De padres a hijos: Tim Abromaitis, el 'meal-ticket' de Iberostar Tenerife, renovado

De padres a hijos: Tim Abromaitis, el 'meal-ticket' de Iberostar Tenerife, renovado
Abromaitis

Antonio Rodríguez

Es como la columna vertebral del quinteto en pista, el tipo que jugando bien, hace que todo fluya en Iberostar Tenerife. Tim Abromaitis acaba de ser renovado por su club en una extensión a su contrato de dos temporadas más, lo que a este estadounidense de Connecticut, afincado en La Laguna desde el verano de 2015, le da la tranquilidad de seguir jugando al baloncesto en un lugar donde se siente realizado. Él fue uno de los que arrimó el hombro para el excelso final de temporada regular de los tinerfeños. De los que respondió a las tres derrotas consecutivas con un final de cinco victorias en las últimas seis jornadas (y un 50% de porcentaje en triples en esa racha)  con el pasaporte añadido para el Playoff un año más. 

Tim Abromaitis, dos años más en Tenerife (ACB Photo / Emilio Cobos).

 Tim, simplemente, ha encontrado su sitio en este equipo, en esta ciudad. Para las prioridades que han ido necesitando los compañeros que ha tenido a su alrededor, desde las órdenes y mandatos de Alejandro Martínez, Txus Vidorreta, Nenad Markovic y Fotis Katsikaris, su tipo de juego no solamente reportaba estadísticas individuales (un nada desdeñable 46% en triples durante las 34 jornadas ligueras, 6º en el global de toda la Liga Endesa), sino también que ayudaba a optimizar el juego de sus compañeros. Su velocidad en transiciones, su movilidad y sus altos porcentajes de tres, le han hecho hacer la vida más fácil al resto, ya sea a los bases, por su permanente amenaza como foco para un posible tiro exterior al recibir tras bloqueo, como por la misma amenaza, crear espacios a un Mike Tobey que ahora se rifan en la competición por sus grandes prestaciones. Es el ticket de comida: cuando él funciona, todos comen.

Jim Abromaitis, temporada sin suerte en el Real Madrid. 

Abromaitis (10,2 puntos, 50,6% en tiros de campo y 4,6 rebotes) es además, uno de esos casos que vienen desde fuera y cuyo apellido nos suena familiar. De los que nos hace especial ilusión, porque su padre estuvo por aquí, otra época en la que nos sabíamos de carrerilla la lista de estadounidenses que pasaban por nuestra liga. Jim Abromaitis aterrizó en el Real Madrid en el verano de 1980 con la ingrata tarea de hacer olvidar a Walter Szczerbiak, mito y leyenda del club tras 7 años de estancia. Lolo Sainz, entrenador blanco por aquel entonces, en su gusto por contratar jugadores polivalentes que supiesen ser aleros y por corpachón, poder jugar como ala-pívots también, contrató a Abromaitis para competición europea, en esas normas de la época en la que cada club podía jugar en liga con tan sólo un extranjero, añadiendo uno más, para formar la pareja, en Copa de Europa. Una contrariada lesión del “otro” americano, Randy Meister, en un torneo de pretemporada en Ferrol, hizo que el padre de Tim comenzase la liga con el Real Madrid en las primeras tres jornadas.

La mentalidad del baloncesto español entonces era que el americano tenía que anotar 25 puntos y coger 12 rebotes. Abromaitis, jugador de equipo, voluntarioso en ayudar a sus compañeros en defensa, en sacrificarse por el rebote y tirar cuando estuviese abierto (su juego lo pudiéramos asimilar hoy día al de Janis Timma, más o menos), no destacaba por sus números, biblia por la que todos nos regíamos y sí por el juego de equipo. Y tras acabar las 10 jornadas de fase final de Copa de Europa, sin que los blancos llegasen a al final en un año bastante decepcionante (más lo fue aún la liga doméstica, donde acabaron con 8 derrotas, algo inédito), se le dijo adiós. En el baloncesto de hoy día hubiese tenido un hueco y preferencia de muchos entrenadores por el “hacelotodo” que le avalaba. No en 1981.

 

Los tiempos cambian y las prestaciones de su hijo Tim, que iniciará su cuarta temporada con los aurinegros, es tan valorada como para asegurarse sus servicios dos años más. Ya saben, la garantía del “meal-ticket” cuando él juega.