HACE 30 AÑOS… Cap.17: Lo que el Barça se dejó en Holanda

HACE 30 AÑOS… Cap.17: Lo que el Barça se dejó en Holanda

Antonio Rodríguez

Regresamos con lo mejor de 'Hace 30 años'. Disfruta de un viaje en el tiempo para recordar algunos de los mejores momentos de nuestro baloncesto. ¿Te apuntas?

 

-          Martes, 19 de abril. La temporada sigue. Y tal día como este, se jugaba un Playoff de descenso en la ACB. Con la ampliación la próxima temporada a 24 equipos, todo el drama que conllevaba, se convirtió en un trámite, pues nadie descendería. Digamos que lo llamaremos como una publicación de la época: “Playoff de entretenimiento”. Pues en él, Grupo IFA Espanyol acabó con su tortura de temporada, en teoría descendido, tras perder en el cuarto encuentro (104-105) y 3-1 en el global de la eliminatoria. Así, por el victorioso Bancobao Villalba, Winfred King disputó sus últimos minutos en de nuestra liga y sobre todo, la despedida de Rafa Rullán. Y por otra parte, la desvinculación del club R.C.D. Espanyol del baloncesto. Con los derechos del equipo en poder de la empresa Unipublic, el próximo curso sería Grupo IFA. A secas. Y con mejor gestión, les fue bastante mejor.

-          Con la apurada victoria del Cajacanarias sobre Oximesa (88-86) en el tercer enfrentamiento de octavos de final, ya había emparejamientos de cuartos en la liga: Barcelona-Cacaolat y RAM Joventut-Estudiantes Todagrés en una parte del cuadro, junto con Real Madrid-Taugrés y CAI Zaragoza-Cajacanarias por el otro.

-          Sábado, 23 de abril. Los cuartos de final se van aclarando. CAI Zaragoza logra el pase a semifinales tras derrotar 2-0 al Cajacanarias. En el choque de este día en el Juan Ríos Tejera (92-108), se rindió el homenaje que se merecía Carmelo Cabrera, en su último partido disputado como baloncestista. Sin él, nuestro baloncesto hubiese tenido mucha menos magia.

Mark Jackson, Rookie del Año, guió a los Knicks a los playoffs.  ml>

-          En la NBA se confirmaron los equipos clasificados para los Playoffs. New York Knicks lograron la gran machada, venciendo en Indianapolis (86-88). El estilo de Rick Pitino, agresivo, sacrificado, de presión a toda pista, con un equipo joven, atlético pero justito de calidad (eso sí, con el rookie de año, Mark Jackson), tuvo premio final, después de tres temporadas catastróficas en la Gran Manzana. Los Pacers, por su parte, sufrieron la mayor debacle entre los equipos en tal pomada: perdieron 10 de los últimos 15 encuentros. Y otros damnificados fueron los Sixers, que esperaban la derrota de los Knicks. El pobre Charles Barkley, tanto nadar para morir en la orilla.

-          Domingo, 24 de abril. En Córdoba, se presentó una de las ideas más extrañas y pintorescas que aparecieron en la década de los 80: la creación del “Circuito Profesional de Baloncesto “(CPB). O sea, una liga profesional en la que su portavoz y presidente, Andrés López, aprovechando el tirón del baloncesto en nuestro país y el naufragio estructural que suponía la 1ª B, decidió poner en marcha. De cara a efectos FIBA, sería liga profesional (solamente había dos en el mundo: la NBA y la liga de Filipinas). Tres americanos por equipo y de una lista de 30 equipos que mencionó, la pretensión era que muchos de ellos, clubs de 1ª B que se pusieron en contacto con ellos, se adherieran al proyecto. De ahí a dar el salto, mediaba un trecho. Algún día hablaremos de aquello. De locos.

