HACE 30 AÑOS… Cap.24: “1ª B, el fin de una loca utopía (5ª y última parte)"

HACE 30 AÑOS… Cap.24: “1ª B, el fin de una loca utopía (5ª y última parte)"

Antonio Rodríguez

Disfruta del último capítulo de la serie "1ª B, el fin de una loca utopía" para recuperar una de las mejores épocas de nuestra 

 

SEGÚN LOS PADRES, SON LOS HIJOS

Esta 1ª B albergó todo tipo de nombres. En la parte inferior del artículo, podéis leer en los apartados estadísticos, ilustres de ellos como máximos anotadores (nacionales y extranjeros), los mejores triplistas, reboteadores y asistentes. Sin embargo, es curioso que, de algunos de ellos, más relumbrantes o anónimos, han salido hijos que hoy triunfan. Que de Andorra hubiese un tal Quim Colom, contando que su hijo Quino Colom es de los bases más cotizados de nuestro baloncesto (y el menor, Guillem, forma parte del MoraBanc Andorra), es algo que 30 años después, puede resultar normal. Amor por la profesión inculcada del padre, pasión tomada por los hijos. Javier Beirán tiene más repertorio que el alero del Tenerife Nº 1, José Manuel Beirán, aunque el tiro a tabla del padre, queda aún vigente.

Gabriel y Alex Abrines. 

Miren la fotografía que adjuntamos. Dos padres orgullosos de sus querubines, paseando por las calles de Ferrol. Anicet Lavodrama junto a su compañero Alberto Abalde, con su hijo, Alberto jr. en brazos. De este niño de piernas interminables, hoy día tenemos uno de los mejores swingman del basket español. Otro joven que intentaba hacerse un sitio en el Lagisa Gijón HACE 30 AÑOS era Gabriel Abrines. Interesantísimo alero de dos metros (con lo que eso suponía) que hizo buena carrera posterior. No hace falta asegurar que es el padre del hoy NBA Alex Abrines, porque de verdad, sería difícil concretar si la foto que adjuntamos, es del padre o del hijo.

Anicet Lavodrama y Alberto Abalde, con sus hijos a hombros.

Pero lo mejor de todo, ¿saben que dos jugadores estadounidenses que acaban de disputar la final NBA en este 2018, tuvieron a sus padres surcando las pistas de 1ª B en esta 87/88? Pues sí: JaVale McGee por Golden State Warriors y Rodney Hood, por Cleveland Cavaliers, han superado a sus padres en todo… menos en ganas por competir, en profesionalidad y en ilusión por ganarse unos dineros por los que sus hijos hoy, ni se moverían.

La historia de JaVale McGee es algo más conocida, por lo rocambolesco del asunto. Su padre es George Montgomery, un reputado reboteador de poco más de dos metros, en su segunda temporada en Andorra. Duro como el cemento, no pudo debutar en ACB, aunque dos años atrás estuvo en la pretemporada del Licor 43, cortado antes del inicio liguero, porque pensaban que no era el anotador buscado. Su madre, Pam McGee, reputada jugadora en Estados Unidos de la prestigiosa USC, jugó para el campeón Sabor D’Abans en Masnou. Ambos se conocieron y saltó la chispa. El chico nació en Michigan, pero mirando fechas, fue engendrado en tierras catalanas (o andorranas), entre ambos lugares por abril o mayo de 1987. El jugador mantiene el apellido de la madre, tras la separación de la pareja. Apellido que en España, significaba idilio al canto, por lo visto. Y es que su hermana gemela, Paula McGee, jugó en el Caixa Girona un año antes de la venida de su hermana Pam… y también se enamoró en nuestras tierras, en este caso de su compatriota del F.C. Barcelona, Mark Smith, al que dejó muy tocado al final de la liga cuando ella regresó a los States. Ya ven las vueltas que puede dar el baloncesto.

George Montgomery y JaVale McGee 

Rodney Hood es un alero fino, muy elegante, que primero en Mississippi State y posteriormente en Duke, confirmaron que era de los mejores jugadores del país, como para plantarse en los Jazz y ser motivo de traspaso hacia Cleveland Cavaliers, llegando a disputar esta final NBA.. Aquí no hay idilios de temporada, sino que su padre bien se bregó en las zonas de Mataró, en el Ordenadores APD. Tipo extraordinario, agradecido con poder vivir del baloncesto y disfrutar del ambiente de su equipo. 

En palabras suyas en 1988, “me gusta estar aquí. El equipo juega mucho en conjunto y ese es el baloncesto que me enseñaron mis entrenadores”. El tipo que tenía entre sus predilecciones -de la categoría- a Derrick Gervin, Herminio San Epifanio y Sergio Coterón. “Claro que son injustas las críticas de que meto pocos puntos. Me gusta rebotear y dar asistencias (busquen en las estadísticas de asistencias, por favor). Joan Martínez nos hace jugar tranquilos, aunque no lo parezca, si le ves en la banda. Me ayudó mucho cuando llegué al equipo”. Ferrán Heras, base del equipo, le estaba muy agradecido, porque “voy por las mañanas a tirar y practicar fundamentos con Ricky Hood. Debo decir de él que es el primer americano que veo que juegue para el equipo, aunque eso hace que a veces la gente le recrimine porque mete pocos puntos”. Identificación se llama a eso.

Ricky y Rodney Hood.

 

"HACE 30 AÑOS...": CAPÍTULO 20: "1ª B, el fin de una loca utopía (1ª parte)"

"HACE 30 AÑOS...": CAPÍTULO 21: "1ª B, el fin de una loca utopía (2ª parte)"

"HACE 30 AÑOS...": CAPÍTULO 22: "1ª B, el fin de una loca utopía (3ª parte)"

"HACE 30 AÑOS...": CAPÍTULO 23: "1ª B, el fin de una loca utopía (4º parte)"

 

ASKATUAK, LA GRAN REVELACIÓN DEL AÑO

Askatuak, la revelación. Berwald y Segurola luchando por un rebote.

Askatuak es historia de nuestro baloncesto. Todo lo que ahora vivimos, estaría cojo si no hubiese aparecido la figura de Josean Gasca en ella. Una mente brillante, un “quijote” apuntando con su lanza las herméticas instituciones en la década de los 70, un visionario… y el culpable de hacer de San Sebastián una plaza decisiva. Por encima incluso de Essie Hollis, Nate Davis o Dave Russell. Desde su norte, pretendía aspirar a todo.

Pues el Askatuak en 1987 era un equipo modesto, cuya máxima motivación era no bajar de categoría. Ocho descensos supusieron un grado de inquietud grande en muchos clubes. Su plantel nacional no contaba con ningún nombre descollante, aunque sí con veteranos ACB como Koldo Mauraza o Kepa Segurola. Eso sí, para seleccionar los americanos, buscaron con ojo quirúrgico. Uno estaba claro: Abdul Jeelani no interesó más al Baskonia y aunque sus rodillas estaban para pocos trotes y fuese fiel seguidor de clubs de jazz con algún que otro vicio, era pisar una cancha de baloncesto y mostraba la esencia de una auténtica estrella. Además, lo tenían al lado. El otro, Lance Berwald, perseguido más con lupa, destacando el pasado año en 1ª B en el modesto Tenerife Asociación del Baloncesto, era lo que colmaba las aspiraciones donostiarras.

