ARTÍCULO: MARCUS LANDRY, EL SILENCIOSO

ARTÍCULO: MARCUS LANDRY, EL SILENCIOSO

Antonio Rodríguez

Marcus Landry anotó 16 puntos con 6/10 en tiros de campo, (2 de 4 en triples), a lo largo de 28 minutos que estuvo en pista, durante la victoria que Cajasol logró ante Fuenlabrada (75-84) el pasado fin de semana. Con ello, desde su llegada son 5 victorias y 4 derrotas para un equipo que desde su bienvenida a la capital hispalense, mantiene su plaza en el playoff de la Liga Endesa. Y eso no ha sido nada fácil.

Desde estas páginas, alabamos y ensalzamos el juego de Cajasol durante la primera mitad de competición, con un juego rápido y dinámico, con gotas de esencia de Aíto García Reneses como aroma. Aromas de correr, de tener desenfado jugando y de impregnar a hombres acorde con ese estilo. Uno de esos hombres, era Latavious Williams: pívot bajito pero terriblemente corpulento, muy rápido en defensa y letal en las transiciones ofensivas guiadas por Satoransky o Josep Franch. Sin ser el más destacado, era la bisagra por lo que todo en el conjunto sevillano funcionaba. Llegaba a todas las ayudas, limitaba las carencias de sus compañeros, y subía arriba, arriba, en los focos a los que pocos llegan. Una desafortunadísima lesión privó al Cajasol del sistema de juego que llevaban entrenando desde pretemporada.

En ocasiones, muchas ocasiones, no se encuentra la pieza equivalente a la que se debe sustituir. Y fue lo sucedido en este ejemplo. A un pívot de grandes condiciones físicas, se trae un alero, más bajo que su antecesor, con unas prestaciones muy diferentes, no tan físico, debiendo retocar algunos roles de jugadores alrededor, porque vuelvo a repetir, la nueva adquisición es un alero. El candidato es un ex NBA llamado Marcus Landry.

Reconozco que no era este Landry -el pequeño-, santo de mi devoción en la universidad de Wisconsin. La aportación de su hermano Carl, primero en Purdue y posteriormente en diferentes equipos NBA, con el físico como principal argumento, no eran las de este Marcus, quizás inflada su fama en Estados Unidos por ser hermano de quien era. Pero ni era atlético en absoluto, ni era un tipo que supiera imponerse en el interior, tirando a gordito, con aquellas gafitas o ‘goggles” a lo Abdul Jabbar, pero versión siglo XXI, y con un tiro exterior deficiente. Se le ven ramalazos de buena ética de trabajo para que tenga alguna oportunidad en la NBA. Poco, eso sí.

Y aparece por Europa y aparece por Sevilla. Y vemos un Marcus Landry efectivo y sacrificado a la hora de defender en colectivo, algo más estilizado -más bajo de lo que parecía en su país, eso sí-, y sobre todo con un tiro exterior mucho más preciso, que le valió para probar en la élite de su país. Y sin ser explosivo, su buen primer paso es utilizado como arma efectiva para irse en uno contra uno de sus rivales.

Claro, ni rebotea como Williams (3.3 por partido, por los 7 de su antecesor), ni sus porcentajes de tiro son iguales (41.4 % de Landry por los 61 % de Williams en tiros de campo). Pero sí aporta más efectividad en ataque (11.4 en lugar de los 10.9) y consigue abrir más el campo con su amenaza del triple para hacer la vida más fácil a Satoransky o Franch entrando a canasta. Todos deben variar sus roles. Un ejemplo claro es Guillermo Hernangómez, que no solamente está disfrutando de más minutos, sino que su aportación reboteadora (2.1 en las 10 primeras jornadas, se ha convertido en 3.6 en las siguientes 10), son añadidos para entregar finalmente al aficionado el mismo producto. Todos deben ayudar en lo que ahora falta, y todos se ven beneficiados de lo que Landry aporta. Y el equipo se acopla y se mantiene, repetimos, con ese récord superior al 50 % del equipo desde su llegada a la Liga Endesa. Se corre un poco menos (también los problemas de rodilla de Porzingis no los tenía a principios de temporada), pero se sigue siendo eficaz. Y eso es labor importante del banquillo, del compromiso del resto de la plantilla de saber adaptarse a un nuevo guión, y de este tipo discreto, trabajador, que ha logrado que las metas de los sevillanos sigan vigentes, este Marcus Landry, el silencioso.