1969: Madridistas y moscovitas... en Barcelona

1969: Madridistas y moscovitas... en Barcelona

Antonio Rodríguez

Tras presenciar el encuentro semifinal de la Euroliga entre Real Madrid y CsKA Moscú, en Endesa Basket Lover destacamos este enfrentamiento de la XII Final de la Copa de Europa entre ambos conjuntos, disputado en el Palacio de los Deportes de Barcelona. Dos prórrogas y parte de la historia. .

El Real Madrid vivía sus mejores años. Era Abril de 1969 y se disponía a jugar su tercera final de Copa de Europa consecutiva. La “generación ye-ye”, la de Brabender y Emiliano, la de aquel mocetón llegado de Estados Unidos llamado Clifford Luyk, el mismo que al pedir la nacionalidad española en la embajada americana, se ofendieron porque no entendían su decisión. 

TsKA Moscú, campeón de Europa.

El Madrid de aquel recién llegado, Vicente Ramos, cuyo talento aterrizada desde Estudiantes y rejuvenecía las arterias blancas y que para los soviéticos, en boca de Vladimir Andreev era “aquel base pequeño, pero tan duro, no me acuerdo cómo se llama”, junto a Vicente Paniagua, Cristóbal Rodríguez o Toncho Nava. Lolo Sainz y Sevillano ya eran historia.

Emiliano, recibiendo una pantalla de Luyk. 

El Madrid de Miles Aiken, pívot de enorme categoría, el héroe de Lyon un año antes, tras ganar al Spartak de Brno, pero que en aquel 1969 de revueltas estudiantiles en Harvard, de la celebración de Woodstock, de la retirada de las tropas españolas de Ifni y de la llegada de Richard Nixon a la presidencia, tenía las de perder en su enfrentamiento con el entrenador. Porque quien mandaba en la Casa Blanca, directivos al margen, era Pedro Ferrándiz.

Pues aquel Real Madrid, el que paseaba su caché y su chaqué por canchas españolas, tenía un 24 de abril el compromiso de disputar su tercera final de Copa de Europa consecutiva, ante el TsKA Moscú.  ¿Escenario? Barcelona.

La decisión de Raimundo Saporta, el más alto mandatario de la sección blanca de baloncesto (y de muchas más cosas), junto con la insistencia de Juan Antonio Samaranch, por aquel entonces Delegado Nacional de Educación Física y Deportes, trajeron tal evento a España. Pero claro, no podía ser Madrid. El otro ofrecimiento fue la Ciudad Condal, que en su Palacio de los Deportes acogió un capítulo más en la historia del baloncesto. Y menuda historia.

Los moscovitas contaban con el grueso de la selección soviética, puesto que ya era el equipo de ejército, y todos eran reclutados más pronto que tarde: el veterano Guennadi Volnov, Yuri Selikhov, el gigante Vladimir Andreev, su pareja interior Jaak Lipso o un joven muy pujante llamado Sergei Belov eran las estrellas de una nación que se aunaban en tal club. Y su entrenador, el mítico y genial base Armenak Alatchachan, un discípulo del viejo "zorro plateado" (ni tan viejo, ni tan plateado por aquel entonces) Alexander Gomelski, que aún así, maniobraba desde la sombra...y desde el banquillo.

"Yo no estaba de acuerdo que la final se disputase en Barcelona. Es España y eso no es campo neutral", reconoció Gomelski comentar en su momento a William Jones, secretario general de la FIBA."No te preocupes. Es Barcelona. Ya verás como os acaban animando a vosotros" me dijo. ¡Y era verdad! Entendí entonces la rivalidad entre Barcelona y Madrid".

Guenadi Volnov, lanzando ante Luyk.

Pues sí. Era Barcelona, pese a la extrañeza de algunos. Más en concreto, el Palacio de los Deportes de Montjuic, aquella sede que vestimos de gloria cuatro años después, cuando la Selección Española consiguió la medalla de plata del Eurobasket'73, tras derrotar a la URSS en semifinales. Aunque el escenario, aún no estaba tan engalanado. "Entre otras cosas, la pista aún era de cemento", recuerda otro componente de las jóvenes huestes madridistas, Vicente Paniagua.

Sobre el apoyo o no del público, muchos lo vieron de manera muy diferente. La crónica de Manuel Espín en el diario “Mundo Deportivo" difiere mucho de otras opiniones:

"La final contó, en efecto, con un marco brillante, formado por un público que se volcaría hacia el equipo madridista con un fervor y una entrega que los mismísimos socios del Real Madrid no habrían conseguido superar (...) La afición catalana, como esperábamos todos, supo estar a la altura debida haciendo honor a la confianza que nuestros poderes deportivos habían depositado en ella. El jugador número seis respondió plenamente..."

Pedro Ferrándiz reconoce que animaron a los rivales todo el partido, más incluso que en el propio Moscú. No esperábamos menos de Don Pedro.

"Saltan los equipos a la cancha y ya la gente empezó a gritar TSKA, TSKA. Y eso solo fue el principio", confirma Justo Conde, secretario de dirección del diario barcelonés "Dicen" y responsable de la sección de baloncesto.“Sobre todo la gente se encrespó aún más con las decisiones de aquel árbitro yugoslavo, Belosevic, que descaradamente pitó a favor del Real Madrid".

Periodista de Barcelona, le pareció impropia la actitud del aficionado allí congregado."El caso es que a partir de ahí, cuando iba por el Palau, algunos me increpaban por haber escrito eso. En fin".