Empezaron 7-2 en las 9 primeras jornadas, finalizando la 1ª fase empatados con el líder del grupo, Leche Río Breogán, a 17 victorias y 9 derrotas. Les sirvió para estar en el grupo de cabeza entre los 6 mejores y con plaza en los playoffs por el título asegurado. La segunda fase fue donde evidenciaron mayor debilidad. De las 10 jornadas, solamente dos triunfos, saliendo del bache en la eliminatoria de octavos -con la plaza ACB en juego-, frente al APD Mataró. Dos triunfos, asegurarse el ascenso, pasar a cuartos de final donde les esperaba el Tenerife Nº 1, al que también apartaron con otros dos enfrentamientos, para llegar a semifinales y siguiendo el guion de los dos envites (en playoffs al mejor de tres), superaron otra vez el factor cancha en contra, dejando en la cuneta al sorprendente Mayoral Maristas. En la “teórica final” que no hubo -porque se buscaban los dos ascendidos que marcaba la competición, nada más- se alzaron junto al Clesa Ferrol. Toda una gesta.

Sus números finales fueron la explicación de lo que sucedió durante esta mágica temporada. A saber: el conjunto con mejor porcentaje de tiros de campo, con un 61%, así también como en tiros libres, con un 77%. Para ello, se encaramaron como los máximos asistentes, con 11 por encuentro, destacando un pívot, Abdul Jeelani, 2º máximo asistente de la liga (3.9), tras el leonés Nacho Herreras. Su magia no era tan sólo de boquilla. Había que justificarla con números.

Siguiendo con Jeelani, los 27,9 puntos que promedió, si los unimos a los 25,2 de Lance Berwald, nos da la mejor pareja interior de la competición. ¡Ojo! y acarreando la menor atención posible dentro de tal efectividad anotadora. Que Berwald mantuviera un 71,2% en tiros de campo, el mejor de toda la competición y Abdul Jeelani lo secundase con un 66,4% en tiros de dos (aunque pocos triples intentó), hoy día sería de ciencia ficción. Askatuak tuvo su glorioso canto del cisne. Su retorno a la máxima competición del baloncesto español fue a lo grande, con poco dinero, pero mucho de calidad de equipo.

 

UN INTERNACIONAL DE 1ª B

Al Finisterre Lliria no le salieron las cosas en este curso. Brillantes el año anterior y con la misma plantilla, pocos meses después y por diversos contratiempos, la cosa no siguió por los mismos derroteros. De las circunstancias con los americanos, ya les damos cumplida cuenta en la sección “Las desventuras de la legión extranjera”. Sus problemas económicos fueron enormes y las decisiones ante tal precariedad, horribles. Pero sí contaron con una nota positiva: contaban en su plantilla con un chaval de 20 años y 2,07 de estatura, por el que suspiraba toda la ACB y que llegó en este verano de 1988 a jugar nada menos que unos Juegos Olímpicos con la Selección Española. Su nombre, Quique Andreu.

Sus 20 años y unos brazos interminables le otorgaban gran proyección futura. Al estadounidense Terry White le gustaba. “Ha sido el jugador que más gratamente me ha impresionado. Porque tiene corazón y le echa el coraje que se necesita para jugar al baloncesto”. Clifford Luyk, como ayudante de Lolo Sainz en el Real Madrid, le llamó para interesarse por él años atrás. Tenía a su padre como agente y era -curiosamente- un madridista convencido. “Se lo debo todo a Isma Cantó” confesaba deshaciéndose en elogios a su entrenador. El club valenciano le blindó con un contrato que solamente se rompía si el Lliria no ascendía a la ACB. Taugrés Vitoria y Cacaolat Granollers se interesaron por él. Ranko Zeravica, entrenador del CAI Zaragoza fue a verle jugar directamente y Pamesa Valencia, por estar geográficamente más próximo, le hicieron un estrecho seguimiento. Finalmente, la opción elegida fue el CAI.

Quique Andreu, enorme proyección desde Finisterre Lliria.

Vale que había hablado con Antonio Díaz Miguel, que lo había elegido para la Selección de promesas. Y vale que junto al españolista Manel Bosch, fueron los dos invitados en la preparación del Equipo Nacional de cara al Preolímpico. Pero en este torneo, por el desgraciado hecho de la grave lesión en un tobillo de Juan Antonio Morales, a Quique Andreu se le abrió la posibilidad de ser olímpico en Seúl, una suposición que ni en sus mejores sueños pudo tener. Desde la 1ª B a la Selección, algo que no se ha vuelto a dar desde entonces. Increíble y casi inédito.

 

LAS DESVENTURAS DE LA LEGIÓN EXTRANJERA

En esta 1ª B, la “pareja de americanos” eran la base del proyecto, el sustento de todo. Quizás en demasía. El aficionado, acostumbrado a pocos movimientos en el mercado nacional, veía su atractivo en el de extranjeros, sean estrellas confirmadas o nuevas caras. “Pienso que para los aficionados es bueno cambiar los americanos de vez en cuando, para levantar expectativas” escribíamos sobre Devin Durrant cuando nos centramos en él. HACE 30 AÑOS… eran el pan y la sal de cada equipo. Y más en esta 1ª B. Su responsabilidad era asumida y en ocasiones, mal entendida. “Había equipos cuya implicación e intensidad en todos sus componentes nacionales, no era total. Y ciertos directivos ponían sus miradas injustamente a sus americanos, como el elemento a cambiar. Ponían el foco en los foráneos y buscaban con sus sustituciones, un cambio de rumbo” es una queja asentada en la figura de Anicet Lavodrama por lo que vio demasiadas veces en los equipos de su entorno a lo largo de una carrera profesional. “Ese mensaje calaba incluso entre jugadores nacionales. Hoy día los nacionales son más esforzados, más comprometidos, suman más que antaño. Antes y en ciertos casos, hablaban de este asunto como si fueran directivos”.

El baloncesto, no sólo deportivamente hablando, sino también a nivel estructural, debía sufrir una evolución. Y eso se consigue a base de errores. Tim Shea aludía a “no había una estructura en el equipo, sin gerente ni secretario técnico” para exponer los bandazos de ciertos clubs. Una figura, la del actual director deportivo, que ni se contemplaba en los más casos. Muchos presidentes, directivos, absolutos locos del baloncesto, han sido el motor para arrancar iniciativas que han llevado a nuestro deporte a ser grande en este país. Sin embargo, sus enormes ganas por hacer cosas, no eran suficientes. Faltaba el conocimiento profesional que se les requiere para tomar decisiones. Era el baloncesto de los 80 y la voluntad de querer hacer, ante el incipiente éxito de nuestro deporte, se movía en muchas direcciones. 

