Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (I)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (I)
La estampa de una estrella, recordada 35 años después.

Antonio Rodríguez

Hoy, 2 de noviembre, se cumple una fecha muy especial. De las de “…y a partir de aquí…” el marco de nuestro querido baloncesto, cambiaba ante nuestros ojos. Con el transcurso de los años, fuimos remarcando tal sensación de paso evolutivo superior. Algo parecido a lo que sintió Aleksander Gomelski, asistente en el banquillo soviético, al ver a Bill Russell en los Juegos Olímpicos de Melbourne’56 al ver y pensar “esto será el baloncesto en el futuro”. 

Algo parecido al descubrimiento en los nuevos aficionados del siglo XXI, de las formas y modos sobre una pista de Lebron James y su “algo más”. Para los españoles, sobre todo los más jóvenes, cuya hoja de memoria era casi inmaculada, con la venida de Kevin Magee a España un 2 de noviembre de 1983, se abría una nueva dimensión. Magee trajo el juego apoyado en la potencia, rodeado de mil tretas para destacar en la zona, siendo de los más pequeños. Acarreó consigo la atracción de una estampa impecable en pista, que rápidamente se convirtió en ídolo y abanderado de una liga. Un toque diferencial cargado de connotaciones, que bien necesitaba nuestro baloncesto.

Son 35 años ya. Demasiados, aunque aquellos adolescentes no queramos verlo. En Endesa Basket Lover, en este serial por entregas, os vamos a contar una historia sucedida en nuestro baloncesto de 1983, en la España de 1983. Un cuento fascinante para llegar a lo que hoy somos, lo que hoy tenemos, a través de sus protagonistas más directos. Kevin Magee cambió las vidas de muchos de nosotros. Y nos encanta pensar eso.

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (II)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (III)

Kevin Magee: Un Mercedes por el precio de un Seiscientos (y IV)

 

CAPÍTULO 1: LA PECULIAR HISTORIA DE FICHAR UNA ESTRELLA

La fuerza y el juego de Kevin Magee supuso un gran impacto para nuestra liga. 

Pasos apresurados, bajando escalones, trote de niños intentando seguir el ritmo de sus padres, cuyas zancadas alargan amplitud y acortan cadencia. Bufanda en el cuello, bandera en ristre, marchas a cámara rápida en busca de un recinto: el Príncipe Felipe. Procesión por religión. Religión por un equipo. Veneración al Basket Zaragoza, hoy Tecnyconta. Las gradas vacías esperan. El techo resguarda e invita a la búsqueda de otra nueva epopeya, aunque en estos tiempos cueste un poco más. El techo que, a sus más de 28 años, ha sido testigo de los mayores espectáculos baloncestistas del planeta. Por aquí, Toni Kukoc y Arvydas Sabonis fueron campeones de Europa. Aquí se pasearon Alonzo Mourning o Tim Hardaway. En su parquet trotaron jugadores durante 50 minutos en el partido de las prórrogas, el que hizo creer al actual club que podía llegar a semifinales. Durante dos horas, el Príncipe Felipe se convierte en el grito de los fans, en el pulmón de la ciudad, en el orgullo de sus gentes. Ingredientes, en suma, por un equipo de baloncesto que ha dejado huella. Y todo esto, tuvo un principio.

 

Paco Binaburo: “Hubo un antes y un después. Si está el Príncipe Felipe hoy día, es porque ganamos aquella Copa con Magee en 1983. Se tomó la conciencia de que el baloncesto tenía que ser parte importante en la ciudad”.

 

José Luis “Indio” Díaz: “Zaragoza tenía muchas ganas de baloncesto. Había dado un salto muy importante y se respiraba mucho ambiente. La gente, a pie de pista en los palcos, cuando el partido era por la tarde, llevaban sus meriendas. Y si el partido era por la mañana, su aperitivo. Y en el descanso, comían allí. Lo incluían como algo cotidiano de fin de semana. Ahora es un espectáculo, pero antes era como ir a misa. Igual. Pues ir a misa y luego corriendo al baloncesto, era un itinerario encadenado. Y la verdad, es que esos seis años que pasé en Zaragoza, fueron fantásticos”.

