JUGADOR ACTITUD AZUL: PETE MICKEAL

JUGADOR ACTITUD AZUL: PETE MICKEAL

Antonio Rodríguez

Pete Mickeal volvía a estar radiante. Tras ciertos problemas de salud, el jugador estadounidense volvía a estar en lo más alto. Se mostraba sonriente y como en las mejores ocasiones. Mientras Izaskun Ruiz esperaba a que la dieran paso a entrevistarle, Mickeal pide una toalla para secarse el sudor antes de salir ante las cámaras. Volvía a ser el Jugador más Valioso de una Copa del Rey y volvía a ayudar a hacer campeón a su equipo, en esta ocasión, el Regal F.C. Barcelona, en la última edición celebrada en Vitoria. Su rendimiento en los tres partidos, comenzando por la cruenta batalla ante el Real Madrid en cuartos de final, bien habían valido ese trofeo.

En esta ocasión, el Jugador Actitud Azul es un hombre que nos deja. Al menos, de momento: Pete Mickeal ha visto cómo se le han vuelto a reproducir sus problemas de salud, su tromboembolismo pulmonar y como bien dice, no sabe si estará de baja “un mes, dos meses o un año” hasta que se recupere de esta batalla. La desdicha hace que este tiempo no depende de él. Sin embargo, nos ha mostrado tantas cosas a lo largo de tantos años, que merece este pequeño gesto como para enmarcarle jugador Actitud Azul, un símbolo de nuestra Liga Endesa.

Pete Mickeal ha conocido el éxito desde bien joven. Un encuentro disputado en la recóndita y perdida Alaska, en el torneo Great Alaska Shootout, presentó a su equipo, la universidad de Cincinnati, a toda la nación estadounidense como una potencia. Se encargaron de derrotar al número uno del país, la universidad de Duke, que iba enfilada hacia el título. Era Noviembre de 1998. Sus compañeros tenían mucha calidad y si llegaron a coronarse en el ranking semanal de Associated Press como número uno tiempo después, hasta que una grave lesión en una pierna de su compañero Kenyon Martin, echó al traste todos los sueños de ser campeones.

Con un físico NBA, Pete Mickeal aparece por Europa tras un viaje por varios equipos de la mejor liga del mundo, los New York Knicks entre ellos. Hasta que como uno de los dominadores de la liga griega, hace llegar a su modesto equipo del Makedonikos, donde aterrizó, a la final de la ULEB Cup. Recuerdo cómo a mis compañeros comentaristas de ese partido, les debía aclarar antes de aquella final, que aquel apellido tan extraño se pronunciaba de la forma más sencilla: como Michael.

El bueno de Pete llegó a la liga española de la mano del Leche Río Breogán y llegó a ser el jugador más valorado de la competición, aunque no sin alguna crítica del tipo “de qué sirve ser el más valorado, si tu equipo desciende de categoría”. Pete Mickeal ahí, en aquella temporada 2006-2007 debía hacer de todo, posiblemente hasta apagar las luces del pabellón al cerrar. Y lo que vio en esas actuaciones, a Josean Querejeta le gustó como para ficharlo en su Tau Cerámica, a pesar de los ramalazos individualistas que tenía el chico. Sin embargo, lo que demostró es que sí sabía jugar en equipo, ser uno más del engranaje, hasta hacerse importante, hasta conseguir títulos. Y así fue campeón de liga y Copa con los vitorianos.

Pete Mickeal siempre nos ha mostrado gran potencia física y saberlo utilizar en sus acciones, haciendo daño a los rivales y ayudando donde más lo necesitaba su equipo. Ayudaba en el rebote, defendía a jugadores potentes, llegó a ser un consistente tirador exterior, entraba a canasta con determinación y posteaba como un pívot contundente. Y luego, ese reverso...

Y en su siguiente y última parada, en el F.C. Barcelona Regal, se le ha querido como un hijo predilecto del equipo, de la ciudad. Mickeal, junto a su instinto ganador y su agresividad en una pista de baloncesto, ha ido mostrando su sonrisa allá por donde pasaba, clara muestra que su sitio en sus últimos años de carrera deportiva están en la Ciudad Condal. Amable, cercano, felino y agresivo, son contrastes de un jugador que ha marcado la Liga Endesa en los últimos 10 años. Supo ser lo que sus equipos necesitaban en cada momento: demandado líder o gregario en la sombra. Lo que se le pidiese. Es cuestión de disciplina y capacidad para jugar a este deporte. Eso es Actitud Azul, ¿no?

Ahora nos deja. Y de momento, tras una sentida rueda de prensa para decir “adiós”, nos quedamos con los recuerdos de alguien, que llegó a ser tan desequilibrante, que llegó a recuperar aquel concepto tan olvidado, como lo del “anti-”: a los anti-Norris en los 80 y los anti-Sabonis de los 90, hubo equipos que parecía que buscaban el anti-Mickeal. Fíjense de qué nombres estamos hablando.