LOS PRIMEROS SUDORES

LOS PRIMEROS SUDORES

Antonio Rodríguez

Entre los ecos de la brillante victoria de la Selección Española en Montpellier, la corriente de fichajes que va poco a poco mitigando y las quinielas mentales que nos hacemos nosotros, otorgando posibilidades a los contendientes, comienzan las primeras sesiones de trabajo, los primeros sudores para los protagonistas de la Liga Endesa. Reconozco que estas primeras fotografías de tipos en zapatillas de running, pantalones de atletismo, sudaderas empapadas y caras bronceadas, que poco dan a demostrar que son jugadores de baloncesto, siempre me han creado expectación e ilusión. Cada verano, las primeras instantáneas de tipos que superan los dos metros, correteando por el verdoso césped de una pista de atletismo o de la escarpada cuesta de una sierra, era motivo para soñar lo que se avecina: una nueva temporada.

Tras posados de nuevas caras con el pulgar hacia arriba sosteniendo las camisetas de sus nuevos equipos, las declaraciones más optimistas para hacer soñar a los aficionados, llegan los primeros sudores de los tipos más variopintos. Pueden ser estrellas europeas (los griegos Bourousis o Papanikolaou), búsqueda de reafirmación y el encontrar el sitio en otro lugar (Carlos Suárez) o los que aceptan nuevos retos en clubes de mayor presupuesto e historia, tras realizar una fantástica trayectoria en otros, teóricamente inferiores (Pablo Aguilar).

Y luego llega el ejército de los nuevos, totalmente desconocidos para el gran público. Por regla general, los estadounidenses. En otro tiempo, los verdaderos baluartes de los entrenadores, que ahora en tiempos de crisis, poco a poco vuelven a coger ese cetro de liderar las plantillas. Vengan de otros clubes europeos, de la Adecco Oro en España o de la NCAA. Y vuelta con estos últimos a rememorar nuevamente tiempos en que la NBA era inaccesible y los universitarios, jóvenes e inmaduros pero cargados de ilusión, son los que cualquier aficionado señalaba con el dedo para hacer ganar a su equipo y les convierten automáticamente en sus ídolos.

De todos ellos, nos hemos ido haciendo eco en Espacio Liga Endesa y lo seguiremos haciendo. Hemos intentado plasmar con la veracidad posible quienes son, cómo son y lo que pueden aportar a sus nuevos clubes. Ilusiones por encima de todo.

Uno de los jugadores del que todavía no hemos hablado (lo haremos), es la nueva adquisición del Baloncesto Fuenlabrada, Taylor Smith. Tras unos muy acertados fichajes por parte del club madrileño, se presenta este ala-pívot de 1.98 de estatura, procedente de la pequeña universidad de Stephen F. Austin. Y me ha llamado la atención las dudas de muchos, sobre su corta estatura y su idoneidad para poder jugar en las cercanías del aro. ¿De verdad que aún estamos en esas?

Créanme si les digo que la NCAA está plagado de fantásticos pívots que no llegan a los dos metros. Olviden Kentucky, Duke, Arizona o North Carolina. Olviden las universidades que casi de forma perenne copan el Top-25 del ranking semanal de Associated Press. Prestemos atención a las otras 300 universidades que completan la Division I. Ese baloncesto más secundario, más alejado de las cámaras, ese que tiene más viajes en autobús que en aviones y apenas es cubierto por la televisión, posee entre sus tesoros verdaderos genios que no llegan a los 200 centímetros, luchando bajo los tableros. Y por supuesto que no tienen hueco en la NBA, a no ser que sean un superclase como lo es en la actualidad Jarred Sullinger o lo fue en su momento Charles Barkley. Y deben probar a venir a Europa. Y aquí, a esos maestros de las zonas, del juego de pies, del pase, debiéramos darles la bienvenida. Porque nuestra confianza se la han ganado.

Hace pocos días publicamos el ranking de algunos de los 10 jugadores con menos de dos metros, aunténticos dominadores de las zonas (vota aquí) y les puedo asegurar que ellos se han ganado más ovaciones que muchos otros gigantes, porque lo suyo tiene mérito. Y siempre he creído que para desenvolverse en las cercanías del aro con ese handicap, deben ser muy buenos jugadores de baloncesto. Y de esos, nunca sobran en nuestro baloncesto. Y en un gran porcentaje, estos “maravillosos enanos”, lo son.

Yo no sé el rendimiento que dará Taylor Smith entre los fuenlabreños, aunque ellos tienen la experiencia de haber tenido en sus plantillas auténticas maravillas como eran Richard Scott o Rico Hill. Por eso tienen fe en Smith. Y nosotros también debiéramos tenerla. Vengan de donde vengan, caigan en el equipo que caigan, el poder disfrutarlo en nuestras pistas y ver sus magistrales manuales puestos en práctica en el parquet, son de las cosas por las que yo disfruto tanto cuando piso una pista de la Liga Endesa.