-          Martes, 26 de abril. El Real Madrid era el último equipo en clasificarse para semifinales, tras derrotar en el tercer partido al Taugrés (90-86). Su rival sería el CAI Zaragoza, mientras que el F.C. Barcelona y el RAM Joventut irían por el otro lado. Lo alucinante fue lo que sucedió en Manresa: Caja de Ronda logró, dentro de aquel “Playoff de entretenimiento”, salvarse oficialmente. Los malagueños, que no ganaban un partido desde ¡el 10 de octubre!, perdiendo los dos primeros partidos ante el TDK Manresa en este Playoff, resulta que ganaron los tres siguientes, el último en el viejo Congost (110-112), conquistando la eliminatoria. Tremendo.

-          Viernes, 29 de abril. El mercado comenzaba a moverse. Cajacanarias no quería más problemas con sus estadounidenses y firmó por la nada desdeñable cantidad de 100.000 dólares, a un de los mejores americanos de la 1ª B: Dan Bingenheimer aterrizaba así en la ACB. Por otra parte, Cacaolat Granollers tenía casi atado a Mike Phillips, tras su año en Valladolid, mientras que el anhelo era el pívot del Finiterre Lliria, Quique Andreu. En Manresa, muy descontentos con la temporada cursada, buscaban revulsivo desde el banquillo: Zoran Slavnic y el portorriqueño Flor Meléndez eran los candidatos.

 

 

LA ENORME DECEPCIÓN EN UNA PLAZA HOLANDESA

Tan decepcionantes. Tan celestiales. Tan corales y fantásticos. Tan embarrados. La marcha del F.C. Barcelona en esta Copa de Europa era de lo más turbadora. El aficionado estaba sin ubicación, no sabían a qué atenerse. La primera vuelta de la fase final de esta competición, que ya cubrimos en un primer capítulo, nunca tuvo un término medio. Empezó con la mayor de las catástrofes, se continuó ascendiendo más allá de los cielos del campeón y se volvió a caer arrodillado, mirando al frente, casi pidiendo clemencia.

Andrés Jiménez entrando a canasta ante Cornelius, del Maccabi. 

Y a esta temperatura, infernalmente caliente para ser mediados de febrero, se daba inicio la segunda vuelta. El parón, las ventanas FIBA o que en verdad todos se concienciaron que cada partido a partir de ahora, iba a ser un “ganar o a la hoguera”, convirtió al Palau en el hervidero de las grandes ocasiones para recibir al Maccabi Tel Aviv. Y la plantilla azulgrana, con la careta del equipo que podía ser campeón. El repaso que dieron a los macabeos desde los primeros instantes, con 30 puntos en el zurrón durante muchos minutos (acabaron con 26 y un 106-80, tras empezar con un 23-8 y al descanso, 56-36), fue de antología. Como antológicos estuvieron Sibilio y Epi: 52 puntos entre ambos. Como también lo fue el emparejamiento entre Audie Norris y Kevin Magee, en una época en la que los árbitros dejaban abiertamente jugar y nos hacía pensar, qué hubiese sucedido si Magee hubiese permanecido en nuestra liga, bregando ante semejante monstruo. Para los azulgranas, la reconciliación ante su afición y ante ellos mismos, era un hecho.

La siguiente salida, era Salónica. El demoníaco pabellón Alexandrio, donde en sus 4.500 asientos, metían a más de 6.000 espectadores. Donde los aficionados del Aris Salónica no habían visto perder a su equipo, sea en liga griega o competiciones europeas, a lo largo de tres años. ¡Tres años! Donde las entradas se cobraban a 5.000 dracmas, cuando el sueldo medio en Grecia entonces era de 45.000. Donde dos horas antes del salto inicial, la avanzadilla periodística que iba a instalarse, quedaba petrificada ante un pabellón a reventar, con aquellos tipos cantando de forma incesante entre banderas y pancartas inmensas. Donde el F.C. Barcelona debía ganar. Recordamos que el margen de error en los 7 partidos de la 2ª vuelta de esta Copa de Europa (en estos momentos, sumaban 3 victorias y 5 derrotas) era de un solitario partido. No podía perder más.

