ARTÍCULO: LAMAR ODOM, LA LLEGADA DE UN GRAN TALENTO DE AZAROSA VIDA

ARTÍCULO: LAMAR ODOM, LA LLEGADA DE UN GRAN TALENTO DE AZAROSA VIDA

Antonio Rodríguez

Hojeo una publicación en la que recuerdo que Lamar Odom era el protagonista de la portada. Se trata de la revista “SLAM” de Octubre de 1999, cuando Lamar aún no había disputado partido alguno de la NBA aún, tras ser elegido como número 4 de la primera ronda del draft de ese año, tras Elton Brand (Chicago), Steve Francis (Vancouver) y Baron Davis (Charlotte). Para que se hagan una idea del tiempo que lleva Odom en el candelero, en aquella revista había artículos sobre un Quentin Richardson que destacaba en la universidad de DePaul, Tyson Chandler como estrella de la Dominguez High School, la solidez de uno de los jugadores con más hambre de la NBA, Brian Grant en Portland y el perfil de dos primos que hicieron parecer que la hora de Toronto Raptors había llegado: Tracy McGrady y Vince Carter. De esos días data la portada de Lamar Odom.

Un chaval que tan sólo había pasado un año en la universidad de Rhode Island, que al saber de la salida de su valedor, el entrenador Jim Harrick, decidió dar el salto a profesionales. Lamar Odom, criado en New York, sin la figura de la madre (falleció cuando él tenía 12 años) y con la menos relación posible con su padre (adicto a la heroína), siempre se le ha notado la falta de la figura materna (eso sí, criado por su abuela) y cuando ha encontrado la figura más paternal posible, ha triunfado. Dos casos por encima de todo: Phil Jackson y Pat Riley.

De hecho, Pat Riley quedó prendado de su talento cuando hizo los primeros entrenamientos particulares pre draft. Chicago, Miami, L.A. Clippers y Toronto fueron los testigos. Y Pat Riley, como representante de los Heat, vio en directo todo lo que se decía de aquel chaval, conocido a lo largo y ancho del país, ya con 16 años: que sabía hacer de todo. Con sus 2.08 de estatura, jugaba de base perfectamente, pues su dominio de balón y su calidad en el pase le daban para todo tipo de fantasías. Porque el chico, además, no era egoísta. Poseía buen tiro exterior, unos brazos larguísimos y sabía rebotear. O sea, lo que se le pudiera encasillar en el amplio cajón de “puede ser un 1-2-3”, en los Lakers, bajo la tutela de Phil Jackson, llegó a ampliarlo a la posición de “4” inclusive. Una joya de jugador que bien ganada tenía aquella portada.

Pero eran 19 años los que tenía cuando llegó a la NBA. Y pronto se rodeó de chavales tan jóvenes como él, que aunque subieron el récord de victorias de la franquicia de los Clippers, aquello no lo hacían funcionar. Había mucho más “hype” que efectividad en el conjunto entrenado por Chris Ford, cuando se unieron Darius Miles, Quentin Richardson, más Michael Olowokandi y Keyon Dooling. Poco entregados al esfuerzo, sin muchos minutos de calidad, sobre todo en concentración, aunque eso sí, Odom jugando de base durante muchos minutos en aquel raro “invento”, que sí mejoró a la llegada de Elton Brand de forma sustancial, pero no suficiente.

Y como agente libre, recaló en los brazos de quien tanto lo había deseado: Pat Riley y los Miami Heat. Con el fallecimiento de su abuela aquel verano (la persona que le crió), haciéndose él cargo de la familia y con las directrices marcadas por Riley, ahí pudimos ver el gran, gran Lamar Odom que todo el mundo preveía desde que en instituto era agasajado por todo tipo de regalos y ofertas: el jugador maduro. Aquello lo recuerdo con especial cariño. Miami era uno de los atractivos ocultos de la NBA: Lamar Odom como base y dos aunténticos fuera de serie junto a él: Caron Butler y el novato Dwyane Wade. La pena es que por dentro tenían a Udonis Haslem y un Brian Grant con las rodillas ya devastadas. Sin embargo, jugaron la semifinal de Conferencia frente a Indiana Pacers, y aquello fue de auténtica fantasía (16.8 puntos, 8.3 rebotes y 2.8 asistencias promedió en aquella eliminatoria).

