“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (IX)

“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (IX)

Antonio Rodríguez

TAU CERÁMICA VITORIA 01-02

Xabier Añúa, con su sorna habitual, recuerda de Josean Querejeta en su etapa como jugador que “no defendía ni el huevo y siempre se quejaba de recibir pocos balones”. Un alero alto de dos metros, algo inimaginable a finales de los setenta, que pasó sin pena ni gloria por el Real Madrid, Joventut de Badalona o CAI Zaragoza y que donde sí se sentía cómodo, de verdad, era en el viejo pabellón de Mendizorroza, en su casa.

La historia de éxitos del Baskonia posa sobre sus cimientos como presidente, máxime en la historia de este siglo XXI, donde con tres títulos de liga en su primera década, se erigió como el segundo equipo más laureado del baloncesto español. Querejeta tomó el mando de la presidencia en 1989 y paso a paso, de un equipo siempre en mitad de la tabla, aspirando a jugar playoff, ha llegado a ser lo que hoy todos conocemos. Del 2001 al 2010, tres alirones en seis finales de liga disputada y cuatro títulos de Copa del Rey. Asusta.

Vitoria siempre ha sido una ciudad de baloncesto, donde los aficionados han acudido en masa al pabellón. Recinto, cuya ampliación siempre ha sido una de las ambiciones de este club, muy sensibilizado en asentar una infraestructura envidiada en Europa. En la capital alavesa, en su andadura ACB, habían visto pasar genios de la canasta como Essie Hollis, Abdul Jeelani, Pablo Laso, Joe Arlauckas, Velimir Perasovic o Elmer Bennett. Y sobre todo, sobre todo, siguiendo la filosofía de su presidente, apostar siempre por un gran entrenador, “pues mi experiencia me dice que es más rentable que tener a un jugador estrella”. Herb Brown, Manel Comas, Sergio Scariolo o Dusko Ivanovic han sido nombres que han corroborado esta filosofía y han hecho grande la marca Baskonia.

Con estas premisas, a la final liguera de 1998, le siguieron dos años decepcionantes, hasta que aterrizó, procedente del Limoges francés, Dusko Ivanovic, para hacerse cargo del banquillo vitoriano. La temporada 00-01 será siempre recordada por el aficionado del actual Laboral Kutxa, por forzar cinco partidos en la final de la primera Euroliga, a la Kinder Bolonia y tras otros cinco combates a muerte, en semifinales de la Liga Endesa, ante el Real Madrid. Y así, llegamos a la temporada que nos ocupa, iniciando, para ponernos en antecedentes, con un vistazo a sus vitrinas por aquel entonces, con dos copas del Rey (1995 y 1998).

El equipo había sufrido la baja de Saulius Stombergas, su mejor tirador, intentando así el jugador evitar la polémica que aquel verano enturbiaba la confección de las plantillas con los comunitarios “A” y “B” y un pacto tácito entre los equipos, que a pesar de la legislación vigente, presuntamente se hizo entre los clubs ACB. Dicho esto, en la primera jornada, el lituano Mindaugas Timinskas (país donde se consideraban a los comunitarios de clase “B”, que sí se mantenía en el club (hasta que meses después fue cedido al Racing PSG parisino), jugó el partido en Las Palmas de Gran Canaria, que firmó su protesta en el acta por alineación indebida, dando las autoridades la razón a los isleños y el partido por ganado por un 2-0.

No era la mejor manera de iniciar la temporada a la que sus jugadores aspiraban, “como mínimo, a igualar la pasada campaña” que confesaba Fabricio Oberto. Ni mucho menos mejoró la imagen, cuando viajaron a Ljubljana a disputar lo que se llamó el “Torneo Apertura”, que era una manera de bendecirse los equipos, a modo de torneo, que disputaron, los de la recién creada Euroliga con el título de la Kinder, junto con los de la antigua Liga Europea, regida por la FIBA, llamada Suproliga, que ganó el Maccabi Tel Aviv en París en 2001. Allí, los baskonistas perdieron en cuartos. Sin embargo, ante la plaga de lesiones que les afectaba, sí se trajeron una excelente noticia: Andrés Nocioni, buen jugador de complemento hasta ese entonces, se erigió como la estrella del equipo y mostró espíritu de líder, algo que no ha abandonado a lo largo de sus días como jugador. Uno más a unir a su potente plantel, que lo formaban en su núcleo fuerte Elmer Bennett, Chris Corchiani, Laurent Foirest, el mencionado Nocioni, Fabricio Oberto, Luis Scola y las adquisiciones ese verano de Sergi Vidal y el MVP de la Euroliga con Buducnost, Dejan Tomasevic. Ese último fichaje, discutido en sus primeros meses de competición, puesto que se echaba mucho en falta la agresividad y la templanza de Victor Alexander, el americano que vistió sus colores meses antes (y que dio la espantada antes del último partido de semifinales ante el Real Madrid). En Europa tampoco pintaban las cosas mucho mejor, puesto que de los cuatro primeros partidos, fueron derrotados en tres.

Lo bueno del Tau Cerámica aquel año fue la paciencia y seguir trabajando al ritmo que marcaba Ivanovic (poco descanso más bien) y los resultados fueron llegando. Ganaron en la Ciudad Deportiva al Real Madrid (63-71) en la cuarta jornada, olvidando así su tropiezo en casa ante el recién ascendido Caprabo Lleida (87-89) y humillaron al Cáceres (117-70) con una de las ruedas de prensa más curiosas jamás dadas, donde Alfred Julbe, por aquel entonces en tierras extremeñas, agradecía al Tau el que les respetase como equipo durante los 40 minutos, no bajando nunca la guardia, a pesar que las diferencias fuesen tan notorias. En Euroliga, también cogieron velocidad de crucero: tras el balance inicial de 1-3 ya comentado, en las siguientes 10 jornadas, perdieron tan solo un partido, dentro de la fase previa.