El Partizán tenía físicos del siglo XXI.

Y Nikos Gallis comenzó anotando como solía ser habitual en él. Y su defensor, en esta ocasión Nacho Solozábal, se cargó con 3 faltas personales en los primeros 7 minutos de juego, como también solía ser habitual en los marcadores del pequeño heleno. Sin embargo, con el transcurrir del partido, cada vez que anotaba, Gallis miraba al árbitro (un valiente Kotleba como principal, por cierto). El choque físico con los rivales era cada vez mayor, la distancia entre ambos se acortaba. Le costaba cada vez más. Eso no significa que no anotara 36 puntos, pero de su incomodidad, de los problemas para zafarse de Quim Costa y las ayudas que disfrutaba, dependían los suyos. Un parcial de 0-12 a favor de los hombres entrenados por Aíto García Reneses les hizo irse al descanso con ventaja (52-54), tras comprobar que Eugene McDowell en tareas de brega y Audie Norris anotando (26 puntos) superaban a los pívots rivales, que Sibilio seguía en el mismo estado que una semana antes y Epi cada vez veía más puntería, que Andrés Jiménez, desde el banquillo y como refuerzo en la labor interior, agrietaban el muro histórico nunca derribado en tres años.

Tal malgama de circunstancias y la frustración de los locales por verse detrás del marcador de forma permanente, a lo que no estaban acostumbrados, les hizo perder la concentración y acabar claudicando (93-107) entre la impotencia de Ioannis Ioannidis, entrenador del Aris, que no hacía más que encenderse un cigarrillo tras otro en la banda -sí, sí. Se permitía- en uno de los mayores éxitos del F.C. Barcelona esta temporada. Recordada siempre será la marcha de los visitantes a vestuarios, entre una lluvia de monedas, mecheros, trozos de sillas arrancados… el infierno fue conquistado. La gesta se había culminado.

 

Y ahora el panorama se iba aclarando. Con tal éxito en tierras macedonias, tocaba disfrutar con el convencimiento de la superioridad como cartel de presentación: el Barça ha vuelto. Los alemanes del Saturn Colonia, aquellos que derrotaron a los blaugranas en su pista, eran corderitos en el Palau (116-85). Y se viajó a Belgrado. Si Salónica representaba el infierno, Belgrado representaba el futuro, echar un vistazo a cómo sería el siglo XXI. En Partizán había jugadores que por estatura, fundamentos y condiciones, eran inalcanzables en el baloncesto de la década de los 80, que eran los argumentos que manejaban nuestros representantes. 

Y con ellos, se realizó un excepcional partido. Pero si el sueño de Aíto era convertir a Jiménez de “3” (algo que usó varios minutos en este choque), allí ya tenían al veinteañero Zarko Paspalj, más alto incluso, realizando esa función. Que Goran Grbovic, un tanque de dos metros, era el escolta y lo primero que se marca es un mate remontando línea de fondo delante de McDowell y Norris, para iniciar su cuenta de 31 puntos (¡7 triples de 12 intentos!), uno se da cuenta que estaba ante algo especial. Que Sasha Djordjevic tuviera un flojo partido era anecdótico, puesto que el entrenador Vujosevic puso al veterano Zeljko Obradovic en pista para dar orden y anotar triples importantes. 

Y es que, la guinda era Vlado Divac, el pívot de 2,12 cuya progresión en los dos últimos años había sido meteórica (20 años recién cumplidos, por cierto), que corría, botaba y se movía como probablemente nunca vimos en Europa un jugador hacerlo así. Cierto que era aún bastante pardillo, pero verle era pensar “…pues esto debe ser el baloncesto dentro de 20 años”.

