ARTÍCULO: EL TRANCE DEL MIUDIÑO

ARTÍCULO: EL TRANCE DEL MIUDIÑO

Antonio Rodríguez

El Fontes do SAR debe es el único pabellón de la Liga Endesa que va reuniendo aficionados en uno de los fondos, tras una de las canastas, poco a poco, por goteo, todos de pie sobre el parquet como hipnotizados, viendo la rueda de calentamiento de su equipo. Hablan algunas breves confidencias al de al lado, pero todos en silencio mirando las primeras evoluciones públicas de los suyos en sus entradas a canasta. Luego, cuando quedan instantes para la presentación de sus equipos, ocupan ya sus asientos.

Parece tal estado de hipnotismo como una introducción a lo que viene a continuación. Ellos se sientan y aplauden a rabiar la presentación del Río Natura Monbus, haciendo una especie de comunión con los jugadores de Moncho Fernández, a modo de “nosotros hoy también estamos aquí”. Fieles, como siempre. Claro, la fidelidad que da tener más de cuatro mil socios. Y cuando toda la parafernalia oficial remite, cuando ya han pasado dos minutos del aviso del árbitro de los tres minutos, cuando vuelve a advertir con un nuevo pitido que ‘señores, a sus puestos, que queda un minuto’, es cuando se inicia el tan afamado canto del Miudiño: un trance de dos horas.

Porque el Miudiño no es solamente un himno cantado desde las más profundas entrañas y modulado en las gargantas de todos los componentes de, calificados la pasada temporada, la mejor afición de la liga. No es un canto de corazones convulsos durante un minuto, no. Es más bien un estado de trance para las siguientes dos horas. Y en esta ocasión, me aseguré bien que dura dos horas, porque tal trance acabó cuando los equipos, en este caso el Obradoiro, se retiraba a los vestuarios, tras perder con el Real Madrid (68-83), zanjando el asunto con otra sonora ovación.

Eran claros los efectos que producen seis victorias consecutivas en la plantilla santiaguesa. A pesar de las bajas -aunque pusieron en plantel a Oriol Junyent en la rueda de calentamiento y presentación, a modo de inspiración, pero nada más-, muestran una confianza y una determinación en cada una de sus acciones, que ha logrado su punto más alto de toda la temporada. De otra manera, sería inexplicable que con un Real Madrid acertado en sus primeras acciones (4-12 con un triple anotado por Tremmel Darden), se remontara a lomos de ese trance “miudiñista”, con robos de balón, anticipándose en líneas de pase e interceptando balones para sacar constantes contragolpes y ya en ellos, una confianza ciega en que la entrada a canasta, por muchas torres madridistas que hubiese delante, iba a acabar en eso, en canasta. Y así lo ejecutaban tipos como Pavel Pumprla, Rafa Luz o Mario Delas, para acabar incluso el primer cuarto por delante, con 17-14.

El ritmo imprimido por Rafa Luz intentando forzar la máquina, la suspensión anotada por el letón Kristaps Berzins, tras abrirse en un bloqueo, consciente que debe mejorar a marchas forzadas ante las demandas de un equipo que le necesita, o esa maraña defensiva impuesta por Moncho Fernández, de cambios de asignación a cada momento, intentos de dos contra uno defensivos, para que el subsiguiente pase ante tal amenaza, sea más una aventura que el citado pase -ver estadísticas de recuperaciones, por favor-, y tipos como Alberto Corbacho, sin ser grandes defensores, destaquen en los robos de balón, son pruebas que este conjunto, al día de hoy, está en plenitud de confianza y jugando ante la levitación que producen las seis victorias anteriormente mencionadas. Y es que en ellas, lo que hasta la jornada 16 era encajar 79 puntos de promedio, ahora se han convertido en tan sólo 64. Una gran diferencia.

Claro, que delante de ellos tenían al Real Madrid. Y por supuesto que el club blanco, respetando al rival que tenía enfrente, todo esto le parecen zarandajas. Y a pesar de la baja de Dontaye Draper, ese pequeño hércules que imprime tan asfixiante ritmo tras la salida de los vestuarios al descanso (las estadísticas dicen que consiguen casi 5 puntos más que el rival en este período de juego), el Real Madrid trasladó el choque a su terreno, y del 29-33 con el que se reinició la contienda, se acabó el tercer cuarto, con un 45-59 y gracias a un postrer triple de Ben Dewar. Partido sentenciado.

Cinco tipos con más de 10 puntos (Rudy, Mirotic, Llull, Darden y Felipe Reyes) y con la marcha más que suelen poner, cortaron la racha del Río Natura Monbús, que no perdió la cara del partido en ningún momento. Darden recuperó un balón que propició un contragolpe de Sergio Llull. Alberto Corbacho corrió para frenar tal acción, en vano. Agachó la cabeza de impotencia, pero su gesto apenas duró un segundo. Miró al frente, se dio media vuelta y a seguir jugando. Es el trance del Miudiño.

Río Natura dispondrá de una nueva adquisición interior: el pívot Travis Peterson aparece por Santiago con una tarjeta de visita de trabajo, decente lanzamiento exterior y como dice Moncho Fernández con orgullo, “pasa muy bien el balón”. Y el entrenador sabe, que eso a él, le encaja a la perfección. Esperemos acontecimientos.