para ir a los vestuarios, tenías que pasar por delante de la cafetería que tenían allí redonda, donde la gente al descanso tomaba lo que fuese. Y le pregunto a Fernando que dónde está León. Él tampoco lo sabía. Y salimos los dos a buscarle y a la altura de la cafetería, vemos que estaba allí tomando un café y un cigarrillo, tan tranquilo. ‘Oye, León, que te estamos esperando en el vestuario para la charla técnica’ Y el tío dice ‘¿de qué? ¡Pero si estáis jugando muy bien! No os voy a decir nada. Que sigáis jugando como hasta ahora’. Claro, yo acostumbrado a ir al vestuario y el entrenador ya está allí, con el tú esto, cuidado con lo otro, el ‘venga, chavales’ y el nos dice ‘¿qué queréis que os diga, si lo estáis haciendo muy bien?’... Todo esto te descompone. ¡Y tenía razón! Le teníamos mucho cariño. Nos llevaba a su casa, nos enseñaba mil vídeos, tenía una filosofía de vida muy hippie. Y la verdad es que al año siguiente, no jugamos bien, los resultados no acompañaban y yo no sé si estábamos pagando lo del año anterior”.

 

José Luis Rubio: “Terminaba el partido, se cruzaba la cancha y se echaba un cigarrito. Se rodeaba de argentinos por todos lados cuando viajábamos por Europa. Siempre los encontraba. Y bueno, acabó resultando bien”.

 

Miguel Ángel Paniagua: “León Najnudel era el entrenador ideal para este equipo. Entrenador con don de gentes, buena labia y poquito dado a la pizarra. Hoy sería impensable. La mejor anécdota que tengo, es que pide tiempo muerto, está dando instrucciones para un ataque contra individual y le dice uno de los avispados del equipo ‘oye, es que creo que van a hacer zona’. Y el tío, ni corto ni perezoso, salta con un ‘¡no se atreverán!’ Y se queda tan ancho. El que flipaba con él era Kevin, claro. Pasa de un John MacLeod autoritario en Phoenix a este“.

 

Fernando Arcega: “Tras clasificarnos para la Copa, nos juntamos en una discoteca para celebrarlo. Faltaban como tres o cuatro días para la Copa del Rey. Y entonces nos dice algo así como ‘la única forma que nosotros tenemos de ganar, es estando así, de copas. No tenemos otra opción. Hay que ser felices el mayor tiempo que podamos’. Ese era su carácter”.

 

Jimmy Allen, un lugarteniente de lujo. 

 

La Copa del cambio

 

Franco Pinotti: “En la (revista) Nuevo Basket de aquel mes, en la página de presentación del artículo que cubría la Copa, lo bautizamos como ‘El Madison de Zaragoza’. Porque aquello, aquel ambiente, me daba la sensación de que estaba en Estados Unidos. Ese fue el primer año que fui a Estados Unidos, meses antes. Y hostias, ves Zaragoza con ese escenario y parecía que estabas en América”.

 

Y llegó la tan cacareada Copa del Rey, en el municipal de Deportes, también llamado “La Romareda”, aunque siempre conocido por el aficionado como “el huevo” por la forma de su cúpula. Añadiendo gradas supletorias a los fondos, se llegó a un aforo de 5.000 espectadores. Y cuatro equipos en liza para dos semifinales. La primera, vista en TVE, teórica final anticipada, los 40 puntos de Epi -sin línea de 3 puntos- fueron decisivos para que el F.C. Barcelona derrotase al Real Madrid (102-100).

En la segunda semifinal, el CAI Zaragoza logró derrotar al Joventut Massana (87-83), en lo que fue la confirmación del cuadro maño como un grande. Y por supuesto, la de Kevin Magee. Los jugadores interiores de Aíto García Reneses se vieron impotentes para frenar al nuevo estadounidense, que anotó 36 puntos y capturó 15 rebotes. La otra perla llegada a Badalona dos días después que Magee, David Russell, no dio buena imagen y Aíto en rueda de prensa mostró su decepción con él.