Como veréis, no fueron tantos cambios de americanos como se pudiera pensar. Hubo presidentes “templados” que dieron enorme confianza a su pareja inicial. Y en muchos casos, fueron compensados. Pero vayamos equipo por equipo, contando las actuaciones y desventuras de muchos de ellos. Porque, en algunas de las historias fueron hilarantes y disparatadas. Parafraseando al maestro Forges, “¡gensanta!”.

 

BASQUET ANDORRA: Los andorranos apostaron por lo seguro y conocido. Y les fue francamente bien. Renovaron a George Montgomery, excelente reboteador y tipo duro en los tableros. “Es el mejor americano que me he encontrado en la primera fase” en palabras de Ray Smith. Y viniendo de quien venía, era todo un halago. Pequeño de estatura, sí marcaba un respeto entre los rivales por su intensidad. Su compañero fue Larry Gibson, viejo conocido de la ACB, sin muchos alardes pero muy efectivo, que cumplía perfectamente la tarea del ala-pívot con buen tiro exterior.

 

CAJA SAN FERNANDO: Pareja inamovible la del pívot Terry White y la del alero Mark Crow. El primero, tenía fama de ser algo problemático y nada de nada tras su llegada a Sevilla. Intenso sobre la pista, todo un animal de los rebotes, transformándose en un portaaviones de las zonas (13,9 rechaces por partido), promedió 25 puntos. Mark Crow, un fornido alero, con un tiro exterior espectacular y uno de los jugadores que más usaba la línea de tres. Acabó la primera fase de la liga superando el 50%, sin embargo, sufrió cierto bajón en la continuación del calendario. Aún así, ambos cumplieron como para dejar en las eliminatorias por el ascenso al cuadro sevillano en la primera temporada de su historia. Gran acierto su contratación.

 

MAYORAL MARISTAS: ¿Qué les podemos contar de la pareja Mike Smith y Ray Smith que ya no sepan? Alero y ala-pívot respectivamente, partían de jugar abiertos para entrar a canasta, apoyados en sus grandes fundamentos. “Para que Mayoral Maristas gane, los Smith tenemos que seguir garantizando 60 puntos por partido” sin complejo alguno lo decía Ray Smith. Pero, sobre todo, su filosofía de equipo y de grupo. “No somos tan sólo amigos entre nosotros, sino con el resto de la plantilla” comentaba Ray Smith. “Organizamos fiestas y no solamente va toda la plantilla, sino que llegan amigos de los jugadores, que no conocemos. Cuando queremos darnos cuenta, la casa está llena de gente”. Cumpliendo cuando había que hacerlo, tales festines suenan a bendición entre los malagueños.

 

ASKATUAK: Junto a los Smith, quizás la mejor pareja de todas. Lance Berwald tuvo unos excelentes promedios de 25,7 puntos por partido, sólido bajo tableros, buena suspensión, enorme reboteador y con un golpe de muñeca en sus ganchos cercano al aro que pareció patentar en la competición. Esta temporada nunca la olvidará y estará marcada por la tragedia de perder a un hijo en las primeras jornadas. Incluso con un mazazo así, ofreció gran rendimiento. Un verdadero profesional. Abdul Jeelani, veterano y con las rodillas hechas fosfatina, jugó a un nivel asombroso. Como un maestro, anotando y repartiendo juego, haciendo que uno de los proyectos más discretos de la categoría, lo llevaron en volandas hasta los dos mejores de la liga.

 

CAJAMADRID: Era extraño que el equipo con mayor presupuesto y aspiraciones para ascender a la ACB, contase inicialmente con una de las parejas de extranjeros más discretas de todo el panorama en 1ª B. John Johnstone, a pesar de todas las críticas vertidas sobre él, finalizó la temporada. Pívot de 2.08 de estatura, sacrificado y con un talento anotador justito, era un buen complemento para hacer equipo. Sin embargo, sobre sus espaldas no podía recaer una exigencia anotadora como la pretendida. La preocupación fue in crescendo en Alcalá de Henares conforme la lesión de Juan Antonio Orenga se iba alargando. Llegó a Madrid incluso Dave Hoppen como un posible sustituto, que no se produjo. Lo más curioso es que Hoppen, un pívot de 2,08 procedente de la universidad de Nebraska, a su regreso a USA, consiguió un contrato temporal de Golden State Warriors y con las continuas lesiones de Ralph Sampson, acabó la temporada siendo su pívot titular. Vivir para ver.

El otro americano fue una decisión más polémica. Bob Cattage era un armario de 2,05 de estatura, algo pasado de peso con menos talento ofensivo aún que Johnstone, que estuvo rodando desde primavera por nuestras tierras, en un combinado All Stars. Ante la premura de tiempo, se le firmó por dos meses, aportando por debajo de lo que se presuponía al americano estelar del equipo, como era de esperar. Los nacionales (que había mucho nivel en ellos) debían añadir más de lo pensado. Si los resultados iniciales no acompañaron a los de Chus Codina (muy crítico con sus americanos), acabó por complicar todo más aún. En noviembre se fichó a Bob McCann, una posible estrella en ciernes, que con 23 añitos se vio más superado por el círculo que rodeaba al equipo, que poder él liderar hacia el éxito. Todas las buenas previsiones creadas en la 2ª fase liguera, cayeron por tierra cuando les eliminó Valvi Girona en octavos de final. Todo un mazazo para el club.

 

ELOSÚA LEÓN: En León tenían claro cuál sería su pareja de americanos, renovando los del año anterior. Es cierto que el canadiense Gerald Kazanoswki sufría de migrañas, tras una operación durante el verano de la espalda, aún no resuelta. Tarda en coger el ritmo, aunque finalmente luce como se esperaba. “Cuando era baja por sus problemas en la espalda, sufríamos mucho sin él” recuerda Mikel Cuadra.  “Sobre todo, era una persona magnífica”. Essie Hollis era el otro foráneo, ya veterano, quejándose de las sesiones de preparación física en pretemporada corriendo kilómetros y kilómetros por el monte. “La pista tiene 28 metros. ¿Qué sentido tiene eso?” decía. Sus rodillas ya no eran las mismas, aunque en él seguía habiendo magia. Mikel Cuadra también habla de un viejo conocido. “Vuelvo a coincidir con él, como ya sucedió en Baskonia. Disfruté mucho a su lado, lo mismo que sufría en los entrenamientos, porque se te iba por donde quería, hacía lo que quería. Sus fundamentos y su improvisación eran asombrosos”. Elosúa no lo pasó bien, José Luis Sanguino, otro de sus jugadores destacados, también padeció de lesiones y pocos minutos. El plantel se mantuvo irregular toda la temporada. Pero sí tuvieron la garantía de una notable aportación de su pareja de extranjeros para salvarse a la hora de la verdad. ¡Ah! Y un último apunte. Como regalo, Hollis visitó el plató de “Cerca de las estrellas” para comentar un partido NBA. De repente, un San Antonio-Denver sin transcendencia, se convirtió en una joya aquella noche.