Ni tanto, ni tan calvo, según otros."El público sí nos apoyaba", recuerda Vicente Paniagua,"pero es verdad que al final, con las polémicas decisiones arbitrales, se encendió y empezó a animar a los soviéticos".

El caso es que el Real Madrid ya había ganado en Moscú por 11 puntos. “También nosotros les ganamos en Madrid. Además, allí nosotros no jugamos normalmente, no encontramos nuestro lugar en la pista. Además, teníamos varias bajas que nos lastraron” recordaba el 2,17 de Vladimir Andreev. 

Sergei Belov aprovecha el bloqueo de Lipso 

Gran victoria que algunos recordaban por todo lo que les sorprendía alrededor. "Tras la llegada a Moscú y al hotel en concreto, nos hicieron una recepción con una cena".Primeros recuerdos de Vicente Ramos por Europa en sus primeras expediciones con el Real Madrid. "Y lo que me llamaba la atención era un bol inmenso lleno de caviar. Yo no había visto tanto caviar junto en mi vida. Luego, conseguíamos latas de hasta dos kilos. Pero aquello..."

En verdad que el partido del Palacio, esta final de la Copa de Europa fue memorable. Debieron disputarse dos prórrogas para que el TsKA saliera como vencedor y campeón de Europa (99-103). Encuentro que en la primera mitad dominaron los soviéticos por diferencias de unos 6 puntos, aunque un arreón del Real Madrid los llevó a dominar al descanso (45-42), meritorio viendo los problemas que tenían Luyk y Aiken en la zona ante Andreev

En la reanudación, los blancos tenían la delantera a costa que Brabender, Luyk y Ramos se cargasen de personales. Con 75-71 en el marcador, en los últimos dos minutos, se produjo la eliminación de Clifford Luyk. ”Para mí, es el cincuenta por ciento del Real Madrid” en palabras de Andreev. “Un gran jugador. Su eliminación por cinco faltas nos favoreció, a mí principalmente, pues me pude desenvolver con mayor tranquilidad bajo tableros y convirtiendo cinco canastas consecutivas que quizás, con él en pista, no hubiese conseguido”. Una arriesgada entrada de Emiliano ante Andreev, que le forzó un mal tiro, capturó el rebote ofensivo y lanzó el pase de contragolpe para la canasta de Lipso, empató el encuentro a 81.

El tiempo extra fue agotador, sobre todo para un Real Madrid que basaba gran parte de su juego en los contragolpes. Emiliano, 42 minutos jugados; Ramos, 49;  Aiken y Brabender, los 50, tuvieron la ayuda desde el banquillo de los 12 minutos de los “pipiolos” de la plantilla: Cristóbal Rodríguez y los 8 de Toncho Nava

Vladimir Andreev, el héroe de la final

"Jugábamos con 5 jugadores. No había rotaciones. Y siempre recuerdo que Ferrándiz le decía a Luyk que '¡no cometas la cuarta!'. No hablo ya de la quinta, sino la cuarta falta", afirma Vicente Paniagua, ausente en esta final. El desgaste que sufrió el Real Madrid en la lucha por los rebotes, con Luyk y Aiken sobre las torres rivales -Andreev fue el primer pívot europeo rápido y coordinado de Europa, con sus 2.17 de estatura, capaz de taponar hasta en cuatro ocasiones en la misma jugada, como muestran algunas filmaciones de este encuentro-, para poder asegurar el rebote defensivo y poder correr, fue brutal. Con Luyk eliminado, junto al mencionado Andreev, Guennadi Volnov y Jaak Lipso -"un Robertas Javtokas de la época"según Vicente Ramos, tuvieron su trabajo mucho más cómodo.

"Hemos vencido porque teníamos ocho jugadores. Ustedes tienen cinco."Así de explícito se mostraba Alatchachan, orgulloso de aquel preciado trofeo en sus primeros años como entrenador."Mantuve el trío base, Andreev-Belov-Kapranov, y con los otros dos puestos, fui rotando con cinco hombres del mismo valor".

La polémica y las iras del público vinieron cuando a un balón que perdió Vicente Ramos a 25 segundos del final de la primera prórroga, fue robado por Sergei Belov y pasó a Lipso, para que solo ante el aro machacase. Y se anuló por parte del colegiado Pythoud la canasta, sin tener nada claro aún por qué, lo que a partir de ahí, los aficionados asistentes se decantaran claramente por el TsKA Moscú. Así, con empate a 93, se llegó a la segunda prórroga. En ella habría que destacar una jugada, un fallo bajo el aro de Miles Aiken, haciendo perder todas las posibilidades de victoria a los blancos. Jugada que quedó marcada para muchos y de las situaciones que Vicente Ramos recuerda con más claridad:"Je, je. Fue la sentencia de Aiken. Ferrándiz no se lo perdonó".Las malas relaciones aquel año explotaron en esa jugada. Ferrándiz reconoce con el tiempo que hubiesen limado asperezas si se hubiese ganado aquel trofeo. Pero nunca con esa jugada. Miles Aiken, santo y seña del club madrileño durante varios años, se despedía así del club blanco para emigrar a Nápoles un año después. "Perder esa final nos hizo mucho daño. Piensa que hubiese sido la tercera Copa de Europa consecutiva conquistada -llevaban ya 4 en las 11 ediciones disputadas-. Hubiésemos seguido en lo más alto. Sin embargo, ya no llegamos a una final hasta 1974, en Nantes". reconoce Ramos con cierta amargura.

El partido finalizó con el marcador de 99-103 y el título para los soviéticos del TsKA Moscú en la ciudad donde nació el baloncesto en España.

 

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