ARTÍCULO: LAMAR ODOM O EL ARRIESGADO ÓRDAGO DEL TEMPORERO

ARTÍCULO: LAMAR ODOM O EL ARRIESGADO ÓRDAGO DEL TEMPORERO

Antonio Rodríguez

Pues sí. Lamar Odom ya está aquí. El impacto mediático de mostrar quién fue este gran jugador, da paso a la espera por verle actuar. Posados por las calles, ataviado por una bufanda azulgrana baskonista, esta ciudad que supongo le parecerá coqueta y un poquito fría, le recibe con ojos de esperanza, intentando dar un volantazo de ilusión a un equipo de baloncesto que, aparte de un conjuro contra las lesiones -urgente-, tanto necesita. Porque la afición de este punto de la geografía, es una afición orgullosa de lo que tienen, de lo que han conseguido de la mano con su equipo del alma. Este Laboral Kutxa por el que se sigue desviviendo, aunque sus muecas de decepción por derrotas son más numerosas ahora que en cualquier otra temporada en los últimos 20 años por desgracia. Llega como jugador temporero. De momento dos meses, pero deseosos que de un nivel como para quedarse toda la temporada. Que sus inmensos brazos alcancen hasta el fin del calendario y devuelva toda la ilusión que Laboral Kutxa y la Liga Endesa en general, depositan en él.

Pues bien, hoy hablaremos de estos temporeros precisamente. No abarcaremos los que llegan casi a principio de competición, cuando el camino se tuerce nada más empezar (sean los casos de Kevin Magee en su primera etapa, Jerrod Mustaf, Elmer Bennett en Vitoria o Alexander Djordjevic, sobre todo en el Real Madrid). No, hablamos de jugadores que llegan pasada la primera mitad de la competición como pronto, a la que restan poco más de 3-4 meses, con intención de culminar hasta el final -que en muchos casos, ni lo consiguen-, los éxitos que prometen en sus presentaciones. De esas arriesgadas apuestas, de esos temporeros, haremos balance hoy.

Chris Corchiani

Estamos tratando sobre un equipo, Laboral Kutxa, que muy bien sabe sobre estos temas, porque los ha utilizado con mucha habituación. Por aquí pasaron Matt Steingenga, Carlos Arroyo (un mesecito y poco, ¿recuerdan?) o Hugo Sconochini, que siendo un lujo libre en Italia tras un positivo por doping y meses sin jugar, dio un resultado extraordinario en el playoff para ganar el título en el 2002, siendo instrumental en aquel doblete de los alaveses. Pero en Vitoria, uno de los que llegó directos al corazón, fue Chris Corchiani. Este base pequeñito y regordito, que aterrizó en Abril del año 2000, tenía en su cabecita baloncesto a quintales. Con él, todo funcionaba a su alrededor. Un Jim Valvano-guy que no solamente acabó esa temporada, sino que se quedó dos más plagadas de éxitos. Como hombre de rotación de Elmer Bennett, era perfecto.

A lo largo y ancho de la Liga Endesa ha habido muchísimos. Lamar Odom viene con la vitola de haber sido una estrella en la NBA. Más estrellas fueron si caben los siguientes dos casos:

George Gervin

- George Gervin fue MVP en un All Star Game (1980) y el máximo anotador de la NBA en numerosas ocasiones. Llegó en Enero de 1990 a Manresa, tras abandonar la mejor liga del mundo en 1986, ser fichado por Banco di Roma en la siguiente temporada y pasar dos de ellas retirado, con problemas también por consumo de drogas. George Gervin no era ni una sombra de lo que fue cuando se presentó, pero aquel hombre ataviado con no sé cuantos pares de calcetines para salir a jugar, destilaba tanta clase que, aún andando, tuvo alguna que otra gran actuación ofensiva, como los 42 puntos que anotó al Grupo IFA Granollers (recuperado en la foto adjunta). Claro, decir que 28 puntos de media no son tan destacables… Sobre todo brilló en los playoffs por la permanencia, pero es cierto, no hay un recuerdo de él muy notable.