 

Treinta y cinco años de aquello. De la llegada de un Mesías, de la conquista de una Copa.

 

José Luis Rubio: “Yo pienso que nos dio seguridad en nosotros mismos, en que podíamos optar a lo que se llamaba ser grandes. Nosotros podemos. Nos sentimos que podíamos ser competitivos”.

 

Franco Pinotti: “Subió la cotización del baloncesto en España. Yo viví varios momentos clave. Y este fue uno de ellos, porque se vio el cambio”.

 

CAI Zaragoza llega a la élite ganando la Copa del Rey en la temporada 83/84, la primera competición pocos meses después desde la creación de ‘aquello’ denominado Asociación de Clubes Españoles de Baloncesto (ACEB), que al poco sufrió la caída de una de sus siglas, quedando reducido a la archiconocida ACB. Un invento revolucionario.

 

Miguel Ángel Paniagua: “Aquellos fundadores de la ACB eran la caballería. Pero eran la caballería, a caballo. José Antonio Ortas en Huesca, Gonzalo Gonzalo en Valladolid, Juan Fernández en Ferrol, José Luis Rubio en Zaragoza, Antonio Novoa en Granollers… aquellos presidentes fueron pioneros. La ACB en su momento fue una idea avanzadísima. En el siglo XX se pusieron en pleno siglo XXI”.

 

José Luis Rubio: “Raimundo Saporta empieza a ver movimientos y colabora en el tema, dando su visto bueno. Era un hombre que siempre vio claro el futuro y sabía que aquello no lo podía parar, como hizo en otras ocasiones. Y es cuando decidimos nombrar a Antonio Novoa como presidente, con Eduardo Portela de gerente y Jordi Bertomeu de abogado, que era un crío. Bertomeu, aun siendo joven, fue el hombre clave jurídicamente, porque tuvo que encabezar en tema de estatutos, problemas con la Federación, con organismos deportivos… Hubo muchas zancadillas para que se pudiera aprobar. Fue el hombre importante. Yo siempre digo que hay que escribir cómo se inicia aquello”.

 

Temporada 83/84. Era la primera liga ACB, la de los playoffs y dos extranjeros por equipo, con la quimérica idea de igualar una competición donde tan sólo pintaban Barcelona y Real Madrid, Real Madrid y Barcelona. Los dos títulos del Joventut de Badalona quedaban ya en el olvido. Se intenta fomentar dentro de una atmósfera resignada, una frase con poco peso: “la hora del cambio”. Y este cambio tenía que estar avalado por algo importante. Si no, quedaría algo tan volátil en las estructuras, entre los aficionados, como cenizas al viento. Y se dio como en las grandes ocasiones. Con fecha, escenario y escaparate. Un 1 de diciembre, en Zaragoza, en la celebración de la Copa del Rey.

 

Los prolegómenos

Harry Davis, aquí defendiendo a Costa en su último partido como caísta, fue el sacrificado.

Fernando Arcega: “Ese año empezó duro. Cambiamos de entrenador. Se fue Pepe Laso y llegó León Najnudel. Un buen tío, que en paz esté. Y el caso es que tenía dos americanos en agenda, porque como era habitual en la pretemporada, la empezamos los españoles sin los americanos. Nos enseña una foto junto a los dos, sacada de alguna summer league de aquel verano. Y nos decía ‘mira, este es un 3-4 tirador, técnicamente muy buen, buen tío’ que era Harry Davis. Y del otro decía ‘este, ¡este es un asesino! ¡Nosotros necesitamos un asesino!’ con aquel acento argentino de su procedencia. Era el pívot grande. Un tal Washington que, según él, intimidaba mucho. Y sí, en la foto tenía una cara de asesino… de tío peligroso. El caso es que llega Harry Davis, pero no viene Washington. Y Washington no viene, porque está en la cárcel, ya que la policía lo apresó fechas antes. En realidad, era un delincuente y no viene a jugar porque está en el presidio”.

