“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (V)

“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (V)

Antonio Rodríguez

ESTUDIANTES CAJA POSTAL Temporada 91-92

Por la manera de trabajar de un club a lo largo de tantos años, Estudiantes se merecía el premio a esta temporada gloriosa y hacer ver a todos que la cantera también puede llegar a dar éxito a nivel continental. Y es que sus cartas estaban marcadas desde el principio. En verano, José Miguel Antúnez, su base insignia, fichaba por el Real Madrid como era su deseo. Y como reza este juego, Estudiantes recibía a cambio una saca que llenaba las arcas del club procedente de los blancos, pero sin volverse locos. No ficharon ningún base a cambio, sino que dieron confianza plena al segundo director de juego que tenían en ese momento, porque nadie, nadie tenía más descaro que Nacho Azofra dentro y fuera de la pista. Y a un jovencísimo Pablo Martínez Arroyo se le daba la oportunidad de ser su hombre de recambio. 22 y 21 años tenían ambos jugadores para llevar el timón del club colegial. ¿Riesgo? Pues vean cual fue el refuerzo del equipo.

“Llamé por teléfono a Juan Aísa interesados en ficharle, porque sabíamos que en su club, el Real Madrid, con sus 20 años, no iba a jugar apenas nada. Y nos dice que si era para el equipo filial. Le tuvimos que repetir varias veces que no, que era para jugar en el primer equipo. 'No me gustan las bromas, ¿eh?' era su respuesta inicial ante la propuesta”. Juan Aísa resultó fundamental en muchos momentos de liga.

Alberto Herreros había sido ya internacional, pero inició la campaña 91-92 con 22 años, otro fichaje, Juan Aguilar, tenía 21 años, y los únicos veteranos eran John Pinone, con 29 años, Pedro Rodríguez, con 28 y en la mitad de la veintena, Juan Orenga y Ricky Winslow. Y ahí les tienen, intentando cubrir metas de afianzarse poco a poco, porque como reconocía Alberto Herreros, “un equipo tan joven, si hubiese empezado mal, nos hubiésemos ido al hoyo. Éramos muy inexpertos”.

Contraproducente pudo ser también que por primera vez en la historia, Estudiantes jugaría la máxima competición continental, la Liga Europea, que adquiría un formato por vez primera, de disputarse por más de un equipo por país (anteriormente, el formato eran 8 equipos en la fase final, era disputada sólo y exclusivamente por campeones de liga de cada país. Nadie más, ni tan siquiera el campeón de la competición el año anterior). Para un equipo como éste, sería una carga de responsabilidad añadida...que poco les importó, la verdad.

Y allá que se presentan los “toreros”, esos que pretendían un inicio fuerte para no pensar en complicarse la clasificación en temas de descenso, contando sus jornadas por victorias en la Liga Endesa, en Granada, en Huesca, ante el Pamesa, en Manresa, ante el vigente campeón, el Joventut (82-79), en Villalba, en Granollers, ante el Fórum de Sabonis, en Ourense, ante el Lliria, ante el Caja San Fernando, en campo del Real Madrid (73-85), al Barcelona (82-74)... perdiendo finalmente, en la jornada 14 en Zaragoza, ante el CAI. Una derrota, que vista la dinámica del equipo, no se podían creer que llegaran a perder algún partido. “Y cuando íbamos 20 abajo, empezamos todos a tirar de 3, porque quedaba poco tiempo y de dos no nos daba tiempo a remontar. Porque estábamos seguros que íbamos a ganar. No podíamos perder” recordaba Pedro Rodríguez el estado de nirvana en el que estaba sumido el equipo.

Alegría, contragolpes, mates de Ricky Winslow, fantasía de Azofra, triples de Herreros, rebotes y más rebotes de Orenga...Miguel Ángel Martín, su entrenador, veía entusiasmado todo aquello. Un triple desde 10 metros en perfecta suspensión de Winslow, sobre la bocina final, les dio la victoria ante el Unicaja de Ronda, en el mayor estallido del equipo, en una senda que parecía no romperse...hasta que llegó Enero. Y el cansancio, producto de las escasas rotaciones, se adueñó del equipo, que empezó en una espiral de derrotas, perdiendo hasta 5 partidos en 7 jornadas antes de afrontar la Copa del Rey, siendo la última en el Palau Sant Jordi ante el Barcelona, por un humillante 87-55. De tal pesquisa, había que afrontar la Copa del Rey.