 

TENERIFE Nº 1: Moncho Monsalve sabía que había fichado muy bien para aspirar al ascenso en este curso. Y no tuvo ninguna necesidad de cambiar. El alero Bill Varner promedió 27,7 puntos y estuvo entre los máximos anotadores. Un alero de enorme categoría, que emigró a Bélgica para ser jugador de Euroliga (o de Liga Europea que se llamaba) y hacer destrozos al Barça y al Real Madrid años más tarde con el Racing Malinas. Regresó a nuestro país, a la ACB, para triunfar en Ourense y hacer un más que notable papel en Pamesa Valencia. Atlético, tirador… siendo más joven en esta 1ª B, toda una delicia. Wally West era el pívot anotador y resolutivo que dio consistencia bajo tableros y como nota, que un año después a Ray Smith por su lesión, ya en ACB. Una excelsa pareja con gran rendimiento.

 

FINISTERRE LLIRIA: Lo de los valencianos fue para escribir un libro sobre este año. Una mezcla de tragedias y malas decisiones que, tras varios cambalaches, acabaron con la pareja que empezaron el curso: los renovados -del año anterior- Dan Palombizio y Vernon Smith. Palombizio, como siempre, bien. Este alero, ala-pívot (porque podía jugar en cualquier posición), con apariencia poco atlética, que mostraba una barriga más incipiente que el curso anterior, volvió a dar un clinic de cómo anotar a base de fundamentos. Cómo fintaba y hacía volar a sus rivales. Cómo jugaba con la tabla y cómo era experto en aquellos tiros que bailaban en el aro, que acababan entrando. Sexto máximo anotador liguero con 28,7 puntos de promedio, una barbaridad. Hoy día en Lliria es una eminencia.

Sin embargo, los problemas vinieron con la figura de Vernon Smith. Vernon era toda una garantía, como demostró en el Espanyol dos años atrás y el curso anterior en la ciudad valenciana. Sin embargo, llega con más kilos de lo habitual, completamente fuera de forma y apático, que lo demuestra en la pista con un flojo rendimiento, impropio en él. El motivo de ello era rotundo: con el nacimiento de su hijo, su esposa sufrió un derrame cerebral y se encontraba en estado de coma. Con su pareja hospitalizada en Texas, debe jugar en España y ganar dinero para poder mantener facturas médicas. Esa presión hizo que se le encontrase ciertas noches por las calles de la ciudad totalmente ebrio. El club entiende el problema, pero la temporada va mal de resultados y deciden cortarle.

Con su marcha, en teoría iba a llegar Kenny Perry, pero prefirió la carretera hacia A Coruña y en su lugar, vino Cedric Henderson, conocido por militar en Copa de Europa con la prestigiosa Simac Milán dos años antes. Alero que podía jugar de ala-pívot, muy atlético, con el que ganaron en Valencia al Pamesa -por ejemplo-, pero que en la ciudad levantina, por lo visto, se aburría como una ostra.  Dicen que intentó emparejarse con cinco mujeres diferentes de su confianza para paliar su rutinaria vida, pero no hubo manera. Permaneció cuarenta días en España y jugó seis partidos. Como una inocentada, cogió las de Villadiego -o mejor dicho, el aeropuerto para regresar a Estados Unidos- el 28 de diciembre, sin decir nada a nadie. En el club no daban crédito, hasta que pudieron revisar en las listas de embarque y ver su nombre. Ante tal tesitura, llega Andre Moore como recambio de emergencia, con 2,05 de estatura, más pívot que los antecesores. Pero no convence. Así que, tras las vacaciones que les dieron con el parón del All Star, a su regreso junto a Palombizio, se le da un billete de vuelta y se le rescinde… para recuperar a Vernon Smith nuevamente, pensando que sería la salvación. Como muestra la clasificación, descendidos, no sirvió de nada. Gastos inútiles y muchos quebraderos de cabeza para volver al punto de origen y al dramático desenlace. La fatalidad, por cierto, quiso que Smith fuese asesinado en 1992 en un tiroteo, tras ser confundido con otra persona, como publicó Javier Ortiz.

 

FEIRACO OBRADOIRO: Nos encanta llegar a este equipo, porque aquí nos topamos con la enorme profesionalidad de un tipo que, dos años después a esta temporada, falleció por culpa de una leucemia: el eterno Mike Schultz. Schultz, tras llegar desde la Penya, no tuvo un buen inicio. “Sí, los primeros partidos fueron malos. El entrenador, Julio Bernárdez, era buena persona, pero nada más. En el banquillo no había ideas. Un día me decía que jugara de una manera y otro día, de otra. Con José María Malvar -el entrenador que le sustituyó- hemos progresado, pero necesitamos mejorar en ataque”. Los problemas venían porque su compatriota, Bill Collins, otro enorme jugador que repetía experiencia en Santiago de Compostela. Bill era un “5” tan “5” como Schultz. Y aquello no funcionaba del todo bien. Collins, por un problema familiar, vuela a Estados Unidos y se quedó ya allí, viendo la gravedad de la situación. Y los obradoiristas recurren a Aaron Brandon, alero de 1,98 de estatura. La honestidad de Schultz nos conmueve: “Con la llegada de Brandon, hay más tiro exterior y ayuda más al base. Por supuesto que echo de menos la aportación bajo tableros de Collins, pero hay que reconocer que, con Brandon, el equipo va mejor”. Se convirtieron en una pareja muy sólida.

 

GUADALAJARA: Leonard Allen es el americano más longevo y querido en la historia del baloncesto en Guadalajara. De su exuberante capacidad atlética quedaron prendados desde el primer momento que aterrizó. Ofensivamente, no era un dechado de virtudes. Pero un saltarín como él, con sus 2.08 y sus brazos interminables, la capacidad para taponar y machacar que tenía… eso encandilaba a los aficionados. Era su segunda campaña en la capital alcarreña y continuó. Por algo sería.

Respecto a Devin Durrant, su compañero, ya hablamos en una sección de este serial. Este alero era uno de los mayores talentos anotadores de toda la competición. Jugador de una técnica extraordinaria que, ante la falta de hombres interiores, debió jugar como ala-pívot cuando no lo era. Con su rotura del tobillo, causando baja para el resto de la temporada, se fichó al atlético Willie Glass, con lo que perdieron en lanzamiento exterior, pero ganaron en consistencia, rebote, defensa y mates. Muchos más mates para la concurrencia.

Leonard Allen, sobrada capacidad atlética. 

 

PAMESA VALENCIA: Tras los problemas iniciales con Larry Spicer, siendo sustituido por Orlando Phillips, este dio más consistencia interior, como para que los Solsona y Coterón salieran también ganando. Acabó promediando 25,9 puntos por partido, jugando como falso pívot en muchas ocasiones y sacando partido del juego abierto que a él le gustaba. Por otra parte, el ex manresano Clyde Mayes, con 35 años, tenía cada actuación como un ejercicio de profesionalidad y buen hacer. A pesar de sus 2,03 y su veteranía, casi siempre se hacía notar en la zona. Su rendimiento le valió la renovación para el siguiente curso por un buen dinerito.

Clyde Mayes, un ogro bajo los tableros.

