DYRON NIX, UN ÍDOLO QUE IDOLATRABA

DYRON NIX, UN ÍDOLO QUE IDOLATRABA

Antonio Rodríguez

Dyron Nix ha fallecido a los 46 años de edad, víctima de una neumonía. Uno de esos estadounidenses que ha recorrido nuestra geografía por los cuatro costados a lo largo de la década de los 90, mostrando grandes dosis de calidad en su baloncesto, nos abandona. De hecho, en sus últimas temporadas, con una rodilla un tanto maltrecha, su talento le hacía seguir subsistiendo por nuestras pistas. Con apenas 2 metros de estatura (2.01 oficialmente), aparece por nuestro panorama cestista a mitad de campaña 91-92.

Fue Javier Imbroda quien lo trajo a su Mayoral Maristas en 1992, para suplir a Leo Rautins (que días después, emigró a Ourense). En el pabellón Carranque intentaban buscar una continuación a la altura de los Smith (Mike y Ray, santo y seña de la ciudad), y lo iban logrando a base de cambiar y reemplazar. Al volador David Benoit, que sí convencía -pero se fue a la NBA-, llegó una parejita de jugadores de raza blanca, Chad Ghallager y el mencionado Rautins, que tampoco resultaron. Y por allí apareció esta ex estrella de la universidad de Tennessee, junto a otro recién llegado a España, el incomparable Michael Ansley, logrando así un tándem de lo más ‘pintón’ y espectacular para intentar llenar esas gradas “de prestado” que eran las del Ciudad Jardín para ellos.

Nix fue tan estrella en su país, que visitó Bilbao en el verano del 88, con una preselección de jugadores de Estados Unidos, para defender a su país en los posteriores Juegos Olímpicos de Seúl. De aquella Selección USA fue descartado, como lo fueron Rex Chapman, Alonzo Mourning, Shelton Jones, Dwayne Schintzius o Steve Kerr. Pero ahí queda su sello de élite.

Nix conoció unas mieles no muy dulces en el Maccabi Tel Aviv, equipo que intentaba buscar nuevamente su identidad, hasta que llegó nuevamente en España, ya para quedarse. Como sustituto del orondo Mirko Milicevic en Valladolid en 1993, concretamente. La ‘Penya’ de Obradovic lo utilizó como tercer extranjero junto a Corny Thompson y John Morton para conseguir las semifinales ligueras y forzar 5 partidos al Barcelona, en su máximo logro en nuestra Liga Endesa. Huesca, en la siguiente temporada, fue quien vio sus mejores exhibiciones, como para que un emergente y adinerado Caja San Fernando lo fichase en el verano del 95, para descartarlo en el mismo período estival por Marvin Alexander, ya que no les convenció su estado físico. Andorra, Valladolid nuevamente, Huesca y Lobos Cantabria, con un inpass en el Iraklio de Creta griego (durante la belle epoque del baloncesto griego), completaron su carrera.

Nix era un americano que se adecuaría muy bien al baloncesto de hoy, por ser un “4” que sabía jugar muy abierto. Su tiro no era de tres puntos, pero sí su suspensión era muy certera. Además, era un gran jugador a campo abierto en uno contra uno. Tenía un reverso terrible y esa curiosa virtud de quedarse colgado en el aire cuando lanzaba a la media vuelta en suspensión, esperando a que cayese su contrario para ejecutar su lanzamiento, en una especie de “double pump” de manual. Arma que también utilizaba en poste bajo, sin importarle ceder espacio ante su falta de centímetros y de peso.

Parecía un tipo desgarbado, delgado y con esa rodilla renqueante, trasladándose con lentitud por la pista…hasta que tenía el balón. Finta, un bote y para adentro. Utilizaba su cuerpo para proteger los tiros como un verdadero maestro. A los chavales de aquellos años les encantaba ver cómo miraba a los ojos a su defensor en el uno contra uno, con el balón escondido. Finta con un paso, finta de tiro…era todo un incordio para el rival, hasta que arrancaba.

Una neumonía nos ha arrebatado a este tipo peculiar mucho antes de lo esperado y por supuesto, de lo deseado. Era un tipo que aunque arrancaba admiración entre sus colegas y entre el público, él también daba muestras de admiración hacia otros jugadores. A su llegada a Málaga, en los primeros meses de 1992, junto a Ansley, compartía ciudad y pabellón junto con la megaestrella de la NBA Ralph Sampson, que vino a acabar su carrera deportiva en la Costa del Sol, acompañado también por un ex compañero suyo de la universidad de Virginia que jugaba en el Granada, la ametralladora Jeff Lamp. Pues algunas noches, cuando salían a tomar una copa, Nix se encargaba de llevarle los refrescos a Ralph Sampson desde la barra a su mesa, por el mero hecho de ser Sampson. Era tal la devoción y admiración que profesaba hacia su ídolo, que realizaba ese gesto con todos sus buenos deseos.

De su opinión sobre la experiencia en España, Javier Ortiz publicó en “Historia de baloncesto” sus impresiones.Una pérdida de las que apena, porque fue un tipo que por su prolongada estancia en nuestras pistas, dejó huella en la retina de todos nosotros.