Ralph Sampson

- Ralph Sampson quizás haya sido el jugador con mayor impacto mediático de todos. Norman Carmichael, exjugador del F.C. Barcelona, habló a la entidad malagueña que estaba en forma, y aún sin equipo, podría recalar en Unicaja Ronda por un módico precio. Claro, a la entidad bancaria y al club los ojos se les hicieron chiribitas. A nada que estuviese un poco bien, aquel antiguo número uno del draft de 1983, también MVP en un All Star Game como Gervin y sobre todo, con sus 2.24 de estatura, ayudarían al equipo. La expectación con la que llegó al aeropuerto (momento de la foto) fue mayúscula. En su debut se le puso un alfombra roja en el Ciudad Jardín, los jugadores de las categorías inferiores le hicieron un pasillo. Fue un bombazo…y un auténtico fracaso. La apariencia era perfecta: fibroso, musculado, un devoto del trabajo. Pero sus rodillas las tenía hechas fosfatina. Con su llegada en Febrero de 1992, no se le aguantó ni dos meses. “Es que si lo mantenemos, bajamos de categoría” confesaba años más tarde su entrenador.

- Pat Cummings fue otro jugador que llegó a Zaragoza, a jugar en el CAI para sustituir a Alexander Belostenny, en los últimos días de Marzo de 1990. Verdadero fajador durante más de 10 temporadas que había militado en la NBA, este ala-pívot de raza blanca y 2.06, apenas aportó nada. Sin mucha actitud ni pinta que esto de la ACB le motivase realmente, José Luis Rubio reconoce años después que “nos equivocamos con aquel cambio. Buscábamos algo más de puntos interiores, pero dejamos a un gran tipo y un excelente profesional como Belostenny”. 11 partidos en total y absolutamente testimonial su presencia, finalizando la temporada.

Como podemos apreciar, de estos temporeros que llegaron entre bambalinas, apenas despuntó nadie. No ha habido aquí un Bob McAdoo que llegase a dominar, no. Es cierto que con marchamo de futuras estrellas en Europa, aunque sus carreras NBA fueron cortas o no muy brillantes, también aterrizaron algunos temporeros con la misión de hacer salvar dinámicas de equipos nada positivas, intentando salvar unas temporadas. Algunos, querían rascar o acercarse a algún título en casos de los grandes o sobre todo, ser rescatados como fuese los que tenían el yugo del descenso sobre sus nucas.

- Recuerdo cómo la actriz Concha Velasco alucinaba ante las proporciones físicas de José “Piculín” Ortíz al ponerse a su lado, tras descubrirlo entre el público en un espectáculo televisivo de variedades que ella presentaba. “Piculo”, pívot de 2.08 de estatura, conocido ya por su paso por el CAI Zaragoza, regresó a España y en este caso, al Real Madrid. Aquel Real Madrid trágico que sufrió el repentino fallecimiento de Fernando Martín y que estaba descompensadísimo en posiciones interiores. La gerencia blanca y no sé si George Karl pensaron que se podría arreglar un poco aquello trayendo al portorriqueño, tras temporada y media en Utah Jazz (eso sí, de titular, junto a Stockton y Malone). Llegó en Febrero de 1990 para disputar la Copa del Rey de Gran Canaria. No lo hizo nada mal, con 20 puntos y más de 7 rebotes de promedio, pero aquel Real Madrid iba a la deriva. Acabó la temporada, siendo eliminados en semifinales ante la Penya, y no continuó en el club. Se marcó un Mundobasket argentino de aúpa aquel verano, que le sirvió para que Aíto García Reneses se lo llevase al Barcelona.