 

TRADEHÍ OVIEDO: Como en tantos otros equipos, el problema de los ovetenses residía en que sus americanos eran los únicos hombres interiores de garantía. Si, además, no tenían muchos centímetros, su trabajo estaba sobreexpuesto y debía ser sobresaleinte a cada actuación. Victor Anger era un ala-pívot que, como sucediera jugando para el Cacaolat dos años antes, debió oficiar como center. Su lucha y brega llegó a tener un más que notable rendimiento, aunque siempre estuviera en inferioridad de kilos. Por otra parte, Craig Robinson (que nada tiene que ver con el jugador del Espanyol tres años atrás), más alero que Anger, pero también jugando como ala-pívot, era de los americanos menos anotadores de la categoría. Pero aportó profesionalidad. Ambos acabaron la liga. Claro, tras la experiencia del año anterior, como para sustituir a dos jugadores que se comportaban con honestidad.

 

LECHE RÍO BREOGÁN: Para una plantilla de lujo, una pareja de lujo. Mantuvieron a Rudy Woods del anterior curso. Y este, sin los kilos que le sobraban cuando aterrizó en Lugo, mucho más rápido y estilizado, sus 2,08 de estatura le convertían en una amenaza rival difícil de parar. Woods hacía mucho daño en la zona ganando la posición e intimidando atrás. Con la adquisición de otro “tanque” en la categoría, Román Carbajo, formaban una pareja interior difícil de acometer. Con los puestos interiores cubiertos, pudieron fichar al siempre elegante Curtis Berry, alero de enorme categoría, completando un trío sinónimo de éxito. Procedente de Mataró, Berry tuvo el premio en el verano de 1988, de formar parte de la plantilla de Atlanta Hawks que, en post temporada, viajó a la URSS a disputar unos encuentros amistosos.

 

SALESIANOS: Hete aquí el caso más extremo expuesto en la introducción de este repaso: la importancia de la pareja de americanos en los equipos. Salesianos era un conjunto que contaba con jugadores amateurs y los únicos profesionales del oficio, eran sus americanos. Tom Gneiting, conocido jugador por haber militado con posterioridad en ACB en equipos como Tenerife Nº 1, Cajabilbao, Júver Murcia y hasta F.C. Barcelona, tuvo sus inicios “españoles” en este Salesianos. Se convirtió en el máximo reboteador de la categoría, con 14,2 rebotes (una animalada) y aunque no era un gran anotador, sí lideró con 26,7 puntos. Y el otro fue Troy Bowers, una máquina de hacer puntos… pero nada más. Viendo la obligatoriedad de sostener al equipo ofensivamente, a la falta de talento de sus compañeros, Bowers, que era un gran anotador, se dedicó a tirar todo lo que le llegaba, sin el más mínimo esfuerzo defensivo, algo que a la directiva acabó por no gustarle (aun promediando 34,1 puntos). Cuando éstos lograron algo de dinero de ciertas donaciones, ficharon tres nacionales -que al menos eran profesionales- y suplieron a Bowers, por un fortísimo pívot de raza blanca, Bryan Fink, de 2,04 y 25 años, que llegaba de Boca Juniors. Cumplió en complicadas jornadas, pues ya sentenciaban a los grancanarios al descenso.

 

CAJASUR CÓRDOBA: Aquí estuvo el mayor reclamo de la competición. Y es que, ni antes ni ahora se pudiera pensar que un americano pudiera promediar 46,6 puntos por encuentro. Derrick Gervin lo hizo. Claro, que tuvo todas las buenaventuras, puesto que su equipo, finalmente descendido, se las otorgó. Su calidad era extrema y es de los pocos hombres que tras esta 1ª B, pudo ingresar en la NBA, lo que muestra sus credenciales. Alero que podía hacer -e hizo- de todo. Su menor anotación fueron 22 puntos. 

Derrick Gervin, máximo anotador liguero.

Se pueden hacer una idea. Derrick tenía carta libre y estuvo encantado en Córdoba. Y eso le llevó a firmar en octubre una renovación de contrato que posteriormente, no se consumó, pero da una idea de cómo se encontraba en la ciudad. Además, su compatriota era perfecto para él. Jerry Adams era un esforzado pívot, de justito talento ofensivo, que se encargaba de hacer el trabajo sucio bajo tableros, sin exigir apenas tiros, mientras que Gervin hacía a su antojo.

 

CAIXA OURENSE: En Ourense fueron también a lo seguro y no les quedó más remedio que suplir a uno de ellos, cuando Howard Wood se rompió el tendón de Aquiles. Howard, anchísimo ala-pívot de dos metros pelados, pero enormes tablas, ya mostró sus cualidades en Cacaolat Granollers (ACB), Tizona Burgos y Pamesa Valencia. No era gran anotador, pero entregado en defensa, rebotes y en hacer grupo. Se nacionalizó español y llegó a formar parte de los “Jackson Five” famosos en Ourense, cinco años más tarde.

Yommi Sangodeyi intenta ganar la posición a Lavodrama. 

Su pareja fue otro seguro, Yommi Sangodeyi, el nigeriano que militó en el Naútico Tenerife dos años antes (actual Tenerife Nº 1) y que fue renovado por el club para este ejercicio. Otro profesional como la copa de un pino, que sí, de forma muy discreta confesaba que, a ciertos compañeros les faltaba calidad para pasarle el balón en situaciones de poste bajo, cuando tanto costaba ganar una posición. Tuvo menos números estadísticos que en la 86/87 (aunque capturó 10,7 rebotes por encuentro), pero quedó satisfecho con la salvación del equipo del descenso. Ambos, por cierto, tuvieron que acoplarse a un nuevo entrenador. Tras el despido de “Pirulo” Fernández, fue Ángel Navarro, o sea, el jugador, quien se hizo cargo de la dirección del equipo, ostentando ambos cargos.

Lo curioso es que, con la lesión de Wood, quien aterrizó en la plaza fue Douglas Arnold, alero de dos metros que se convirtió en el ídolo de la ciudad, pues fue el americano que se quedó en la siguiente temporada. Y de salvar in extremis el descenso en esta, a lograr el ascenso a la siguiente de la mano de este yankee. Increíble.

 

CELTA DE VIGO: Prepárense, por favor, a leer una de las historias más hilarantes que se produjeron en la categoría. Porque lo del Celta con los americanos no tuvo nombre. O sí. En fin, que lo pongan ustedes, porque el “baile” fue tremendo. Vamos con ello.

La pareja inicial la formaban Frank Gilles (pívot de 2,04) junto a todo un referente anotador de la categoría (que tuvo buenos años en ACB posteriormente): Voise Winters. Winters, ala-pívot de 2.03 de estatura, ídolo en Girona un año antes (máximo anotador de la 1ª B), aquí seguía mostrando su enorme clase anotadora (29,4 puntos de promedio), dentro de la discreta trayectoria de los vigueses en la categoría. De hecho, en su visita al Palau Sacosta, recibió una enorme ovación del público y aunque el Celta perdió, Winters anotó 39 puntos.

