EL EQUIPO DE LA SEMANA: LA BRUIXA D’OR

EL EQUIPO DE LA SEMANA: LA BRUIXA D’OR

Antonio Rodríguez

Desde bien joven me inculcaron lo difícil que es salir de una dinámica de resultados. Es curioso, aunque cueste menos, que cuando a un equipo le acompañan los resultados, abandone una dinámica ganadora. Un ejemplo muy claro, fue hace ya unos cuantos años, el Estudiantes que llegó a la Final Four de Estambul. Aquel equipo, como me confesó su entrenador Miguel Ángel Martín aquella temporada 91-92, tenía un plantel tan joven, que su primera obligación era comenzar ganando desde las primeras jornadas, para meterse en esa buena marcha y que levantara el espíritu de aquellos chicos, que la mayoría poco superaban la veintena. Incluso Alberto Herreros atestiguaba que si hubiesen tropezado en sus primeros pasos, se hubiese visto abocados a luchar por el descenso, porque eran una panda de críos. Ese descenso era lo que pretendía evitar su entrenador. Pues bien, ganaron las 12 primeras jornadas de liga. Y en la decimotercera, perdiendo por casi veinte puntos en la pista del CAI Zaragoza, comenzaron a lanzar triples como desesperados para recortar las diferencias a pasos más largos, porque no les entraba en la cabeza, que decía su pívot Pedro Rodríguez, que pudiesen perder un partido. Tan situación de confianza llegaron a conseguir. Claudicaron aquella tarde, pero bien cerca estuvieron de la hombrada. Eso es una dinámica ganadora.

Más cruenta y más complicada abandonar, es la dinámica perdedora. Perder, perder y perder es una losa demasiado pesada que te impide ganar, porque cuando se llega a un final igualado, bloquea cualquier espíritu optimista, ritmo y eficacia y se suele entrar en un bucle, visualizando la manera de perder que se ha tenido en los partidos anteriores y que, por lo tanto, hace que acabes perdiendo. Salir de ahí, sí que es duro.

Y en este paisaje se iba manejando La Bruixa d’Or últimamente. De las ocho últimas jornadas, antes de encarar su enfrentamiento en el Centro Insular de Deportes ante el Herbalife Gran Canaria, solamente habían logrado una victoria (en su Nou Congost, ante el UCAM Murcia), perdiendo los 3 últimos por una desventaja media de 20.3 puntos. O sea, sin posibilidad ni de competir el encuentro.

Dicho esto, reconozco que hay que tener mucha fuerza moral, mucho entusiasmo y convicción para arrancar un triunfo tan notorio en uno de las pistas más difíciles de la Liga Endesa, como es el CID gran canario (70-85), sin mostrar en ningún tramo sensación de flaqueza en momentos comprometidos, y sí asestando certeros golpes a base de triples (12/25 nada menos), cuando los hombres de Pedro Martínez amenazaban.

Que se empiece con primeros parciales alentadores, bueno, es algo que pudiera entrar en el guión de un partido. Presenciar casi con sorpresa que Herbalife Gran Canaria comienza desacertado en ataque y los hombres de Borja Comenge se adjudican primeras ventajas prometedoras (8-15, 10-19, 15-30), pudiera ser un hecho accidental, con cierta sorpresa por sus errores, provocados eso sí, por un buen sistema defensivo. La Bruixa d’Or anuló el juego cómodo en la zona de los canarios, algo harto complicado cuando se tiene enfrente a Eulis Báez y al gigante Walter Tavares, una de las revelaciones de la campaña. Pero sí, esta pareja de pívots dieron la sensación por momentos, que hasta llegaban a molestarse el uno al otro en ataque. Demasiado juntos, poquísimos espacios, y decir que el máximo encestador de puntos en la zona por los locales, era el pequeño base Tomás Bellas. El trabajo defensivo de Darryl Monroe y Oliver Arteaga (con el único recambio que tuvieron de Josh Asselin), fue notabilísimo. O sea, que continuar con ventajas importantes, ya no era tan lógico.

Por otra parte, la dirección de Dominic Waters fue decisiva para la victoria manresana. Recuerdo que charlando con Borja Comenge hace un mes aproximadamente ir , contaba que estaban más contentos con la actitud de Waters en el ambiente del equipo que de su rendimiento en la cancha. El base estadounidense, todos lo hemos visto a lo largo de la temporada, es alguien que pierde fácilmente la concentración cada vez que falla, con autoculpas a veces severas, que le hacen irse del choque y como consecuencia, sus abultados números de balones perdidos. Aunque en la matinal del domingo volviera a perder 7, que son muchísimos para un base, el hecho de mostrar agresividad, de capacidad de anotar y de penetrar a canasta, de ir focalizando todas las atenciones y todas las miradas, hicieron que sus compañeros se pusieran “las botas” desde la línea de tres. Eriksson, Alex Hernández y hasta el pívot Darryl Monroe, sorprendentemente flotado en muchas acciones tras abrirse en el bloqueo, arrancaron su buen puñadito de triples. Y esa fue la pócima, atacar y abrir para certeros lanzamientos lejanos, lo que iban poniendo los clavos en la tumba canaria. Porque en la segunda mitad, a cada capacidad de reacción, con esta escuadrilla de bombarderos que fueron los forasteros, mantuvieron el electrónico en torno a los 20 puntos casi siempre. Nunca les vino la temblona en la muñeca, la inseguridad en el juego y cada vez el pescozón -baloncestisto, lógicamente-, era más fuerte. Así que convirtieron el choque, en un partido sin historia, sin emoción.

Monroe excelente, anotando desde fuera y desde dentro. Arteaga haciendo una labor sucia bajo tableros encomiable, que suena a tópico, pero es que fue así y la inteligencia jugando de Alex Hernández y Dominic Waters, marcaron con un sello a hierro y fuego el envite. En Las Palmas ya tienen otro de una victoria, importantísima para huir de puestos de descenso. Ahora, lo más importante es que esta victoria tenga continuidad para no volver a pasar por un desierto semejante de resultados y sobre todo, para que la mente no guarde ni retenga vestigios de esta racha perdedora.