 

Un equipo exultante y una afición entregada.

Fernando Arcega: “Nosotros no pensábamos que fuésemos a ganar a nadie. Estábamos en racha, eso sí, que nos sirvió para llegar allí. Nada más. Y el Joventut era nuestro primer rival, que vino con la aureola de Aíto como entrenador, con esa nueva hornada de Villacampa y Montero… y es que, además, quedaron primeros de su grupo, desbancando al Barça. Si no venían como favoritos para el título, sí al menos para esta semifinal. Eran la alternativa al poder establecido, no nosotros. Pero, les ganamos y nos metimos nosotros en la final”.

 

Paco Binaburo: “Tras el primer partido, cuando ganamos a la Penya, yo estaba convencido que ganábamos esa Copa. Fijo. Siendo la final en casa, lo tenía claro. Y en gran parte tenía esa fe, porque teníamos a Magee. Al público le entusiasmaba. Era un ídolo. Yo he conocido hombres indómitos. Pero éste, es que no le tenía miedo a nadie. Ya le podías poner cualquiera delante. Eso sí, se acababa el partido y se acabó el tema. Serio y callado. Ya no hablaba. Pero en la cancha…¡qué gozada!”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “De tren inferior, era muy poderoso. Tenía un culo enorme y tuvieron que coger otros pantalones, porque los del equipo no le cabían. Pero no es que tuviese un culo enorme como tal, sino que simplemente eran la extensión a unos muslos muy voluminosos”.

 

Fernando Arcega: “A nosotros nos dicen que íbamos a vestir de Adidas para esta Copa. Que José Luis -Rubio- había conseguido un convenio con ellos y estaba encantado con eso. Y claro, nosotros entusiasmados. Traen la ropa de Adidas y cuando llega, no hay pantalones de la talla de Kevin Magee. Tenía un culo, piernas… Y tiene que volver a jugar con los pantalones de la antigua equipación, que eran otra marca”.

 

El coloso Magee, 33 puntos en semifinales ante el Joventut 

Y llega el día de la final, con los ecos la noche anterior aún de la victoria ante la Penya. Una breve sesión matinal de entrenamiento.

 

José Luis Rubio: “En el hotel donde estábamos todos concentrados, Jimmy Allen me llama, después de comer, el mismo día de la final. Voy a su habitación, que la compartía con Kevin. Y me pregunta qué prima hay por jugar la final. Y yo le digo que ninguna, que la final hay que ganarla. Y si ganamos, no tengo ni idea si la habrá y quién la pagará. Y Jimmy era el que más insistía en esto, porque en el entrenamiento previo, yo vi cuando acabamos nosotros y llegaron los jugadores del Barça, que se pusieron a hablar con sus americanos, Marcelous Starks y Mike Davis. Yo vi que hablaron de algo, aunque no lo oí. Y Allen me dice que les habían dicho que cobraban un dinero importante por jugar la final y por ganarla, otra. Yo les dije que este era otro tipo de club, que no se podía y que esto era lo que había. Y el que reaccionó positivamente fue Kevin, que le dijo a Allen que tenían un contrato firmado y ahí no se estipulaba la prima por disputar la final de la Copa del Rey, por lo que tuvieron que jugar”.

 

Pasada tal crisis, ya en la final, la sinopsis de la misma no permitía alegrías para el lucimiento de estrellas. Epi es sujetado por “Indio” Díaz, que hizo un trabajo defensivo extraordinario, mientras Magee no arrancaba en su emparejamiento ante uno de los tipos más duros y aguerridos de aquella liga, Marcelous Starks. Quien sostiene a los locales, es el otro americano, Jimmy Allen.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Casi todo se basaba en la figura de Kevin. Pero Jimmy también era… Jimmy Allen hacía un trabajo sucio tremendo. Lo que pasa es que Kevin era una máquina, muy explosivo. No era el elástico como era Jimmy Allen, que le ayudaba mucho. Claro, Kevin era un tío que no podía hacer cinco faltas. No podía, tenía que jugar los 40 minutos y la única historia era que Jimmy estaba siempre pendiente de la ayuda, del tapón, del segundo salto”.

