Está reciente (2021) la retirada oficial de Carlos Cabezas, componente estelar de la generación de oro del baloncesto español. Reunió, junto a Juan Carlos Navarro, Pau Gasol, Felipe Reyes y su ‘socio’ Berni Rodríguez, la condición de campeón del mundo tanto en categoría junior, en Lisboa en 1999, como absoluta, en 2006 en Saitama. Su papel, aunque no de base titular porque o bien estuvo detrás de Raúl López o bien de José Manuel Calderón, fue el de jugador de sangre fría en los momentos calientes. Si algo dio especial lustre a su carrera fueron las canastas ganadoras en el minuto final.
Lo lleva en el ADN. Su padre, del mismo nombre, fue un auténtico cañonero nacido en Uruguay que llegó a España a finales de los 70 para buscarse la vida anotando, lo mismo que su hermano, el futbolista Hugo. El Cabezas padre enchufó de lo lindo en canchas de Primera B como las de Granada, Málaga y Córdoba, aunque nunca llegó a tener la oportunidad en ACB. Esa gloria se le reservaba al chico, entrenado hasta la extenuación para ser importante desde que apenas levantaba dos palmos del suelo. “Le hice tirar mil tiros cada día desde los cinco años. Los amigos se iban a la playa y él me decía: ‘papá, ¿por qué me haces esto?’ Y yo le respondía ‘tira, que yo estoy vendiendo coches en la calle’, porque fue el siguiente trabajo que tuve después de retirarme, en la Ford”, cuenta hoy en día el progenitor.
La familia se asentó en la capital de la Costa del Sol y él se integró en la cantera del Caja de Ronda para convertirse en un jugador determinante alternando las posiciones de base y escolta, siempre tomando decisiones y viendo el aro con una claridad enorme. Se hizo habitual en las selecciones inferiores y un triple suyo sentenció el Mundial junior ante Estados Unidos… un día que solo anotó 5 puntos, curiosamente. Resultó inevitable que, tras una cesión en Badajoz en LEB, acabase teniendo un hueco en la plantilla del Unicaja.
Además de debutar en la absoluta en 2001, toda la primera década del siglo XXI la pasó defendiendo los colores verde y violeta en el Martín Carpena, participando activamente en la consecución de la Copa Korac de 2001, la Copa del Rey del 2005 y la Liga de 2006. Los tres títulos ejemplifican lo bueno; en el otro polo se quedó fuera de los Juegos Olímpicos de Atenas-2004 y Pekín-2008, dentro de su cambiante relación con la selección. Esa asignatura le quedó pendiente. También llegó a intentar entrar en la NBA siendo sometido a prueba por franquicias como New York Knicks y la muy ‘española’ Memphis Grizzlies, aunque con quien realmente llegó a tener un principio de acuerdo fue con Orlando Magic.
Su punto de inflexión llega seguramente en el 2009, cuando se marcha de Málaga para aceptar la astronómica oferta del Khimki. Solamente estaría un año en Moscú, abriendo una segunda parte de su trayectoria caracterizada por la movilidad. Jugó en ‘grandes’ en España como el Baskonia (aunque brevemente, en la 2012-13), otros equipos intermedios (Zaragoza, Murcia, Fuenlabrada) y también en el extranjero. En lugares como Francia (Orleans), Hungría (Alba Fehervar), Venezuela (Guaros de Lara) y Argentina (Regatas Corrientes) tuvo un enorme protagonismo. Y especialmente curioso fue que terminase en Uruguay, la tierra de su padre, ya cumplidos los 40, con la camiseta de Nacional. Aunque la última que vistió fue la de Unicaja en un amistoso ante el Real Madrid. Junto al ‘5’ de Berni Rodríguez, su ‘10’ está en el techo del Martín Carpena, borrando el posible sabor extraño que dejó su marcha años atrás. Nunca ha dejado de ser un referente en Málaga, donde vive pendiente de sus negocios.
“Me siento privilegiado de haber jugado 21 o 22 años como profesional. El secreto es la ilusión, las ganas y que te respeten las lesiones. Prácticamente no he tenido una cirugía importante en estos años. Es importante haber tenido la oportunidad de jugar al más alto nivel siempre, cuidar la alimentación y también ese fuego que siempre he tenido de querer competir. Ha sido un cúmulo de cosas”, comentó hace unos meses en Estadio Deportivo. Ahí dedicaba un capítulo especial a su tiempo en Unicaja: “fueron años maravillosos. Recuerdo las caras de la gente, los niños, Málaga con cientos de personas en las calles. La gente vibraba con nosotros. Cada título es especial. El de la Korac llega siendo yo muy jovencito, fue un logro muy especial para el crecimiento de Unicaja. Luego esa Copa del Rey en 2005 fue la primera para Málaga y fue impresionante la final que ganamos contra el Real Madrid. Luego, esa liga con Sergio Scariolo, que fue decir que el Unicaja ya era un equipo ganador. En 2007 la Final Four en Atenas, que no fue un título, pero casi. Era la primera vez que el club se metía en una final a cuatro en Europa. Son momentos que tengo muy marcados”.
De su etapa en el extranjero se queda con que “cada cultura te da cosas muy positivas, muchos contactos y vivencias. Al final, el baloncesto sigue siendo baloncesto. En Argentina y Uruguay me sentí muy bien, son culturas parecidas, pero de todos lados saqué momentos buenos. Lo único negativo es tener que irme de mi casa, de Málaga, que a veces se echa de menos. Era cuestión de tiempo que en algún momento iba a volver”.
Y le gustaría que le recordasen como “un jugador que ha dado el máximo siempre, que en los momentos calientes le ha gustado asumir la responsabilidad. He amado el deporte con una pasión tremenda, pero más allá de los títulos que están ahí, me gustaría que me recordaran por ser buena persona”.





















