EUROBASKET ESLOVENIA DÍA 17: EL BRONCE DE LA CONCORDIA

EUROBASKET ESLOVENIA DÍA 17: EL BRONCE DE LA CONCORDIA

Antonio Rodríguez

Con una medalla de bronce, todos regresan a casa con una sonrisa. Jugadores, cuerpo técnico, medios de comunicación y aficionados. Y desde una posición a tres metros de la tele, pues ver cómo se cuelgan la medalla de bronce en el podio, pues también da una sonrisa. Porque una medalla es una medalla. Y con ese gesto de agachar la cabeza, acabó la participación de la Selección Española en este Eurobasket de Eslovenia. Ese que comenzaba con tantos candidatos al mencionado podio, ese que era el más abierto de los últimos años por todas las ausencias conocidas, por todas las caras nuevas que algunas nos podían sorprender y que se podía perder con un puñado de equipos, pero también se podía ganar a todos.

Pues bien, nos despedimos con victoria ante Croacia por 92 a 66. Anotando más que el primer día frente a ellos, encajando más que el primer día, pero dominando lo mismo, que al fin y al cabo es lo que cuenta. Se tenían temores a este partido. Una derrota elevaría el casillero de derrotas hasta cinco y eso sonaba bastante mal. De cuatro derrotas y medalla a cinco (de 11 partidos) y un cuarto puesto, dista un trecho bastante extenso. No hubiese denominado fracaso a esta última posibilidad. Fracaso hubiese sido caer en cuartos y pegarnos en esas semifinales tan ingratas del quinto al octavo puesto. La decepción hubiese sido mayúscula.

Se ganó ayer y además de paliza. Con lo que, por un lado, mostramos nuevamente una superioridad aplastante y, paradójicamente por otro, niega el poder ganar un final igualado, con lo que para este combinado quedará en sanbenito de haber apalizado a sus rivales y no haber sido capaz de ganar ningún final cerrado. Cosas del torneo. Es curioso, pero cuando nos adentrábamos en los fangosos terrenos del último cuarto, temerosos de lo sucedido dos días antes, y teniendo casi una veintena de diferencia, aún mirábamos por el retrovisor por si avistábamos al rival croata acercándose. ¡Qué va! Los hombres de Repesa nos hicieron un favor, porque en estos últimos 10 minutos dejaron de competir. La defensa y la rapidez de la primera mitad y la exhibición de Sergio Llull (4 triples en la primera mitad, el último de maravilla, sobre la bocina del descanso), les hicieron bajar los brazos. Aquello no se levantaba. Y eso que nos tuvieron igualados tras nuestro fortísimo arranque inicial (una constante de todo el campeonato que agrada), pero remontaron de la mano de un pletórico Bojan Bogdanovic (hasta un 27-28 se pusieron por delante).

Sergio Llull lo bordó y reconoce que se quita un peso de encima tras un discreto Eurobasket. José Manuel Calderón nos fascinó con sus triples durante las primeras jornadas. De Sergio Rodríguez acabamos con todos los calificativos tanto el día de Italia como el de Serbia. Marc Gasol fue un martillo pilón por su contundencia y un Pitagorín por su inteligencia a lo largo de todo el campeonato. Rudy Fernández ha tenido momentos fantásticos, Ricky ha robado balones, ha defendido y ha sacado contragolpes más que nadie...Esta es una gran selección. ¿El mejor equipo de todos? No lo sabremos. Solamente Francia, a mi modo de ver, fue mejor que nosotros cuando nos enfrentamos a ellos. Por eso no se si he de decir que esta España fue el mejor equipo del campeonato.

Una de historia. En Junio de 1987 viajamos a un Eurobasket en Atenas con un equipo de transición. Juan de la Cruz se había retirado de la selección, Fernando Martín formaba parte de la plantilla de los Trail Blazers, con lo que no podía jugar en el equipo nacional y allí nos presentamos con unos imberbes Pepe Arcega, Francisco Javier Zapata y Ferrán Martínez. Hablamos de una época en la que Yugoslavia estaba unida y la Unión Soviética enterita también. Y allá que fuimos, ganando a los anfitriones, Grecia y cediendo con la URSS (dos veces) y con Yugoslavia (otras dos). Cuarto puesto que supo amargo puesto que ni unos ni otros eran tan ogros como pensábamos. Y para colmo, aquello lo ganó Grecia. Desencanto y quizás haber creído más en nuestras posibilidades en ciertos momentos es lo que faltó. A Eslovenia fuimos con muchas bajas, sin saber lo que nos podíamos encontrar, sin saber dónde estaría nuestro techo y con un tercer puesto y una medalla que endulzan, pero quizás con cierta falta de convicción en los momentos decisivos. Bueno, eso y un cansancio ante Francia, que como dijimos el pasado sábado y confesó ayer Calderón en los micrófonos de Cuatro, fue decisivo para que se nos nublaran las ideas en ataque o se fallasen tiros claros.

