ARTÍCULO: CAJASOL, SE HACE CAMINO AL ANDAR

ARTÍCULO: CAJASOL, SE HACE CAMINO AL ANDAR

Antonio Rodríguez

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”.

En esta frase hay englobados cuatro versos del “Caminante, no hay camino” de Antonio Machado. Un sevillano mundial, que precisamente viene al pelo para definir la marcha del Cajasol a lo largo de toda la temporada en la Liga Endesa, de su fin de trayecto con un partido agónico, donde acabó derrotando al FIATC Joventut, por 83-81.

Pronto la parroquia sevillana se dio cuenta que “se hace camino al andar”. Tres derrotas en las primeras tres jornadas, la última sonrojante en Valladolid, hizo azuzar a la plantilla, que había que empezar la andadura y la clave era ver sus huellas una vez iniciada la travesía. Sin victorias, no se había empezado ni camino ni nada. Y eligió como marco el San Pablo y derrotar al Laboral Kutxa por 20 puntos de diferencia (82-62) de una manera casi dolorosa para los de Sergio Scariolo. Si miraba hacia atrás, ya había huellas. Y así continuó.

Cajasol ha tenido grandes actuaciones como para ser “Equipo de la semana” en estas páginas, o destacando sus facetas en diferentes columnas, a lo largo de la temporada. Se lo iban ganando. Aíto García Reneses completaba un récord, con sus 1000 partidos en la historia de la Liga Endesa, jóvenes jugadores que la pasada campaña eran complementos, en esta ocasión se responsabilizaban y tenían que cargar con los designios del equipo a cuestas. Y Porzingis, Radisevic o Hernangómez han tenido que ser protagonistas para hacerles ganar. Y lo hacían.

En esta última jornada, la decisiva de cara a clasificarse para el playoff, que significaba enmarcar esta campaña como un éxito absoluto, tuvieron un camino muy complicado, puesto que no era el día del acierto, ni mucho menos. Y ni Satoransky (4/11 en tiros de campo), ni Scott Bamforth (1/8 en triples), máximos exponentes ofensivos del cuadro de Aíto, estaban acertados. Por contra, la “Penya”, sí que veía cómo de la mano de Tarik Kirksay o Guillem Vives, los triples iban entrando uno tras otro (nada menos que un 48 % de acierto final: 11/23) y con ello le valía tener la constante delantera en el marcador, con lo que mina eso la moral.

Cajasol sabía que a pesar de su desacierto, había que seguir caminando como bien diría Machado. Seguir insistiendo, seguir tirando y seguir fallando, que en algún momento, llegaría el acierto. Buscar la fe en un tipo como Marcus Landry. Notable descubrimiento su evolución por las pistas de la Liga Endesa, tras la lesión de Latavious Williams. Ni es el mismo de la universidad de Wisconsin, ni es el mismo que aterrizó en Manresa como temporero. Marcus, desde su posición de alero hace todo lo que necesita el equipo, sea rebotear, lanzar triples o liderar y calmar, como dar el empuje a esta joven plantilla. Jugador que ha mejorado mucho, que le ha dado un sello al equipo sevillano, que se ha implicado en este proyecto y pare estar de lo más integrado y que el destino le tenía reservado un guiño final.

Antes de llegar a esos últimos segundos, decir que una de las grandes virtudes de los sevillanos fue apretar los dientes y conseguir parciales para ir igualando el marcador al final de cada cuarto y seguir mostrando a la afición que siempre hubo posibilidades. Para acabar el tercer período, fue necesario un parcial de 9-0. Con 5 puntos por debajo a falta de minuto y medio, Scott Bamfoth, a pesar de su desacierto, logró la friolera de 10 puntos… ¡en 90 segundos! 90 últimos segundos de locura, donde pudo anotar una acrobática entrada, forzando el tiro adicional, un triple posterior, otra canasta sobre un rebote ofensivo y dos tiros libres (24 puntos finales). Claro, que la Penya, con la veteranía de Savane, mostrada en la línea de tiros libres, donde no fallaba -potro de tortura de este jugador en otro tiempo-, como John Shurna, que se marcó un triple increíble en la penúltima jugada, daba el empate a 81, subieron la temperatura del San Pablo, que acabó estallando cuando vio fallar a Bamfoth un nuevo triple, cuando Franch, tras rebote ofensivo, también falló el tiro, pero volando, volando desde un lado, Marcus Landry palmeaba hacia abajo, con un mate, de las que no se escapan, la victoria sevillana sobre la bocina final.

“Nunca había ganado un partido así. Me quedaré con la fotografía para revivir siempre este momento”. Realmente especial para Landry, especial para Cajasol, que consigue el billete para playoff de una forma tan épica. Una machada del Cajasol, de sus jugadores, de su cuerpo directivo y cómo no, de Aíto García Reneses. A la espera de rival, Sevilla se vestirá nuevamente de gala. Este año, Cajasol hizo un gran camino al andar.