Gilles era menos virtuoso en ataque y cumplía en otras facetas. Pero ante el nerviosismo por la mala trayectoria del equipo, la directiva decide suplir a uno de ellos a modo de revulsivo (sin saber aún a quién) y contactan con el afamado agente Capicchione, que decide llevar a un tal Doug Devore, que jugaba en la liga australiana. Desde las antípodas viaja a San Francisco, para hacer escala y volar a Vigo. El caso es que, en la escalera mecánica del aeropuerto, perdió el equilibrio y cayó todo lo largo que era (que lo era), fracturándose una mano. Su agente pretendía que volara aún así hacia Galicia. Pero cuando el club gallego se enteró, se negaron en rotundo.

Steve Ledesma, todo un fenómeno.

El segundo nombre (que este sí llegó) fue Larry Boston, un tipo que lo hizo muy bien en Málaga en su periplo ACB y ofrecía garantías. Pero apareció fuera de forma tras las primeras pruebas físicas y los directivos se recularon inicialmente, se arrepintieron y el jugador estuvo varias fechas en la disciplina del club poniéndose en forma, mientras que los directivos no veían claro que pudiera sustituir a nadie. Imaginen el ambiente. Finalmente deciden hacer el intercambio de plaza por Frank Gilles. Boston fue recuperando forma y jugando cada vez mejor.

Voise Winters, a pesar de sus estadísticas ofensivas, también es suplido por un pívot de 2,11 de orígenes mexicanos, llamado Steve Ledesma (que, a pesar de ello, no sabía ni palabra de castellano, algo también normal, por otra parte). Y aquí, pongan la alfombra roja, por favor, ante semejante personaje. El jugador, vendiendo credenciales a su llegada, no tira de la perorata del “working hard” y todas esas cosas, no. Llega diciendo que lo de pegarse bajo los aros y rebotear (con 2,11 de estatura, repetimos), no mucho, pero sí le encanta tirar triples. En Vigo, los ojos como platos. Nada comparado a su segundo partido, cayendo derrotados ante Finisterre Lliria (86-103), donde ante toda la concurrencia, el tío se tiró ¡20 triples! Sí, nada menos que 20. Uno tras otro. Para ponerlo en perspectiva: James Harden en esta temporada, promedió 10 intentos. Ledesma se fue a 11/36 en tiros de campo y 7/20 en triples. “Bueno, es que a mí me gusta tirar”. Y se quedó tan ancho. Solamente ver en las gradas esa sensación de, balón que le caía, balón que se tiraba, independientemente de la posición de tiro en la que estuviera. Es que debió ser alucinante. Con posterioridad, eso sí, se cortó un poco y solamente lanzaba 8 por encuentro.

 

Pues al bueno de Ledesma, no solamente le gustaba lanzar triples, sino también en sus propias palabras “me encanta la música y las discotecas”. Y dio fe de ello cuando es motivo de portada de un medio local, el Diario Atlántico, donde aparece en una fotografía, en un pub nocturno de la ciudad, con un cubata en una mano y en la otra, la pierna de una chica. El club le multó, no por la ingesta de alcohol en sí, sino porque eran las cuatro de la madrugada. Fueron los primeros 1.000 euros de multa de una larga lista. Finalmente, Ledesma, sin previo aviso y uniéndose al grupo de los “prófugos”, dio la espantada. Y crean que la cuenta del hotel, junto con los 6.000 dólares de factura de teléfono a base de conferencias con Estados Unidos, fueron un alivio para el club, pues así dejaban de pagar lo debido en ficha a semejante personaje. ‘¿Y qué hacemos ahora?’ Como no estaban por gastar mucho más, la directiva sabe que Frank Gilles aún reside en Vigo. Puestos a recuperar, preferían a Winters. Pero con Gilles en el portal de al lado… Así que se le recuperó para la causa y vuelta a la disciplina del equipo. Y ahí acabó la travesía de unos vigueses hasta el descenso. Como en botica, tuvieron de todo este año.

 

TOSHIBA LAS PALMAS: El Claret entraba dentro del grupo de los favoritos. Y como tal, pocos problemas tuvieron con unos americanos más que consagrados. Por un lado, el veterano Greg Stewart recaló en la isla para acabar siendo santo y seña del actual Herbalife Gran Canaria. Tras dos experiencias en el Joventut, Stewart (24,4 puntos) acabó siendo de los jugadores más rentables. Era una biblia de técnica individual. Puntos, rebotes y lo más difícil, asistencias. Por otra parte, en la casa se recuperó a la estrella durante su incursión ACB en la temporada 85-86: Willie Jones. Delgado y tremendamente atlético, sus mates fueron la alegría de la afición. Se fue hasta 26,7 puntos de promedia y se consagró nuevamente como el ídolo local.

Willie Jones, otra vez gran rendimiento en Las Palmas.

 

CLESA FERROL: Pues la mayor incertidumbre fueron los dos primeros meses de un renqueante Anicet Lavodrama tras pasar su rodilla dos veces por el quirófano. Cuando se recuperó, volvió a ser el jugador físico y felino de siempre. Por otra parte, Mike Schlegel, la adquisición de los ferrolanos este curso, posiblemente el MVP de la temporada (promediando 30,3 puntos) fue un americano que hacía absolutamente de todo. De bregar en la zona y postear, a ser un consumando anotador de triples (41% nada menos de efectividad). Todo un lujo que continuó en Ferrol hasta que pudieron.

Mike Schlegel, quizás el mejor jugador de esta categoría.

 

HOVIMA TEN SUR. Los tinerfeños eran otro de los conjuntos más modestos de la categoría y sobre los hombros de sus extranjeros, recaían la mayor de las responsabilidades. Para anotar, tuvieron al cuarto mejor en la categoría: Ken Green se mantuvo toda la temporada con el equipo, mostrando un gran repertorio anotador. Elegido en 1ª ronda del draft en 1985 (nada que ver con el jugador del Baskonia), sus 30,9 puntos de promedio fueron un gran aval.

Su compañero es, de esos casos que uno pregunta cómo pudo acabar allí. Alex Stivrins (futura carrera en ACB y NBA), curiosamente no convenció mucho, aunque sí hizo un excelente trabajo, hasta que por una lesión rompió los esquemas del equipo. Su compañero, el escolta Roberto Gómez, opinaba así de él, asumiendo que hubo un antes y un después a la marca de Stivrins: “Siempre se mitifica a los hombres que llegan de la NBA. Y hay que reconocer que para Stivrins ha sido difícil acoplarse a un equipo que está plagado de juventud.  Pero El Ten Sur ha tenido dos etapas esta temporada, antes y después de él. Es un magnífico jugador y una excelente persona. Su baja nos afectó a todos. Fue un bajón psicológico que no supimos asumir”.

Para sustituir al zurdo ala-pívot rubio, apareció Alex Kennedy, imposible juzgarle, puesto que tan sólo jugó un partido. Por lo que llegó otro ex NBA, Jeff Wilkins, bastante veterano y cascado, que más o menos cumplió, aunque no estaba contento ni con la trayectoria del equipo ni con su situación en sí. El caso es que, con el parón del All Star, donde a la pareja de americanos se les concedió vacaciones para viajar a su país, a su regreso, Green sí se mantuvo en la disciplina del equipo, porque llegó. Aunque fuese dos horas antes del compromiso liguero, con la consiguiente -y fuerte- multa, llegó. Porque Wilkins, ni eso. Así que, sin muchos lamentos tampoco, se recurrió al jugador que cortaron en el Bosco La Coruña, el ala-pívot Carl Mitchell, que con mejor tono que en tierras gallegas, acabó la temporada. Fue otro equipo descendido.

