“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (VII)

“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (VII)

Antonio Rodríguez

Foto de toda la plantilla del Mayoral Maristas. En primer término, Javier Imbroda junto a nuesto "cicerone", Jacinto Castillo.

MAYORAL MARISTAS 88-89

Se puede hacer historia, se puede cambiarla sin llegar a ser los mejores, sin tener que ganarlo todo. Se puede. Sin tener un récord de victorias descollante, sin aspirar a jugar playoff por el título. Se puede. Porque si de lo que se trata es de ganar el corazoncito de tus aficionados, de toda la afición, lo hicieron. La alegría, el desenfado infantil, el optimismo, la alegría innata por jugar (quizás sea por lo que fueron patrocinados por la empresa de ropa infantil “Mayoral”. Encajaban con sus valores perfectamente) y de paso divertirnos a todos, procedentes de un colegio, el Maristas de Málaga, lo lograron. Y encantado que tengan ellos su turno en esta sección.

¿Cambiaron la historia? Por supuesto. No creo que haya habido un equipo en toda la historia de la Liga Endesa que haya jugado tantos “uno contra uno”. Trasladado a los tiempos de hoy día, su juego era pura ciencia ficción. Fueron los mayores maestros en eso, porque los cinco en pista podían hacerlo, jaleados por un pequeño pabellón de poco más de dos mil personas, el Polideportivo de Carranque, que celebraba cada canasta con un sentido y emotivo “¡Oleeee!”.

Porque si hablamos de Mayoral Maristas, su sello y nuestro recuerdo nos trasladan a los Smith: Mike & Ray; Ray & Mike. Los Smith, canelita en rama. Estuvieron juntos tres años completos en la ciudad, dos de ellos en ACB. Esta temporada a la que nos referimos, la 88-89 fue su debut en la Liga Endesa. También, porque en el banquillo había un entrenador melillense, bastante joven, que les daba toda esa libertad que el equipo necesitaba para conseguir expectativas mucho mayores de lo que les correspondían: Javier Imbroda.

Mike Smith entrando a canasta, su jugada más característica.

Este equipo, por supuesto que tiene historia. Juntar a los Smith fue una gran historia. De boca de uno de sus protagonistas, el presidente del club, Jacinto Castillo, nos desgrana capítulo a capítulo la travesía.

“Cuando en el verano de 1986 subimos a 1ª B (actual Adecco Oro) y tenemos que fichar americanos, el hermano Julián, que ahora es un alto mandatario en el sacerdocio, ejerciendo en un colegio de Maristas en Irlanda por aquel entonces, le preguntamos si podría tener contactos allí. Y a través de un entrenador que conocía, nos manda una lista de los mejores americanos que jugaban en la liga irlandesa. Ya me dirás tú el nivel que podía haber. Pero el desconocimiento que teníamos y sobre todo, el poco dinero, nos llevó a eso”.

Los tres primeros de la lista, se llamaban Fred McKinnon, Eric O'Neal y Mike Smith. El primero, vivía en Tampa.

“McKinnon decía que no podía aparecer hasta un mes más tarde, porque trabajaba en un supermercado y su contrato no expiraba hasta un mes después y quería cumplirlo. Ya me dirás tú. El segundo, O'Neal, vino y no dio la talla y el tercero era Mike Smith. Con Mike, aquel verano, contactamos con él en su universidad, South Carolina, que estaba allí entrenando. Le decimos que se venga para Málaga si puede esa misma noche, que queríamos verle, pero tenía que hacerlo desde Tampa, puesto que manteníamos el billete de McKinnon, que por aquel entonces se podía cambiar de nombre. Y dijo que sin problema, que allí se presentaría. Y para que veas lo que es el hambre por jugar. Tras colgar el teléfono, caigo en la cuenta que no sabía nada de él, algunos datos para contar a la prensa. Así que a los 45 minutos más o menos, le llamo para me cuente algo de él y lo coge su compañero de habitación. Me dice que ya no está, que con una bolsa de deporte y algo de ropa, había a ido a coger un autobús, que se iba para España. Cuando llegó allí, medía mucho menos de lo que pensábamos (1.97). A nuestro contacto le decíamos que queríamos americanos de raza negra, saltarines, jóvenes, y de 2.03 aproximadamente de estatura. Pero lo vimos bueno, con ganas, muy saltarín y nos lo quedamos”.

