HACE 30 AÑOS… Cap.18: Final Four

HACE 30 AÑOS… Cap.18: Final Four

Antonio Rodríguez

Regresamos una semana más con nuestro serial 'Hace 30 años...' en el que repasamos algunos de los episodios más importantes de la historia de nuestro baloncesto. No te pierdas detalle del diario de lo que ocurrió justo hace 3 décadas ni tampoco del episodio dedicado a la Final Four

-          Sábado, 30 de mayo. En las semifinales ligueras, F.C. Barcelona y Real Madrid se imponían en los primeros partidos a RAM Joventut y CAI Zaragoza, respectivamente: 97-74 y 93-84 fueron los marcadores correspondientes.

-          Lunes, 2 de mayo. El día festivo en Madrid acabó en tragedia. Vale que en el segundo encuentro de semifinales, el Real Madrid venció con la piel de los dientes al CAI Zaragoza (89-88), pero pagó un precio muy caro: grave lesión en la rodilla de Fernando Romay al caerse sobre él Biriukov en un lance del juego. A falta de pruebas, la lesión tiene muy mala pinta.

-          Por otra parte, el RAM Joventut dio la campanada y venció en el Palau al F.C. Barcelona (80-90). Una renta de 10 puntos al descanso, la supieron mantener con los 17 puntos de Montero y Margall. Los 27 de Epi, no sirvieron de nada. Empate a uno en la eliminatoria y los dos próximos choques, en Badalona.

-          Martes, 3 de mayo. La empresa láctea Puleva, será el próximo sponsor para el Oximesa de cara a las tres próximas temporadas, lo que ayuda algo más a las arcas del club que continuará en ACB el siguiente curso.

-          El primer equipo NBA en clasificarse para semifinales de conferencia, son Los Angeles Lakers, que derrotaron a San Antonio Spurs (107-109), zanjando así la eliminatoria por 3 victorias a 0.

 

 

Un gran acontecimiento: la Final Four

Vientos de cambios acechaban en el baloncesto de nuestro continente en plena ebullición, que daba pasos agigantados y donde se encontraba con unos jugadores y una rivalidad entre equipos, como quizás nunca había visto antes. Añadan a la ecuación, una cercanía de la NBA como tampoco se había visto antes. Sus partidos se veían de manera regular en diversos países, nuestros periodistas viajaban a sus canchas e incluso, jugadores nacidos y formados aquí, habían jugado ya allí. Y lo más importante: en las agendas de sus franquicias, había numerosos nombres europeos con vistas a un futuro mucho más próximo de lo que pensábamos. Su comunión se había instaurado meses antes, con el Open McDonald’s y se tenía muy claro que los profesionales (NBA) jugarían competiciones FIBA más temprano que tarde. El verdadero salto y la revolución sin precedentes, era este. Entre el oleaje, en 1988 apareció la Final Four en Europa.

No fue la primera Final Four de la historia, pues a mediados de los 60, hubo dos iniciativas de la Federación Internacional a rematar la Copa de Europa con tal formato, una de ellas, por cierto, en Madrid. En 1967, junto a Simmenthal Milán, Slavia de Praga y Olimpia Ljubljana, el Real Madrid se proclamó por tercera vez campeón de Europa. A Raimundo Saporta entonces, le sonaba atractivo el hecho de alojar a los cuatro mejores en una sede, porque sobre todo se ahorraban costes. No tuvo continuidad y se quedó en un atractivo festín que se perdió en el tiempo. Con lo que no andaríamos muy errados si decimos que en la temporada 87/88, la FIBA instauró en Europa la primera Final Four… para quedarse. Un proceso más en el frenético ritmo en el que cabalgaba el baloncesto en el Viejo Continente.

La propia Copa de Europa estaba en proceso de metamorfosis también. De la liguilla de cuartos de seis equipos y final, se había pasado a ocho y la instauración de Final Four, para erigir campeón. Pero el secretario general de la FIBA, Boris Stankovic, quería algo más. Tal formato se quedaba corto. Buscaba ampliar fronteras y si fuera necesario, echar mano de más de un equipo por país. Voces se alzaban ya en busca de una verdadera Liga Europea y varias propuestas en firme, una de ellas desde Milán, habían hecho eco aquellos días. Compaginando con las competiciones domésticas, pero con ramalazos que, lo que de verdad importaba, era esa Liga Europea (¿les suena?). No adelantemos acontecimientos, que poco más tarde llegaría una buena bolsa de novedades por este camino.