“Si no nos hubiese tocado el Real Madrid, el jueves para casa. Pero era el Real Madrid”. En el equipo recuerdan que lo mejor era descansar aquella semana, pero no podían tirar un partido frente a su máximo rival. Un triple de Aísa casi sobre la bocina, les aupó a semifinales, donde derrotaron a Montigalá Joventut por segundo año consecutivo en esta misma ronda de Copa, y en la final, echando mano de un lesionado Nacho Azofra, con el brazo de tiro sin tan siquiera poder estirarlo, mucho menos tirar con él, derrotaron al CAI Zaragoza (61-56), proclamándose 29 años después de su primer y único título, campeones de la Copa del Rey.

Estudiantes resultó respondón en Europa, y si las primeras visitas a domicilio fueron negativas (primera derrota de la temporada en Badalona, puesto que el Montigalá Joventut les tocó en su grupo, y paliza encajada en Holanda, ante el Commodore Den Helder), ganaron partidos con mucho mérito, como la visita a Atenas, recibir a la Philips Milán o los dos encuentros a los que resultaron posteriormente campeones, el Partizán Belgrado (que si se les tachaba de jóvenes, bastante más joven era la plantilla de Estudiantes). Los estudiantiles no se amilanaron en absoluto ante el cartel de sus rivales en la máxima competición europea, aunque todo aquello sí que era distinto a cualquier otra cosa que habían jugado previamente. Miguel Ángel Martín recuerda que “Y llegan los italianos y el día previo, en nuestro entrenamiento, ves que está cubierto por montones de cámaras y periodistas. Eso no nos había pasado en la vida”.

Mantener la renta conseguida en Madrid ante los milaneses, en el partido de vuelta de la liguilla, en el Pallatrusardi, les valió ser segundos de grupo y enfrentarse al Maccabi Tel Aviv en los cuartos de final, con el factor cancha a su favor....cuatro días después de ganar la Copa del Rey. El cansancio se había olvidado.

Caer derrotados por un punto, en la prórroga, en Tel Aviv, dio alas al Estudiantes para afrontar los dos partidos de casa (aquellas eliminatorias eran así de extravagantes. Inicialmente, en campo del equipo con peor récord). Y no dejaron escapar la oportunidad de llegar a la Final Four de Estambul al derrotar en el Palacio de los Deportes a los Jamchi y compañía -providencial su resbalón en los últimos segundos del tercer partido-. Así, Estudiantes se convertía en un grande de Europa también.

La inexperiencia por ser la primera gran cita de este calibre, se pagó. Y siendo derrotados por el Montigalá Joventut en semifinales primero (91-69) y en el partido de consolación por el tercer y cuarto puesto (99-81), la fiesta deslució algo hasta que fueron conscientes que aquel grupo de jovenzuelos, habían llegado a una Final Four.

Afrontaron los playoffs ligueros derrotando al Elosúa León (2-0) y nuevamente encararon a la Penya en semifinales. Estudiantes estuvo muy probablemente a un tiro libre de llegar a la final. Con 0-1 a favor y en el segundo partido en Badalona, Pedro Rodríguez anotó uno de los tres tiros libres que tuvo a su disposición en el último segundo, para certificar el 0-2 y una semifinal muy encarrilada. Pero así, se llegó a la prórroga, luego a una segunda prórroga que condujo al empate a 1 y el resquicio que necesitaban los badaloneses para hacerse con la plaza en la (3 a 2 ganaron en el cómputo final) y el título liguero posteriormente.

Aquellos jovenzuelos despidieron así una temporada histórica, con un gran futuro por delante y haciendo creer a su afición, “La Demencia” que las metas eran mucho más altas que intentar derrotar alguna vez al Real Madrid durante el año. Fue otro ejemplo de recursos de cantera y unos estadounidenses muy afianzados para, no solamente competir, sino llegar a los puestos más altos. Aquel Estudiantes permanece en la memoria y en los libros de la Liga Endesa, como un gratísimo recuerdo y ejemplo de descaro y gran baloncesto.