ARTÍCULO: MICHAEL ANSLEY, IMAGEN VIVA DE LA LIGA ENDESA

ARTÍCULO: MICHAEL ANSLEY, IMAGEN VIVA DE LA LIGA ENDESA

Antonio Rodríguez

Era 2 de Noviembre de 1995. Unicaja debutaba en Liga Europea ante su público. Y Europa (la grande), era otra historia. Bayer Leverkusen, que era el rival, se suponía que no de los más fuertes del grupo, se aferraba a la igualdad en los últimos minutos. Y como había sucedido en los últimos meses, Michael Ansley se hizo con el mando del partido. Finta de tiro, bote, otra finta, pivote, pivote…los rivales caían encima de él, cometiendo falta sobre los anchos hombros de nuestro protagonista. Al tiro libre. Y así una vez. Y otra vez. Y otra vez. De los 25 puntos que anotó aquella noche para dar la alegría a todo el Ciudad Jardín y salir victoriosos (80-74), lo más destacado fueron los 9/12 en tiros libres. Pedía el balón y el resultado final era la línea de tiros libres, como bautizo a lo grande del Ciudad Jardín en la Liga Europea. En Europa (la grande). Así se sentencian partidos. Así los ganaba Michael Ansley.

Prestigioso en Alabama, en la universidad compartió un año con Buck Johnson, un afamado alero de órbita NBA, que acabó recalando en Grecia y en nuestro baloncesto -Girona concretamente- y dos temporadas con otro alero con marchamo de estrella NBA, Derrick McKey, que disputó el Mundial de España en 1986, llevándose el oro con la selección de Estados Unidos. Compartió protagonismo y vivencias junto a ellos, hasta erigirse en la estrella de la universidad tras su marcha. Orlando, tras elegirle en 2ª ronda del draft de 1989, le buscó hueco en su plantilla, aquellos Magic que iniciaban su andadura en la NBA. Pero aún poseedor de buen tiro exterior, era demasiado interior para, aunque voluminoso, ser un dos metros peladitos. Y para nuestra suerte, tras Philadelphia y Charlotte, probó en Europa. Su casi anónimo paso por Mayoral Maristas, un año en que el equipo de Imbroda no parecía ni el Maristas (¿dónde se había visto empezar con una pareja de americanos blancos y sobrios, en la tierra de los Smith & Smith o de David Benoit?), dejó su primer poso en Málaga, para continuar en la ciudad con la fusión Maristas-Unicaja de Ronda, que quedaría en el actual Unicaja. Ya no pasó tan desapercibido. Con las espaldas guardadas en defensa por un joven Tony Massenburg (fichado posteriormente por el Barcelona y acabar realizando una longeva trayectoria en la NBA), Michael Ansley se dedicaba a ser el referente ofensivo. Aún era pronto para los éxitos malacitanos y emigró al Hapoel Galil Elion israelíta, mientras que en la Costa del Sol, ni Piculín Ortíz, ni Claude Riley ni el bosnio Samir Avdic hacían olvidar esos poderosos hombros. Resultado: Michael Ansley vuelve a Málaga a liderar un nuevo proyecto junto a Alfonso Reyes, Sergei Babkov y otro ogro defensivo a lo Massenburg, llamado Kenny Miller. Con la base canterana, aquello sí que funcionó. Vaya que funcionó.

Deslumbrados todos por el Barça, por el Real Madrid de Sabonis y dirigidos por Zeljko Obradovic, que tan pronto veías a sus jugadores pelearse en medio de la pista entre ellos (en León), con los rivales (Coren Orense), como ganar la Liga Europea, deslumbrados por la capacidad anotadora de Oscar Schmidt o sorprendidos por un Joventut de Badalona haciendo aguas, Unicaja llegó de puntillas a las semifinales. Y ganaron 3-0 también de puntillas al TDK Manresa, porque todos teníamos los ojos puestos a la semifinal Barcelona-Real Madrid, que se fue hasta los 5 capítulos del serial. Un Barcelona magullado, ya viéndose campeón, preguntó por su rival en la final. “¡Ah, sí! El Unicaja”. El problema es que siguieron preguntando por Unicaja cuando perdieron el primer partido en el Palau, el segundo lo sacaron adelante con la piel de los dientes y volvieron a claudicar en el tercero ya entre la “marea verde” del Ciudad Jardín. Por quien no preguntaban, era por Michael Ansley. Ya había dejado su tarjeta de presentación.