La ciudad belga de Gante sería la sede de esta primera Final Four. Como era habitual en los escenarios FIBA, ciudades extrañas a ojos de hoy día, en el que se buscaba, en pos que nadie saliera beneficiado, la mayor neutralidad en la sede. Ginebra, Budapest, Colonia o Berlín lo fueron de finales anteriores. Si observan ciudades de años venideros de esta Final four, eran todas de este corte (Munich, París o Estambul, antes que los turcos llamaran a la élite), a lo sumo en el país de uno de los candidatos, pero nunca en su ciudad (Zaragoza, Atenas). Eso sí, a pesar de ser Gante, se sacó tajada económica como resultado de su éxito. Entre taquillas y derechos de televisión, la organización se embolsó 50 millones de francos (algo más de un millón de euros actuales) y los teóricos 35.000 marcos alemanes (unos 12.000 euros) que recibiría con las previsiones iniciales cada uno de los cuatro equipos cualificados, acabaron disparándose en una mayor tajada -para lloro y lamentos de los azulgranas-. Y es que eso lo daba el que viajaran dos mil aficionados italianos, unos dos mil también macabeos…y la diferencia respecto a otras galas, casi cinco mil fanáticos griegos, como para llenar los diez mil asientos del recinto en la Expo de Gante. Sí, con la incursión de estos últimos, se predecían nuevos aires de cambio también entre los aficionados.

Greg Wiltjer no pudo en la zona con los italianos en semifinales.  

 

Grecia y Yugoslavia, Aris y Partizán, potencias en un nuevo escenario

Aparecieron como el estruendo de un portazo. El título continental de la selección griega el pasado verano había despertado -y de qué forma- la fiebre de un país por el baloncesto. Y su club más representativo, Aris Salónica, en su primera prueba a estas alturas, era una muestra más. Intratables en casa a lo largo de la liguilla, sus fans quisieron que se sintieran como tal y se adueñaron del pabellón con sus gritos y pancartas (eso sí, sin altercados destacables). Nikos Gallis y Panagiottis Giannakis tiraban de un carro que, para muchos, jugaría la final de esta Copa de Europa. Tipos así, con su espíritu ganador, coparon muchas quinielas en el favoritismo general.

Y por otra parte, el Partizán Belgrado, la nueva esencia yugoslava. Sus jóvenes jugadores (Aleksandar Djordjevic, Zarko Paspalj, Miroslav Peckarski o Vlade Divac), eran ya para el aficionado fuera de sus fronteras, más conocidos como internacionales en la selección, que en su club. Pero su abordaje en el continente esta campaña, les hizo arrasar y dejar la impronta de una superioridad -líderes en la liguilla previa- que pretendían continuar en Gante, buscando acabar la faena y ser campeones. Como dijimos en el anterior capítulo, eran una nueva ola con jugadores mas altos, más rápidos, más fuertes, más sabios. Por supuesto que habíamos visto antes, especímenes como estos. Kresimir Cosic asombró al mundo veinte años antes, Anatoly Myshkin era la gracilidad personificada en un alero de 2.07 de estatura durante finales de los 70… pero, en diferentes países en distintas épocas. Y todo ese talento en semejante proporción, se había reunido con la misma edad en una sola plantilla bajo el escudo del Partizán, para dejar boquiabierto al personal.

Ken Barlow y Bob McAdoo, ex compañeros, luchando en la final.

Ambos equipos, favoritos para la mayoría, minimizaban las aspiraciones -en los aficionados, repetimos- de los veteranos Tracer Milán y Maccabi Tel Aviv, el baloncesto ya conocido e instaurado, el “lo de siempre” en Europa. Curioso era ver que los finalistas del año anterior, fueran arrinconados en las preferencias. Ya ven. Ambos tuvieron la oportunidad de mostrar quiénes eran, porque en la primera semifinal se presentaba el Maccabi ante Partizán.