- Adrian Branch era un un alero delgadito y zurdo que reclutó el Caja de Ronda para no descender en la temporada 87-88, allá por Febrero. Bueno, a ese equipo malagueño no le salvaba ni Santa Rita, patrona de las causas imposibles. Y es que, en toda la liga regular, fueron capaces de ganar ¡un partido! ¡Un solo partido! Concretamente, en la pista del Cacaolat Granollers en la cuarta jornada. O sea, que su parroquia no les vio ganar nunca…hasta que llegaron los playoffs por la permanencia, donde de forma increíble ganaron tres partidos consecutivos al TDK Manresa y deportivamente hablando se salvaron (en realidad, nadie descendió por una ampliación de equipos en la liga). Entre todo aquel desaguisado, apareció este actual comentarista de la NCAA en ESPN, que se tiraba hasta las zapatillas. Hasta el punto que hubo una situación en un partido, en la que subiendo el balón, el resto de compañeros se quedaron rezagados en su campo, para que jugase ya él solo, con la esperanza que cogiera la indirecta. Había sido campeón con los Lakers un año antes, aunque eso sí, recolector de minutos de la basura.

Wallace Bryant

- O sea, que como salvador de equipos que iban al pozo del descenso irremediablemente, el más rentable de largo, fue sin lugar a dudas, Wallace Bryant en Huesca. Llegó un bendito 11 de Febrero de 1986 para enrolarse en la plantilla del Magia oscense. Pudo ser de los americanos más caros de aquel año, pero como solamente le tuvieron que pagar el proporcional de dos meses, pues para eso, dinero había. Nunca imaginaron lo que significó aquello. El Peñas Recreativas (nombre originario del club), recién ascendido a ACB, sustituyó a James Ray, que no funcionó; a Ben McDonald -poco anotador- después. Y de forma desesperada, este gigante de 2.13 le unieron a sus filas. Tras haber sido campeón de Europa con el Ford Cantú 3 años antes, tras ser cortado en la NBA, fue llegar, ver y salvar al máximo candidato al descenso en aquella ocasión y con sonadísimas repercusiones. Por un lado, hundió en el pozo de la 1ª B (la actual Adecco Oro) a uno de los proyectos más pujantes del baloncesto nacional, el Cajamadrid, del que nunca pudo levantarse, hasta que acabó desapareciendo. Y por otro, sin él y sin esa permanencia, la gloriosa travesía posterior del Magia Huesca por la ACB en sus 10 años posteriores, nunca se habría producido ni hubiésemos conocido aquella “Marea Verde”. En el verano del 86, fichó por el F.C. Barcelona (campaña a la que pertenece la fotografía, con el número 14, junto a Kenny Simpson), casi a modo de premio.

Granger Hall

Es curioso ver cómo entre aquellos años de éxitos del Magia Huesca, el club no quería claudicar en ocasiones ante las exigencias económicas de su máxima estrella, Granger Hall. Y al final, tenían que arrodillarse ante él. El club aragonés arrancó la temporada 90-91 con Brian Jackson, pero sin Hall, trayendo a un ex participante en el primer concurso de mates de la NBA, Edgar Jones. Lastrado por las lesiones, debió ser sustituido por un joven de carrera emergente, Derek Strong, que tan bien lo hizo en la NBA con posterioridad durante muchos años. Pero siendo aún inexperto, se decidió a mitad de temporada fichar… a Granger Hall. Y en la siguiente campaña, lo mismo. Un Wallace Bryant muy distinto al que salvó al club casi 6 años antes, estuvo las primeras jornadas, a la espera con un entendimiento económico del club con el bueno de Hall.

Justin Hamilton

De jugadores que el aficionado de un equipo tiene grandes recuerdos, porque sin ser en absoluto determinantes, sí ayudaban con su oscuro trabajo a ganar títulos, entre los grandes equipos, hay algunos casos (y no me refiero precisamente a Herman “Skeeter” Henry, aquel jugador disperso que Maljkovic desde Francia, recomendó a su compatriota Obradovic, cuando dirigía al Real Madrid). Pero sí que en el Real Madrid, entre el milagroso triple de Alberto Herreros en Vitoria, como colofón a su carrera deportiva, actuaba un base-escolta de corte defensivo, trabajador incansable, llamado Justin Hamilton, que llegó a mediados de Abril para sustituir al lesionado Bullock temporalmente y a Elmer Bennett de forma definitiva. La seriedad en su labor sacrificada, hace entonar una sonrisa en el aficionado madridista cuando se le menciona.