Finalmente, en lugar de Eric O'Neal, vino David Cooke, “que hoy día sería un jugador extraordinario. Era un '4' de 2.05 de estatura, con una fuerza descomunal y un tiro de tres sensacional” recuerda Jacinto Castillo. Pero hubo que sustituirle al ser sancionado por cuatro partidos por una bronca con Wescelao Perdomo y Mike Smith les recuerda que el bueno en Irlanda no era él, sino un tal Ray Smith, que jugaba en el Burgerland, “que no sé si querrá venir aquí” apuntilló el bueno de MIke.

“Llamamos al pabellón y se pone el encargado de su mantenimiento, que nos remite a por la tarde para hablar con él, que ese día jugaban. Ray nos dice que en ese momento no podía, porque estaba jugando las eliminatorias de Copa con su equipo y que hasta que no finalizaran, no vendría. Le preguntamos qué tal había ido el partido y nos dijo, sin darle mucha importancia que bien, que ganaron y que él anotó 45 puntos y veintitantos rebotes. ¿45? ¿Cuatro, cinco? En nuestro inglés, intenté asegurarme que estaba correcto lo que había oído. Al otro partido, otros cuarenta y tantos puntos. Otro, el del pabellón, con el que ya cogimos confianza y le llamábamos para que nos contara, nos decía 'hoy ha estado flojo, solamente ha anotado 38 puntos'. Eran números que no nos podíamos creer, por mucho Irlanda que fuese”.

Pero esa espera puso impaciente a Imbroda, que tenía en su agenda un tal Williams que jugaba en liga holandesa, del que le hablaron bien.

“Sacamos billete al Williams y el tío resulta que perdió el avión. Le preguntamos qué había pasado y su mujer, que fue quien se puso al teléfono, nos dice que llegaron una hora antes, pero que tuvieron problemas con el equipaje. Los tíos querían venir con 17 maletas y 2 perros. Y se presentaron una hora antes en el aeropuerto. Lógico que no pudiesen coger el vuelo”.

Finalmente, Williams y Ray Smith llegaron al mismo tiempo. Ray con una simple bolsa de deporte y fue por el que se decidieron en el club. Y a partir de ahí, a escribir páginas de oro.

“Ray cobraba 750 dólares al mes, más 300 dólares por partido ganado en casa y 350 si se ganaba a domicilio. Y cuando subíamos al autobús tras ganar un partido, me recordaba que ese día había más caja”.

Con el ascenso de ocho equipos a la Liga Endesa por la ampliación que se acometió para la temporada 88-89, Mayoral Maristas consiguió uno de los billetes para la máxima categoría nacional. Y mantuvo el mismo plantel, que estaba formado junto a los Smith, por los bases Jesús Peña y Paco Aurioles, Carlos Elejabeitia, Jacinto Castillo (hijo) y Enrique Fernández escoltas, los aleros Iñaki Rodríguez más los Smith y el único pívot era José Pedro García, de 2.03, uno de los jugadores más infravalorados de la historia de la Liga Endesa, porque era quien tenía que pegarse con todos los altos rivales. Está por ver si medía más de dos metros, pero como recuerda Jacinto Castillo “tenía una envergadura tremenda. Era ancho de hombros y unos brazos larguísimos, con lo que cogía muchos rebotes. Y es que Ray, que dicen que medía 2.02, era mentira. Lo hacíamos jugar como pívot y medía como mucho 1.95 de estatura. Yo recuerdo que nos contó que los Seattle Supersonics se interesaron en él años antes, para jugar ¡como escolta! Y nosotros lo teníamos como pívot”.