Y nos dimos cuenta hasta qué punto cuenta la experiencia, sobre todo en choques igualados, cuando están títulos en juego. Partizán Belgrado se mantuvo en la primera mitad porque Goran Grbovic acertaba de tres en tres (3/4 en triples en los primeros 20 minutos) y porque su defensa se cerraba de una manera grotesca con sus rivales, a excepción de la marca al gran tirador, Dorom Jamchi, que tampoco estaba cómodo. Los bases macabeos eran dos tiradores muy discretos -Chen Lippin como Moti Aroesti- y Djordjevic, descaradamente iba a ayudar a los pívots, flotándoles con exageración. Sin embargo, poco a poco, Kevin Magee se fue adueñando de la zona. Si los pívots rivales superaban los 2,10 de estatura, él, con sus dos metros, hacía su trabajo, con suspensiones, protegiendo con su cuerpo los tiros, arrancando faltas… El tema es que un virtuoso como Vlade Divac, se notaba demasiado bisoño todavía y picaba en todas las fintas y trampas (con un buen arbitraje del español Vicente Sanchís y Ludomir Kotleba, por cierto). Y en ataque, en vez imponer su altura, decidía irse por habilidad, más que por empuje, de sus pares. Y no le resultaba. Zarko Paspalj tomaba protagonismo, pero forzándole a lanzar suspensiones exteriores, estuvo más fallón de lo habitual (6/15 en tiros para 16 puntos).

Del 44-43 con el que los serbios se fueron por delante al descanso, en la reanudación vieron cómo Grbovic ya no afinaba tanto (2 de 9 en triples en esta 2ª parte), con lo que ya no tenían ese sustento exterior. Ahora sí Divac comprendió que las finales se ganan más por intensidad que por habilidad, y comenzó a fajarse de verdad en la zona (21 puntos y 11 rebotes). Y mantuvieron las tablas, hasta que cometió la quinta falta personal, cuando restaban más de cinco minutos para la conclusión (77-71 en contra). De sus lamentos se pasó al dominio aplastante de Magee (34 puntos 13 rebotes) sin tal sombra amenazadora, dos triples consecutivos de Jamchi y el camino expedito hacia la final (87-82). Los cinco mil griegos que llenaron con sus “Aris, Aris” todo el recinto, vieron sorprendidos, que los experimentados israelitas volvían a una nueva final. Pero en el fondo, lo que importaba a los escandalosos de las pancartas amarillas con dibujos de guerreros, era el siguiente enfrentamiento.

Este Tracer Milán – Aris Salónica tuvo el mejor y más infernal ambiente (curioso que no sean ambas expresiones antónimas en este caso) en un más que notable partido de baloncesto. Nikos Gallis fue cogido en la marca por Mike D’Antoni, sabiendo que un puñado de sus puntos procedían de todo tipo de ayudas previas –“puertas atrás” y bloqueos-, con lo que procuraba que recibiera las menos veces posibles. Y si no, que cogiera el balón lo más alejado del aro. Y funcionó, porque Gallis, a pesar de algunas canastas milagrosas de las suyas, se quedó en unos discretos -para él- 28 puntos. Rickey Brown, la pareja interior de Meneghin en la Tracer milanesa, hacía un excelso trabajo en la zona (28 puntos y 12 rebotes) sin que el ex barcelonista Greg Wiltjer le pudiera detener. Motivos para ir decantando.

El MVP de la Copa de Europa, Bob McAdoo. Un portento 

Sin embargo, para quien los griegos no tuvieron vacuna ni remedio, fue para detener a Bob McAdoo. La exhibición en duelo anotador junto a Gallis en los últimos minutos de la primera mitad, fue de antología. El veterano estadounidense, tres veces máximo anotador de la NBA, con sus 2.06 de estatura y su extraño y arqueado lanzamiento a 4-5 metros, nunca tuvo oposición ni rival que entorpeciese su tarea. Sin estridencias, poco a poco iba dando pequeñas rentas a los suyos, porque no fallaba (39 puntos, 17/28 en tiros de campo, 14 rebotes). Gallis apenas lanzó en los primeros minutos de la reanudación y tras el 45-45 al descanso, los italianos entrenados por el joven Franco Casalini (37 años), fueron cimentando el triunfo (59-51) entre los cada vez más altos gritos en la grada de “¡Doo, Doo, Doo! ¡McAdoo, Doo, Doo!”. Lanzados los griegos a la desesperada desde que restaban 9 minutos, llegaron a ponerse 73-70 y la algarabía helena explotó de nuevo. Pero ahí entraba la tranquilidad y veteranía italiana -que de eso, sabían bastante-, para notar que sus rivales estaban ya agotados físicamente y asestar golpes cuando era pertinente, para llegar al definitivo 87-82. 

