EL MIUDIÑO QUE VIENE

EL MIUDIÑO QUE VIENE

Antonio Rodríguez

Tonecho Lorenzo allí estaba una vez más, entre las gradas, saludando y repartiendo sonrisas a todo el mundo, casi una hora antes del partido, orgulloso, luciendo su típica vestimenta en día de partido con la chaqueta del Obradoiro. Una chaqueta muy especial, puesto que formaba parte del chándal del equipo cuando él mismo perteneció al club durante nueve temporadas, allá por los paleolíticos años setenta. Para muchos de los que allí se congregaban en el Fontes do Sar, niños, adolescentes, recientes padres llevando en brazos a sus querubines, toda una nueva generación de aficionados obradoiristas, puede ser una prenda más, ignorantes de la historia y el secreto que guarda esa chaqueta, cuna y sustento durante muchos años de toda esta marea que ha ido creciendo alrededor del Blusens Monbus, licenciados ya con estas dos temporadas en la Liga Endesa.

Un público con ganas de festejar algo grande, de esperar día importante. Su equipo del alma estaba a una victoria -y mirar de reojo una derrota en Barcelona-, de conseguir el hito histórico de una plaza en el Playoff de la Liga Endesa, algo que no se podía escapar de aquel pabellón en la matinal del pasado Domingo. Tonecho Lorenzo, rodeado de todo aquello, sabedor con sus canas por testigo, de ser uno de los embrionarios de toda la ilusión que depositan las gradas en la actualidad, me saluda. Tonecho no es de los que se emborracha de euforia. No se encuentra pesimista, pero sí cauto respecto a la batalla del Unicaja en la Ciudad Condal. Es un tipo que confía en sus pálpitos. El de esa mañana, le pedía cautela. Mientras, vemos cómo Moncho Fernández, esperando ser entrevistado por la Televisión gallega, nos saluda de manera discreta guiñando un ojo, con pose de seguridad por el trabajo que sus jugadores tenían que acometer: ganar al Uxue Bilbao.

Y efectivamente, Blusens Monbus tenía muy claro su misión, porque salieron muy sólidos y plenos de confianza al partido. Y allí Levon Kendall volvía a mandar, como lo ha hecho durante toda la temporada, con aires de capitanía en el equipo. Y Pavel Pumprla volvía a mostrar sus exquisiteces sin balón, con sus “puertas atrás”, contundencia para culminar contragolpes y los mismos argumentos que le han valido la renovación. Y Salah Mejri, que momentos antes recibió el premio al Jugador Revelación de la Liga Endesa 2013, lo justificaba con buenos pivotes bajo canasta, finalizando con sencillez sus acciones, desde su atalaya de 2.13. Solamente la calidad baloncestística que atesora Alex Mumbrú, haciendo mucho daño desde distintas posiciones en la pista, enturbiaba la buena trayectoria compostelana.

Cuando la decena de puntos va cuajando como renta habitual en el marcador, los aficionados comienzan a preguntar y a informarse cómo va Unicaja: tres abajo, uno abajo...resoplan inquietos. Tonecho tenía razón: cautela. Blusens Monbus va cumpliendo su papel. Su obligación es ganar y esperar, porque esperar es un privilegio que se han ganado a golpe de triunfos. Ganar hasta en siete enfrentamientos a equipos clasificados para los playoff de la Liga Endesa, es pertenecer a ese grupo. Hacerlo en las pistas de Unicaja, F.C. Barcelona Regal, Laboral Kutxa y Real Madrid, es amenazar la poltrona de los poderosos.

El partido se intensifica a nivel físico, porque Uxue Bilbao tiene carácter, un playoff a las puertas que jugar y un puesto final aún en juego. A la falta de acierto en triples, carga el juego sobre Lamont Hamilton con toda su clase, y aumenta dígitos estadísticos junto a desesperos por sus faltas personales, al igual que Nikos Zisis, con su saber hacer anotador en suspensiones a media distancia, aguantando así tirones locales en el electrónico. Con el último cuarto, la tensión sube y el marcador se va acortando. Ya no es cuestión de concentrarse solamente en el transistor, sino que los locales tienen que ganar el partido. Moncho Fernández pide tiempo muerto y a su finalización, cuando ingresan nuevamente a pista, la afición es consciente del momento tenso y decisivo. Y todos se ponen en pie, gritan, vitorean y animan al equipo, para afrontar el último empujón al sueño. Hay un respaldo detrás que obliga a sus jugadores a mirar al frente, no al suelo.

Con dos triples casi consecutivos de Nikos Zisis y Adrien Moerman, el marcador se ajusta a un 77-73 que corta la respiración, a falta de poco más de un minuto, aderezada con una falta en ataque de Robbie Hummel. En momentos previos, el público explota a sabiendas del resultado en el Palau Blau Grana, con la derrota de Unicaja y la dependencia única y exclusivamente de los suyos por clasificarse. Y se desgañitan gritando “Obra, Obra” como nunca. No se puede escapar, porque Uxue Bilbao acabó muriendo en la orilla con dos triples fallados en las siguientes jugadas, concluyendo así el partido con el definitivo 79-73, con canasta de Andrés Rodríguez.

Lo que vino a continuación, creo que solamente se puede vivir en ese pabellón. De abrazos, saltos, sollozos y unos jugadores junto al cuerpo técnico conscientes de su logro y agradecidos a la afición, hay que ser testigo para sentirlo. Pienso en un tipo, a buen seguro satisfecho y honrado con lo que está viviendo, Tonecho y su chaqueta, al que busco con la mirada y no encuentro. Probablemente esté tapado por miles de aficionados con las bufandas de su querido Obradoiro extendidas, mientras entonan nuevamente el Miudiño, como al principio del partido. Pero ahora, con la seguridad y la tranquilidad que da el éxito alcanzado, los acordes del himno desde miles de gargantas, se oye hasta en el cielo. Un cielo muy, muy azul con nombre: Playoff Liga Endesa 2013.

No es el final del cuento, sino que ahora, como bien dice Moncho Fernández, deben competir para estar a la altura de su maravilloso momento. Y el próximo fin de semana, se oirá el Miudiño que viene. Ante el Real Madrid. Que se preparen.