ZARAGOZA, UNA CIUDAD DE BALONCESTO

ZARAGOZA, UNA CIUDAD DE BALONCESTO

Antonio Rodríguez

Siempre que he parado por Zaragoza con motivo de la disputa de la celebración de algún partido de la liga Endesa, intuía algo especial. Motivos con los colores de su CAI del alma en muchas camisetas, un taxista que te lleva al Príncipe Felipe que se conoce las vicisitudes del equipo -en esta ocasión, el tipo en cuestión sabía que habían pinchado en San Sebastián y de Valladolid me contaba aún con lamento, la diferencia de puntos a favor que tenían y dilapidaron- y luego, llegar a ese pabellón que siempre, siempre está abarrotado. Y lo del taxista, créanme, que no es un 'rara avis'. Monten en uno y pónganse a hablar de baloncesto. Les seguirán encantados.

Creo recordar que eran en sus tiempos LEB, el tercer pabellón a nivel nacional en cuento a mayor afluencia de público. Asombroso. Por eso, ahora que toca asentarse en la Liga Endesa, están de enhorabuena. Como otra persona me comentó, el hecho de poder coquetear con puestos europeos de cara a la próxima campaña, les vuelve a dar un caché al equipo con galones que ya tuvieron con el extinto C.B. Zaragoza.

Y es que el club les da motivos para ilusionarse así. Público que pasó mucha hambruna de baloncesto de élite hace un puñado de años, ahora están de celebración y entregados a la plantilla que dirige José Luis Abós. La química, el compromiso y el talento individual que atesoran les hacen estar en puestos de playoffs, con un récord nada desdeñable de 14-12. Frente al Real Madrid compitieron hasta el final. Un conjunto blanco, herido tras tres derrotas consecutivas y que buscando una inyección de confianza para afrontar sus próximos y decisivos envites, se empleó a fondo con todos sus efectivos. Tres triples consecutivos de Carlos Súarez en el último cuarto abrieron una brecha ya insalvable, para romper el 59-59. El 75-84 final no deslució una notable actuación.

Algo tiene este club cuando a una colección de jugadores totalmente desconocidos en nuestros lares, como Sam Van Rossom, Michael Roll o Damjan Rudez, logran un nivel tan notable. No hay más que revisar que sus porcentaje de triples son 45%, 42% y 41% respectivamente. Con tiradores así, tienes garantías sobradas de éxito. Algo también tiene que tener el CAI Zaragoza cuando es una plaza que está acomodando y haciendo dar un salto de calidad importante a jugadores que buscaban su ubicación en la Liga Endesa, como Pablo Aguilar (9.3 puntos y 5.4 rebotes, llamando fuertemente a las puertas de la selección nacional), Pedro Llompart (7.5 puntos y 3 asistencias de promedio) y Henk Norel (12.5 puntos y un magnífico 57% en tiros de campo).

Y en tal dinámica positiva, de compromiso y de sensatez, trabajan. Porque si al principio de la competición, ficharon como temporero a Joseph Jones por 2 meses, viendo su actitud de lucha, profesionalidad, sin mostrar una pizca de egoísmo, tomaron la decisión de mantenerlo para toda la campaña. Jones rebotea, defiende y facilita el trabajo de sus compañeros dentro de un equipo con grandes tiradores, como pocos lo puedan hacer. Las sobresalientes estadísticas de los triplistas anteriormente mencionados, mucho tienen que ver con los bloqueos de este armario llamado Joseph Jones.

Y así es el CAI Zaragoza. Una plaza encantada de volver a saborear las mieles de la Liga Endesa. No ha sido fácil ni lo está siendo. Pero su falta de secretos y sí unas virtudes a la vista de todos, les hacen situar en el mapa de los elegidos a la ciudad. Felizmente, Zaragoza una ciudad de baloncesto. Como siempre fue.