Tracer Milán y Maccabi Tel Aviv repetían la historia del año anterior, disputando la final. La historia europea, ya ven, era terca y no quería desprenderse de sus pilares. Eso sí, lo de Partizán y los yugoslavos, lo de Aris y el baloncesto griego, fue el primer aviso de lo que se avecinaba. Que se atasen los machos el resto.

 

TRACER MILÁN, ESOS VIEJOS CAMPEONES

“Todo el mundo decía que éramos demasiado viejos, que estábamos acabados, que no teníamos nada que hacer en la Copa de Europa. Incluso nos descartaban para la Final Four. No éramos lo suficientemente buenos para estar allí, decían. Ni siquiera eso”. Que a alguien como a Bob McAdoo, que lo había vivido y ganado todo (dos títulos NBA con los Lakers en 1982 y 1985), le dolieran aquellas previsiones, muestra el marcado carácter ganador y sobre todo su implicación en nuestro baloncesto europeo. Nunca nadie con su historia había llegado a nuestras pistas. Veteranos, ya de vuelta, hubo muchos. Manteniendo su estampa de eternos ganadores y plasmarlo aquí, muy pocos. Robert Allen McAdoo era el máximo exponente de todos ellos. Llegó, vio y venció. En 1987 aupó a los milaneses al mayor cetro. Junto a él (36 años), se dio cuenta que tenía un ramillete de veteranos con tanta ilusión y la misma ambición por ganar (Mike D’Antoni, 37 años. Dino Meneghin, 38), máxime en un año en el que parecían descartados de antemano.

Mike D'Antoni, el maestro en pista. 

Pero fueron sus rivales, Maccabi Tel Aviv, quienes en la final, dieron primero. Dorom Jamchi, discreto en semifinales con 8 puntos, comenzó anotando 10 de los primeros 15 puntos en los suyos. Franco Casalini ideó una zona 2-1-2 para detenerles y se veían totalmente desarbolados por el acierto de la gran ametralladora macabea e impotentes al ver que los rebotes largos, nunca caían en sus manos. Tiempo muerto, vuelta a individual y parcial de 7-2 para ajustar en un 11-13.

A grandes rasgos, nuevamente se aprecia que McAdoo podía ser la clave de nuevo (25 puntos, posterior MVP de la Final Four). Jamchi, poco esforzado defensor e inferior físicamente a la estrella americana, no podía sujetarle. No tenían herramientas físicas para ello. Aunque la pesadilla para el equipo de Ralph Klein, vino por otra parte. La pareja arbitral designada para la final fueron el polaco Zych y el ruso Davidov, quienes arbitraron la segunda semifinal también. Justo, justo los que -todos sabíamos de antemano- más picarían en las tretas y más “receptivos” estaban en premiar al hoy llamado “flopping” italiano. Roberto Premier salía despedido en la lucha por los rebotes, empujado por “extrañas fuerzas externas”. Meneghin, tres cuartos de lo mismo, se veía lanzado en el suelo, porque agarraba del brazo de su rival y provocaba el desequilibrio y la caía de ambos. Y adivinen para quién iba la falta. Y encerrado en este marco, Kevin Magee, se vio con tres faltas personales por estas “nobles artes”, dos de ellas arrancadas por Meneghin, para su desespero. Un torpe zarpazo penalizado, a segundos del descanso, hipotecó las posibilidades del Maccabi, pues Magee se retiró al vestuario con cuatro faltas personales. El 52-41 para Tracer al descanso, era bastante indicativo de lo que se estaba viendo.

La distancia se amplió con un 55-41 en los primeros instantes de la 2ª parte, promovidos por buenos contragolpes italianos -como si fueran chavales-, en contraste al pastoso ataque israelí, donde Ken Barlow no encontraba ninguna facilidad ante sus ex equipo (al margen de sus blanduras en defensa, que le valieron no continuar en Milán). Pero viéndolo todo perdido, curiosamente, es cuando Maccabi, sin apenas talento de los que estaban en pista y a base de pico y pala, fueron remontando.

