EUROBASKET ESLOVENIA DÍA 8: UN TRILERO LLAMADO SPANOULIS

	EUROBASKET ESLOVENIA DÍA 8: UN TRILERO LLAMADO SPANOULIS

Antonio Rodríguez

Aparecía Grecia en esta nueva fase en Ljubljana confiando en engatusar a España con el juego de los trileros. Al fin y al cabo, ellos llevaban dos vasos vacíos, tras las dos derrotas en las dos últimas jornadas de la primera fase, y otro vaso más con la bolita, esa que esperaban alcanzar ante España en forma de victoria. Y con ello jugaron ante nuestra selección, con el mejor ejecutando su magia: Vassilis Spanoulis. Y nos hipnotizaron. Y nos dejaron con los bolsillos vacíos y se fueron con esa bolita-victoria para casa, que nunca supimos en qué cubeta se encontraba.

El 79-75 final cuenta con el peligro que nos sitúa con una victoria y dos derrotas en nuestro casillero, dentro de un grupo eso sí, de lo más abierto. Croacia -aquella que apalizamos, ¿recuerdan?-, comienza a pasearse, Eslovenia está haciendo valer su factor cancha (la victoria ante España, no fue un accidente. Italia ha sido el siguiente. Van muy convencidos), los imbatidos “azzurri”, que conocen la hiel de la derrota por primera vez y los helenos, pues ¿qué quieren que les diga? Yo apoyo a todos aquellos que decían que pudieran ser un muy factible rivales para la final, en esos arrebatos que nos da a los aficionados por pensar en la final. Mucho saltar es eso.

El resultado fue igualado, pero nos deja un regusto amargo al haber encajado 27 puntos en el último cuarto. Pero para llegar a eso sufrimos espejismos primero, y a continuación, ese hipnotismo de un trilero de primera (¿o se puede decir triplero? Bah, queda feo).

España tuvo un inicio muy esperanzador viendo el marcador: 26-16 al final del primer cuarto. Y hablo de espejismo porque los ataques, aunque los aficionados españoles nos frotásemos las manos, hay que reconocer que eran extraños. Ni era normal que España tuviera un ¡75 % en tiros de dos y 75 % en tiros triples!, ni que los griegos, en tiros claros, abiertos, solos, los fallaran (Tuvieron hasta seis tiros totalmente solos, ejecutados por jugadores que no suelen fallarlos, como se vio más adelante. En un porcentaje normal, si hubiesen anotado la mitad, el resultado no sería tan llamativo).

Marc Gasol, en este primer cuarto, comete una primera falta que protesta de forma airada, asegurando que él no le había tocado. Le creo. En una jugada de poste bajo, le señalizan una segunda falta de chiste que protesta, porque fue inexistente. Según los testigos y así lo comentó Antoni Daimiel en la retransmisión de Cuatro, se le pregunta y pide quedarse en pista. Estábamos en minutos muy dulces, no se quería cambiar la dinámica y Juan Antonio Orenga piensa que Marc es un tipo sensato cuando de dice que él aguanta, como para no forzar una tercera falta...que llega unos minutos más tarde, antes de finalizar el primer cuarto, con una mano que nunca debió meter. Aunque protestara, aunque nunca hubiese contacto, quizás nunca debió cometer tal imprudencia. Tercera personal, 24-14 en el marcador en el minuto 9 y debió sentarse durante el resto de la primera mitad. Problema.

Grecia dejó los malos porcentajes (al menos los de triples, porque los de dos puntos seguían siendo horrorosos) y comienza con el show Spanoulis, el movimiento de “los tres vasos” y adivinen dónde está la bolita. Miren, Vassilis Spanoulis ha sido posiblemente la mejor expresión helena de aquellos “hijos deportivos” que Nikos Gallis y Panagiottis Giannakis engendraron una gloriosa tarde de Junio de 1987. Unos niños atónitos delante de la televisión que vieron a su país ganar, en un hito sin precedentes, intentaron emular a sus ídolos con tanto entusiasmo, que se convirtieron en estrellas europeas. Y así, Theodoros Papaloukas, Dimitris Diamantidis, Ioannis Bourousis y sobre todo, Vassilis Spanoulis, han llevado a la élite de forma ininterrumpida a su país. Spanoulis es una maravilla de jugador, de los que recordaremos por muchos años, que sabe jugar el pick & roll como nadie en Europa y que los aficionados españoles hemos tenido la mala suerte en ocasiones, de cruzarnos en su camino. Que le pregunten al Real Madrid y su experiencia londinense de hace unos meses. Spanoulis es un jugador por sí solo desequilibrante. Dos Euroligas consecutivas así lo atestiguan. Y ayer, lo volvió a ser.

