ARTÍCULO: WINSLOW & WINSLOW, UNA SAGA CON AROMA MUY NUESTRO

ARTÍCULO: WINSLOW & WINSLOW, UNA SAGA CON AROMA MUY NUESTRO

Antonio Rodríguez

Echando un vistazo al Nike Hoop Summit, o sea, el partido anual disputado a la vera de la sede de tal marca deportiva, entre los mejores jugadores de Estados Unidos pertenecientes a high school, frente a una selección sub-18 del resto del mundo, vemos que en el combinado estadounidense, su máximo anotador fue Justise Winslow, con 16 puntos. Y es que, de las capacidades y sobre todo madurez que hablan del chico, son argumentos más que suficientes como para destacar en cualquier programa o selección donde pueda ser incluido.

Sí, efectivamente es hijo de Rickie Winslow, ese pedacito de fantasía que la Liga Endesa tiene en sus cimientos. Actual asistente en el high school tejano en el que juega su hijo, seis temporadas dejando el sello del espectáculo intrínseco de este deporte en nuestra competición. De aquel chico de Houston llegado al CajaCanarias en 1988 y convertido en estrella en Estudiantes. De aquel que volaba y volaba y volaba. Del siguiente nivel al que accedió Estudiantes tras perder la confianza en la magia de David Russell y sus permanentes lesiones, que lograba alcanzar arriba, muy arriba, los trofeos y los logros que parecían haber sido de otra época en el club del Ramiro.

“Este chaval, Rickie Winslow…Ahora Winslow si jugara, no tendría precio. No hay ningún jugador en la actualidad en Europa como él. Cuando estaba, es que era imparable. Era increíble” recuerda Alberto Herreros sobre su ex compañero. “Recuerdo un partido contra el Joventut en semifinales, que metió nueve mates. Era de ciencia ficción”.

“Winslow metió ¡nueve mates! Nueve mates son 18 puntos para abajo. ¡Es que ahora es impensable! Era impresionante” Nacho Azofra también tiene un excelente recuerdo del alero que con sus 2.03, martilleaba una y otra vez la canasta rival. “Winslow yo creo que ha sido maltratado a veces aquí, porque fue un tío que nos dio un salto de calidad importante. En la Copa del Rey de Granada, la que ganamos, el premio al jugador más valioso debió ser para Rickie. Se lo dieron a Pinone y me alegré, aunque fue más por una trayectoria. Pero el mejor jugador fue Rickie Winslow”.

“Rickie era un hombre que pedías un tiempo muerto y era capaz de decirte ‘mira, yo no tiro, que no estoy bien hoy. Me voy a dedicar a defender. ¿Qué es lo que quieres que haga?” recuerda con mucha nostalgia quien fuera su entrenador en el club estudiantil, Miguel Ángel Martín. “¿Tú conoces un americano que te haga eso? Ese era Rickie. Y el día que se sentía bien, había que dejarle, porque metía 25 puntos con la gorra”.

Ricky Winslow tenía una capacidad atlética tremenda. Su uno contra uno, con un primer paso explosivo que acababa en una entrada y un más que probable mate, fueron el estandarte de la Liga Endesa durante algunos años. Pero quizás lo más atractivo era la majestuosa suspensión que prodigaba. Se levantaba muy arriba, subía mucho los brazos y la mecánica, marcando los tiempos, era de una belleza difícilmente comparable. Con ello era capaz de lanzar delante de las narices de cualquier defensor. Inspirado, daba igual que le defendieses delante de sus narices. Nunca llegabas ni tan rápido ni tan arriba desde donde sacaba aquella suspensión.

Pues aquí viene Justise Winslow para continuar la saga. Para formar el Winslow & Winslow. Aunque es cierto que Justise es un jugador distinto. Se trata de un escolta entre 5-7 centímetros más bajo que el padre, con un dominio de balón parecido al del padre, que debe mejorarlo, puesto que el pequeño se baqueteará en la posición de escolta. Sí que tiene el primer y explosivo paso del padre y sí es capaz de fantasear en el aire, con rectificados y arabescos para anotar. Tiene más visión de pase que el padre, eso es cierto, al igual que idéntico compromiso por la defensa, por las ayudas y por el rebote a ambos lados de la pista. Lo que es muy diferente es el tiro. Justise es zurdo, y tiene todavía una suspensión bastante fea, sacando el balón desde muy abajo y sus porcentajes son aún inconsistentes. Habrá que darle tiempo en ese aspecto, porque el padre tampoco era en sus inicios el tirador que se convirtió en Estudiantes, sino un alero atlético que ayudaba en todo a sus compañeros, los que se llevaban todos los focos, puesto que formaba parte del famoso “Phi Slamma Jamma” en sus últimas secuelas, junto a Akeem Olajuwon, Michael Young o Benny Anders.

De momento, no parece que haya mucha intención del pequeño Winslow por venir a España a jugar. Está rodeado por un halo de estrella que de momento, le hará recalar en la afamada universidad de Duke, junto a la mejor camada reclutada por una universidad para la próxima temporada y con miras -y muchas posibilidades- de jugar en NBA. ¿Después? Nunca se sabe. Si hablamos de halos estelares, el que su padre dejó en la capital de España, uno muy grande y brillante. La Copa del Rey lograda en Granada en 1992, la Final Four (¡un club como Estudiantes!) de la Liga Europea en ese mismo año, semifinales de la Liga Endesa durante las cuatro temporadas completas en las que formó parte del equipo colegial, son días de gloria, cuyos aficionados no olvidan. De momento, le deseamos al pequeño, toda la suerte del mundo y le pedimos que, con sus vuelos, nos traiga bocanadas nostálgicas de lo que es el juego-espectáculo, que nobleza y saga obligan.