 

Fernando Arcega: “Es que hablabas de Kevin Magee y todo el mundo decía ‘es que este tío es la hostia’. Y luego resulta que ganamos un partido al Barcelona sin Kevin Magee en semifinales ligueras y ahí está la sombra y el anonimato de Jimmy Allen. Hoy día, Jimmy Allen sería un tío nombradísimo. Es verdad que a su lado, Magee le viene bien, porque le estimula. Comenzó la liga en cierto letargo, salió de ese estado y entonces explota. Atrás era un monstruo. La defensa, las ayudas que hacía, esos intangibles que ahora suman mucho más… Y el gancho que tenía. Era un monstruo. Fíjate en las fotografías dónde ponía el brazo”.

 

Paco Binaburo: “Allen no hablaba nada de nada, pero hacía una labor extraordinaria. Otro jugador que nunca se quejaba. Este era un trabajador. Luchaba, peleaba, iba al rebote, bloqueaba perfectamente para que el resto tirase cómodo. Allen sí recuerdo que tenía unas manos impresionantes. Magee las tenía más pequeñas”.

 

El dominio azulgrana se hace evidente en la primera mitad (38-47 al descanso) y alarga su ventaja en los primeros compases de la segunda parte (minuto 27, 46-56), controlando todo el partido. Así, hasta que Marcelous Starks, marcador de Magee, comete cuatro faltas personales y Antoni Serra decide sentarlo, entrando en cancha Juan De La Cruz. Ese fue el punto de inflexión. Kevin Magee se quitó tal yugo y comenzó a ejercer de líder, a pedir balones, a anotar, a cambiar el signo del encuentro.

 

Fernando Arcega: “El Barcelona no se va, nosotros íbamos manteniendo el partido sin que se distanciaran, sujetando a Epi, a Chicho Sibilio, todo para que en los últimos 10 minutos, empezásemos a recuperar lo que podíamos. Y ellos sienten la presión del ‘que se nos vienen, que se nos vienen’ y llega un momento en que hasta nos ponemos por delante. Y fíjate lo que son las cosas, que yendo igualados, nosotros, que éramos los débiles, estábamos convencidos que no íbamos a perder aquello. Si repasas el vídeo, hay montones de situaciones intangibles que nos hicieron ganar. No solamente los puntos de Kevin y la entrada aquella de Charly López Rodríguez que acaba entrando y que nos da el triunfo al final”.

 

Con polémica en los últimos segundos, porque ‘desapareció’ un punto en el F.C. Barcelona, entre protestas, deseos que acabara aquello y celebración prematura en las gradas, el CAI consiguió proclamarse campeón de la Copa del Rey. Hito impensable tan sólo 48 horas antes. En la rueda de prensa, León Najnudel puso su gota humorística con un “Serra tiene razón al reclamar un punto que la mesa les ha escatimado. Pero de ahí, a pensar que podían haber ganado el partido, es como pensar que porque yo canto tangos, soy Carlos Gardel”.

Un torneo que llevaba ganando el Barcelona en las 6 últimas ocasiones de forma consecutiva (desde 1978), copado exclusivamente por ellos y Real Madrid en su gran mayoría, se abría. El cambio en el baloncesto español estaba en marcha y se tenía ya el ejemplo que otros podían ganar. CAI Zaragoza, de la mano de Kevin Magee, logró un imposible en 1983. Para los responsables de la ACB, fue un alivio. Para el aficionado, un futuro -ya presente- fascinante.

Un éxito para la historia.