“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (IV)

“EQUIPOS QUE CAMBIARON LA HISTORIA” (IV)

Antonio Rodríguez

UNICAJA 94-95

Fue el año de despedida de Juan Antonio San Epifanio en el mundo del baloncesto, retirándose con un título. También fue la despedida de otro de los grandes que pasó por nuestras pistas, tras seis fantásticas campañas y dar el salto a la NBA: Arvydas Sabonis. Un “astronauta” volaba por nuestro firmamento, viniendo desde Chipre: Darrell Armstrong se posó en Ourense para hacernos dichosos a todos. Pero aquella temporada 94-95, cuando el baloncesto español parecía ir cuesta abajo debido a la crisis económica, a que el boom se fue disipando tras los Juegos de Barcelona'92, a que la Selección Española tampoco ayudaba con éxitos, sino más bien con sinsabores, la verdadera razón por la que hizo que todos en masa volviéramos por unos días la vista a la ACB a través de la televisión (se habla de casi cinco millones de audiencia en varios momentos), se llamó Unicaja.

El famoso no-triple de Michael Ansley tuvo en un puño a muchos aficionados al deporte -no solamente baloncesto-, en aquel famoso cuarto partido de la final. Y este seguimiento en masas, antes y después tan sólo lo lograban Real Madrid y F.C. Barcelona en confrontaciones directas. Con el equipo malagueño de Unicaja saltando a la palestra, se mostró que el Sur, también existe.

Málaga venía de una fusión baloncestística tras el verano del 92, con Unicaja Ronda y Mayoral Maristas creando tan sólo un equipo, llamado Unicaja y jugando en el Ciudad Jardín, con el entrenador de Maristas y algunos de sus jugadores. Javier Imbroda se llevó de la mano a Nacho Rodríguez (aún no era internacional), a los que les acompañaron fichajes de élite nacional como Manel Bosch o Alfonso Reyes. Ahí unamos que Málaga empezaba a ser una potencia nacional con su cantera, dando los primeros grandes resultados con jugadores como Curro Ávalos, el gran tirador Gabi Ruiz, y los juniors que llegaban pujantes (Ricardo Guillén, Dani Romero y Ernesto Serrano). A esta columna, se unieron los tres americanos (los tres extranjeros permitidos en la época), que dieron un resultado sobresaliente.

El escolta Sergei Babkov fue santo y seña de la Costa del Sol baloncestística durante varios años. “Bob”, como era llamado por Imbroda, fue gracias a su excelente muñeca, uno más de los del desembarco ruso a nuestro país. Tras la creación de la selección de Rusia nuevamente, en 1993, llegaron una panda de jóvenes que precisamente por ello, por su extrema juventud, dejaron escapar el título en el Eurobasket de 1993, y que convencieron a nuestros dirigentes, recalando en nuestro baloncesto: Sergei Bazarevich (Cáceres), Andrei Fetissov (Valladolid) o Mikhail Mikhaikov (Estudiantes), junto al mencionado Babkov, enriquecieron la Liga Endesa con su talento.

El cinco defensivo, reboteador, intimidador y taponador hasta la saciedad, el “ogro” en definitiva, una réplica del Tony Massenburg de dos años atrás, se llamaba Kenny Miller. Reconozco que viendo los vídeos ahora, parecía mucho más grande de lo que medía, gran virtud. Y el otro llegado, o mejor dicho, también recuperado para la causa en tierras malacitanas, era Michael Ansley, el ala-pivot gordito, un genio del baloncesto, que tampoco tenía abuela, al autodefinirse como el “mejor 4 de Europa”, aunque la verdad, no le faltaba razón.