Pues este Partizán Belgrado, que dominaba la Copa de Europa, siendo el primer clasificado y teniendo el billete para la Final Four de Gante a estas alturas, mostró bisoñez, pero con la imposición de su talento. Incluso Ivo Nakic, alero de rotación (campeón de Europa con la Cibona de Zagreb tres años antes), tras un pique con Sibilio, anotó tres suspensiones seguidas para abrir brecha. Junto con los triples del mencionado Grbovic, fueron la diferencia para el 96-90 final, en la derrota azulgrana.

Audie Norris, en esta segunda vuelta, justificó lo que valía.

Es cierto que este encuentro sirvió para ver las reales posibilidades de Audie Norris. Este Norris, mucho mejor físicamente, en un equipo de élite, podía decidir como para hacer campeón a su club. El encuentro que se marcó, con sus 2,06 de estatura ante los pívots rivales (añadan a Divac, los 2,10 de Miroslav Peckarski y los 2,08 de Milenko Savovic), fue de ganador, de tipo que marca diferencias: 26 puntos en 12/14 en tiros de campo, 14 rebotes y 3 asistencias (de las de antes) y sobre todo, su calidad para ganar la posición, el pie de atrás que no movía y con el que pretendía pivotar, fijar a su defensor -Divac en la mayor parte de las ocasiones, donde sacó a relucir su falta de experiencia todavía- y anotar delante de sus narices, fue una lección avanzada de los argumentos que tenían los mejores pívots del mundo, aquellos de la NBA, en el cuerpo de Audie. Formidable. Igual que los trabajados 8 rebotes de McDowell, que realizó una gran labor, ante ese bosque de brazos, desde sus dos metros generosos, muy generosos, de estatura. Lo dicho, eran argumentos muy notables de aquel momento. Sin embargo, Partizán daba un paso más a todo aquello.

Juan Antonio San Epifanio, en la épica victoria ante el Aris en Salónica. 

Usando números, ya no se podía fallar en más partidos. El calendario que restaba era, visitar la pista del equipo más flojo, Nashua Den Bosch y recibir en el Palau al Tracer Milán y a Orthez. En la tarde en la que un par de horas antes, el Real Madrid había logrado el título de la Copa Korac ante la Cibona, F.C. Barcelona jugaba su trámite en Holanda. El Nashua era, con motivos, el equipo más flojo de los ocho de esta liguilla de cuartos de final. 

Procedentes de Holanda, sin mucha tradición -al menos en la élite- en nuestro deporte, un equipo preparado para que su anotador, el estadounidense Paul Thompson, se las tirase todas. Su otro estadounidense, Mike Reddick, era más de corte defensivo. Pero quiso la mala fortuna que Thompson se lesionara gravemente del talón de Aquiles antes de iniciarse esta liguilla. Y esas absurdeces de la FIBA entonces, contemplaban en su reglamento, que no se podían hacer cambios en la lista de jugadores que se entregase por cada club antes de iniciarse el torneo. Con lo que el Nashua, compuesto y sin Thompson, tuvieron que competir deambulando sin un anotador claro.

Con estos precedentes, ¿cómo es posible que en esta pista a medio llenar, silenciosa, sin presión alguna, ante un rival así, culminasen los azulgranas una de las noches más negras de su historia?  Impensable y difícilmente creíble. No sabemos si fue el accidentado inicio, donde Epi falló sus primeros cuatro lanzamientos, tiros cómodos que él solía meter, como premonición. 

Ni el parón de algo más de 10 minutos para ajustar las tarimas del parquet, porque de repente, en la zona donde atacaban los azulgranas, se abrió una amplia grieta por haberse separado una plancha con otra. O que las cuatro carreras de la primera mitad con un poco de orden, hicieron que se escapara en el electrónico con un 43-53 al descanso, lo que llevó a cierta relajación.