Mike Peplowski

Y por la casa blaugrana también sucede lo mismo con Mike Peplowski y Corey Crowder. Aíto buscaba soldados, y los tuvo en ellos. El bueno de Peplowski tuvo que bregarse con Sabonis en semifinales (en tan ardua tarea le ven en la foto) y Corey Crowder, tiene la curiosidad que llegó como temporero en dos temporadas consecutivas en el club azulgrana, para acabar ambas: como sustituto de Dennis Williams primero y de Roy Fisher después (93-94 y 94-95 respectivamente). Corey, escolta corpulento, dejó una huella de buen tipo y disciplinado, imborrable en el F.C. Barcelona. Cuando su hijo Jae, actualmente en Dallas Mavericks, aterrizó con su equipo en la Ciudad Condal hace un par de años, para jugar un partido de exhibición allí, todos le recordaban lo que su padre significó allí.

En verdad, que ha habido muchos, muchos casos. Pero voy a finalizar ya con dos de ellos, que llegaron como temporeros, pero de temporeros no tenían nada, sino que con buen juicio fueron amarrados y bien amarrados en España.

- Tras los tiros de Eddie Phillips en una discoteca y su fulminante expulsión del CajaCanarias, junto a su compatriota Mike Harper, llegaron Kenny Perry, y sobre todo, sobre todo, Ricky Winslow. Este elástico y espectacular alero de 2.03, realizó ante los ojos del televidente, un enorme espectáculo ante…¿quien? Correcto: Estudiantes. Y los colegiales lo apuntaron en su agenda. Ante las constantes lesiones de David Russell en la temporada 88-89, los sustitutos de Albert Irving y Eric White, cumplieron, pero a secas, mientras Russell seguía lesionándose. Y en Magariños se acordaron de Ricky Winslow, por lo que fue temporero también en el club del Ramiro. Al acabar aquella temporada, tras eliminar al Mayoral Maristas en aquellos “playout” que designaba un extraño sistema de competición, el bueno de Winslow declaró en una cena del equipo, medio en broma, medio en serio, que “yo soy mejor que David Russell”. A lo que la directiva le tomó la palabra y no hubo más que hablar. Winslow empezó y se quedó la temporada siguiente y a la siguiente, y a la siguiente y a la siguiente, hasta que los dólares turcos hicieron que los colegiales no le pudiesen mantener mucho más. Auténtico icono de la historia del Estudiantes.

Louis Bullock

- Unicaja Málaga, y en particular, Bozidar Maljkovic, sabía lo que fichaba y lo que traía, cuando contrataron a Louis Bullock. Extrañamente no hizo carrera NBA, cuando fue una estrella universitaria, y sí dejó en Verona un cartel de certero anotador. Llegó tras finalizar su temporada en la Lega a Málaga, allá por el mes de Mayo, para entre otras cosas, llevar a los malagueños a la final de la Liga Endesa, perdiendo ante el Tau Cerámica. Claro, una perla así, no podía irse de nuestro país. Dos temporadas más en Málaga y fichaje por el Real Madrid, siendo el extranjero que más partidos ha jugado en la historia del club blanco. Bullock dejó huella de las grandes. No es para menos. “Sweet Lou” es de esos regalos que el baloncesto te da y que hay que degustar siempre, independientemente de la camiseta que vista.

Pues quizás, esa es la actitud de cara a Lamar Odom. Por supuesto que el club sus aficionados le exigirán resultados y triunfos. Pero esa puede que sea la pose más sana para ver lo que pueda ofrecer Odom en la Liga Endesa. En definitiva, su juego es uno de esos regalos que nuestro querido deporte regala.