REAL MADRID, RÉCORDS QUE DEJAN ESTELA

REAL MADRID, RÉCORDS QUE DEJAN ESTELA

Antonio Rodríguez

Hacía mucho tiempo que no veía en el Palacio de los Deportes de Madrid, cómo hasta las balconadas de la parte superior, los que están a la altura de los focos, también había ahí aficionados deseosos de ver el enfrentamiento entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona en la tarde del domingo, abarrotando ya del todo el recinto. Siempre que se disputa un derby, se nota en el aire que hay algo especial: las gradas más que pobladas cuando aún resta una hora para comenzar, las caras de concentración de los jugadores en las ruedas de calentamiento, incluso más sudorosos de lo habitual, con miradas más perdidas, más concentradas y los operarios ultimando detalles, que en esta ocasión obvian más de lo habitual las sesiones de tiro y calentamiento de los jugadores en la pista.

Es una atmósfera que parece debe manifestarse así para que podamos ver un gran espectáculo a continuación. Y así lo vimos. El Real Madrid derrotó al F.C. Barcelona (98-84), elevando así su racha de victorias consecutivas en la Liga Endesa a 13 y dando una sensación nuevamente de imbatibilidad muy importante. Porque los blancos a lo largo de los 40 minutos, al igual que en un combate de boxeo, atizaban una sucesión seguida de golpes sobre el rival, que estuvo casi de forma permanente intentando recuperarse y levantarse. Fueron demasiadas las armas de los jugadores blancos para aguantar tantas embestidas.

El caso es que desde el inicio, pese a la fluidez anotadora del Real Madrid en los primeros parciales, el encuentro empezó a trazar una jugada que tuvo a maltraer a Pablo Laso: el pick & roll entre Marcelinho y Ante Tomic. Y no eran capaces de pararlo. Si no decidía uno, decidía el otro. Siempre uno de los dos encontraba la ventaja para anotar. Lógicamente cuando Xavi Pascual tenía que rotar y hacer descansar a estos hombres, tal filón se paraba. Pero tanto en el inicio del choque tras el salto inicial, como tras el descanso, y esto a pesar del buen trabajo defensivo de draper, se convirtieron en una fuerte respuesta azulgrana, donde la rapidez de desplazamientos del tunecino Salah Mejri cuando estuvo en pista, para defender y recuperar, tuvieron una respuesta efectiva para disolver su peligrosidad, haciendo una labor tan desapercibida como brillante.

Y con el ejemplo de Mejri se puede extrapolar el juego del Real Madrid al resto de la plantilla. Fueron demasiados argumentos. Están siendo para todos demasiados argumentos. No ya que los titulares como Llull, Rudy Fernández o Mirotic muestren en su velocidad, en cortes a canasta y su decisión para anotar un credencial importante, sino que Giannis Bourousis castigó desde poste bajo a los azulgranas en las primeras acciones, porque Tremmel Darden con su juego físico sabe optimizar situaciones tanto cerca del aro como de exterior. Que luego aparece la segunda línea con Carroll o Sergio Rodríguez y Felipe Reyes para romper, por si acaso habías aguantado los primeros parciales hasta ese momento. Y sin olvidar que en la reanudación, lo que toca es la asfixia permanente ante la presión defensiva al balón por parte de Dontaye Draper arriba, y la de Slaughter bajo los aros. Es tremendamente difícil para un rival combatir tales argumentos.

En todo este arsenal, todos vaticinan que en cualquier momento, por parte de cualquiera de ellos, pueden romper. La exhibición de Felipe Reyes en el segundo cuarto (12 puntos en este período), volviendo a distanciar a los locales cuando el Barcelona más apretaba (del 23-18 al final del primer cuarto, se pasó a un 44-30 a falta de 3 minutos para el descanso), así lo atestiguaron.

El F.C. Barcelona también mostró sus fuerzas, ahora que su plantilla se va acercando, al menos en efectivos, a los que realmente deben ser. Con la notable aportación tras su reciente vuelta tanto de Brad Oleson como de Erazem Lorbek, los jugadores de Xavi Pascual respondieron en muchos momentos con calidad, en aportaciones como los triples del propio Lorbek en la primera mitad, las grandes capacidades de Oleson, acciones muy positivas de Navarro en la segunda parte o los dos triples consecutivos de Kostas Papanikolau. Todos fueron acercando a los azulgranas como para estar en partido y continuar compitiendo. Lo que quizás les faltó fue no perder la compostura cuando quien pegaba era el Real Madrid. Y eso, al final acabó notándose. Cuando los blancos les castigaban con un parcial, casi siempre tuvieron una mala defensa de más, un balón perdido que nadie explicaba de más, para ver que la desventaja en vez de irse a 8 puntos o 10, se iba a 15, acrecentando el parcial en contra que hacía muy difícil remontar luego. Claro, ahí se notó la presión ambiental que daba alas a los jugadores de Pablo Laso, expoleándoles hasta un nuevo robo o forzar otro tiro más forzado para salir en contragolpe. A Xavi Pascual no le servía que Lampe no llegase a puntear los dos triples consecutivos de Felipe Reyes (por eso le sentó rápidamente), ni que Pullen tuviera deseos de remontar aquello por su cuenta (que también le valió rápidamente el cambio). Pero no sería equivocado decir que los azulgranas sí insinuaron muchas de sus armas, que sumando todas, forman la tan poderosa máquina de los últimos años. Habrá que darles un poco más de tiempo.

Del Real Madrid lo que me volvió a gustar es la agresividad con la que juegan en ataque. Nadie, absolutamente nadie, manosea el balón de más ni están a la espera de los sistemas de sus compañeros. Allí todos amenazan con atacar a su hombre, con entrar a canasta para que, si eres Llull o Rudy, entras hasta la cocina. Pero si eres Darden, te frenarás en seco a tres metros para una suspensión corta difícil de parar. O si eres Draper, para doblar un balón hacia un tirador solo. Y si eres Sergio Rodríguez, bueno… entonces ya, lo que quieras.

Pues así transcurrió el primer derby dentro de la competición de la Liga Endesa, en esta temporada. Un gran espectáculo de unos que sí es cierto, parecen imbatibles, que parecen dejar estela en una huella difícilmente olvidable, y otros que necesitan aún de trabajo para encajar piezas, porque las que tienen son de mucha, mucha valía. Quien sí tuvo claro que ganó fue el aficionado con un espectáculo así.