Eugene McDowell lanza ante Kuipers y Reddick, en la infausta noche holandesa

El caso es que en la 2ª mitad, teniendo la decena de puntos como colchón, los holandeses disfrutaron de una mínima reacción, a lo que se sumó la entrada del joven Josep Palacios a pista, que en sus escasos 3 minutos de juego, cometió dos faltas antideportivas seguidas (inédito), dando alas a los locales con la suma de tiros libres, llegar a verse por delante en el electrónico y creer que podían ganar. Y es asombroso también los nervios que se desataron en los veteranos jugadores azulgranas, que comenzaron a fallar tiros, a perder balones poco habituales, a ver cómo se les escapaban sus marcas que anotaban bajo el aro… mientras el poco público asistente enloqueció, gritando y animando, sin dar crédito de lo que estaban viendo.

La puntilla vino con una suspensión de Korthout a falta de menos de un minuto, que daba el 91-77. Con los hombres de Aíto hechos un flan, porque veían cómo se les escapaba la Final Four de Gante, tan sólo acertaron a anotar un triple para finalizar con el 91-90 definitivo. “No conseguimos mentalizarnos para los partidos en que partimos como favoritos. Sin embargo, cuando a priori, todo parece más difícil, mis jugadores de muestran un poder de concentración superior”, se lamentaba Aíto García Reneses en la rueda de prensa posterior. “Jugamos fatal en todos los aspectos y ahora hay que esperar que los resultados nos acompañen. No sé cómo reaccionaremos a este desagradable tropiezo”.

Y es que, efectivamente, ya no dependían de ellos. Si vencieron con total comodidad al Tracer Milán en la siguiente semana (102-87), el Maccabi no aflojaba, venciendo 82-91 en la pista del Orthez. Y en la última jornada, la enorme decepción se consumó, cuando los macabeos amarraron en casa ante Partizán Belgrado su pase a Gante (98-84), noticia que llegó al Palau en el descanso del último choque de la liguilla ante el Orthez. De esta forma, con una pírrica victoria (81-79) ante los franceses, finalizaba la travesía del F.C. Barcelona por la Copa de Europa. No nos gusta etiquetar de fracaso, pero sí que la decepción fue mayúscula, porque este equipo estaba preparado para llegar a esa Final Four…y ganarla. Tenían todos los argumentos para conseguirlo y a pesar de su horroroso inicio, se hizo lo más difícil y dejar que se lo arrebatasen donde nadie pudiera imaginarlo, hizo sangrar más la herida.

En el próximo capítulo, hablaremos de este recién estrenado formato de Final Four para decidir el campeón. En ella, les contaremos cómo Tracer Milán, Maccabi Tel Aviv, Aris Salónica y Partizán Belgrado jugaron y con qué armas contaron. Y apreciarán que, efectivamente, aquello el F.C. Barcelona lo pudo ganar.

 

“HACE 30 AÑOS…” (Prólogo)

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 1: “Americanos para una liga en alza”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 2: “Nace el Open McDonald’s”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 3: “Cerca de las estrellas”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 4: “Las ventanas FIBA”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPITULO 5: “La guerra de las revistas”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 6: “Kenny Simpson, un especialista defensivo que se convirtió en máximo anotador”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 7: “El infructuoso regreso del Barça a Copa de Europa (1ª parte).

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 8. “La ACB pasaba de 16…¡a 24 equipos”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 9. “La Copa del Rey de Valladolid…y Solozábal”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 10. “El Torneo de Navidad”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 11. “El viaje de Uliana Semenova (1ªparte)”.

“HACE 30 AÑOS…” CAPÍTULO 12. “El viaje de Uliana Semenova (2º parte)”.

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 13: “¿Qué pasa con Arvydas Sabonis?”

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 14: "La Korac más especial para el Real Madrid"

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 15:  "Baskonia: La élite puede esperar"

"HACE 30 AÑOS..." CAPÍTULO 16: "La Recopa que se le escapó a la Penya entre los dedos"