ARTÍCULO: FINAL FOUR 3: MACCABI TEL AVIV, CAMPEÓN DE EUROPA.

ARTÍCULO: FINAL FOUR 3: MACCABI TEL AVIV, CAMPEÓN DE EUROPA.

Antonio Rodríguez

Pues tampoco fue Milán. París fue la última alegría europea del baloncesto español (F. C. Barcelona, 2010). Ni Barcelona, ni Londres, ni Milán. Y para el Real Madrid, por ser Zaragoza la última, hace 19 años, un equipo como éste, haya una sensación de angustia por la urgencia de ganar el mayor cetro europeo, que ve acumularse años y años. Desazón entre una afición que quedó totalmente decepcionada viendo cómo volaba una final, por segundo año consecutivo, amplificada por una prórroga que no hizo más que alargar la agonía, proclamando el triunfo final del Maccabi Tel Aviv (86-98).

Real Madrid, cuya trayectoria, tanto europea como en la Liga Endesa, ha sido sobresaliente, cayó derrotado en el partido más importante de la temporada. La decepción del momento, es grande. Y ahora, tras pasar un día, con más frialdad se puede asimilar con menos espinas que ayer. El equipo de Pablo Laso tuvo momentos importantes cuando pudo y supo anotar, sobre todo lo segundo. Porque bien es cierto que en la segunda mitad, hubo momentos que pudo anotar, que mantenía igualado el marcador, pero no sabía cómo anotar. Lo hacía, pero sin encontrar una fórmula.

Acabamos admirando las virtudes de los israelitas, sin pensar en ningún momento sus defectos. Ensalzando unos y olvidando los otros, fue la clave de su éxito, la de David Blatt. Y es que, recordemos que tenían el conjunto más pequeño en estatura de la Final Four, pero con grandes condiciones atléticas, eso sí. Pablo Laso hizo varias apuestas, como debe hacer un entrenador, sobre todo en las grandes citas. Algunas, por desgracia, no salieron y fueron claves para perder el partido. Intentemos hacer un esquema:

- Real Madrid salió a jugar como lo hace siempre. Consciente por haber perdido hace un año, más convencidos de ganar ayer, si cabe. Y su fluidez, el talento de jugadores como Rudy Fernández o minutos después Felipe Reyes, mostraban al plantel que estamos acostumbrados a ver, alegre y ofensivo. Por eso logró un parcial de 19-2 entre el primer y segundo cuarto: porque el Real Madrid anota, y como lo hace con facilidad, es factible conseguir tales parciales. El que Sergio Llull no estuviese acertado en sus primeros tiros, era menos problema.

- Maccabi Tel Aviv, por su parte, comenzó usando a Sofoklis Schortsianitis. Viendo que la defensa de un tipo que le conocía, como Ioannis Bourousis, iba a ser por detrás, esperando siempre que hubiese alguien por delante para ayudar y molestar al orondo jugador griego, David Blatt le pidió que corriera más de lo habitual, ganase una posición y esperase el pase, una de las claves del Maccabi en esos minutos. No realizaba contragolpes, pero sí jugó rápido. Un pase a lo sumo, dando tiempo a que Sofo ganase posición bajo el aro y recibir el balón. Este sobreesfuerzo físico al que se le sometía a un hombre tan pesado, reduciría sus minutos en cancha. A Blatt no le importaba. Su segunda línea, la entrada de Tyrese Rice y Alex Tyus, le aportarían de otra forma.

- Los blancos vieron que tenían problemas porque otro hombre clave, Nikola Mirotic, no anotaba. Sus defensores eran más rápidos que los que se encontró en semifinales, más pequeños también, pero más impetuosos en molestar y en asegurarse dos contra uno cada vez que estaba en las cercanías del aro. No logró canasta alguna en la primera mitad, aunque teniendo a Felipe Reyes, anotando suspensiones, decidiendo en poste bajo o tras rebotes ofensivos, esa tarea se seguía supliendo, sin ser un dolor de cabeza en el banquillo.

- Tras el descanso (35-33 para el Real Madrid con el triple de David Bluthenthal casi sobre la bocina), los problemas blancos comenzaron a mostrarse más al desnudo, sobre todo defensivos. El bloqueo y continuación no estuvo mal defendido, pero sí su epílogo: el rebote ofensivo. A diferencia del año pasado, cuando un tipo como Mirza Begic no podía salir a 8 metros a puntear los triples de Spanoulis, aquí sí se salía a defender el pase o el tiro del pequeño. Bourousis estuvo bien en su papel de intimidar (cumplió en la final más que sobradamente). Pero a tiros con buena intimidación, que resultaban forzados de Rice o Hickman, rebote muy desguarnecido. Un tipo como Mirotic, o estaba pendiente de su rival alejado de la canasta (sea

Devin Smith o Bluthenthal, acertadísimos en triples), fuera de cualquier rango de ayuda, o si iba a ayudar, no guardaba el rebote. Faltó rotación y agresividad. Alex Tyus, continuando hacia el aro tras el tiro de sus compañeros, con 11 rebotes, 6 ofensivos, fue clave. Más bien faltó agresividad, porque si debía ser un pequeño el que tuviese que cerrar el rebote al pívot, se debió hacer. Y eso, tan sólo lo vi en los últimos instantes del partido y en la prórroga. Hasta ese momento, era ver cómo alguien vestido de azul palmeaba tiros. A los madridistas, les mataron con eso.