 

Y se sigue buscando en el mercado. Se mira a Italia y se pone el ojo en un pívot gordito, un ogro defensivo y reboteador que había militado en Roma.

 

Fernando Arcega: “A partir de ahí, se empieza a recomponer la figura del “5” y se intenta fichar a Clarence Kea, que había jugado en Roma y que llegó a jugar unos partidos de pretemporada con nosotros. Pero siendo un hombre que ocupaba mucho espacio, midiendo solamente dos metros, no encajaba. Kea era un especialista en el rebote y poco más (La curiosidad quiso que Kea, por este desinterés maño, siguiese en Roma y se proclamase ocho meses después campeón de Europa, teniendo un papel decisivo en la finalísima ante el F.C. Barcelona). Y viene Jimmy Allen. Jimmy era un tío serio, muy pulcro jugando, intimidador y buena gente.

La Liga empieza y aquello no funciona. Con Harry Davis y él, el equipo no marchaba. Y no me preguntes por qué. Piensa que la pareja de americanos lo eran todo en cada club. En teoría debía ir bien, pero no encajaban las piezas. Harry Davis no anotaba mucho, no generaba espacios y Allen no estaba muy contento”.

 

Las derrotas en liga escocían más que a cualquier otro equipo. Con una competición estructurada en dos grupos de ocho equipos, tan sólo los dos primeros de cada grupo se clasificaban para la Copa del Rey, a disputarse precisamente en Zaragoza, en el Municipal de Deportes o como es conocido en la ciudad, “el huevo”. Cajamadrid se escapaba de los caístas peligrosamente por la segunda plaza de su grupo. La primera, lógicamente, se la adjudicaba el Real Madrid. Y eso angustiaba.

 

Mientras, al otro lado del Atlántico…

Jim Allen, la otra pieza que se tornó en fundamental.

Miguel Ángel Paniagua: “A mí me llaman los Phoenix Suns, porque conozco a John MacLeod y a Jerry Colangelo, por aquel entonces entrenador y general manager de la franquicia, respectivamente. Y me dicen que como voy a regresar a España, no quieren que pierda el contacto con el baloncesto y que sea su enlace europeo. Lo compaginaba con mi trabajo en el banco. Y cuando vuelvo a España ese verano, Phoenix tenía 14 jugadores. Y John MacLeod, amigo eterno, siempre tuvo fama de indeciso a la hora de hacer la lista definitiva, aun siendo un gran entrenador. Con el duodécimo, decimotercer y decimocuarto jugador, siempre tenía problemas. No es como ahora, que puedes tener 15 (y actualmente, ampliado con los contratos two-ways). Básicamente, las dudas residían entre dos jugadores para la última plaza, que eran el alero Rory White y el pívot Kevin Magee. Yo empecé a trabajar con ellos el 1 de agosto y todavía el corte no se había hecho. Y claro, cualquiera de los dos, eran estupendos para mí como agente.

Llega septiembre, ya hay convocatoria para los campus de pretemporada y siguen con trece. Nos metemos a últimos de septiembre y nada. Fíjate hasta qué punto llega la indecisión, que tanto a White como a Magee, hubo que hacerles contrato. Un contrato de 65.000 dólares a cada uno, que hoy suena alucinante. Y es que no podías entrar con más de doce jugadores el día de los cortes definitivos. Pero tampoco podías decir que no les pagabas si les ibas a tener hasta octubre. La idea de los Suns era que, al que fuesen a echar, lo colocarían en Europa, porque tenían en mí alguien que lo iba a hacer. Y lo que le pagasen aquí, era lo que iba a restar en el contrato que tendrían que pagarle los Suns”.

 

Y al fin, salió un nombre.

