ARTÍCULO: SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

ARTÍCULO: SANGRE, SUDOR Y LÁGRIMAS

Antonio Rodríguez

2º Valencia Basket 59-60 F.C. Barcelona

En la Fonteta, al final del segundo partido, los aficionados se rompieron las manos en una cerrada ovación a sus jugadores en lo que se antojaba la despedida del equipo en esta temporada, bendita para ellos. Incluso el choque de palmas se hacía más sonoro, intentando ocultar las lágrimas que se dieron en algunos, ahogadas en aquel estruendo de manos. Lágrimas a modo de homenaje, de adiós. Y es que con la derrota por la mínima, 59-60, dejando el global de la eliminatoria en 0-2 a favor del F.C. Barcelona y las dos próximas visitas en el Palau Blaugrana, es de ley que el aficionado taronja pueda compartir unos últimos momentos con los suyos en su casa.

Es esta una eliminatoria de emociones hasta el límite, de sudores y esfuerzos para no perder la fe en cada una de las posesiones, de sangre por ganar (nuevamente y al igual que en el primer choque fue Tomic el dañado, en esta ocasión fue Pau Ribas, que acabó con el labio sangrando en un lance del juego con Navarro), parca en puntos, de combates internos con unos cuerpos cuyas fuerzas ya responden a cuentagotas, de vuelcos de corazón entre aficionados y entrenadores, podíamos degustar más que nunca la enorme responsabilidad de cada posesión defensiva, de ataques que se asemejaban a escalar muros, con aficionados que aprietan y animan, con entrenadores en la banda con poses de exigencia -en el fondo, también muy conscientes del estado de sus jugadores-.

Entre esa atmósfera, Sam Van Rossom, que parecía un extraterrestre, porque con un portento como él, los límites físicos parecen no existir, consigue un triple que empata el partido a 57 a falta de un minuto. Que Justin Doellman anota una canasta tras continuar bloqueo a aro pasado (59-58) y provoca la exaltación y júbilo de la tensión acumulada en unas gradas durante muchas posesiones ya. Y que finalmente, Ante Tomic logre hasta dos rebotes ofensivos superando a Triguero y anote con la sangre fría que le caracteriza, para sentenciar el partido a falta de dos segundos, dejando helado a todo el recinto que no quieren asumir el morir en la orilla tras tanto nadar, envuelve todo este escenario con lazos melodramáticos -que hasta su momento jocoso tuvo, con esa celebración de Papanikolaou cayéndose al suelo, tras intentar chocar con el héroe Tomic-.

Valencia Basket tenía muy bien aprendida la lección del primer día y eso de permitir rebotes ofensivos, no sucedería. Con Romain Sato cual Doctor Octopus rebañando todos los rechaces (7 rebotes) asegurando su tablero, se corría. O mejor dicho, se defendía y se corría. Hasta 8 puntos lograron los valencianos tras pérdida de balón forzados al rival. Oliver Lafayette, otro con manchones en su credencial en el primer round, se siente inspirado (22-9) que se vio suavizado con un triple de Navarro para finalizar el primer cuarto con 22-12.

Y de repente, los hombres de Velimir Perasovic, oyen el ligero zumbido de ver su motor en la reserva. ¡En el segundo cuarto! Imagino un sudor frío en Bojan Dubljevic y Pablo Aguilar, viendo el partido de paisanos, y con el entrenador croata intentando rotar lo que no tiene. Entre otras combinaciones, Lucic como ala-pívot o Romain Sato a la marca de Lampe. Estos son los trágicos números de un equipo que quiere apretar el acelerador en su huída hacia delante, pero que no tiene combustible para ello. Desde el final del primer cuarto hasta el final del partido:

  • 11 canastas.
  • 41 tiros errados a canasta.
  • 3/14 en lanzamientos triples.

Y es que, no es que fuese una caída paulatina. Su efecto fue inmediato. En el segundo cuarto, la primera canasta de los locales llegó a falta de 2:57 para llegar al descanso. En este segundo parcial de 10 minutos, tuvieron un 2/13 en tiros de campo. Mientras el F.C. Barcelona, excelente en su balance defensivo, en parar a Lafayette otra vez (un 5/17 en tiros en lo que llevamos de serie), en poner a Lorbek para mejor circulación de balón, se iba ajustando en la pista. Momentos precisos, de buen baloncesto. Jugar con los pívots, balones dentro-fuera, inversión al otro lado para lanzamientos en cómodas posiciones, aunque sus tiros tampoco entrasen. Valencia Basket, con raza y un esfuerzo defensivo supremo, logra mantener la delantera al descanso (31-28).

Velimir Perasovic apuesta con sus jugadores el todo o nada. Sube líneas en defensa, ordena la zona 1-3-1 con Lucic muy arriba presionando al base rival y exprime los últimos alientos de los suyos en esfuerzos defensivos que por momentos, funcionan. Xavi Pascual debe solicitar tiempo muerto y pedir calma a sus jugadores, enfrascados en una ansiedad en ataque que no les llevaba a ninguna parte. Los valencianos, por contra, deciden apostar con el triple. Sin apenas pívots, con el voluntarioso Juanjo Triguero como único hombre alto claro durante muchos minutos, porque Lishchuk con problemas de faltas y Doellman, hecho un “cristo” aquejado de todo tipo de problemas físicos, siguen apostando fuerte por el triple. No les entran, pero al menos conjugan el “no hay dolor” en defensa y sostienen el marcador.

Con canastas a cuentagotas. Lorbek en un par de suspensiones, Papanikolaou con un triple desde la esquina que celebra como muestra de un abrelatas para la 1-3-1. Una entrada cargada de potencia de Lucic o una continuación de Juanjo Triguero, una canasta de Tomic forzando falta tras balón doblado de Navarro. Fueron tan contadas las canastas, tan, tan costosas, que no es difícil memorizarlas. Y así, entre todo este drama, se llegó a los minutos finales. Y es loable ver hasta dónde llega la capacidad mental. Cómo ante la mayor extenuación llegaron los aciertos. Dar paso a la belleza entre tales tintes trágicos. El último, el de Ante Tomic y su canasta final. La definitiva, la del 0-2. La del pasaporte hacia la tierra prometida…de momento, en el Palau.

Crónica del 1º Valencia Basket-F.C. Barcelona de semifinales