AROMAS DE PLAYOFFS

AROMAS DE PLAYOFFS

Antonio Rodríguez

Tuve que mirar el reloj con cierta incredulidad cuando vi la rueda de calentamiento del Uxue Bilbao. Pasaban el balón y entraban a canasta unos jugadores ya sudorosos, con la intensidad que un choque importante requería, pero en un marco diferente, extraño. Lo extraño era que no estaba el equipo rival en pista, que las gradas estaban vacías... porque quedaban 45 minutos para el inicio del choque. 45 minutos antes que mostraban ya caras de tensión y concentración, como si fuera a sonar en la bocina los tres minutos previos de un momento a otro. Uxue Bilbao huele a equipo grande. Equipo decepcionado por perder su primera final europea y por ceder la pasada semana en la pista de La Laguna, ante el C.B. Canarias y por lo tanto, con magulladuras por sanar.

Les voy a contar otro secreto. Antes que sucediera todo este baile sobre una canasta, antes de la presencia de un satisfecho y sonriente José Luis Abós, hora y media antes del salto inicial para ser exactos, Pablo Aguilar estaba ya tirando a canasta. Solo junto a un asistente que le recogía los balones. Un triple, otro, otro. Ni los focos, la mayoría apagados aún, eran testigos. Aquí, su estado de concentración venía de la mano del de un desencanto mayúsculo. Aguilar llevaba cuatro partidos para olvidar, con 5.2 puntos de promedio y un aterrador 20.8 % en lanzamientos de tiros de campo. Luego se unió a unos compañeros confiados, crecidos, optimistas. Su temporada está siendo una fábula que difícilmente podrán olvidar.

Y tras la presentación de ambos conjuntos, se comenzó a respirar aromas de playoffs entre un quinto y un sexto clasificado. Entre dos, ¿por qué no?, rivales directos en las eliminatorias por el título. La cuarta plaza no es inalcanzable para ninguno de ellos.

Y señores, ¡qué espectáculo! La redención de Pablo Aguilar le llevó a un estado de nirvana, cuya liberación espiritual por la rémora ya comentada y el contacto con la felicidad, sonriendo y alzando los brazos tras anotar un triple desde, ¡qué demonios!, los vestuarios, el cuarto consecutivo en su racha de 5/5 en la primera mitad, nos hacía saborear una tarde especial. Pablo Aguilar era un hombre inspirado, tocado por una tozuda verdad que nos habla de la élite entre los ala-pívots nacionales. Rubricó 25 puntos y 9/14 en tiros de campo.

Lo más asombroso fue cierto jugador, el croata Fran Pilepic, que apenas ha disfrutado de titularidades esta campaña -de hecho, la del domingo fue la segunda-, que apenas ha disfrutado de 9 minutos por jornada, que sus promedios anotadores eran de 2.7 puntos, y que sea una máquina de anotar hasta llegar los 30 puntos disputando 33 minutos ante una afición rendida a él. Su perfección llegó hasta tal punto, que hubo un momento en que sus estadísticas en el ecuador del último cuarto eran de 2/2 canastas de 2, 5/5 canastas triples y 6/6 en tiros libres. Perfección absoluta. En la NBA, se hubiese vendido como un duelo en OK Corral, como pareció por momentos en la primera parte. 18 puntos de Pilepic y 16 de Aguilar era como para catalogarlo así.

Alex Mumbrú, siempre presente en las grandes citas, aportó 16 valiosísimos puntos desde todas las posiciones. Y otro referente liguero, Henk Norel, muy desacertado en la primera mitad, forzó y forzó faltas hasta lanzar un total de 14 tiros libres, donde anotó 11. Aromas de playoffs, sin duda, donde se ve destacar a los jugadores grandes. De una manera o de otra, pero sobresalen.

La tensión por la victoria se esfumó cuando con un par de minutos para la conclusión, un triple sobre la bocina de posesión de Alex Mumbrú, llovido del cielo, dando paso a la cruenta guerra por remontar los 7 puntos de desventaja que tenían los bilbainos de la pista del CAI Zaragoza en la ida. Repito que cuarto y quintos no suena tampoco nada descabellado. Y fue otra batalla por lidiar hasta llegar al 100-90 final. Baloncesto sin especulaciones, a ganar, a rendir cuentas ante una afición que una vez más llenó Miribilla y a rendir cuentas ante los “hombres de negro” como equipo revelación de la Liga Endesa, porque desde Zaragoza vienen como otros grandes que llegaron a ser.

José Luis Abós se encaminaba a la rueda de prensa. A pesar de la derrota, aunque maldecía el triple de Mumbrú, clave para mantener basket average, sonreía por la satisfacción de un trabajo bien hecho, como a lo largo de toda la temporada. Es fantástico ver a un entrenador con esa naturalidad y ese gesto por el deber cumplido, tomándose la derrota como algo lógico en el deporte, cuando sus jugadores han competido de verdad.

¿Lo llamamos aperitivo? Califíquenlo como quieran. Esto no deja de ser baloncesto de mucho nivel. Uxue Bilbao Basket y CAI Zaragoza son capaces de ofrecerlo. Tres jornadas donde llegarán a morder por situarse en buena posición, para dar paso a los playoffs, cuyos efluvios ya se notan.