 

Miguel Ángel Paniagua: “A finales de octubre, anuncian que el descartado final es Kevin Magee y me acuerdo perfectamente de ese momento. Estoy en el banco mirando papeles y me llega una llamada que me pasa la secretaria del departamento, que me dice que es una conferencia desde Estados Unidos, un tal señor Colangelo. Este me dice que han decidido cortar a Kevin Magee. ‘Te va a llamar John, que lo tienen muy decidido. Yo no lo veo tan claro, pero bueno’. Y entonces, al cabo de un rato, me llama MacLeod y me comenta que se ha decidido por Rory, que le ve más polivalente, que lo necesitará más, pero cree que hay que mantener a Kevin en Europa y seguirle. Esto era un avance brutal, porque la sinergia que había entre Estados Unidos y Europa, no era ni mucho menos la de ahora. Una vez decidido, me dice Colangelo que hay que buscarle equipo”.

 

Y es cuando entra nuestra liga en el marco.

 

Miguel Ángel Paniagua: “De los 65.000 dólares, cuantos más se quiten, mejor. Yo, inicialmente le digo que no tengo ni idea de qué clubes hay en España que puedan estar interesados en él, porque me conviene colocarle en España para estar más encima, que voy a hacer una cosa. Le comento a MacLeod que hay un tipo al que quiero mucho, que es casi mi mentor, Eduardo Portela, que ha empezado algo que es la ACB, la cual preside. Y le diré que está Kevin Magee libre, que sería un bombazo para su liga, para que me ayude”.

 

En los medios de comunicación de la época, publicaron que el F.C. Barcelona de Antoni Serra había preguntado por él estando en Varese, pero que la respuesta fueron 150.000 dólares, algo inaccesible para los fondos blaugranas. Como más tarde se pudo comprobar, no era tanto el interés.

 

Miguel Ángel Paniagua: “Inmediatamente, me pongo en contacto con Portela. ‘Oye, Eduardo, que soy Miguel Ángel…’ y él me dice ‘Ah, pues esto me parece muy interesante, porque si dices que es tan gran jugador…’ Yo le aseguro que el equipo que se haga con él, tendrá un impacto inmediato, que sería muy positivo para la nueva liga. El trasiego NBA-Europa, antes era mucho más claro: el decimotercer jugador de una plantilla NBA era… fíjate de quién te estoy hablando. Piensa en el impacto que podría tener este tío. Le dije a Eduardo que los candidatos eran F.C. Barcelona o Real Madrid, aunque con estos últimos no tenía contactos muy firmes todavía, porque lo llevaban otros agentes. Había una tercera opción, que era un equipo de la zona media, al que le cambiaría la cara.

Eduardo ni se lo piensa. Al día siguiente, viaja a Madrid y quedo con él. Habla con el F.C. Barcelona. Y con esa visión de futuro que tenía el Barça por entonces, porque no olvidemos que el Barcelona fue el equipo que no quiso a Bill Laimbeer porque decía que no tenía buenas manos, dice a Magee que ‘no’. Pero es que fue un ‘no’ rotundo. ¡Pero no a mí! ¡Es que se lo dijeron al jefe de la liga, al Sr. Portela! Más confianza y garantías que pudiera dar él… Un jugador que les podía cambiar la vida. Dado que ni el Barcelona ni el Real Madrid lo quieren (porque, estos últimos, tenían la plantilla más que perfilada), hay que meterlo en España como sea. Entonces, Portela habla con el Baskonia y el CAI”.

 

Con el Arabatxo Baskonia se podían tener posibilidades, aunque ellos disponían del dinero que tenían, más bien escaso. Puesto que el americano interior que complementaba a Essie Hollis, Riley Clarida, no estaba dando el rendimiento ofensivo que necesitaban, cabría la opción. Pero el coste les suponía elevado y Clarida, que finalmente acabó la temporada, sí mostraba mucha fortaleza física. Y llegó el turno del CAI Zaragoza.

