ARTÍCULO: SÍ, TENEMOS AFICIONES

ARTÍCULO: SÍ, TENEMOS AFICIONES

Antonio Rodríguez

Este fin de semana acaeció uno de los hechos más llamativos y desgraciadamente tristes, de la historia de la Liga Endesa. La negativa de una plantilla a seguir ejerciendo su trabajo, partidos, actos y entrenamientos, desengañados por una directiva que les adeuda casi tres meses y en algunos casos, aún cuentas pendientes de la pasada temporada, se materializó el pasado Domingo en Miribilla, donde sus protagonistas, el Bilbao Basket, disputaron su encuentro frente al Real Madrid. Perdón, no. Sus protagonistas, más que los jugadores, fueron los aficionados.

Llegar casi dos horas antes al recinto, en un encuentro que se iniciaría a las doce y media de la mañana, y llegar a pensar que me había equivocado de hora, puesto que los aledaños estaban repletos ya de aficionados, fue el inicio de un precioso homenaje a unos tipos que defienden sus colores. Una vez dentro del escenario, caras apesadumbradas. Ante algunas sonrisas de “estamos bien”, los primeros que muestran una cara de la situación del Bilbao Basket, son los operarios del club, en la misma situación de impagos que los jugadores. “El otro día, al menos, me dieron mil euros para poder ir tirando. Así estamos”. Ellos son la cara menos conocida, a la par que la más sufrida, dentro de este entorno.

Los aficionados, ya dentro de “su casa”, se van acoplando en los sitios que les pertenece con más lentitud, más parsimonia de lo habitual, mientras ven cómo el lesionado Raül López se prueba de su lesión, que no le impide hacer una rueda de tiros a canasta. Pasan los minutos y sale el equipo a calentar, entre una ovación que se alarga, se alarga. Todos en pie, semblanza de respeto hacia sus representantes en pista. Cuando llega la presentación del equipo, en esta ocasión no hay ambiente festivo, ni pasillo a los que salen, ni saltos ni choques en el aire a modo de celebración/motivación. En esta ocasión, todos se abrazaron en una fila y oían cómo el speaker citaba los nombres de todos, uno a uno (fotografía de la parte superior. ACB Photo / Arrizabalaga). En el momento de aparecer el quinteto a jugar el partido, a seguir ejerciendo su trabajo con la justificación de por qué hacerlo delante de ellos, la ovación es más cerrada.

Alex Mumbrú, Germán Gabriel, Raül López…columna vertebral de un equipo que ya nos divertían en nuestras pistas de la Liga Endesa en el siglo pasado. Se les profesa respeto máximo. Al final del partido, cuando vieron que era imposible derrotar al Real Madrid, dejaron que el marcador desgranase los últimos segundos y que finalizase el encuentro, tras sentirse dichosos a causa de una pancarta extendida en las gradas en los últimos minutos, que hablaba en nombre de toda la afición, de “Para nosotros, sois los campeones”.

Al pitido final, los aplausos finales para despedir esta travesía matinal de dos horas y encarar la incertidumbre del futuro más próximo. Lágrimas entre jugadores y aficionados compartidas. Sentimiento único y mutuo hacia lo que representa un escudo, que se pavoneó en una final liguera tras derrotar a ese mismo Real Madrid, que lució en una final europea en Charleroi, que tiene historia y logros. Los jugadores madridistas, solidarios con la causa de sus colegas y algunos de ellos, ex compañeros, les hacen un pasillo y les aplauden en el momento de retirarse. Una retirada que costaba hacer ante el reclamo de los graderíos.

Este es el más claro ejemplo del verdadero músculo de la Liga Endesa: cuando vienen mal dadas, ahí están las aficiones. Diez mil en este ejemplo, que lucieron el pasado domingo en Miribilla (lo hacen siempre). Y esto es extensible a todas y cada unas de las aficiones. Las que han duplicado su asistencia en tres años para ver al Real Madrid, las que hacen del Palau Blau Grana en los momentos importantes, una olla a presión, o Valencia un fortín inexpugnable. Las que convierten en definitiva, a esa ciudad, en un festín durante dos horas: Zaragoza, Murcia, Las Palmas, La Laguna, San Sebastián, Santiago, Málaga, Fuenlabrada, Madrid, Badalona, Manresa, Valladolid o Vitoria. Son ejércitos. Son muchos de miles los que están a las buenas y a las no tan buenas. Respeto y admiración sobre todos y cada uno de esos “soldados” de tal ejército, porque ellos justifican el salir a jugar por convicción y sin sueldo y dar esfuerzos extras cuando parece imposible.

Estos aficionados son los que se merecen homenajes a cada fin de semana, a cada día. Cuando se pueden verter críticas a un club, a la liga, no se pueden hacer tan a la ligera, porque arrastra a tan grande masa social que forman, que también van en el combo. Sí, tenemos aficiones en este país que levantan cualquier peso cuando toca y se deslizan en volandas cuando también toca. Que para eso portan bufandas, camisetas y banderines. Para lo que toque. Porque son las aficiones, las que llenan graderíos de forma habitual (echen un vistazo a otras ligas europeas). Justificación casi vital para seguir buscando sus alegrías.