El segundo cuarto fue enteramente suyo porque sabe aprovechar el bloqueo de su compañero y comenzó a anotar triples, escondiéndose por un lado, por otro y en última instancia, asistir a un tercero en discordia, que fue el ala-pívot Kaimakoglou con sus triples. Ahí tienen las tres figuras y una bolita, que curiosamente se mostraba...entrando por el aro. Los españoles fuimos incapaces de defender ese dos contra dos, con la desesperación en forma de gestos ostensibles de Ricky Rubio por momentos, porque se estampaba en el bloqueo y Xavi Rey no salía tan arriba. Triple, triple, asistencia...un parcial de 11-0 que ampliado, llegó a ser de 24-8 a falta de un minuto, durante el segundo cuarto. Xavi Rey fue abroncado desde el banquillo porque debía ser más agresivo y salir hasta donde pidiese la jugada. Había que arriesgar y no era plan de quedarse a mitad de camino para resguardar el aro. Y lo hizo. Entonces, Spanoulis penetraba con gran habilidad hasta el fondo -que fue aquella sorprendente no-canasta donde el pívot del Herbalife Gran Canaria tocó la red de forma descarada y desesperada y los colegiados no señalizaron nada- o abría el juego para algún compañero y que anotase. Auténtico maestro donde en momentos decisivos, nunca supimos encontrar la solución, los recursos para limitar aquello. Impotencia. Y el ataque, exceptuando algunas gotas de agresividad entrando a canasta, hoy no tuvimos la fortuna en el lanzamiento de tres. Cuando anotamos, conseguimos ventajas (el porcentaje no es nada malo, 8/20), sin embargo nuestros mejores tiradores tuvieron una noche errática (Rudy Fernández y José Calderón, 3/10).

Arrancó la segunda mitad con un 38-41 en contra y en el tercer cuarto, con la entrada de Marc Gasol, se vivieron buenos momentos. Si hablamos maravillas del escolta de Olympiacos, no menos podemos hacer con nuestro pívot titular, dos de los más claros candidatos a jugador más valioso del Eurobasket. Marc tuvo unos minutos extraordinarios en ataque, castigando en poste bajo, dando asistencias y forzando faltas. Volvía a ser nuestro “Godzilla” particular. Y en defensa, todos ajustaban un poco mejor, se denegaba a Spanoulis a crear desde ese bloqueo y continuación central, -conseguimos escorarle a un lado donde no está tan cómodo- y volvimos a tener alegría. Sin correr eso sí, pero jugando con alegría, porque ni la rémora de nuestras pérdidas de balón (16 en total), parecían notarse. 57-50, ampliado con un 60-52 con triple de Rudy Fernández en las primeras acciones del último cuarto. Ahí nos quedamos.

Las pérdidas dolían más en este último cuarto, el no tener un tirador exterior centrado y acertado en los últimos 10 minutos fue determinante, porque ya Marc Gasol sufría muchas ayudas. Dos, hasta tres contra uno, intentando sacar balones que se perdían, en parte por el dolor del golpe recibido en el muslo de Ricky Rubio, en parte porque perdimos nuestra fe en ataque. A teóricos tiros abiertos, se fintaba y nos íbamos para adentro, en una jungla que no salimos bien parados. Y si en el tercer cuarto, quien avisó y mantuvo la bandera con sus canastas era Georgios Printezis por Grecia, en este último Spanoulis volvía a tener el mando, para en esta vez...asistir. Y aquí hay que añadir el acierto heleno, que también contó. En el pick & roll, a Spanoulis se le defendió con su marca y con Marc Gasol muy encima de él. Acababa dando pases bajo el aro a compañeros con nuestra canasta desguarnecida; se cambió la marca incluso y se puso a Alex Mumbrú (que salió para contrarrestar la movilidad de Printezis), a defender esa jugada. Ahí los griegos consiguieron encestar tiros que quitaban el hipo abriendo el balón. Una suspensión de Michael Bramos bien defendida o una entrada complicadísima de Kaimakoglou, acabaron dentro. Nosotros sin brújula y ellos metiéndo casi todo. Sin sangre fría para sacar partido en los momentos finales, siguiendo perdiendo balones o lanzando malos tiros. Grecia no perdió su mirada en la victoria durante ningún segundo del último cuarto y quizás, España, no tuvo la confianza y la paciencia para ello.

Y así acabamos con el citado 79-75. Por momentos se defendió bien. Por momentos creímos que había muchos jugadores implicados en nuestro ataque anotando. Sin embargo, que nos mataran con el 2 contra 2 central, era una opción que se podía dar. Y así sucedió. Todo sigue en el aire y se debe seguir trabajando, para empezar, con un cursillo acelerado de cómo frenar esa jugada o al menos, ante tipos tan geniales como Spanoulis, conseguir minimizarla. Toca Finlandia, que no es ni de lejos tan flojo como se mostró en la tarde de ayer. El acierto anotador depende de muchos factores. Ayer no nos acompañó cuando había que solventar desde fuera. Es lógico. Esto es baloncesto y esto es caprichoso. Pero hay que buscar soluciones defensivas a estos problemas. La red se vuelve más liviana y cada vez aguanta menos golpes. Aún así, creo que hay que seguir confiando. Esta es una Selección de las que no suele crear un pesimismo prolongado, sino todo lo contrario. En ella seguimos confiando.