 

José Luis Rubio: “Yo tenía otro americano que era Harry Davis, que no cuajaba. Venía como máximo encestador de la liga francesa, pero no nos funcionaba. Y me hablan de fichar a Kevin Magee. Y no me lo pienso. Les dije ‘ya mismo’. Y lo que sí comienzo a dar vueltas, es que tengo que echar a Harry Davis y ya veré qué me invento y cómo llego a un acuerdo. Porque a Kevin Magee, ya lo había visto en la liga de verano, donde normalmente iba con mi entrenador y me veía con él todos los partidos. Y solamente verle evolucionar por una pista allí, me lo apunto. Aunque era pequeño, hacía un agujero dentro tremendo. En este caso, como en los demás, tienes que hacerte una idea de lo que hace allí y cómo lo puedes adaptar aquí. Eso sigue pasando hoy día. Claro, sabía iba a entrar en profesionales, ni hablé con él. Así que, cuando me ofrecen esa oportunidad, lo ficho”.

 

Franco Pinotti: “En nuestra revista Nuevo Basket, teníamos muy buen trato con Rubio, porque era un tipo muy divertido que rompía moldes. Se jugó pasta de su bolsillo inicialmente con esto. Me dijo ‘vamos a fichar a un tío que es un fenómeno, que va a ser el no va más’. Y ahí entablamos la conversación de directivo-periodista, del ‘¡hostias, dame el nombre! Que a mí, si me lo dices, no lo voy a soplar…’ Imagina, siendo nuestra revista mensual, tendría que guardar el secreto varias semanas. Rubio me decía que estaban mirando, que se pedía mucho dinero, pero era probable que la operación finalmente se hiciese. Al fin, me confesó quién era. Yo tenía un conocimiento indirecto de Kevin Magee, porque mi compañero Julius Corella, que era el que sabía inglés, se informaba en revistas americanas y decía que este tío era súper bueno, tenía que estar en la NBA. Rubio guardaba algún partido de Magee, así que, sin acordarme ahora mismo si era en Barcelona o Zaragoza, estuvimos viendo aquellas cintas”.

 

Miguel Ángel Paniagua: “Yo a Rubio, no podía decirle nada inicialmente o al menos, me daba reparo, mientras tuviese un jugador con contrato, que era Harry Davis. Así, cortarlo sin más… ‘Vas a tener un coste elevadísimo’ y él me decía ‘bueno, a ver cómo lo hago’. Me contaron un par de leyendas urbanas que prefiero obviar. Y al cabo de unos días, él me dice que podemos hacerlo. En 30.000 dólares más bonus. Llamo a Phoenix y me dicen que todo correcto. Me acuerdo perfectamente que le dije ‘¿te parece que ponga 15.000 dólares más en bonus extra por la Copa del Rey y 20.000 por la liga?’. Y me decía que pudiese lo que quisiera, ‘si solamente van a ganar Madrid o Barcelona’. Textual. Hubo un par de primas que se pusieron, me da que a modo de inventario, que si se hubiese conseguido todo, más que doblaban el contrato inicial. Para mí, tanto Rory White como Magee, eran muy buenos. Yo me hubiese quedado con Kevin desde la perspectiva de Phoenix. Pero me hicieron un favor. Porque a partir de ahí, el impacto de Magee fue inmediato desde el primer momento”.

 

José Luis Rubio: “Miguel Ángel siempre me pareció el agente más serio, más honesto. Yo siempre le decía que me enseñara las camisas buenas, en el sentido que cuando vas a una tienda y te enseñan una camisa, yo sabía que llevaba en su cartera más jugadores de los inicialmente mostrados, que no quería que me enseñara los de segundo nivel, sino los buenos. Claro, él como lo bueno que tenía era lo más caro, lógicamente intentaba venderlo a los clubs más ricos, como el Madrid y el Barcelona. Y por eso, yo le decía ‘oye, sácame las camisas buenas’. Y conmigo siempre se portó muy bien”.

 

Pasando por la derecha de algunos grandes, CAI Zaragoza, gracias a la particular personalidad de su presidente, se trae lo que él denominó e hizo popularmente célebre ‘un Mercedes por el precio de un Seiscientos’. Así se escribe la historia.