- Los ataques cada vez tuvieron menos confianza. Al equipo blanco le hemos alabado mucho el hecho de dejar cierta libertad de decisión a estos jugadores, cuyo talento parece infinito. Es una apuesta que les ha ido muy bien siempre. Lo que pueda genera el “Chacho”, Rudy, Llull o Mirotic, casi siempre se continuaba y se culminaba con algo positivo. Y eso, Pablo Laso lo ha sabido gestionar de fábula. Lleva haciéndolo tres temporadas. Lleva llenando el Palacio tres temporadas. En esta ocasión, se encontraron en la 2ª parte con un Llull desacertadísimo en tiro exterior, con Mirotic, digamos que viscoso, harto de encontrarse con un enjambre bajo el aro y que decidía lanzar suspensiones que tampoco le entraban, y con un Sergio Rodríguez que no veía resquicio para doblar balones, porque Rice, Hickman -otro gran protagonista- o estos “altos pero no” con tanta movilidad, le llegaron a nublar y negar opciones de pase que regularmente suele ver. Y Sergio, con su mano, con sus facultades, decidía tomar protagonismo y anotar. Y anotaba. Logró 21 puntos, pero no podía leer nada efectivo ni hacer partícipes a sus compañeros. Laso tuvo que sentarlo un minutito en el ecuador del último cuarto, para que viese desde la barrera lo que no estaba leyendo dentro del campo. Muy lógico, aunque luego no resultó efectivo. Y mantuvo a Llull porque seguro que para sus adentros pensaba “¡joder, es que lo necesito!”, viendo el bajo estado de forma tras la lesión de Jaycee Carroll.

- Esa fue una de las apuestas de Laso: mantener a Llull, que en un momento determinado, con dos entradas o encontrando su brújula con algún triple acertado, lo recuperaría y pudiera decantar un choque tan igualado. La faena es que tampoco fue así. La otra apuesta -en mi opinión-, fue mantener también a Mirotic sobre Felipe Reyes. Felipe hubiese dado rebote defensivo y estoy convencido que la sangría del pick&roll del Maccabi, con Tyus como figura, la hubiese parado. Sin embargo, el Real Madrid estaba también falto de puntos, de alguien que acompañase a Sergio Rodríguez, y pensó que Mirotic era el candidato. Un entrenador debe arriesgarse a tomar decisiones sobre un partido y Laso, sin miedos, las tomó. El problema es que, en esta ocasión, no salieron bien.

David Blatt puso defensas zonales por momentos y funcionó, porque minimizó la aportación ofensiva de Rudy, Mirotic y Rodríguez. Supo hacer daño a los blancos con sus ataques, y por ello hay que felicitarle. Claro, que siempre digo que son los jugadores los que juegan. Si Bluthenthal o Smith no hubiesen estado acertados con los triples, quizás otro gallo les hubiese cantado. Pero el partido transcurrió así. ¡Ah! y con un Maccabi que nunca, nunca desfalleció, nuevamente apoyados por su afición, que tiñó el pabellón como si de “La Mano de Elías” se tratara. Por todo ello han quedado campeones.

Las urgencias del Real Madrid por el título. Malas consejeras. Que la afición, que tiene todo el derecho a estar decepcionada, se calme. Son dos finales europeas. Finales. El Real Madrid ha perdido muchas. Y el Maccabi… Miren, el Maccabi fue capaz de depender de Dorom Jamchi en un triple sobre la bocina para ganar la final en 1987. Perdió ante la Tracer Milán con su nuevo ídolo, Bob McAdoo. Para su desesperación, obtuvo el mismo resultado con los mismos rivales milaneses un año después. Y el colmo fue llegar una tercera ocasión consecutiva, curtidos ya en todo, y ver cómo unos chavales que representaron a la Jugoplastika, les arrebatasen su tercera final de forma consecutiva. Trágico. Hoy, son los campeones de Europa y desde entonces, han logrado 3 títulos más. La historia se escribe así, y lo que es cruel para unos un día, se revierte en éxito al otro. Desde aquí, todos nuestros ánimos al Real Madrid y a la afición blanca.