De aquel cuarto partido recuerdo un equipo blaugrana que quería ser fiel a su historia, y ganar. Y de un Michael Ansley exhausto en los últimos minutos, tras jugar constantemente frente a torres mucho más altas que él, con el choque igualado. Y ese jugador agotado físicamente, tenía en su mente la misión de hacer historia. No concebía la derrota. Y su inteligencia le hizo pedir el balón una y otra vez, desafiar a sus rivales, que se iban rotando, en uno contra uno, entrando a canasta, muy posiblemente consciente que no podría anotar ninguna más, que las piernas flaqueaban y las fuerzas faltaban para dar el toque correcto al tiro, pero sí para forzar faltas personales. Y vuelta a las fintas, a los pivotes, a aguantar las caídas de los rivales, porque sabía que así llegaba la única posibilidad que tenía de anotar: el tiro libre. Era casi dramático ver un tipo con ese agotamiento, dirigirse una y otra vez a los tiros libres. Pero no fallaba.

37 puntos aquel fatídico cuarto partido. El match-ball para los malagueños. ¿Quien es capaz hoy día de lograr una marca así cuando se juega tanto, tanto? 14 de 15 tiros libres. No fallaba. ¿Saben lo que significa eso para un entrenador? ¿Un tipo interior que puede coger el balón a siete metros del aro y su camino será anotar canasta forzar faltas, porque no va a errar desde ahí? Pocas veces he visto una exhibición tan clara del ‘dársela al bueno’ en nuestro baloncesto.

Y con 77-79 en el marcador a falta de 12 segundos, Ansley sube el balón y pone prueba a la suerte, a la providencia, con un triple para sentenciar una liga. Esa imagen que inmortalizó para nuestra competición, el fotógrafo Mariano Pozo. Esa instantánea que verla hoy, casi 20 años después, estremece. Un triple que se convirtió en un no-triple. Un gesto para la historia.

Un tiro y unas finales que cambiaron una tendencia. La ACB no vivía sus mejores tiempos y el aficionado al deporte, la iba dejando de lado. Tras los Juegos Olímpicos de Barcelona, los equipos se empezaron a apretarse el cinturón, los sponsors ya no llegaban todo se fue ensombreciendo. Y de repente, llegó esta final, las declaraciones altisonantes de unos y otros, las victorias sorprendentes y el público en general, volvió la cabeza hacia sus televisores, a seguir esta final trepidante. Se superaron los cuatro millones de audiencia en este último partido malagueño, en este último tiro de Ansley.

El quinto partido en el Palau fue para el F.C. Barcelona, para mayor gloria del mejor jugador de su historia, que aquel día se retiraba: Juan Antonio San Epifanio abandonaba el ’15’ azulgrana. Eso fue otra película a la que Unicaja no pudo llegar. Eso sí, Michael Ansley claramente se coronó como el mejor ‘4’ de la Liga Endesa. “El mejor 4 de Europa” que decía él. Tenemos que sonreír ante ese arrebato de altanería. ¿Qué demonios? Se lo había ganado. Con él, Unicaja se puso en órbita nacional, en escaparate continental. Málaga desde aquel día, fue grande.

Michael Ansley volvió este pasado fin de semana, para disfrutar el recibimiento que se merece. Ahí lo ven con algunos de sus antiguos compañeros. Aquellos que le daban la pelota y soñaban. Porque con Ansley se pudo soñar en ser campeones. Un mito, una leyenda, una imagen de logo. Bienvenido a tu casa, Michael Ansley.