Dorom Jamchi lo intentó de todas las formas, pero fue imposible. 

El sustituto de Magee era una estampa de leñador de 19 años, llamado Cohen, que capturó varios rebotes ofensivos. El ilustre Mickey Berkowitz, semiretirado, saliendo desde el banco, vuelve a hacer algunas de sus diabluras. Y Willie Sims, un estadounidense nacionalizado en el país hebreo, desde su posición de base, con nulo lanzamiento exterior, perforaba con entradas y potencia la defensa italiana. Los aficionados del Aris, dolidos con la Tracer por ser sus verdugos, les da por animar al Maccabi. Y en esa atmósfera, el electrónico marca un 62-57 y el partido dado la vuelta. Hasta el punto que, entre toda esa vorágine, sale Magee nuevamente a cancha y a los segundos de estar en ella, ve cómo le señalan la quinta y al banco de nuevo (jugó los 21 minutos y pico que le dejaron). Y como que tampoco les importaba mucho, porque llegaron a ponerse 76-75 e incluso empate a 78 con canasta de Berkowitz y ya la locura, era generalizada.

“En la pista, nos divertimos jugando. Son jugadores que, pese a su veteranía, saben hacerlo” reconoce el entrenador y sustituto de Dan Peterson, Franco Casalini. “Pero donde mejor se lo pasan es fuera de la pista, en sus ratos juntos. Es que sin esos ratos, creo que no aguantaríamos las exigencias de este calendario”. Quizás esa fuera la clave encerrada de este grupo de Tracer Milán, o que ya, como veteranos de guerra, saben siempre a qué atenerse. El caso es que Mike D’Antoni (4/11 en triples) logró acertar con el tiro más allá de los 6,25 necesario, que McAdoo dio con la suspensión precisa, que a Willie Sims le obligaron a lanzar desde el exterior…pequeñas claves para decantar el marcador en el definitivo 90-84.

“Queríamos ganar. Tenemos ilusión por el basket, por ganar partidos y conseguir títulos para el equipo. Es la clave de nuestro éxito. No importan los años, importa la mente y el corazón” repetía Bob McAdoo en rueda de prensa. “Este es uno de los días más felices de mi vida deportiva” reconocía Dino Meneghin. “Cada vez me hace más ilusión ganar un título. Nadie confiaba en nosotros, decían que éramos muy viejos y que ya no valíamos para nada. La verdad es que viejos, sí somos. Pero en dos años, hemos ganado dos Copas de Europa”.

Gante fue el inicio de una gran fiesta. Del broche perfecto a las temporadas europeas. La locomotora siguió su curso y sólo cuatro años después, apareció la Liga Europea para formar 16 equipos. La escisión de Euroleague, el libre mercado de jugadores, la globalización de nuestro juego y nuevos o renacidos poderes, para seguir siendo el espectáculo que es hoy día. Pero siempre -excepto una temporada- con este lazo final, esta Final Four que en Gante y en 1988 mostró su patita por el cerco, alumbrando algo que ha sido grande hasta nuestros días. 

 

 

PRÓXIMO CAPÍTULO: Cabrera, Corbalán y Rullán: mitos que decían adiós.

“HACE 30 AÑOS…” (Prólogo)

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 1: “Americanos para una liga en alza”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 2: “Nace el Open McDonald’s”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 3: “Cerca de las estrellas”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 4: “Las ventanas FIBA”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPITULO 5: “La guerra de las revistas”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 6: “Kenny Simpson, un especialista defensivo que se convirtió en máximo anotador”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 7: “El infructuoso regreso del Barça a Copa de Europa (1ª parte).

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 8. “La ACB pasaba de 16…¡a 24 equipos”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 9. “La Copa del Rey de Valladolid…y Solozábal”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 10. “El Torneo de Navidad”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 11. “El viaje de Uliana Semenova (1ªparte)”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 12. “El viaje de Uliana Semenova (2º parte)”.

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 13: “¿Qué pasa con Arvydas Sabonis?”

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 14: "La Korac más especial para el Real Madrid"

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 15:  "Baskonia: La élite puede esperar"

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 16: "La Recopa que se le escapó a la Penya entre los dedos"

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 17: "Lo que el Barça se dejó en Holanda"