De este paralelismo creo que el aficionado tiene el regusto amargo de haber creído más en ciertos momentos como para haber llegado a una final, en la que estoy seguro que hubiésemos ganado a Lituania. Reflexionando e intentando remontarme al día 4 de Septiembre, ante la incertidumbre de lo que nos íbamos a encontrar, una medalla de bronce la hubiese firmado. Seguro.

España ha tenido muchas virtudes. Muchas. Ya hemos evaluado la cantidad de jugadores que en momentos puntuales sacaron a relucir su fulgor de estrellas. Hemos iniciado todos los partidos de una forma envidiable. Todos, pero todos los parciales con los que arrancábamos, con los que llegábamos al descanso, con los que llegábamos al final del tercer cuarto, fueron extraordinarios. La defensa no ha sido perfecta, porque por deficiencias perdimos con Eslovenia y con Grecia. Pero ¡se ha acercado tanto a serlo! Sobre todo una defensa con jugadores más bajos que casi cualquier otro quinteto rival, tomando riesgos, exigiendo desgaste físico y capturando rebotes defensivos que, ahora no nos acordamos, ¿eh?, pero fueron el quebradero de cabeza de los partidos de preparación. No se volvió a hablar más del tema. Todo ello conforman armas muy contundentes.

En los finales de los partidos en los que se perdió, a nuestro ataque le pudo faltar criterio, algo más de diversidad preparada, pues mostramos improvisación y tendencia a ejecutar lo mismo y, no lo sé, pero me da que pensar que fuelle en esos últimos minutos. Rentas que se iban perdiendo sin dar una respuesta clara en ataque, ni desde los jugadores en pista ni desde el banquillo, probando con piezas en puestos diferentes a los suyos. Evaluemos y pongamos nota ahora. Reconozco que las virtudes de este equipo superan con bastante a los defectos. Siendo justos, la actuación global del equipo ha sido buena. Buena como para conseguir medalla. Buena como para volver a casa con una sonrisa. Buena como para estar en el palmarés y dentro de equis años podamos ver que fuimos élite nuevamente. Que nunca se sabe lo que puede depararnos el futuro.

FRANCIA SE HIZO CON EL TÍTULO

Los franceses han perdido partidos. Debutaron con derrota ante Alemania (la mayor sorpresa de la primera jornada), o cedieron ante Serbia previo a los cruces de cuartos. Sin embargo, cuando llegó la hora de la verdad, estaban preparados. Parker, Batum, Gelabale, Ajinça y Pietrus, este último desde el banquillo. Nadie ha mostrado un arsenal físico tan impresionante como ellos. Además, Boris Diaw, Diot o De colo pusieron mucho buen hacer. Su umbral físico estuvo por delante de los eslovenos, que se lanzaron como kamikazes hasta que se agotaron; por delante de España sabiendo que su momento llegaría, porque esa zona con brazos tan largos era como un frondoso bosque en la que nos perderíamos y con Lituania en la final, exceptuando los brillantes momentos de Linas Kleiza, tampoco tuvieron respuesta.

Y cuando me refiero a umbral físico, no hablo de músculos ni de estatura. Hablo de brazos larguísimos, hablo de llegar ahí arriba donde no llegaba nadie, hablo de velocidad cuando salían a la contra, con ese prodigio físico (aún siendo tan delgado y tan pequeño) como Tony Parker, y hablo de unas piernas tan privilegiadas, que muchos rivales no podían superar sus emparejamientos ¡de uno contra uno! porque los franceses les respondían en magníficas defensas y prodigiosa lateralidad. Tuvieron orden para asestar a sus rivales el golpe definitivo en el momento preciso. Y dominaron la final (80-66) ante Lituania con tal facilidad, que sí nos hacen ver que su oro fue merecido. Son ya muchos años trabajando bien. Ahora recuerdo el baile tribal sobre un círculo de Tony Parker, Boris Diaw y Mickael Pietrus en la pista del Zadar, cuando se proclamaron campeones de Europa junior en el 2000. Y recuerdo como Antoine Diot, Nicolas Batum y Alexis Ajinça formaban un equipo imbatible en Mannheim en 2006 y en Rumanía meses después, en el Eurobasket de la misma categoría. Son ya muchos años trabajando bien. Se merecen ser justos campeones.