De Padres a hijos: Unicaja ficha a Kyle Wiltjer, menos estatura y más talento que su padre, el ex azulgrana Greg

De Padres a hijos: Unicaja ficha a Kyle Wiltjer, menos estatura y más talento que su padre, el ex azulgrana Greg
Kyle Wiltjer con nuevo destino: Málaga.

Antonio Rodríguez

Viéndole jugar en la universidad de Gonzaga, las habilidades de Kyle Wiltjer jugando al baloncesto, nos decían que este chaval acabaría recalando en el baloncesto europeo. ¿En España? Por esas cosas del cariño que tenemos a estos jugadores cuyos padres han militado en nuestra Liga Endesa, en verdad que lo deseábamos.

Kyle Wiltjer con nuevo destino: Málaga.

            Kyle Wiltjer (2,08 de estatura) era demasiado delgado y con una lateralidad en sus piernas que no se correspondía con la mejor liga del mundo. Siendo estrella de high school, con tres títulos estatales conseguidos en la Jesuit High School de Oregon, el honor de estar enla élite como McDonald’s All American, el canadiense lo pasó mal en Kentucky, precisamente por estar rodeado de enormes talentos físicos. En 2011 se presentó en el campus de Lexington junto a Anthony Davis, Michael Kidd Gilchrist y Marquis Teague como rutilantes novatos, junto a los Dorom Lamb, Terrence Jones y Darius Miller que ya formaban parte del equipo. Y John Calipari, entrenador de pocas rotaciones al que le gusta centrarse en los jugadores con claro recorrido NBA, les hizo ganar el título de la NCAA, pero su futuro se complicó como para llegar a pedir el transfer.

 

Y llegó a Gonzaga y lo hizo con halo de estrella. Y lo fue a nivel numérico en su primer año, pero resultó que la universidad reclutó al mejor jugador del equipo ese mismo verano…y tenía la misma posición que Wiltjer, la de ala-pívot: Domantas Sabonis salía desde el banquillo, pero al hijo de Arvydas se les veía unas claras maneras de vivir muchos, muchos años en NBA. Aun así, Kyle fue la estrella. Y si no, miren estas estadísticas de los dos años que pasó en Spokane.

      

            Su máximo valor era el porcentaje de triples (vean qué números). Para su posición de “4”, esa faceta se ajusta perfectamente en el actual baloncesto europeo. Rápido en transiciones, el que no sea un gran reboteador, no le quita un ápice de valor a lo que puede dar en ataque. Su primera experiencia en Olympiacos, tras jugar 14 partidos con Houston Rockets, le vendrá muy bien para quitarse ese “sarampión del rookie”. Y estamos convencidos que su ex compañero Domas Sabonis le habrá instruído bien sobre las excelencias malagueñas, la ciudad, la cordialidad de la gente, el grupo de compañeros que allí se encontrará y lo que significa para un jugador de Unicaja, el día a día cotidiano por sus calles. Le encantará.

 

Greg Wiltjer y su mejor faceta, la defensa. Aquí, taponando a Wayne Robinson.

            Y tenemos en mente la alargada sobre de un tipo entrañable como fue su padre, Greg Wiltjer. Aíto García Reneses viajó a Los Angeles en el verano de 1984, a presenciar los Juegos Olímpicos, aquellos de “la plata de todos”, como fin a una tournée estadounidense, quedándose en la agenda con los dos pívots titulares de la selección de Canadá, que sorprendió llegando a semifinales: a Gerald Kazanowski lo fichó aquel mismo verano y al siguiente, al center Greg Wiltjer (2,10). Cierto es que al padre de nuestro protagonista, a Aíto le hubiese gustado tenerle unos años más tarde, con más experiencia, pues con 24 años había tenido aún poco rodaje en Europa. El que no cuajase el fichaje de un ilustre NBA como Swen Nater, que por no confesar que había dado el “sí” a dos clubes (tanto al F.C. Barcelona como la continuidad al Australian Udine), su agente le aconsejó una curiosa treta, saliendo con algo así como que había tenido una aparición divina que le aconsejaba no jugar en la Ciudad Condal, provocaron luz verde en la segunda opción. Y llegó Greg Wiltjer.

 

            Grande, imponente, intimidador, notable taponador y excelso reboteador, su gancho perfectamente ejecutado era de los pocos movimientos con los que contaba en ataque, al margen de lo que arañaba tras capturar rechaces ofensivos. No tenía mucho más repertorio, menos talento en ataque que su hijo. Claro, que a Aíto inicialmente no le importaba, puesto que para cañoneros, ya contaba con el trío Solozábal-Sibilio-Epi y en la recámara, al estadounidense Steve Trumbo, esperando la nacionalización española tras contraer matrimonio con una vallisoletana. Como tales trámites burocráticos se alargaban, al final se decidieron por hacer el canje y que Trumbo fuese quien finalizase la liga. Algo más anotador, consumado reboteador, más experimentado y conocedor de nuestra liga. Como guinda y ejemplo de profesionalidad, una vez sustituido en la competición doméstica, Greg Wiltjer selló una excelsa final de Recopa en 1986 ante la Scavolini Pesaro, con 14 puntos y nada menos que 18 rebotes, corroborando su valía. Estos fueron sus números en la Liga Endesa de aquel ejercicio liguero 85/86:

           “Fue un año inolvidable el que pasamos Carol -la madre de Kyle- y yo allí. El Barcelona tenía grandísimos jugadores y eran excelentes personas. Ganar la Recopa fue lo mejor que me sucedió aquel año”. Mientras Carol, su pareja, aprendía a hacer tortilla de patatas y lo intentaba con las paellas, Greg, todo un caballero, entendió el relevo por Trumbo. “Después me arrepentí de no decir lo que realmente sentía. Me hubiese gustado seguir, porque en Barcelona, la vida era maravillosa”.

 

Greg confesó que estuvo a punto de recalar en Badalona en el verano del 86, pero diferencias económicas le hicieron que cambiase Barcelona por Madrid, a unirse al ambicioso proyecto del Cajamadrid en 1ª B para ascender. Pero aquella temporada en Alcalá de Henares fue un manual de cómo no hacer las cosas, algo que Wiltjer ni quiere recordar. “No acabé nada satisfecho. Tuve problemas con el entrenador y de la directiva solamente se oían comentarios cuando las cosas iban mal. Y encima, si me quejaba, me decían que yo debía ser un profesional y acatar”. Cinco años después y tras una larga travesía en Grecia en el Aris Salónica de Gallis y Giannakis, volvió a nuestras fronteras, para fichar por Argal Huesca en la 92/93. Profesional, esforzado y entregado a cada partido. Con el talento ofensivo con el que cuenta su hijo Kyle en la actualidad, si se suman estas cualidades de su padre, en Málaga estarán más que contentos con su rendimiento. “De padres a hijos”, ya ven. El apellido Wiltjer vuelve con nosotros.