ROTURA EN EL ALMA

ROTURA EN EL ALMA

Antonio Rodríguez

“Espera un poco”

Toni Bové se interesaba por el estado de Juan Carlos Navarro, tras ser vendado en el muslo. Navarro movía la pierna, para ver hasta qué punto tenía dolor. Navarro, con un “espera un poco”, intenta pedir un poco de paciencia para probar. En primer lugar su pierna. La experiencia del escolta de Sant Feliu parecía decirle que, efectivamente su bíceps femoral, se había roto. Son los jugadores los primeros que sienten la gravedad o no en sus cuerpos. Aún así, no descarta cierta esperanza por si la pierna pudiese aguantar en un momento puntual de necesidad, y el dolor fuese soportable para continuar. . También el “espera un poco” era para intentar asimilar con qué mentalidad debía jugar a partir de ahora, sabiéndose tan limitado físicamente. Y el “espera un poco” iba casi dirigido a su orgullo, a su carácter ganador, a su alma baloncestista, también roto.

Juan Carlos Navarro lleva muchos meses renqueante. Lo que sucede es que sus molestias, productos de la sobrecarga, no le impiden jugar al baloncesto, pero sí amordazar en ocasiones su lenguaje en la pista. Eso sí, tan sólo en ocasiones. Hay otras que a pesar de sus limitaciones, su falta de explosividad, sigue 'inventando' el baloncesto. En el tercer partido, en el momento en que de forma desesperada se echó el equipo a la espalda, intentó entrar a canasta y aunque se le cerró el paso, encontró un resquicio para dar dos pasos y lanzar un tiro bastante alejado con la izquierda, con una maestría en el toque, que acabó entrando, tras varios rebotes en el aro.

Juan Carlos Navarro anoto 12 puntos en el último cuarto de ese tercer partido, visto el desacierto de sus compañeros, e intentar alzar una victoria ante su afición, que no pudo lograr (72-84). Su afán por continuar la buena dirección del equipo como personal (en la victoria del segundo choque, anotó 19 puntos), le hicieron forzar en el encuentro del Domingo, el cuarto del serial, con sus típicas carreras para zafarse de su rival tras bloqueos, camino del lanzamiento de tres. Su 0 de 3 no era buen termómetro. En una acción forzada, anotó una entrada y en el momento de bajar a defender, fue cuando sintió el latigazo en su parte trasera del muslo, los tan famosos isquitibiales, para dejarle fuera de combate. Pidió el cambio, se probaba en caliente, fue vendado y correteaba por la línea de fondo, tras la canasta, como una especie de agonía en su físico.

Por suerte para él, la actuación y los arrestos de sus compañeros no hicieron necesario que retornase a la pista. F.C. Barcelona Regal solventó la papeleta, ganó en su cancha y forzó un quinto enfrentamiento, el último ya, para igualar en casi todo a su rival (que tan solo tiene el factor cancha ya a su favor) y alargar la final. Juan Carlos Navarro, en el lazo que adorna esta final, jugará. Estoy convencido. Muy mermado, puesta que estas lesiones son muy dolorosas, pero jugará. Su aportación, más que probable, será más que psicológica y emocional, que rentable entre sus compañeros. Quizás sea más que suficiente.

Con la rotura fibrilar de Navarro, existe una brecha en el aficionado del baloncesto en general, puesto que se sea del color que se sea, es una desgracia mayúscula no poder verlo a disposición para un enfrentamiento tan importante. Duele al deporte en sí, porque resta gran parte de su belleza. Pero en la mentalidad competitiva de Navarro, lo que se le rompe es el alma de ganador, de competidor, de amante del baloncesto, de virtuoso de la canasta, encerrado en el cuerpo del mejor jugador de baloncesto de la historia de la Liga Endesa.