Y con estos mimbres, Unicaja arrancó la Liga regular, en la que tuvieron un récord de 25 victorias, 13 derrotas, segundos tras las 38 jornadas, por detrás exclusivamente del F.C. Barcelona (30-8) y por delante del Taugrés y Real Madrid (23-15 ambos). 6 derrotas en la primer vuelta y 7 en la segunda, donde tuvieron un mal trago en el mes de Febrero, el anterior a la Copa del Rey (que no jugaron. Había eliminatorias previas a su fase final, que no pasaron), con 4 derrotas consecutivas. La última de estas cuatro, en el Ciudad Jardín (90-96), ante el Real Madrid, tras dos prórrogas, sería una resurrección en cubierto (no pudieron con los 32 puntos y 16 rebotes de Sabonis) de lo que vendría a continuación. De ahí al final de la liga regular, 7 victorias y 1 sola derrota.

Y ahí se presentaron en el playoff, derrotando 2-0 a Estudiantes, 3-0 en semifinales al TDK Manresa (que de forma sorprendente, eliminó en cuartos al Taugrés) y se presentaron en la final, con un juego muy desenfadado y arriesgado, que les iba muy bien. “Estamos luchando contra el Barcelona y la tradición”, comentaba un irónico Javier Imbroda tras perder el segundo enfrentamiento en el Palau Blau Grana, de esta final. Ironía producida por el dolor de perder ese partido tras ganar claramente el primero (77-84), porque para llegarse el 93-92 y dejar la eliminatoria final 1-1, los azulgranas recurrieron a todo con tal de recuperar 16 puntos de desventaja que llegaron a tener. Si la balanza se hubiese decantado de parte de los malagueños, el 0-2 hubiese sido milagroso remontarlo. Y precisamente esa posibilidad palpable del 0-2, hizo que la atención a esta final ACB llegase a unos niveles impensables.

Unicaja dio primero en Málaga (88-87), poniendo la eliminatoria en match-ball para los malagueños, que tenían la oportunidad de sentenciar y romper el poder establecido. El día entre un partido y otro estuvo cargado de polémica y tensión, con Aíto García Reneses, pasando uno de los peores ratos en una conferencia de prensa, tras acusar a algunos medios territoriales de poner en su boca palabras que no había dicho. En ese momento, un avispado periodista le puso la grabación radiofónica de aquellas palabras y con las tablas y la naturalidad que caracterizan al mítico entrenador, azulgrana por aquel entonces, prosiguió con un “Pues sí lo he dicho, sí”.

El caso es que en el cuarto partido se olvidó todo eso y nos dejó uno de los choques más formidables de la historia de nuestro deporte, con uno de los momentos estelares (http://www.espacioligaendesa.com/noticias/ranking/13#.Ue90qNJM-So ), con el intento triple de Michael Ansley, para sentenciar la liga, un Unicaja que estaba exhausto y justo ya de fuerzas. De ahí el órdago de Ansley y su triple que no quiso entrar, para finalizar con 78-80. El equipo no hubiese aguantado cinco minutos de prórroga. Y en el último round, en la ya mencionada despedida de Epi, en el quinto en el Palau, el Barça ya no podía dejar escapar el título (73-64).

Unicaja acarició el título. Lo que sí tocó fue el corazón de todos los aficionados con aquel equipo, aquella temporada y el recado en la competición de “El Sur también existe”. Sirvió para que a la siguiente temporada, Caja San Fernando llegase a la final (también frente al F.C. Barcelona), que repitiese en 1999, que los malagueños tocaran este mismo timbre en 2002 y se hicieran con el título en 2006. Aquel 1995 fue una revelación, que ya ven, se prolongó en años venideros. Ese Unicaja en comunión con su pabellón, el Ciudad Jardín. ¡Oh! El Ciudad Jardín. Qué pabellón. Qué presión ambiental y qué devoción por unos colores (http://www.espacioligaendesa.com/noticias/noticia/105/equipos-que-cambiaron-la-historia-iii#.Ue9iotJM-So ).

Los ecos de aquello aún perduran en el recuerdo, como uno de los equipos míticos que abrieron un camino, que en definitiva, cambiaron la historia.