Mayoral Maristas jugaba a correr, con lo que aquello era una delicia. Mike Smith solía estar entre los primeros en recuperaciones de balón en la liga, con lo que muchas de esas jugadas, acababan en mates. Y en estático, fintaba e iba para adentro. Ray Smith se acercaba a la canasta y en muy poco espacio era capaz de driblar entre las piernas, de hacer grandes reversos y entrar a canasta o lanzar cortas suspensiones desde 2-3 metros, que eran imparables. Además, Ray Smith daba grandes pases hacia el lado débil, de lo que se aprovechaba tanto Mike para ir hacia dentro, como Enrique Fernández, que estaba preparado con su excelente muñeca para anotar triples.

Para que se hagan una idea de la incidencia de los Smith, decir que en esta temporada, Ray tuvo una media de 34 puntos y 56.8 % en tiros de campo y 8 rebotes. Mike, por su parte, 24.3 puntos y 61.2 % en tiros de campo y 9.6 rebotes. Con ellos, Mayoral Maristas consiguió un récord positivo de 22 victorias y 17 derrotas, anotando una media de 86.9 y cediendo 5 partidos en casa de los 18 disputados en liga regular. Acabaron jugando el aquel llamado Playoff de clasificación, cediendo 3-0 ante Estudiantes Bose.

Ray Smith en una gran y espectacular acción, ante la mirada de Brian Jackson.

Quizás a ese equipo le faltaba lanzamiento de 6.25, puesto que era Enrique Fernández casi el único especialista. Los Smith no eran buenos tiradores exteriores y se encontraron muchas defensas zonales, pero que con la gran capacidad de pase que atesoraba Ray Smith, las estallaba desde su posición de poste alto. En defensa se les veía pequeños y eso se notaba. Su presión defensiva al balón era eficiente, pero había problemas cuando pasaban a zonas interiores, porque allí el equipo sufría, máxime cuando muchos rivales tenían dos americanos de los grandes, muy de moda en aquella época.

La faena es que en la jornada 25, Ray Smith tuvo que ser operado de dos hernias discales y causó baja, siendo sustituido por un sobrio Wally West, jugador que ya tuvo Monsalve un año antes en Tenerife, en 1ª B, perdiendo algo de magia indiscutiblemente. El pabellón del colegio Maristas se quedó pequeño, se remodeló la antigua pista para jugar a partir de la 89-90 y seguir deleitando. Y esa campaña siguiente, un chaval de 18 años, con una intensidad tremenda en la pista, empezó a ganarse minutos como segundo base. Se llamaba Nacho Rodríguez.

Aquel Maristas se despidió de los Smith en la temporada 90-91, uno, Mike, al equipo vecino, Caja de Ronda y Ray cogió las maletas para tierras canarias. Lo que vino después no era igual y en el verano de 1992, Caja de ronda y Maristas se fusionaron, dando lugar al llamado Unicaja. Tres años más tarde, aquel equipo llegó a la final ACB (ver capítulo 5 del serial). Para el recuerdo quedará esa manera tan peculiar de trabajar y funcionar desde ese pequeño pabellón de Carranque. Una manera inconsciente a veces, que nos dejó la siguiente anécdota, contada por Jacinto Castillo.

“En nuestra búsqueda de extranjeros, acudiendo a nuestras redes de colegios y universidades de los Maristas. Y en una de ellas, en Estados Unidos, jugaba un holandés muy alto al que echamos el ojo. Se llamaba Rik Smits. El chico quería seguir estudiando y jugando en USA y desistimos. Aquel verano del 86 fue el Mundobasket en España y Estados Unidos jugó su sede inicial en Málaga. Pues allí nos gustó Charles Smith, un ala-pívot que era grande y se movía muy bien (máximo anotador de su selección, que fue campeona del mundo en aquel Mundial). Y fuimos a hablar con él y la madre. Le contamos que no teníamos muchos dinero, pero que nos interesaba. El chaval, con 20 años, sophomore en la universidad de Pittsburgh y de lo más amable, nos comentaba que su deseo era jugar en la NBA cuando acabase la carrera. Pero que si no le salía muy bien, recordaría esa oferta”.

Charles Smith fue elegido en el draft de 1988 en el puesto nº 3 por Los Angeles Clippers. El número 2 de ese draft, fue Rik Smits.