ARTÍCULO: DIARIO DE MANNHEIM (Capítulo 9)

ARTÍCULO: DIARIO DE MANNHEIM (Capítulo 9)

Antonio Rodríguez

Para ir acabando y buscando un epílogo a este diario, pasemos a valorar las selecciones más destacadas, las cuatro semifinalistas. Del resto, como a destacar fueron individualidades, en el siguiente capítulo los abordaremos.

- Italia fue el justo campeón. Merecido premio a un conjunto que, como sus compatriotas seniors, apenas cuentan con hombres altos y sí más oficio que nadie. En la sombra de las estadísticas, pero brillando por su conocimiento, estaban los aleros Alberto Cacace y Daniel Donzelli. Dos aleros (el primero de 1.95, el segundo de 1.98) que fueron decisivos en muchos partidos por su conocimiento del juego. En la zona que impusieron los españoles, tenían clarísimo cómo jugar en poste alto y en las esquinas, y destrozaron cualquier posibilidad de reacción rival, porque ellos anotaban de forma constante. Cacace, con mejor dominio de balón, podrá ser jugador importante, puesto que físico y un muy bien tiro exterior le acompañan. Donzelli, de 1.98, debe mejorar esto último. Ambos prometen. Quien se unió a la fiesta en una posición muy parecida -la de aleros que tuvieron que jugar como ala-pívots-, es Picarelli. Los tres acompañaron a Federico Mussini y Flaccadori, auténticos torrentes anotadores. Leían las defensas, sabían atacarlas y supieron correr contragolpes. En defensa, por el oficio y el compromiso de todos, supieron cerrar el rebote a pesar de su déficit de altura y minimizar aportaciones de tiradores rivales. Fueron los más ricos tácticamente y los que más diversidad de armas mostraron. Merecido triunfo.

- Estados Unidos aprovechó varias coyunturas para llegar a la final. Hay que reconocer que los combinados norteamericanos que llegan últimamente no son de una calidad notable. Y este era un poco más de lo mismo. Ni tan siquiera contaban con un base o un escolta que solían llevar la voz cantante ofensivamente de estos combinados, como en los últimos años lo fueron Irving Walker, el nuevo campeón de la NCAA Ryan Boatright, Michael Ware (el de la fractura de la pierna de Louisville, ¿recuerdan?) o más recientemente, Stevie Clark. Ni Shavar Newkirk (reclutado por St. Joseph’s para la próxima temporada), ni Mike Williams fueron consistentes. Porque el juego que mostraron fue el de siempre: constantes unos contra unos y a luchar por el rebote. Ni tan siquiera situaciones de bloqueo y continuación precisas nos brindaron. Un tipo como Ethan Happ, resolutivo en tareas interiores y poco más (reclutado por Wisconsin). Similitudes con selecciones anteriores que no llegaron ni por asomo, a semifinales. En esta ocasión, el arbitraje del “sigan, sigan” frente a España, una mala primera mitad de Italia y una semifinal frente a unos flojos serbios (ahora hablaremos de ellos), les llevaron a la final. Tienen su mérito, por supuesto, pero no mostraron nada del otro mundo.

- Serbia. A pesar de conseguir el bronce, el mayor desencanto como selección. Ningún pívot consistente, ningún alero que fuese tirador, ningún base creativo, exceptuando Stefan Peno, el jugador del F.C. Barcelona. Altos y fuertes, competitivos, pero salvo alguna excepción, no parece que ninguno llegue a un nivel de equipos punteros. Su jugador más destacado fue Stefan Lazarevic, un alero de 1.98, del Estrella Roja Belgrado, que solía jugar de falso pívot. Ganaba muy bien las posiciones y forzó incontables faltas. Y Stefan Peno, que quizás debió ser más egoísta a la hora de anotar, porque tenía mucho más talento que sus compatriotas. Los demás, poquito. Vasilje Vucetic, pívot tosco, muy lento de pies o Dejan Kovacevic, pívot bastante blando, pero de 2.07 de estatura (juega en el Bayern Munich), se impusieron en algunos partidos ante rivales sin hombres altos. Eso sí, no dejaban encajar parciales ni se iban de los partidos. El bronce les cayó del cielo al toparse con unos turcos muy desencantados por no haber llegado a la final.

- Turquía. Los presumibles campeones, que olían a ello, pero que no supieron encajar la derrota ante unos inspiradísimos italianos en semifinales. La lucha por el bronce fue una tortura para ellos. Igualaron en los últimos minutos y se animaron, pero no fue suficiente. Son el conjunto, sin lugar a dudas, más prometedor y con más futuro de todos los que compitieron en este Mannheim’2014. Estaban casi todos los campeones cadetes (o sub-16, porque lo de U-16 de “under”, como dicta la FIBA, me niego a decirlo. Ni que no tuviésemos nosotros palabras para definirlo), exceptuando el base de Fenerbahçe, Berk Ugurlu, que sí se dejó notar su ausencia. Al principio no competían bien, aunque ganaban los partidos y según transcurría el torneo, fueron entonándose y jugando con mucha más soltura. Para quedar primeros de su grupo derrotaron a Serbia, yendo por detrás en el marcador casi todo el partido, pero con mucha fe y empuje, lo ganaron. Y en las semifinales realizaron un excepcional partido, con el único “pero” que Italia llegó a jugar mejor. Como su transcurrir, su alero Furkan Korkmaz fue entonándose. Un chico de 1.98 de gran coordinación y rapidez, excelente tirador exterior cuya suspensión tras bote es excelente. Con él destacaban los dos pívots titulares. Akif Egemen Güven es un chaval de 2.08, delgado, de buenas capacidades atléticas y gran envergadura, procedente del Pinar Karsiyaka, junto al otro pívot zurdo, Ege Arar, solían dominar las zonas. Más escolta que base, pero con cuerpo de esto último, Ogulcan Baykan, con el típico carácter turco y su buena muñeca, hizo daño a muchísimos equipos. Y todos ellos, comandados por el mejor jugador turco en esta edición: el verdadero director de todo, el base de 2.04 Tolga Gecim, que tenía facilidad para todo. Un chaval con un futuro espléndido, de Bandirma Kirmizi que ya resulta terriblemente atrayente. Tenían estatura y algunos cuerpo de hombres y dominaban los partidos apoyados en tal virtud. En los primeros envites, por momentos parecían pollos sin cabeza, sin saber utilizar sus armas y sus habilidades. Sin embargo, se entonaron. Muchos de estos nombres los oiremos en un futuro, porque serán parte importante del baloncesto de su país.