18 años, desde su primera edición en Diciembre de 1983, llevaba el equipo local sin ganar la Copa del Rey. Y la oportunidad para el Tau la tenían en casa, en Vitoria, de cara y dar la primera gran alegría a su afición (Granada y Valencia fueron testigos de sus dos logros previos en Copa). Elmer Bennett aún estaba muy reciente en su vuelta a las canchas, tras dos meses en el dique seco por un problema en el tobillo (Chris Corchiani realizó dos extraordinarios meses, porque Dusko Ivanovic apenas contó con el base temporero que habían fichado como ayuda: un bisoño portorriqueño llamado Carlos Arroyo). Un palmeo a falta de cuatro décimas de Luis Scola para derrotar al DKV Joventut en cuartos y remontar 14 puntos de desventaja en el tercer cuarto al Unicaja, en semifinales, dieron paso a una suspensión mágica, inmaculada del propio Bennett para certificar el título de Copa ante el F.C. Barcelona (85-83), ante una afición volcada. Dejan Tomasevic se erigió en el MVP de la Copa con 20 puntos, 9 rebotes y sobre todo, 8/8 en tiros libres, alguien que superaba a duras penas el 50%.

Fue un primer paso glorioso, pero aquellos jugadores tenían muy claro que no debía ser el último. Y eso que siguieron teniendo problemas con bajas, recambios y lesiones. A Richard Petruska le sustituyó el argentino Gabriel Fernández, mientras que por lesionado Chris Corchiani en la recta final, llegó el griego Christos Harissis. ¡Ah! Y un tipo que se tornó en fundamental con el devenir de la competición. Hugo Sconochini fue recuperado para la causa por Josean Querejeta tras ser bastante maltratado en Bolonia por su club, la Kinder, desde que meses atrás dio positivo por nandrolona en un control antidoping. Hugo estuvo casi inédito en sus primeros partidos, cogiendo poco a poco la forma, para llegar a estar sublime en la recta final y así, poder lograr una de las finalidades que él pretendía: ser internacional con su país en el Mundobasket de Indianapolis que se avecinaba.

La única decepción de Tau Cerámica sucedió en la Euroliga: clasificados en la fase de cuartos, el sistema de competición hacía que de los 4 grupos existentes con 4 equipos, tan sólo el primero llegaría a la Final Four de Bolonia. Los alaveses estaban encuadrados en un grupo junto a Maccabi Tel Aviv, CsKA Moscú y Ulker Estambul. Y tras una noche mágica ganando en Tel Aviv, le siguió una derrota inesperada en casa ante los moscovitas, que tuvo su respuesta ganando en la capital rusa (53-70), dejando todo preparado para la última jornada, en el que se recibía en el Fernando Buesa Arena al Maccabi Tel Aviv. Pudo ser la presión de decidir en casa que conllevaba un exceso de responsabilidad, pero los hombres de Ivanovic jugaron ahí el peor partido de toda la temporada, finalizándolo con un horrible 65-94 con el que decían adiós a esta competición, el único borrón, según Dusko Ivanovic.

En el playoff dejaron al Pamesa Valencia en la cuneta en cuartos de final (3-1) y por idéntico resultado al F.C. Barcelona, cuya andadura post Gasol se les hizo bastante dura. Eso sí, con susto, pues en uno de los partidos del Palau, Fabricio Oberto sufrió un esguince cervical en una caída, debiendo abandonar la pista en camilla y un collarín protector. Circunstancia que no pasó a mayores para poder enfrentarse en la final a Unicaja, al que derrotaron 0-3, teniendo el factor cancha en contra, con el equipo absolutamente lanzado y brindando así el primer título liguero a los fieles seguidores del Baskonia. Ahí funcionaron todos: Bennett, que apenas tuvo descanso, Foirest y su excelente muñeca, Nocioni, Sconochini...Tomasevic ya era muy destacado y formando el trío de pívots junto a Fabricio Oberto y Luis Scola.

Los dos primeros pívots, Tomasevic y Oberto, emigraron a Valencia ese verano. El club no se resintió. “Si alguien piensa que se ha tocado techo, va a descender muy abajo en un abrir y cerrar de ojos” declaraba Dusko Ivanovic días después de la consecución del título liguero. Algo muy en consonancia con su filosofía. Efectivamente, nunca pensaron que tocaron techo. Tau Cerámica se convirtió en una alternativa poderosísima al título, a todos los títulos. El sello del entrenador montenegrino, la cantidad de jugadores que pasaron a continuación por sus manos y su implicación, así lo han ido entendiendo. Baskonia apareció en la temporada 01-02 como un nuevo grande que ganaba. El abanico se abrió para alguien más que los que conseguían trofeos de forma esporádica. Tau Cerámica era un favorito más a todo. Aquel doblete es algo que tienen muy presente entre las paredes del Fernando Buesa Arena, uno de los recintos que con más celo y devoción guardan la historia del club -no hay más que pasearse por sus pasillos-. Y no es para menos. Fue el inicio de una marca que han ido dejando a continuación. Vitoria tiene un pabellón señalado en su camino en todas las principales calles. Vitoria tiene un equipo cuya guía o programa se apilan en las recepciones de los hoteles. Vitoria tiene una identificación con su Baskonia. Y es que este equipo, ha ganado mucho.