UN PARTIDO INSÓLITO

UN PARTIDO INSÓLITO

Antonio Rodríguez

El segundo partido del playoff de la Liga Endesa 12/13 entre el CAI Zaragoza y el Valencia Basket se nos quedará grabado en nuestras memorias. Para siempre. Y quien no tenga ocasión de disfrutar estos tiempos, podrá ver en los libros algún récord de un resultado tan sorprendente como insólito: 122-120. Tres prórrogas en un encuentro de baloncesto ya dan el marchamo de algo que queda para los anales. Un encuentro de baloncesto donde se jugó con el acierto que vimos en la matinal del domingo en el Príncipe Felipe de Zaragoza, lo aísla como algo irrepetible.

Intentar explicar lo que se sintió en ese pabellón es tirar de adjetivos que elogien, con todos los sinónimos que se precien, y dignifiquen a sus protagonistas. En Espacio Liga Endesa intentaremos, de una manera esquematizada, contar qué sucedió para llegar a un 122-120 y a 55 minutos de juego.

1.- Tiempo de playoff. Una de las mayores joyas fue la falta de miedo a la hora de encarar el enfrentamiento. CAI Zaragoza venía de ser humillado -literal- por un 80-42 en el primer envite disputado en Valencia, tan sólo dos días antes. Ante la probabilidad de los zaragozanos de despedirse de su afición por esta temporada, CAI jugó un partido valiente, sin ningún complejo ni temor por fallar. Bastante habían fallado ya en Valencia como para seguir con miedos. Su apuesta decidida a ser agresivos, a correr, a llevar un tempo de partido rápido con su base Sam Van Rossom ultramotivado, dio un inicio que engancha al aficionado del deporte en general. Y es paradójico pensar con qué ritmo salieron, sin pensar en absoluto en administrar fuerzas a posibles cansancios y bajones físicos en últimos minutos, sabiendo luego la duración del choque. Y si el base caísta condujo a los suyos con la máxima marcha del motor, Rafa Martínez y Pau Ribas hicieron lo mismo con el Valencia Basket. La motivación les hizo tener un nivel de aciertos en lanzamientos de tres, tan inverosímil como irracional en ocasiones. Los inicios del partido como del tercer cuarto fueron algo irreal. Un espectáculo bellísimo que en ocasiones se da en una pista de baloncesto.

2.- Individualidades. La intensidad intrínseca de jugar un playoff hizo, por extensión a unos jugadores hipermotivados, intentar decidir con individualidades más de lo habitual, con lo que el partido gozó de una libertad en las acciones, que lo hizo más bello aún. Los entrenadores son perfectamente conscientes de cual es la situación mental de sus pupilos y les dejaron ejecutar acciones 'fuera de guión', haciéndose así cómplices de ese feeling especial que siente un jugador cuando disputa el título. Los arranques de tipos como Justin Doellman en uno contra uno, extraordinario, con 29 puntos, 10/17 en tiros de campo, nueve rebotes y regalos como el triple tras bote a falta de segundos para finalizar los 40 minutos reglamentarios, son impagables. El triple de Damjan Rudez delante de las narices de Kelati, porque el eritreo estaba a centímetros en el marcaje, son gloria de y para la Liga Endesa. Algún triple de Rafa Martínez, que cortó la respiración en las gradas, junto a una asistencia mágica a Lischuk, cuando este continuaba bloqueo, sin olvidar el coraje de Van Rossom cada vez que entraba a canasta, son etiquetados como ese tipo de momento orgásmico en el que un entrenador tan sólo puede decir 'que hagan lo que crean conveniente'.

3.- Claves tácticas (que también las hubo) En la previa que aquí hicimos de este cruce, una cosa sacamos clara: ante la falta de Henk Norel, debido a su lesión, en el CAI Zaragoza, Valencia Basket debiera optimizar a sus jugadores y dañar al rival en poste bajo, que para ello tiene dos maestros en tales lídes. Ni Bojan Dubljevic, alejadísimo del aro, ni Vitor Faverani, que se empleó en las cercanías del aro en menos ocasiones de las que su equipo necesitaba, hicieron decantar la balanza a favor de los levantinos, cuando tenían esa opción en la mano. Hubo buena circulación de balón en líneas generales, pero poco balón interior. Cuando las fuerzas flaquearon, Faverani intentó porfiar algo más, pero no fue suficiente. Cuando el acierto exterior taronja bajó, limaron muchas posibilidades.

4.- La fe del CAI Zaragoza por ganar Quizás fueron los que más complicado tuvieron, por momentos, ganar. En un partido tan igualado, llegaron a ir 50-58 y 60-69 por detrás, ya incluso en el último cuarto. Hubo un punto en que cualquier equipo se hubiese sentido inferior a la racha de triples de Valencia Basket (anotaron 16), que llegaron a ser martilleantes, porque vinieron de forma consecutiva. Pero supieron reponerse y en un final excepcional, ponerse hasta 5 puntos por delante (85-80), y ahí fue el turno de orgullo de los valencianos, que con excepcional triple de Doellman ya comentado como inicio de remontada, lograron empatar a 90 y forzar la prórroga. Un orgullo que fue común en ambos equipos.

5.- La gestión del cansancio Y con todas estas lindezas, se llegó al final. Con la vorágine de aciertos y canastas de todo tipo, el verdadero muro para los jugadores en pista vino con la segunda prórroga. En ella, lo de la cabeza fría fue casi una quimera. Ambos conjuntos siguieron insistiendo en lanzamientos exteriores. Nadie, nadie en la segunda prórroga pudo anotar puntos que no fuesen en la zona o como producto de tiros libres (la gran mayoría). Es cierto que con el inicio de la tercera prórroga, los equipos escucharon mejor a sus entrenadores e intentaron otras cosas. No hay mejor manera de rentabilizar el cansancio que lanzar a canasta, cuanto más cerca, mejor. Aún así, aún nos tenían reservados unos últimos minutos excepcionales, donde fue Rafa Martínez con un triple (111-114), quien rompió esa dinámica de nula anotación exterior. Y si hubiese que buscar un héroe de estos momentos agónicos, reflejaríamos la figura de Pedro Llompart, que les respondió con una entrada a canasta anotada y otro triple, que puede que fuese la puntilla valencianista. A esos niveles, verse por debajo en el marcador por dos canastas consecutivas, puede resquebrajar el alma.

Y así se escribió una de las páginas más gloriosas de la historia de la Liga Endesa, con los récords de los 242 puntos globales, que superaron aquel fantástico partido de cuartos de final entre Estudiantes Caja Postal y Real Madrid, allá por la temporada 86-87, cuando un tal David Russell y Larry Spriggs batallaron por lograr el triunfo para los suyos. Los récords son para batirlos. 26 años se ha tardado en éste, para poder señalar una matinal mágica en la historia de la Liga Endesa.