 

LAGISA GIJÓN: Los gijoneses tenían buenos nombres nacionales y lo complementaron con dos jugadores de contrastada calidad y conocimiento de nuestro país. Andre Gaddy militó en el Joventut cinco años antes, con muy buen nivel. Su fuerza física, sus 2,06 de estatura y dureza se hizo notar bajo los tableros, mientras que Jeff Allen aportó algo más de talento anotador, también reboteador (11,5 rechaces por envite) y aunque estuvo unas jornadas lesionado, ambos rindieron a muy buen nivel.

El otro americano que llegó a la ciudad fue el sustituto temporada de Allen durante su baja: Dan Jansen. Ala-pívot, menos alto y corpulento que su predecesor que, pese a estar desacoplado y jugar pocos minutos, puso toda la actitud y ayudó a ganar. De hecho, ganaron los tres partidos que él disputó.

 

CAFÉS DELTA BADAJOZ: En la ciudad estaban encantados con su pareja de americanos. Para la gente que acudía al pabellón Las Palmeras, fue un gran impacto tener equipo en 1ª B y para ellos, tanto Carl Davis como Larry Polec fueron auténticos ídolos. Y se les renovó, por supuesto. Mientras que Davis era el pívot pequeño, delgado, atlético y espectacular, todo un doctor en los mates, se volvió a convertir en el máximo anotador de su equipo (26,5 puntos), Polec era el alero de raza blanca, gran tirador y con sus rachas de triples, levantaba partidos al público de sus asientos. Y demasiado pronto llegó su lesión, con mucha dosis de mala suerte. Su sustituto, Pete Thibeaux era un buen alero, grande y ancho, que pudiera oficiar de ala-pívot también. Es de esos casos de antaño en los que, de sus palabras, debutó “llegando a las tres de la tarde, me comí un bocadillo, descansé un rato y me puse a jugar” sin conocer a nadie. “En la cancha estuve como gallina en corral ajeno”. Hizo una buena labor. Sin embargo, las sensaciones de cara a la afición, no eran las mismas que las de Polec.

 

METRO SANTA COLOMA: Hemos hablado de ellos cuando nos referimos a Dan Bingenheimer en este serial. El ala-pívot fue una de las sensaciones y un gran descubrimiento para esta categoría. De hecho, de sus seis años de estancia en España, esta fue la única en la que compitió en 1ª B. El resto, en ACB. Lógico y normal. Ganó el concurso de mates con gran superioridad, mostrando que los jugadores de raza blanca podían competir en tales espectáculos también. Gran rendimiento, 27,9 puntos de media finales, engordados por asumir más tiros en la segunda mitad de temporada. Llevaba tiempo oyendo que muchos equipos ACB estaban interesados en él y había que acrecentar el caché.

Wayne Campbell era el pívot trabajador, de brega, defensor y todo el trabajo en la sombra, sin destacar para el gran público. Su solvencia reboteadora la mostró con 11,2 rechaces con los que entró en el top-10 de las estadísticas. Entregado e involucrado en la dinámica del equipo, no dio ni un problema (al margen de una pequeña sanción por encararse con un aficionado que le estuvo increpando todo el partido). Los temores de su fama en Oviedo, infundados.

 

TIZONA BURGOS: Terry Williams y Richard Johnson, tras el año anterior de estancia en Burgos, ya eran como de la casa. Y ambos se quedaron un año más, cumpliendo igual. Terry, con sus 2,07 de estatura, era un alero grande, polivalente y espectacular, capaz de muchas cosas. No poseía un gran tiro exterior, pero su uno contra uno era muy bueno, sacando con su cuerpo muchas ventajas. Richard, por su parte, era el armario de 2,12 de estatura, pívot puro y nato, de ganchos en suspensión a corta distancia, enorme corpachón, que sí tuvo ofertas para emigrar a otros lares, pero que prefirió algo menos dinero para no volver loca a su familia en otra mudanza, sabiéndose a gusto en Burgos. Es cierto que ambos confesaron que no jugaron igual de cómodos que el año anterior, tras la marcha a Pamesa Valencia del base Manu Rodríguez, un facilitador de sus tareas, enorme. Pero cumplieron con nota.

 

JÚVER MURCIA: Randy Owens, alero de dos metros de estatura, volvió a ser santo y seña en la plantilla. Y es que, en su tercera temporada, desde que extrañamente aterrizó en la ciudad, en ¡tercera división!, donde promediaba 70 puntos nada menos, nunca decepcionó. Él fue el primer hombre que realmente creó afición entre los murcianos. “La gente pensaba que no podía dar buen nivel en una categoría como esta”. Pues 27,1 puntos que promedió en este curso. Apoyado en el trabajo más oscuro de su compatriota Mike Williams. 

Randy Owens, rey de Murcia. 

De este último, en ocasiones se pedían más puntos para ayudar a Owens y cuajó la idea inicial de sustituirle. Llegó Russell Cross, pero Felipe Coello tampoco lo vio claro y se mantuvo con Williams. Finalmente decidió su canje. Cross era un jugador curioso, que había sido un 1ª ronda del draft, nada menos que el número 6, elegido por Golden State Warriors en 1983. Esa eleccion es ser una estrella. Sin embargo, una gravísima lesión en su rodilla truncó su carrera. Ver aterrizar en Murcia un tipo así, con sus limitaciones, pero con ciertos gestos técnicos impecables, su media vuelta en suspensión apoyado en una pierna o sus ganchos, con gran equilibrio del cuerpo, fue una experiencia magnífica con el que acabaron la campaña. Por cierto, ante una temporada y breve baja por lesión de Randy Owens, llegó en la 1ª fase el escolta canadiense Tony Simms. Sin mucha repercusión tampoco.

 

APD MATARÓ: Abordamos la pareja quizás más atípica de toda la 1ª B. Son el dúo foráneo que menos anotó, pero de las que más cumplió. La pareja interior John Washington y Ricky Hood completaron un grupo que llevó al plantel dirigido por Joan Martínez a unas cotas que, ni quizás ellos pensaron. Es cierto que se encontraron con dos jugadores exteriores de gran valía: el base Chema Solsona y sobre todo el joven Ferrán Heras, una de las grandes sensaciones de la temporada, que surtieron mucho y bien de balones a sus pívots. En palabras del propio Ferrán Heras, “tanto Hood como Washington trabajan mucho para el equipo. Hood es un ala-pívot que coge muchos rebotes y juega para sus compañeros. A Washington le ha costado más acoplarse, pero ha ido mejorando. Ambos se han adaptado perfectamente con nosotros. Son serios y buenos compañeros y esto no es algo característico de los jugadores que vienen desde fuera de España”.

Ricky Hood, un gran reboteador para Mataró.