Pasó a Los Angeles en 2004, en aquel intercambio que envió a Shaquille O’Neal a los Heat, por Butler, Grant junto a él. Fue quien dio la cara en la caída en primera ronda ante Phoenix Suns (19 puntos, 11 rebotes, 5 asistencias) en su primera campaña, olvidando así el mal trago en los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004. El éxito en los Lakers vino con la llegada de Pau Gasol. No tuvo ningún problema en que Phil Jackson lo situase como primer hombre en la rotación del equipo tras la irrupción de Andrew Bynum (ganó el premio al mejor Sexto Hombre en la temporada 10-11), y con las constantes lesiones de éste, junto a Pau Gasol jugando en posiciones interiores, los Lakers de Kobe amarraron 2 títulos de la NBA de manera consecutiva. De hecho, donde Pau fue devastador, era con Lamar al lado.

Phil Jackson confesaba de su enorme talento, a la par que unos grandes problemas para mantener la concentración de forma prolongada. Cicatrices de no haber pasado la mejor infancia, ni haber sido tutorado en su adolescencia en hacerse cargo de responsabilidades propias. Odom, que ha firmado a lo largo de su vida dos grandes contratos (a su llegada a Miami, 65 millones por 6 años. Y en los Lakers, 33 por cuatro temporadas), era el tipo que encargaba a un chaval que llenase su coche de chucherías y gominolas. Y tuvo que ser Ron Artest quien le indujo a la sana costumbre de comer naranjas antes de los partidos. El chico que en 2001 fue sancionado por no pasar dos controles antidrogas en 2001, por coquetear con la marihuana en aquel tiempo y que esa falta de disciplina le llevó a que llegase con sobrepeso y totalmente pasado de forma a incorporarse al equipo angelino tras el lockout, algo que le mató. Fue traspasado a Dallas la pasada temporada, donde sus actuaciones fueron un auténtico desastre y acabando sus días en los Clippers, casi inédito.

Casado con la estrella televisiva Khloe Kardashian, a lo largo de su vida deportiva vio fallecer a su hijo Jayden a los 7 meses, producto del síndrome infantil de muerte súbita, a su abuela, a un tío suyo tiroteado en la calle y al día siguiente, a un niño de 15 años en bicicleta, atropellado por su chófer cuando Odom iba en el coche. Mucha mala suerte que a modo de una maldita penitencia le ha acompañado siempre. Situaciones que han tenido como consecuencia, según prensa del corazón en Los Angeles, que haya ingresado hace meses en una clínica de desintoxicación por consumo de drogas, convencido y apoyado por su ya ex esposa Khloe Kardashian.

Pues bien, con todos estos antecedentes, este el es jugador que aterriza en Vitoria para defender los colores de Laboral Kutxa durante dos meses, de momento. El chico de los brazos interminables, el talentazo. Personalmente, si miramos desde el foco de baloncesto FIBA, tengo aún en la retina cómo Odom era un ala-pívot absolutamente imparable para cualquier rival durante el Mundobasket de Turquía de 2010. Podía postear y torturar a su defensor en poste bajo, como lo podía sacar a 10 metros del aro, al más puro estilo Kukoc (zurdo, por cierto, como él). Maravilloso.

No es ninguna mentira que ha llegado una estrella a la Liga Endesa. ¿En qué condiciones? Eso lo veremos. ¿Con qué actitud? Expectantes estamos todos. Lamar Odom puede formar un dúo extraordinario con Andrés Nocioni, y poder complementarse. Ayudará el maltrecho rebote baskonista y ayudar a un gran jugador como Tibor Pleiss, pero no gran reboteador. Y convencido que bajará la producción anotadora rival, una de las grandes lacras del equipo de Sergio Scariolo en la primera vuelta.

¿Sergio Scariolo? ¿Qué verá en él Lamar Odom? Un tipo inteligente que sabrá manejar el carácter del neoyorquino. ¿Otra figura que se acerque a la paternalista? Ni se busca, ni se pretende, pero convencido que será del respeto de Odom, y con eso habrá mucho ganado. Estrellas NBA como temporeros no ha habido muchos en España y ninguno con éxito. Esa será la gran asignatura del Laboral Kutxa. Es una imagen extraordinaria para atraer aficionados. El segundo paso será hacer ganar al equipo. Lo veremos a partir de ahora.