Orgullosos con ellos. Ricky Hood, ala-pívot de 2,02 de estatura, corpulento, siempre dando un paso al frente y entre los líderes de asistencias (eso siempre era sintomático de juego colectivo). John Washington, pívot nato, 2.08 de estatura y liviano, tras su periplo en ACB por Ferrol donde ya demostró que podía ayudar mucho a sus compañeros sin destacar en anotación, ofreció lo que se esperaba de él. En Mataró nadie se volvió loco en la directiva para sustituirles, buscar el recurso fácil del anotador. Crearon una piña y con ella llegaron hasta los playoffs.

 

BOSCO LA CORUÑA: El desastre económico del club, también arrastró a su legión extranjera. Con un equipo hecho muy a las carreras, Carl Mitchell, más alero que ala-pívot, cumplía relativamente bien. Quizás debiera jugar en una posición más interior de lo que él quisiera. El que hacía que el edificio no tuviese la sujeción precisa, era Deora Marsh. Un ala-pívot de justito talento, que tenía que oficiar como pívot. Con alguien más dominante, no hubiesen tenido los problemas bajo los aros que sufrieron. 

Carl Mitchell, jugador viajero entre La Coruña y Tenerife 

O si hubiese llegado Peter Verhoeven antes, por ejemplo. Cuando ambos fueron sustituidos, la nueva pareja sí que tenían una contrastada calidad: el mencionado Verhoeven, pívot de 2.06, que se había ganado la vida en NBA haciendo de “Kurt Rambis” (ya que estamos con los ochenta). Permanecer seis años en la mejor liga del mundo haciendo de gladiador en las zonas, no es tarea fácil. Apareció en el Bosco y le dio una solidez que los coruñeses desconocían hasta ese momento. 

Kenny Perry, pívot de 2.08 de estatura, suponemos que su agente ya le susurraría que tenía mejores ofertas en España. Negó su firma a Finisterre Lliria, permaneció cuatro jornadas en el Bosco  y promediando 34,8 puntos, erigiéndose como el protagonismo ofensivo. Claro, que a Verhoeven tampoco le quitaba el sueño eso de mirar la estadística. Llegaron los impagos, la negativa a jugar y entrenar y abandonaron la disciplina del equipo hasta la desaparición del club en febrero.

 

VALVI GIRONA: Pues sí, creemos que en A Coruña debieron lamentarse y echar de menos la figura de Jimmy Wright, fichado este año por Valvi Girona. Jugador del Bosco un año antes, volvió a ser el puntal ofensivo en su nuevo equipo (27,2 puntos en temporada regular). Tal fue su rendimiento, que fue renovado por el club este verano de 1988, en su salto a la ACB, por primera vez en la historia. Ya saben, ala-pívot de buen tiro exterior y más que notable uno contra uno, muy habilidoso. El trabajador en las zonas era Greg Sims, pívot de 2,07 de estatura, renovado del año anterior y ahora, manteniéndose como un gran reboteador y un gran ladrón de balones. Nada menos que 13,8 rebotes y 4,7 recuperaciones de balón -al menos lo que dicen las estadísticas de la época- sumó por choque. El rubio pívot lo tenía claro. ”En el equipo tenemos grandes tiradores. Por eso es más necesario que me concentre en el rebote que en la anotación. En 1ª B, nuestro papel como foráneo, tiene más responsabilidad. En ACB -donde jugó el año anterior en Manresa un par de meses, supliendo la baja por lesión de Clyde Mayes-, podemos ser más sustituibles, porque tus compañeros nacionales tienen más calidad”. En el juego interior, tuvieron la inestimable ayuda de Herminio San Epifanio, que realizó una excelsa campaña.

 

EL FIN DE UNA LOCA UTOPÍA

Y se acabó esta aventura. Se volvió a dos años atrás, 16 equipos, un solo extranjero. Sin los ocho mejores conjuntos. La ACB prefirió pensar que, para promocionar el baloncesto, el mejor marco eran ellos y por tal, ampliaron a 24 clubes su escenario. La locura de esta 1ª B pasó a la historia. Las utopías, por muy locas que sean, pueden convertirse en grandeza, solamente pensando a lo grande. Y los dirigentes de esta 1ª B con la Federación Española, así lo hicieron. Por supuesto que hubo muchas cosas mal. Todo se amplió de golpe y lógicamente no todos estaban preparados.

“Algunos pabellones eran muy deficientes” recuerda Anicet Lavodrama. “El parquet era muy duro, superficies no recomendables que estaban pintadas… Muchas de las canastas no estaban en el suelo, sino que colgaban del techo y los tableros, en sus bordes, no estaban protegidos. Recuerdo que me producía muchos cortes en los antebrazos. En ocasiones, los tenía ensangrentados”.

“Por desgracia, hoy día en el deporte español, casi todas las directivas, digamos que el noventa por cierto, observan el momento de hoy para mañana” se resignaba José Luis Clavijo, entrenador del Elosúa León. “De lo que puede ser ganar de un punto o perder de uno. No miran otros aspectos más importantes a medio y largo plazo, que te pueda dar muchísimo más potencial para años venideros”.

 

De los árbitros no hemos hablado. Pero mientras algunos no lo recuerdan como una lacra, a otros, sobre todo entrenadores y jugadores americanos, sí se les viene a la cabeza como lo primero que les exasperaba. “La falta de criterio” afirmaba Lance Berwald. “Había que descubrir de cada uno el nivel físico que podían permitir. Los que jugábamos con choques, lo que unas veces valía, en otras no”. Y es que, de repente, muchos árbitros se verían alzados a una categoría superior, al igual que los equipos.

Con todo esto, se pensó en grande. En que había que llevar este deporte de masas, nuestro querido baloncesto, a todos los rincones. Y elevarlo. Que viesen en Córdoba un futuro jugador NBA. Que en ciudades recónditas -para nuestro mundillo- tuviesen el privilegio de llenar pabellones, porque cada fin de semana, jugadores de raza negra machacando de espaldas (que eran los 80, recuérdenlo) y lo hacían a unos cuantos pasos del aficionado. Y eso marca. Vaya si lo hace.

Con el formato posterior, no fue lo mismo. La fiesta se fue apagado. Luego llegó 1992 y tras los Juegos de Barcelona, la enorme crisis. Y acabó hiriendo de muerte, hasta buscar nuevas reconversiones. 

“Que gracias a esta 1ª B, Sevilla se impulsó y tuvo baloncesto del bueno. Valencia llegó a la élite. Pero es que, sin este golpe, Herbalife Gran Canaria o Unicaja sin la fusión con Maristas, o Girona, no hubiesen llegado a las cotas que posteriormente consiguieron”, quiere dejar bien claro el periodista Jordi Román.

Aquí ha habido campeones de liga, campeones de Copa del Rey, participantes en Final Four de Euroliga. Y mucha parte de culpa la tiene ese trampolín con el que algunos benditos locos decidieron impulsarse. Se cayeron al agua, sí. Pero nosotros seguimos viendo desde HACE 30 AÑOS, su majestuosa estampa alzados en el aire.

PRÓXIMO CAPÍTULO: “Defender una plata en el escenario más difícil: el Preolímpico’88” (1ª parte).